La Virgen que cuida, une y emociona a los valencianos: así se honra a la Mare de Déu

Última actualización: 26 de mayo de 2025, 16:37 (Europe/Madrid)

No hace falta ser creyente para entender lo que significa la Virgen de los Desamparados para la mayoría de los valencianos y valencianas. Basta con ver la emoción que inunda las calles cada mes de marzo cuando miles de falleros y falleras ofrecen sus flores a la figura de la Virgen y adornan su manto con lágrimas en los ojos. La Geperudeta, como la llaman con ternura los valencianos, no es solo la patrona de la ciudad, sino que también es madre, consuelo y un sentimiento que une a generaciones enteras. Es el caso de Amparo Real, vecina de Catarroja. Para ella, la Virgen “significa protección”. Cuando nació, la ofrecieron a la virgen y así ha seguido la tradición, haciendo lo mismo con sus hijos, para pedir por ellos: “Desde pequeña he escuchado hablar de ella a mis abuelos y a mis padres. Me siento muy acompañada por la Mare de Déu, siempre le pido y pido por mis hijos, y en los momentos más complicados de mi vida me he aclamado con bastante fuerza a ella para pedirle favores”. 

¿Por qué “geperudeta”?

Una figura inclinada que, además de su propio peso y el de su hijo, sostiene también el alma del pueblo valenciano. Y es precisamente por esta ligera inclinación de su cabeza hacia abajo que la Virgen recibe el apodo de La Geperudeta (La Jorobadita en castellano). Popularmente se dice que esto es una muestra de respeto hacia la gente, ya que baja la cabeza para mirar al pueblo. Sin embargo, la verdadera explicación es que, en un principio, fue esculpida para ir acostada sobre los ataúdes, pues su figura suele relacionarse con la protección a los desamparados. Dejando ese espacio se abría la posibilidad de colocarle una almohada para que descansara su cabeza. 

Un origen ligado al cuidado de los más vulnerables e inocentes

Para entender mejor sus orígenes, hay que remontarse al siglo XV, específicamente al 24 de febrero de 1409. El padre Jofré caminaba hacia la Catedral de Valencia para oficiar la misa del día. Justo antes de llegar, escuchó unos gritos que llamaron su atención. En una de las calles colindantes, presenció la violencia y el maltrato de un grupo de jóvenes hacia otro hombre. Estos se reían de él mientras lo golpeaban, bajo la expresión de “¡Al loco, al loco!”.  El sacerdote decidió acercarse para mediar en el conflicto y fue entonces cuando se dio cuenta de que se trataba de un hombre “perturbado”, un enfermo mental. Frenó la paliza y se lo llevó con él para darle cobijo mientras le curaban las heridas que le habían provocado sus agresores.  El domingo siguiente, mientras oficiaba otra misa, el padre Jofré incluyó en su sermón la petición de predicar en contra de “la persecución irracional y tanto más cruel cuanto más inocentes, impotentes e irresponsables son las víctimas”. Afirmaba que la ciudad de Valencia siempre se había mostrado muy solidaria con los más necesitados, pero que nadie había caído en la necesidad de crear una residencia para aquellos que no podían ganarse la vida por sí mismos, y que además sufrían una enfermedad mental: 

«En esta ciudad hay muchas y muy importantes obras pías y caritativas; una falta, sin embargo, y es muy necesaria; ésta es, un hospital o casa en donde los pobres inocentes y furiosos sean recogidos porque muchos pobres, inocentes y furiosos vagan por esta ciudad, los cuales pasan grandes penalidades de hambre y de frío y daños, porque debido a su inocencia y furor no saben ganar ni pedir el sustento que necesitan para su vida, y por eso duermen por las calles y mueren de hambre y de frío, y muchas personas malvadas, que no tienen a Dios en su conciencia; los injurian y señalan allí donde se los encuentran dormidos, los hieren y matan” (extracto del sermón recogido en el Libro Becerro, Marco Merenciano (1848)).

El cura propuso la creación de un “hospital para locos e inocentes” y la idea fue escuchada y puesta en marcha por comerciantes y artesanos que recaudaron fondos para la causa. En 1410 se inauguró el Hospital d’Innocents, Follcs i Orats, amparado por la Virgen, Santa María de los Inocentes. Cuatro años después se creó la Lloable Confraria de la Verge Maria dels Innocents para recaudar más fondos para un mejor funcionamiento del hospital. Poco a poco en el hospital se fue creando una hermandad que recibió el nombre de Nuestra Señora Santa María de los Locos, Inocentes y Desamparados, y ampliaron el hospicio para poder acoger también a niños desamparados y huérfanos abandonados. Es por eso que la figura de la Virgen se relacionaba con cuidar a los que más lo necesitaban: los desamparados. 

Una Virgen con su propia fiesta

Y este es el origen de la devoción a la Geperudeta. Tanta es, que acabó teniendo su propia fiesta: la festividad de la Virgen de los Desamparados. Esta tradición tiene lugar el segundo domingo de mayo en la capital del Turia, aunque forma parte de un extenso programa de actos culturales, religiosos y festivos que, este año, van desde el día 9 al 12 de mayo. Se trata de una fiesta que los valencianos reciben con gran devoción, pues ansían el día grande para homenajear a su patrona. Algunos de ellos peregrinan desde sus pueblos hasta Valencia, en señal de agradecimiento. Es el caso de Amparo Real, quien todos los años sale caminando de Catarroja hasta llegar a la Plaza de la Virgen el Día de la Mare de Déu dels Desemparats.

