Roig Arena: La nueva era del entretenimiento en Valencia

Última actualización: 23 de diciembre de 2025, 22:43 (Europe/Madrid)

Impacto urbano, retos logísticos y la encrucijada de los precios: todo lo que hay en juego tras la apertura del arena

El dueño de Mercadona y propietario de Valencia Basket, Juan Roig, ha impulsado la creación de este novedoso proyecto. Un plan para que el club taronja cuente con una casa a la altura de los grandes clubes de Euroliga y la ciudad disfrute de los mejores conciertos y festivales. Además, integra servicios de restauración premium, zonas VIP y una tecnología pionera en España para iluminación y sonido. Se trata del paso definitivo para profesionalizar el entretenimiento en Valencia

La ciudad de Valencia ha vivido históricamente bajo la sombra de grandes ciudades como Madrid y Barcelona. El hecho de no contar con un recinto capaz de acoger eventos de gran envergadura no le permitía competir con las capitales europeas. La creación de este nuevo arena marca un antes y un después para la ciudad del Turia que no contaba con ninguna infraestructura de este nivel. Este proyecto no está pensado únicamente como un nuevo espacio para Valencia Basket, sino también para albergar grandes giras internacionales y las finales de competiciones europeas.

La llegada del Roig Arena no es simplemente la construcción de un pabellón, es un impulso para la ciudad de Valencia. A pesar de ser un proyecto privado impulsado por uno de los hermanos Roig, representa un cambio de paradigma en la colaboración público-privada. Se trata de una infraestructura de 280 millones de euros que cambia por completo el perfil de la ciudad.

De los primeros cimientos a un recinto de hasta 20.000 espectadores.

Primeros pasos

Hay que remontarse a 2003, año en el que el Valencia Basket comenzó a anunciar un posible cambio de pabellón. Dos grandes multinacionales se interesaron por financiarlo, pero finalmente, esta idea no se materializó. Cabe mencionar que el club taronja disputaba sus partidos en el Pabellón Fuente de San Lluís desde 1987. Sin embargo, en 2017 el equipo comenzó a trabajar en un nuevo proyecto. Tan solo un año después, el principal accionista de Mercadona anunció que iba a construir un recinto para 15.000 espectadores. Después de multitud de negociaciones con el Ayuntamiento de Valencia, se especificó que se iba a tramitar  una concesión municipal que duraría 50 años. 

No fue hasta 2020 cuando comenzaron las obras. El proyecto fue aprobado por el Plan General de Ordenación Urbana con una mayor capacidad: 15.600 espectadores en partidos de baloncesto y hasta 20.000 en conciertos. En primera instancia, el pabellón se llamaría Casal España Arena. Eligieron este nombre para integrar la cultura —»casal» como sitio de hermandad— con un posicionamiento natural. No obstante, en noviembre de 2022 la marca cambió su estrategia en busca de un impacto mundial: “El nuevo naming responde a la necesidad de establecer un nombre claro, sencillo, identificable y que reconozca el legado de Juan Roig y su familia”. 

Tras cinco años de obras y una inversión cercana a 400 millones de euros, Roig Arena fue inaugurado el 6 de septiembre de 2025 con un concierto tributo a Nino Bravo. El Valencia Basket no iba a estrenar su nueva casa hasta octubre. Se calcula que en su primer año el Roig Arena acogerá a más de un millón de personas y generará 150 millones de euros anuales en la ciudad. En 2026 ya es oficial la presencia de artistas de talla mundial como Laura Pausini, Melendi o Rod Stewart. Además de eventos deportivos de gran escala como la Copa del Rey de baloncesto o el Europeo de balonmano 2028. Es por ello que este enorme desembolso de dinero será un reclamo turístico más, esforzándose en rehabilitar el barrio de Quatre Carreres.

Un proyecto privado como impacto urbano

El Roig Arena surgió junto con la idea de que fuera un nuevo punto de encuentro en Valencia. El nuevo arena se ha propuesto como un catalizador tanto cultural como deportivo a nivel mundial: un espacio capaz de atraer eventos internacionales y, al mismo tiempo, que no pierda ese punto local que haga servir como escenario tanto para eventos corporativos de empresas valencianas como para el protagonista de las jornadas de los fines de semana, el Valencia Basket.

