VALENCIA – 29/12/2024, 17:54 (CET). La piratería sigue presente en el panorama del consumo cultural. El mundo se adentra en un capitalismo feroz donde las grandes industrias culturales han comenzado a privatizar contenidos. Las televisiones optan difícilmente a licencias de emisión y las audiencias se ven abocadas a diferentes formas de consumo. Mientras, la presencia de las nuevas tecnologías conduce a la digitalización universal de los contenidos pero, a la hora de poder acceder a ellos, todavía existen desigualdades e injusticias: “No todo el mundo se puede permitir el gasto que supone ver una película o serie en casa, entre el wifi, la televisión…”, indica Irene P., una joven que consume piratería, ante el precio “abusivo” de las plataformas digitales.
Aunque esta actividad parece moverse en las sombras, en el año 2023 el valor de lo defraudado por piratería aumentó un 5% con respecto a 2021. Esto supone 5.079 millones de contenidos ilícitos, según informa el estudio del Observatorio de la piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales 2023. La mayor parte de este consumo se debe a decisiones que toman los propios consumidores ante el catálogo digital existente. Muchos de ellos lo hacen por evitar pagar un contenido que luego, posiblemente, no les guste. A esta razón también le siguen otras cuestiones como el elevado precio de los contenidos originales, con el 58% de los encuestados, o el argumento de que si ya se está pagando la conexión a internet o se dispone de TV de pago, no se debería de pagar mayor cantidad por contenido. “En plataformas como Prime Video hay películas que tienes que pagar individualmente, aún pagando religiosamente una mensualidad por la plataforma”, indica Irene P.
El acceso a este tipo de plataformas pirata se realiza a través de diferentes herramientas. Según el Observatorio de la piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales 2023, el 55% de las personas utilizan los buscadores tradicionales para acceder a contenido pirata, con Google en primer lugar y Bing o Yahoo entre otros. “He accedido a este contenido a través de páginas especializadas en ello o incluso alguna vez a través de Facebook, Instagram o Youtube”, declara Irene. P. Y es que, el 27% de los encuestados reconocen utilizar las redes sociales y de mensajería, que se han convertido en la segunda vía más utilizada, con Telegram a la cabeza.
La piratería cultural y el impacto de las industrias culturales
La piratería digital, entendida como la reproducción y distribución no autorizada de contenidos culturales, ha sido objeto de debate durante años. Sin embargo, es importante matizar que la culpabilidad de los problemas económicos y de sostenibilidad para los creadores culturales no debe recaer únicamente sobre estas prácticas ilegales. Lidia Valera, profesora en la Universidad de Valencia y experta en estructuras de la comunicación, afirma que “aunque la piratería ha existido desde los inicios de la era digital, las grandes corporaciones y su dominio oligopolístico y monopolístico de la producción y distribución cultural representan un desafío más grande para los pequeños creadores”.
Valera resalta que, en los primeros días de Internet, existía una visión más idealizada del medio como una red horizontal, que podía fomentar la resistencia y la participación activa de los usuarios. Sin embargo, a medida que las plataformas de contenido crecieron, fueron absorbidas por poderosas corporaciones, que comenzaron a consolidar su control sobre el acceso a la cultura digital. Este cambio de paradigma, argumenta Valera, ha reducido las posibilidades de resistencia que antes ofrecía la red, ya que las estructuras corporativas han dominado tanto la producción como la distribución de contenidos.
“El verdadero desafío para los pequeños creadores culturales no radica únicamente en la piratería, sino en las prácticas comerciales impuestas por las grandes corporaciones”, declara la experta. Estas empresas, que monopolizan el mercado de contenidos, a menudo firman contratos desventajosos para los artistas, imponiendo condiciones “draconianas» que les quitan poder y control sobre sus propias obras. Valera explica que este desequilibrio económico es uno de los factores que más afecta a la sostenibilidad de los creadores, pues muchas veces se ven obligados a aceptar acuerdos que no compensan adecuadamente su trabajo.
Otro factor a tener en cuenta es la mentalidad generalizada entre ciertos sectores de la población, que consideran que el acceso digital a la cultura debe ser gratuito. Valera observa que esta actitud no es necesariamente exclusiva de los sectores económicamente desfavorecidos. De hecho, “las estrategias de piratería más sofisticadas provienen a menudo de personas con altos niveles de capital tecnológico y cultural, quienes son capaces de acceder y distribuir contenidos masivamente”, afirma. Estas prácticas, a su vez, terminan impactando a otros sectores de la población, incluidos aquellos con menos recursos. En este sentido, la piratería no es un fenómeno completamente «de abajo hacia arriba, más bien todo lo contrario”, opina Valera.