@lamarxavalenciana

🔛El segundo domingo de mayo se celebra el día de la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia. Fuimos a visitarla y le preguntamos a algunas personas cómo habían vivido su celebración. #marededeudelsdesamparats #valencia

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Un tapiz, este año con mensaje: “Gracias voluntarios”

Este entusiasmo se intensifica todavía más si cabe este 2025, con motivo de la celebración del centenario de la coronación de la Virgen. Además, este aniversario no es lo único que hace que la celebración de la Virgen sea este año más especial que nunca. Se ha buscado reflejar a todos aquellos que aportaron su granito de arena limpiando los destrozos y ayudando a los vecinos afectados por la DANA de octubre de 2024, quedaran reflejados en el emotivo tapiz que cubre la fachada de la Basílica. Con la Mare de Déu dels Desamparats como protagonista en el centro de un jardín, el dibujo cuenta con un mensaje en letras rojas que no ha pasado desapercibido: “Gracias voluntarios”. 

Bailes, música y pólvora para celebrar a la Virgen

Es precisamente la instalación de este tapiz la que da el pistoletazo de salida a la fiesta de la Virgen, que empieza su programación, en este caso, el viernes con la tradicional dansà en la Plaza de la Virgen, en la que participan los grupos de baile de las distintas comisiones falleras, las falleras mayores de Valencia y su corte de honor, entre otros miembros de la Junta Central Fallera. La fiesta continúa el sábado con misas solemnes, ofrendas, bailes populares, muixeranga, conciertos y un espectáculo pirotécnico. El domingo se celebra la Festa popular con la Misa de Descoberta, la Misa d’Infants, el traslado de la imagen de la Virgen a la Catedral, la misa pontifical, una mascletà y la procesión general. El cierre es el lunes, cuando se realiza el concierto Ronda a la Mare de Déu en la plaza de la Virgen. 

Vídeo 360 grados de la Plaza de la Virgen realizado con Google Earth. Elaboración propia.

La jota valenciana es un baile tradicional originario del siglo XIV, aunque tal y como la conocemos ahora se sitúa en el XIX. Son danzas ceremoniales que tratan de expresar la fe y devoción a la Virgen de los Desamparados. Al ritmo del tabal y la dolçaina falleros y falleras que pertenecen a una comisión o aquellos que forman parte de un grupo de baile danzan al son de boleros, el baile preferido de Gabriel Pilán, profesor en este ámbito.

La dansà, una ofrenda en forma de baile

Aunque estos días estén repletos de actos, hay uno que está en boca de la mayoría de aficionados a esta fiesta: la Dansà. Un sábado 10 de mayo de 1975, coincidiendo con la inauguración de la última remodelación de la Plaza de la Virgen, varios grupos de danzas valencianas comenzaron la tradición de bailar en honor a la patrona de Valencia en la víspera de su festividad, dando origen a esta costumbre que se mantiene viva hasta hoy, año de su 50 aniversario. 

Imágenes del día de la Dansà en la Plaza de la Virgen. Elaboración propia.

Claudia Luján lleva bailando desde los nueve años, el mismo tiempo que lleva apuntada a una falla. Empezó con los infantiles de la comisión Malilla-Isla Cabrera, y todavía hoy continúa con la tradición. Para ella, el día de la Dansá es algo muy especial.

Pero más allá de la fiesta y lo que representa, la Dansà a la Mare de Déu dels Desemparats no sería lo que es sin la fuerza de la música, la indumentaria y los bailes tradicionales que la acompañan. Y es ahí donde está la clave. La jota valenciana y los trajes de los bailarines nos transportan a épocas anteriores, donde la melodía de la dolçaina y el ritmo del tabal se escuchaban entre las calles de la ciudad de Valencia. Ahora, estos mismos instrumentos son los que marcan el compás de los bailes, mientras recuerdan a los viejos tiempos del pueblo valenciano. Los participantes se visten con sus mejores piezas de la indumentaria tradicional valenciana: desde las faldas de vuelo hasta los corpiños bordados, pasando por los pañuelos y saragüells. Todo este conjunto hacen que la dansà no sea un simple baile o desfile, sino que se convierte en una verdadera ofrenda danzada y llena de color y memorias. 

Una figura que sigue mirando al pueblo

La devoción a la Virgen de los Desamparados va mucho más allá de las barreras religiosas. Se ha convertido en un reflejo de la identidad valenciana, de su tradición y de su comunidad. Cada ofrenda de flores, cada sonido de las dolçainas o cada baile en la dansà, son una forma de tener presente a la Geperudeta. Una figura que acompañó a los valencianos en el pasado, y que sigue haciendo de refugio emocional para las nuevas generaciones. El Día de la Mare de Déu reúne cada año a miles de personas, que siguen mirándola con cariño y mostrando su respeto hacia ella y lo que significa. Tal vez esta es la razón por la que su figura sigue mirando hacia abajo, no para ser adorada desde lejos, sino para mirar de cerca a aquellos que todavía la llevan en el corazón. 

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