La construcción de esta imponente infraestructura en el barrio de Quatre Carreres ha impulsado una transformación de la zona. Jessica Talavera, que vive se encuentra frente de una de las entradas principales de Roig Arena, ha sido testigo de cómo colocaban el primer ladrillo y cómo avanzaban las obras hasta la apertura al público: “Las obras fueron un poco pesadas, sobre todo por el ruido y el polvo. Nuestra zona era muy tranquila y es cierto que, aunque agradecemos el ocio que tenemos cerca, ha cambiado el ambiente”.

Licampa1617, la sociedad patrimonial de Juan Roig, ha sido la encargada de gestionar todas las operaciones relacionadas con el proyecto: la demolición del antiguo Colegio Les Arts, la creación del Parque de l’Afició de Valencia Basket y el aparcamiento en altura Roig Arena. Cabe decir que la demolición del centro Les Arts no se llevó a cabo hasta el año 2021 , cuando finalizaron las obras y acondicionamiento del nuevo colegio. El nuevo centro público ‘Les Arts’, con capacidad para 400 alumnos, supuso una inversión de 8 millones de euros. Todas estas actuaciones se han llevado a cabo con el fin de que el recinto se integre de forma armónica.

La inauguración del nuevo arena ha marcado un punto de inflexión para la actividad local. Más allá de su función como espacio deportivo y cultural, su puesta en marcha ha generado un impacto tangible en cuanto a la creación de puestos de trabajo y el impulso a la economía de la zona. Se estima que el Roig Arena generará cerca de 150 millones de euros anuales, una cifra que refleja tanto el volumen de actividad previsto, como el efecto arrastre sobre comercios y servicios de los alrededores.

El recinto ha generado 500 empleos directos: 100 forman parte de la plantilla fija y se encargan de la gestión diaria, el mantenimiento, y la administración de servicios ; el resto son empleados eventuales que se incorporan en función del calendario de eventos. Estos últimos cubren puestos en taquillas, acomodación, control de accesos y limpieza, con una presencia destacada de trabajadores jóvenes, para quienes este espacio supone una vía de empleo flexible y compatible con sus estudios u otras actividades. “Debido a la edad se podría pensar que somos menos responsables. Pero la verdad es que todo funciona gracias al sentido de equipo y las ganas de hacer las cosas bien” cuenta Amanda Suarez, trabajadora del Roig Arena con 25 años».

Un recinto como experiencia

Roig Arena destaca por la variedad de espacios que recoge su infraestructura lo que lo convierte en un recinto adaptado para maximizar la experiencia de los asistentes , además de contar con tecnología de última generación en sonido, iluminación y seguridad.

Zonas de restauración

El recinto cuenta con tres espacios gastronómicos: Ultramarinos Roig, Restaurante Poble Nou y El Mercat. Estos contribuyen a cubrir las necesidades básicas de restauración del complejo y a mejorar la experiencia global de los usuarios. A destacar que todas las zonas en las que se ofrece servicio de restauración tienen un marcado carácter valenciano ya que están dirigidas por el chef Miguel Martí, original de la terreta.

Experiencias VIP

Además de las gradas y zona de público general, el arena incorpora espacios VIP integrados en el diseño de recinto. Cada uno de ellos está pensado para atender a distintos perfiles de asistentes y para usos relacionados con eventos deportivos y culturales. “En Roig Arena tenemos la experiencia Johnnie Walker, los palcos privados y el Club, que está en el restaurante”, describe María Roca, responsable de Hospitality. “Desde el equipo de Hospitality nuestra misión es dar un trato individualizado ya que nos relacionamos con muchos perfiles y hay que saber tratar con cada uno de ellos, por lo que hay que tener plan A, B y C ”.

Baloncesto, afición y adaptación

Además de acoger eventos corporativos y musicales, Roig Arena es la sede del Valencia Basket. Esto convierte al recinto en un punto de referencia para el baloncesto de élite en la ciudad. Uno de los retos que afrontaban las oficinas del club valenciano era el de conseguir récord de abonados y que, por tanto, en cada partido el arena se tiñera de naranja.

“Poco a poco queremos convertirnos también en un plan, una alternativa de ocio a través del baloncesto, atraer a gente que quiera vivir lo que aquí se genera, por encima del resultado del partido. En redes, contar el baloncesto sigue siendo el principal eje, pero cada vez gana más peso todo lo que lo rodea”.

