Calpe, destino turístico creciente: ¿a qué precio?

Las playas, el peñón y la gastronomía consolidan a Calpe como enclave turístico internacional, pero el aumento de visitantes plantea nuevos retos para los residentes

Valencia

Vista del Peñón de Ifach y la paya del Arenal de Calpe. Fuente: Adobe Stock

La ciudad alicantina lidia con la popularidad turística cada vez mayor

Calpe se ha convertido en uno de los destinos turísticos más reconocidos de la Costa Blanca. Sus agradables playas, el mítico Peñón de Ifach, las bellas Salinas y su oferta gastronómica atraen cada año a miles de visitantes de varios países europeos, sobre todo de Gran Bretaña y Bélgica. Este flujo turístico ha ayudado a impulsar la economía de la zona, además de poner Calpe en el mapa. Sin embargo, también plantea nuevos desafíos para el municipio y sus residentes.

En agosto de 2025, se batió el récord absoluto del municipio con un 93% de ocupación general, superando el techo histórico anterior de 2016 (88%). Además, la zona de Alicante ostentó el mayor número de noches turísticas registradas (más de 12 millones), solo por detrás de Madrid. Estas cifras reflejan la importancia del turismo para la economía local, especialmente para sectores como la hostelería y el comercio.

No obstante, esta actividad también tiene consecuencias. La concentración de visitantes durante los meses de verano aumenta la presión sobre el tráfico, las infraestructuras y los servicios públicos. Además, el acceso a la vivienda y la expansión de los alojamientos turísticos plantean dificultades para parte de la población residente.

Estos efectos secundarios se han agudizado en los últimos años. Ante esta situación, uno de los principales retos de Calpe consiste en reducir su dependencia de la temporada alta. Promover actividades culturales, deportivas y gastronómicas durante el resto del año podría contribuir a distribuir mejor la afluencia turística.

El objetivo no debería ser renunciar al turismo, que es un aspecto fundamental de la Costa Blanca. La clave está en encontrar un equilibrio entre crecimiento económico, conservación del entorno y calidad de vida. Calpe necesita seguir siendo un destino atractivo, pero también un municipio donde sus habitantes puedan vivir durante todo el año.

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