«El verdadero desafío para los pequeños creadores culturales no radica únicamente en la piratería, sino en las prácticas comerciales impuestas por las grandes corporaciones». – Lidia Valera
Desventajas del consumo pirata
El consumo pirata tiene muchas desventajas que pueden decantar la balanza hacia un consumo legítimo antes que tomar riesgos. En primer lugar, el contenido es de una calidad mucho más baja respecto a las versiones oficiales, afectando la experiencia del usuario. Además, existen riesgos legales tanto para distribuidores como para usuarios de la piratería, pudiendo conllevar a grandes sanciones económicas. También es posible que el dispositivo desde el cual se accede acabe dañado debido a los posibles virus y malware que suelen contener las descargas piratas.
Los propios usuarios saben que hay ciertas barreras a la hora de acceder a este contenido. El 85% de ellos considera que la principal barrera de entrada es el miedo a ser estafado. A lo que le sigue el robo de datos, la descarga de virus en el dispositivo o la venta de esos datos robados. El consumidor sitúa en los últimos puestos su preocupación por la pérdida de trabajo en los sectores afectados o la no remuneración de los autores, según informa el Observatorio de la piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales 2023.
Piratería musical

Aunque la piratería musical sigue existiendo, su impacto ha disminuido significativamente gracias al auge del streaming. Es por ello que plataformas legales como Spotify, Apple Music y YouTube Music dominan el consumo musical desde 2015. A pesar de la recuperación de la industria, la piratería no ha desaparecido por completo. En 2022, según MusicWatch, 55 millones de personas en EE. UU. accedieron a música no autorizada, y las visitas a sitios de piratería aumentaron, especialmente en países como Irán, India y EE. UU.
Y es que, un informe de Muso de principios de 2024, señala un resurgimiento de la piratería. Esto está asociado al acceso de herramientas que permiten descargar audio desde YouTube, lo que representa el 40% de la actividad ilegal rastreada. Factores como los altos costos de suscripción a servicios de streaming y el precio elevado de los datos móviles en algunas regiones siguen impulsando esta práctica. Además, la piratería ha evolucionado y se ha trasladado a plataformas como TikTok y YouTube, donde la música con licencia coexiste con contenido subido sin autorización por los usuarios.
No obstante, los problemas de la industria musical hoy en día están más centrados en temas como la remuneración de los artistas en las plataformas de streaming y la irrupción de la inteligencia artificial en la música. Aunque, si bien es cierto que el streaming ha mejorado la experiencia de consumo legal y ha hecho que las plataformas ilegales sean menos atractivas, el sector musical no debe relajarse. La piratería sigue presente aunque no afecte de igual manera a un artista reconocido con una gran carrera musical que a un cantante emergente.
«Descargar música es parecido a lo que yo solía hacer antes, tomar las canciones que me gustaban de la radio. No me importa». – Liam Gallagher
«Mientras la gente escuche mi música yo estoy feliz. Aunque entiendo que no es ideal para la industria musical y muchos artistas no podrán beneficiarse de sus discos». – Norah Jones
Piratería de prensa y libros
En España, la piratería en el ámbito de la lectura sigue siendo un desafío significativo. Según un estudio del Centro Español de Derechos Reprográficos (Cedro), el 67,5% de los contenidos editoriales digitales se consumen a través de canales ilícitos. De nuevo, las principales razones para consumir este contenido son la facilidad tecnológica, los altos costes, la democratización de la cultura o la percepción de que no habrá consecuencias legales. Esta situación representa una amenaza para editoriales independientes y pequeños autores, muy diferente a la que supone para las grandes multinacionales, ya que afecta directamente a sus ingresos y a la viabilidad de sus proyectos. “Como escritora no puedo defender la piratería”, declara Lucía Cerezo, autora del libro Imperio de Fuego Azul, “no solo perjudica económicamente, sino que también desvaloriza el esfuerzo creativo y profesional que implica publicar un libro”.