En un inicio, muchos abonados no estuvieron conformes ni con la subida de precios de los abonos ni con el hecho de dejar la que fue su casa durante tantos años: la Fonteta de San Lluís. “Me estuve replanteando durante muchas semanas si renovar mi abono. Los precios me parecían desorbitados. Finalmente aposté por esta nueva experiencia y entendí que si aumenta la calidad del recinto, el precio de las entradas deben responder” explica Alejandra Calvo, miembro de la grada de animación del Valencia Basket.

Marcos Coll, abonado al Valencia Basket y persona con movilidad reducida, valora la accesibilidad al nuevo recinto: “La visibilidad es buena desde las zonas para las PMR, normalmente no suele ocurrir. Eso sí, yo mejoraría el hecho de que se habiliten más espacios para nosotros y así poder seleccionar a la altura que queremos estar».

Los retos pendientes del Roig Arena

El Roig Arena es una realidad rodeada de innovación y tecnología. Sin embargo, tras un análisis en profundidad de dicho proyecto es necesario establecer los desafíos que aún tiene por delante.

El mayor reto es probablemente el acceso. La movilidad y el colapso logístico son más que evidentes. Con una capacidad de hasta 20.000 personas, la presión sobre el barrio valenciano es inmensa. Bien es cierto que se ha construido un parking a la altura, pero la red de transporte público, especialmente la línea 10 de Metrovalencia, debe mostrar que puede contar con una demanda de estas dimensiones sin colapsar el tráfico de la entrada sur de Valencia. Por tanto, esta peatonalización masiva fluida y un transporte compartido son asignaturas pendientes para dicho pabellón. 

Por otro lado, otro gran reto que enfrenta es la convivencia vecinal. La construcción del arena ha revalorizado el barrio, pero esto es un arma de doble filo. La apertura ha disparado el interés inmobiliario, lo que ha encarecido el alquiler en la zona, pudiendo verse desplazados los vecinos tradicionales. Además, deben lidiar con el ruido y la suciedad excesiva. El reto no es la acústica interior del arena puesto que cuenta con un aislamiento de última generación, sino la de fuera. El desalojo de 20000 personas a altas horas de la noche, el alboroto de los camiones de montaje en las giras internacionales y la gestión de residuos en el Parque de l’Afició requieren un gran compromiso por parte de la entidad valenciana. 

Por último,  la encrucijada del aficionado tradicional. Existe un riesgo peligroso, la pérdida de identidad. La Fonteta era un recinto cercano, un “caldero”. El Roig Arena, por su parte, cuenta con una atmósfera más “premium”, con el riesgo de apaciguar el ambiente si el aficionado de toda la vida se siente un cliente en detrimento de un fiel seguidor. Es por ello, por esta experiencia vip, que hay una evidente dificultad de accesibilidad económica. El desafío es segmentar los precios para que el baloncesto siga siendo un deporte accesible para las familias valencianas, evitando que el encarecimiento del recinto se traslade al bolsillo del abonado. 

Un destino incierto bajo la promesa de un beneficio histórico

El Roig Arena se convierte en el monumento definitivo de entretenimiento de la ciudad. El seis de septiembre de este año fue el inicio de esta travesía por terrenos inexplorados. Valencia escala posiciones a la primera división de los pabellones europeos, una apuesta cercana a 400 millones de euros que promete un gran impacto en la economía local y situar a Quatre Carreres en el centro del mapa. 

El beneficio es palpable, una inyección de 150 millones de euros anuales, la creación de más de doscientos puestos de empleo y el fin del complejo de inferioridad frente a las grandes capitales. Se trata de un brillo económico incierto ya que convive con la incertidumbre de un modelo que aún debe demostrar su sostenibilidad social. Con el gran reto de integrar a 20.000 personas en un barrio residencial, la gestión de una movilidad que amenaza con saturar el sur de la ciudad, así como el miedo de la afición a que la alta tecnología termine por enfriar el calor de la terreta. 

Por tanto, el destino del Roig Arena es un tanto incierto por los desafíos que aún enfrenta. Sin embargo, la ciudad cuenta ahora con la joya de la corona, una infraestructura pionera que nace con la vocación de cambiarlo todo. El tiempo será quien diga si este gigante de acero se convierte en el motor que termine de modernizar Valencia. Por ahora, lo único seguro es que la ciudad ha encendido unos focos que ya nadie podrá apagar. 

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