El baloncesto adaptado más allá de sus límites
Para quienes lo ven desde fuera, el baloncesto adaptado puede parecer una versión suave del deporte a pie, pero la realidad es otra muy diferente. Víctor Carnero es entrenador de baloncesto adaptado y fundador de la asociación ADIV. Su mensaje para el mundo es claro: “El baloncesto en silla de ruedas es baloncesto y el baloncesto a pie es baloncesto”. Tal como nos cuenta, la preparación de un partido de la Superliga de baloncesto adaptado necesita la misma intensidad y no se diferencia de la de uno de la ACB.

Para Víctor, la normalización del deporte es clave y debería ser la misión de cualquier entrenador. “Son personas que juegan a baloncesto con unas capacidades diferentes. No va a haber mates, pero sí hay man out, sí hay contraataque, sí hay contactos”, explica el técnico. “Al final es deporte”. Y como cualquier otro deporte, esto se traduce en una serie de mejoras a nivel físico y emocional.
“Nosotros tenemos una persona en la escuela que gracias al deporte ha empezado a trabajar, ha empezado a viajar y a ser más independiente”, relata Víctor. “Antes, su mujer se tenía que levantar a prepararle el desayuno, tenía que ir con él al baño”.
Por otro lado, uno de los mayores obstáculos, en muchas ocasiones, para una persona con discapacidad está en su entorno. Es un peligro silencioso, pero para el entrenador es muy importante advertir sobre este: “La familia y la sobreprotección a veces son muy peligrosas. Personas que igual han vivido en un entorno de: «Jo, he tenido un accidente, se me acaba la vida». No, el deporte te demuestra que tú tienes otras capacidades diferentes a antes del accidente, pero al final son capacidades”, afirma Víctor.
Jugar con las mismas cartas
Adrián García lleva casi diez años practicando baloncesto adaptado. Lo descubrió a los 13 años, cuando empezó a jugarlo su hermano. Entonces él se dio cuenta de que, a diferencia del baloncesto de a pie, en una silla de ruedas podía competir en igualdad de condiciones que sus compañeros.
“El cambio más grande que vi al practicar baloncesto en silla de ruedas fue sentir que jugaba con las mismas cartas que mis compañeros y rivales, que tenía las mismas posibilidades y que no había ninguna condición o limitación que me diera una excusa”.
Para él, como para muchos otros jugadores, supuso un gran reto físico pasar todo el esfuerzo que hacía con las piernas a los brazos. “En los primeros momentos aparecen muchos dolores de hombros hasta que ganas la masa muscular necesaria para empujar la silla de la mejor manera posible”, cuenta.
El éxito: un hito nacional
Hoy en día, Adrián se ha convertido en jugador de la Selección Española y el deporte se ha convertido en su forma de vida. “Es difícil imaginar una vida sin baloncesto”.
Todo el esfuerzo de Adrián ha tenido su recompensa. El pasado mes de octubre, la selección masculina hizo historia al ganar el europeo en Sarajevo. Este triunfo no fue casualidad, sino el resultado de muchos años de trabajo de una generación que ha crecido junta.
“Fue uno de los hechos más importantes en la historia del baloncesto en silla de ruedas español. Durante todo el verano fuimos un equipo muy unido”, relata el jugador. “Lo más importante es que, aunque desde fuera quizás nadie confiaba en nosotros, eso no nos afectó; nos unimos más, nos lo creímos más y el resultado fue un honor”.