Dentro del sector editorial, los medios de comunicación también se ven salpicados. De ese 67,5% de contenidos ilícitos editoriales, una parte corresponde a revistas y periódicos. Según la Asociación de Medios de Información, esa piratería ocasionó a la prensa pérdidas de hasta 240 millones de euros. En los periódicos, preocupa el aumento del 3% de este consumo, del 23% al 26%. Unos datos que influyen también en el consumo legal de diarios en formato digital, el cual ha caído de un 6% a un 4%.
Piratería de series y película

La piratería de series y películas continúa siendo un desafío significativo en España, con un impacto económico considerable en la industria audiovisual. A pesar de una ligera disminución en el acceso ilegal a películas, las series experimentaron un incremento en el consumo ilícito, tal y como informa el Observatorio de la piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales 2023. Según Fotogramas, ya son el 44,3% de los usuarios de plataformas de streaming los que consumen contenido pirata. El aumento de precios en la mensualidad de estas plataformas hace que mucha gente desarrolle rechazo hacia ellas: “Para ver una película pagando, prefiero irme al cine”, espeta Irene P.
Aunque no tienen tarifas excesivamente costosas, los precios han subido progresivamente y ha aumentado así el consumo de este tipo de piratería en España. Netflix aumentó el Plan Estándar sin anuncios de 11,99 € a 12,99 € al mes, y el Plan Premium de 15,99 € a 17,99 € al mes. Disney+ siguió la misma estrategia: aumentó el Plan Estándar sin anuncios de 8,99€ a 9,99€, y el Plan Premium a 13,99€ al mes. “Tengo Amazon Prime pero creo que dejaré de pagarlo porque han metido anuncios. Me parece una estafa pagar y tener que ver un anuncio entre cada capítulo o película que quiero ver”, comenta Pablo C., un joven que está planteándose la opción de recurrir a la piratería.
Los jóvenes son los que más acceden a este tipo de contenidos de forma ilegal, sobre todo los que se encuentran en la franja de 18 a 24 años. De nuevo, Irene, al igual que Pablo, encuentra demasiadas trabas a este tipo de servicios: “Ahora hay plataformas en las que te ponen anuncios larguísimos como si se tratara de la tele, pero tú estás pagando», declara sobre Amazon Prime que, a pesar de mantener su tasa mensual en 4,99€, ha decidido incluir varios minutos de anuncios en mitad de las producciones.
Son muchos los casos en los que se recurre a la piratería por no tener acceso a los contenidos o por el precio inaccesible de las plataformas. A pesar de ello, y frente a las pérdidas millonarias, la gran industria del entretenimiento decidió poner medidas ante esta situación. Hollywood anunció en agosto de este año una importante victoria con respecto a la problemática. Tal y como publicó The Verge, un medio de comunicación especializado en tecnología, la Alianza para la Creatividad y el Entretenimiento (ACE), una coalición de más de 50 grandes empresas estadounidenses de entretenimiento y estudios de producción (entre los que se encuentran Amazon, Disney o Warner Bros), promovió el cierre de Fmovies, una popular red de páginas web de streaming que albergaba películas y programas de televisión pirateados. A pesar de ello, esta solución llega tras una larga huelga de los artistas de Hollywood frente a las condiciones laborales que establecían las plataformas de streaming.
Piratería deportiva

Este tipo de piratería es una de las más frecuentes debido a los elevados precios de plataformas como DAZN o Movistar en España. El país lidera la tasa de piratería deportiva en Europa y la supera en un 25%: al menos un 59% de españoles consumen contenido deportivo pirata, según el Portal 2Playbook. La transmisión y distribución no autorizada de eventos deportivos, como partidos de fútbol, baloncesto, tenis, entre otros, es un fenómeno que ha crecido con el avance de la tecnología y el acceso a Internet. Desde instituciones como LaLiga han comenzado a tomar medidas legales, como la voluntad de denunciar a los clientes que se benefician de contenido ilícito.
Este tipo de práctica impacta entre 600 y 700 millones de euros a la industria del fútbol español. A pesar de ello, el ámbito deportivo se encuentra a la vanguardia para frenar el auge de la piratería, con otro ejemplo como el de la página pirata “rojadirecta”, que ha recibido una multa de 31,6 millones de euros. “A día de hoy no tenemos ninguna plataforma excepto DAZN”, explica Irene P., “solo la utiliza mi padre para ver la F1 porque no encontraba ninguna página en la que verla gratis”.