
13:00 CET, 18 de enero de 2025, Valencia
El Santo arzobispo Juan de Ribera, beatificado en 1796 y canonizado en 1960, fue el genio detrás de la fundación del Patriarca. Un hombre que decidió crear una casa de formación para educar a los futuros sacerdotes de la Diócesis de Valencia bajo los principios de virtud y sabiduría. Sin embargo, fundar el Colegio no vino de un encargo clerical, sino de su motivación personal.
Tras la muerte de su padre (un aristócrata adinerado de la época), Ribera decidió utilizar su herencia en este proyecto. La obra se financió con sus propios fondos. “No era dinero de la diócesis, no era dinero del arzobispado, era dinero personal y lo fundó, no como arzobispo sino como ciudadano particular: como Don Juan de Ribera”, señala Daniel Benito Goerlich, doctor en Geografía e Historia y el encargado de los elementos históricos del Colegio.
El Patriarca oficialmente empezó a tomar forma en el año 1584, cuando Ribera inició la solicitud de los permisos papales de Roma y los del Estado español, que por aquel entonces estaba gobernado por el Rey Felipe II. Durante ese trámite, el fundador estudió otros colegios mayores que operaban en el reinado español, con el objetivo de tener referencias a la hora de redactar sus propios estatutos. A todo esto, se le sumó la adquisición de los terrenos, casas y edificios en los que se construiría el Colegio, pues además de tener un espacio para formación sacerdotal, Ribera incluyó dentro de sus planes la construcción de una capilla para oficiar ceremonias religiosas. Sin embargo, sus planes no terminaron allí, pues también se encargó de consolidar un clero específico para el Colegio.
Ribera reunió al mejor equipo para su obra. «No había una única persona ni arquitecto que hiciera un plan general, sino que él iba ideando los espacios y las dependencias a su gusto, incluso cambiando de idea a veces durante el proyecto», comenta Goerlich. En el proyecto participaron arquitectos y canteros famosos de la época, como Gaspar Gregori y Guillem del Rey. «La configuración del edificio y todo lo demás en el fondo era suyo», agrega Daniel. Aquello que parecería imposible para una sola persona, Ribera lo hizo realidad. Este personaje era un hombre completamente preparado, con amplios conocimientos en áreas como el dibujo, la arquitectura y la pintura.
Entre 1590 y 1599, las principales partes de la edificación estaban terminadas. Después, se procedió a pintar los distintos espacios, como el comedor, la capilla y la cúpula. En 1603, prácticamente todas las obras del Colegio habían concluido y en 1604 se presentó oficialmente al Rey, aprovechando una visita que hizo a Valencia, durante la cual se trasladó el Santísimo Sacramento desde la Catedral a la Iglesia del Patriarca. Posteriormente, luego de algunos ensayos con el culto y el cuerpo ceremonial, en 1606 se dio la apertura del templo al público, que coincidió con la llegada de los primeros colegiales. Las últimas modificaciones arquitectónicas representativas del Colegio se realizaron cerca de los años 1950, cuando se hizo una modernización general al edificio. En esta renovación se reubicaron las habitaciones para los colegiales y se creó la pinacoteca. Un museo que hasta el día de hoy sigue funcionando y que alberga obras de artistas reconocidos como El Greco y Mabuse.
«Aquí todos decimos que San Juan de Ribera debe ser muy poderoso, cuando este señor ha conseguido que una fundación privada haya funcionado 400 años. Yo creo que eso no lo ha conseguido ni Napoleón”
Luego de toda su labor, Ribera no se desconectó de su obra. “Procuró hacerse aquí en el colegio, en un pequeño apartamento para poder estar cerca, ver cómo se hacía todo y comprobar que era de su gusto, pero sin interferir”, menciona Goerlich. Fue en este lugar en donde falleció; 5 años después de haber recibido el primer grupo de jóvenes para su formación sacerdotal. Sin embargo, algunos dicen que nunca se ha ido, es ese santo que vela por el cuidado y preservación del Patriarca. “Aquí todos decimos que San Juan de Ribera debe ser muy poderoso, cuando este señor ha conseguido que una fundación privada haya funcionado 400 años. Yo creo que eso no lo ha conseguido ni Napoleón”, comenta Daniel al respecto.



























