
13:00 CET, 18 de enero de 2025, Valencia
Ubicado en uno de los rincones del Colegio, en un espacio de aproximadamente 150 metros cuadrados, compuesto de dos pisos repletos de estanterías de madera y custodiado por la Virgen de los Desamparados, se encuentra el Salón de Protocolos del Patriarca. Entrar allí implica adentrarse en toneladas de siglos de historia, o para ser más precisos, en los 36.000 documentos recolectados por Castillo. Aquel hombre que, haciendo uso del dinero de su familia y del sueldo que recibía por su labor de colegial perpetuo, logró conseguir esta cifra magistral de papeles históricos.
Lo que originalmente eran desvanes del Colegio se convirtieron en el Salón donde se conserva gran parte de la memoria histórica de Valencia. Esa que inició con aquella particular envoltura de pescado y que dio paso a la asombrosa colección de Castillo. El hombre, además de adquirir los protocolos notariales, se dedicó a almacenarlos con la ayuda de otro laico. Juntos, los catalogaron según la información del notario y el año de expedición. Un sistema simple, pero ingenioso, que sigue utilizándose hoy en día para la organización de los documentos.
Con el pasar de los años, la conservación de los protocolos dentro del Salón se ha complejizado; es una tarea que implica una doble carga: proteger el papel de la degradación y restaurar los archivos dañados. “Tres veces al año, vienen unas entidades que desinfectan, se esteriliza todo eso, y luego la limpieza de la que se hace cargo el Colegio”, cuenta Goerlich. La restauración se financia en parte con los recursos obtenidos del uso de la documentación. A cambio de prestar un protocolo, se solicita a los usuarios que cubran los costos de restaurar una pieza del archivo. Sin embargo, no todos los documentos requieren ser restaurados inmediatamente; los casos más graves son los de la segunda mitad del siglo XVII. “Es una época de crisis económica muy importante en el Imperio español, entonces los papeles en general son más malos, la tinta sobre todo es malísima. Son tintas férricas que se van comiendo el papel”, añade Daniel.
Además de estos desafíos, la conservación de los protocolos enfrenta otra amenaza. «Aquí hemos tenido toda clase de insectos«, comenta Goerlich. Los documentos antiguos, aunque desinfectados repetidamente, son vulnerables a ciertas plagas. Algunas de la clase papirófaga (devoradores de papel), como el caballito de plata, y otras de la especie xilófaga (devoradores de madera), como carcomas, polillas y termitas. Estas últimas no solo destruyen los archivos sino piezas como muebles antiguos, columnas y retablos del Colegio. «Llegan en primavera, ponen sus huevecillos y hacen galerías por dentro», agrega Daniel. Una amenaza que logran contener con fumigaciones esporádicas, las cuales se hacen dentro de pequeñas perforaciones profundas que conectan con la zona subterránea del Colegio.
A pesar de todas las adversidades, el Salón de Protocolos del Patriarca ha permanecido en pie. A finales del siglo XIX, los documentos depositados allí comenzaron a cobrar gran relevancia debido a la historiografía positivista, que valoraba la validez de un hallazgo solo si estaba sustentado en archivos. Esto despertó el interés del Salón, que comenzó a ser visitado esporádicamente por historiadores, sociólogos y otros estudiosos.
Posteriormente, a mediados del siglo XX, el número de visitas aumentó, recibiendo a investigadores españoles, de zonas distintas a la de Valencia, y de otros de sitios extranjeros como Hong Kong, Inglaterra y Estados Unidos. “Es continuo y son tantos que hay que crear algo que no está previsto en la constitución, entonces se crea el puesto de archivero” menciona Goerlich. Algo que coincidió con renovaciones arquitectónicas al Colegio y la canonización de Juan de Ribera por parte del papa Juan XXIII.
Esa demanda de información es lo que ha generado que El Patriarca esté interesado en escanear todas las páginas de los protocolos notariales. Al digitalizarlos y subirlos a la red se garantizará que no sean manipulados constantemente. Como consecuencia de este hecho, se evitará la pérdida del material por la fragilidad que adquieren los archivos con el paso de los años. Hasta el momento, con sus recursos propios, ya han digitalizado todos los documentos correspondientes al siglo XVI. «Lo colgaremos en la red, gratuitamente, pero quizás en el futuro se les diga: ustedes por usar la red van a pagar. No lo sé – advierte Goerlich, precisando que – además, las fotografías que se hacen son tan estupendas que cualquier letrita de esas no se pixela, aunque la veas del tamaño de una persona».







