Los refugios antiaéreos de Valencia: un legado de la memoria histórica

Valencia

Bajo las vivas calles de Valencia existe otra ciudad subterránea y silenciosa. Una red de refugios antiaéreos cuyo objetivo fue proteger a su población en uno de los momentos más trágicos de la historia de España: la Guerra Civil (1936-1939). Para comprender en profundidad la importancia de estas infraestructuras, se ha de mirar al pasado. Los refugios antiaéreos son imprescindibles para tener una visión amplia de la historia de la ciudad de Valencia.

En el año 1936, la ciudad de Madrid estaba asediada por las tropas sublevadas. En consecuencia, el Gobierno republicano se trasladó, en noviembre de ese mismo año, a Valencia. Así, la ciudad del Turia se convirtió en el centro político, administrativo y militar de la zona republicana. A partir de ese momento, Valencia fue un objetivo prioritario de los ataques de las tropas franquistas.

El bando sublevado contaba con el apoyo de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana. De hecho, debido a la ubicación de la ciudad, las tropas italianas bombardearon Valencia con mucha intensidad. Así lo explica en una visita guiada la historiadora Ruth Abad. “Principalmente bombardearon los italianos, porque tenían la base aérea en Mallorca”. Los documentos oficiales registran que murieron 515 personas a causa de las bombas. No obstante, se estima que pudieron ser más de 800 víctimas mortales. Esta diferencia, según el historiador Paco Martínez, se debe a que “muchas personas ni siquiera estaban empadronadas; era gente itinerante a la que ni siquiera computaron”. El objetivo principal de los bombardeos era incomunicar la ciudad. Para ello, se intentaban alcanzar lugares como el puerto o la estación de tren. 

Con las bombas ya sobre el cielo de Valencia, se creó en 1937 la Junta de Defensa Pasiva. La función de esta institución fue crear mecanismos de protección a la población civil. El principal fue la construcción de una red de refugios antiaéreos a contrarreloj. A día de hoy no se sabe con exactitud cuántos refugios se construyeron, pero algunas fuentes históricas calculan que serían unos 173. Sin embargo, había otros no registrados, puesto que costaba conseguir las licencias. La junta también era la encargada del sistema de aviso a la población, es decir, de las alarmas. Asimismo, daba consejos sobre cómo protegerse de los ataques. Según Ruth Abad, algunos de ellos eran refugiarse en el campo, apagar las luces del coche o salir del vehículo siempre que fuera posible.

Bombardeo en la red ferroviaria de Valencia
Fotografía original de la Guerra Civil de un bombardeo en la red ferroviaria de Valencia. Fuente: propia.

La construcción de los refugios antiaéreos

Los refugios fueron diseñados y construidos por un conjunto de arquitectos que estaban bajo la coordinación de la Junta de Defensa Pasiva. La mayoría de sus nombres se han perdido. “Los refugios públicos están construidos por miembros de la UGT y la CNT, que serán ilegales en la dictadura”, explica Ruth Abad. Uno de los nombres que se conserva es el del arquitecto del refugio del Ayuntamiento de Valencia, José Luis Testor. Al llegar la dictadura, comienza un proceso de depuración de todas las instituciones. Paco Martínez aclara que “se cortaron grandes carreras académicas”.

Estos lugares de resguardo debían cumplir algunos requisitos para ser lo más seguros posible. Debían ser capaces de aguantar proyectiles de hasta 200 kg. Para ello, era imprescindible que el techo fuera de gran grosor y de materiales resistentes. “El techo siempre tenía varias capas; de hormigón y arena, hasta cuatro capas”, indica Ruth Abad. Asimismo, en algunos de ellos se empleaban materiales adicionales como algas o hierro. Otra característica era que debían tener dos puertas, por si alguna quedaba bloqueada por algún escombro. La forma del refugio debía ser de zigzag o acodado para evitar que penetrara metralla que pudiera herir a la población.

La profundidad era esencial para garantizar la seguridad del refugio. En consecuencia, en la zona marítima de la ciudad era muy complicado construir refugios, puesto que estaba al nivel del mar. “Los vecinos pedían continuamente la construcción de refugios, pero era muy difícil. De hecho, la mayoría de refugios están más afuera”, aclara Abad. Además, los poblados marítimos eran una de las zonas más bombardeadas, ya que el puerto era un objetivo de las tropas para intentar incomunicar la ciudad. 

Los refugios antiaéreos se dividen en diferentes grupos. Por un lado, estaban los refugios escolares, que estaban bajo o cerca de una escuela, y su objetivo era la protección de los estudiantes. Asimismo, había refugios fabriles que estaban destinados a proteger a los trabajadores de los talleres y fábricas. Los gubernamentales eran para salvaguardar a los cargos públicos de la zona republicana. Los refugios públicos eran construidos por la Junta de Defensa Pasiva y su función era resguardar a los ciudadanos. Por otra parte, los privados eran más reducidos y servían principalmente para proteger a una familia o una comunidad de vecinos. Algunos de los privados eran adaptados, es decir, que eran estructuras anteriores que se aprovecharon para construir un refugio. 

Para avisar de los bombardeos, la ciudad de Valencia contaba con 25 sirenas. Tras el aviso, la gente iba a refugiarse a un lugar cercano, aunque debía ser rápido, dado que contaban con pocos minutos. Por ello, la señalización de los refugios públicos debía ser clara y visible. Todos ellos tenían un cartel con letras rojas y tipología Art Decó diseñada por Josep Renau. Ruth Abad detalla que “son muy grandes, en mayúsculas y en rojo para llamar la atención de que era un lugar seguro”. Estas características servían para que, si alguien no sabía leer, debido al color y el tamaño, pudieran identificar igualmente que ese era un lugar seguro.

Los refugios antiaéreos: claves para la memoria histórica

Los refugios antiaéreos de la Guerra Civil han estado olvidados durante gran parte de la historia de España. Estas infraestructuras son testimonios materiales del miedo, el dolor y el caos que vivieron muchas personas. Pues poner en valor los refugios significa recordar a la población civil que en la mayoría de las ocasiones es la gran damnificada en estos conflictos. 

La posterior dictadura tras la guerra trató de borrar este capítulo de la historia. Paco Martínez cree que es imprescindible incidir en esta cuestión. “Si un régimen, una dictadura, quiere legitimarse, tiene que hacer olvidar que ha echado miles de bombas. Tiene que hacer olvidar que han muerto más de 500 personas en esos bombardeos”. Por lo tanto, el mantenimiento de los refugios durante la dictadura fue prácticamente nulo. Algunos se taparon, otros se reutilizaron y los que se dejaron fue por la amenaza ante la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencia de la pobreza en aquellos años, algunos fueron usados por personas sin hogar para tener un techo.

Durante la democracia se han realizado algunos programas de restauración de refugios. Por ejemplo, en 2016 fueron rehabilitados algunos de ellos gracias al proyecto de la Regidoría de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales. Sin embargo, actualmente hay una parte de la historia de Valencia, y de España, enterrada bajo el suelo por el que pasan cientos de personas todos los días. 

El conocimiento sobre la historia es indispensable para respetarla. A lo largo de los años, se han hecho usos indebidos de los refugios, como pintar y derribar paredes. Paco Martínez asegura que “lo que no se conoce no se respeta”. La historia es una ciencia social que reúne elementos para conocer el pasado y los refugios son una pieza esencial. “Solo se supera el pasado conociéndolo en profundidad”, concluye Paco Martínez.

“Solo se supera el pasado conociéndolo en profundidad”, Paco Martínez.

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