El relato de Nelly Bly en el manicomio
Nelly Bly se adentra durante diez días en el manicomio de la isla de Blackwell. Relata cómo fue hacerse pasar por una mujer con supuestos problemas de histeria y locura. Cuenta el juicio que la declaró “loca” y su admisión inmediata en la institución. Durante ese tiempo, Nelly se convirtió en una interna más. Nadie sospechó de su plan, pese a que insistió varias veces en que le realizaran más pruebas, tanto a ella como a sus compañeras . Estaba convencida de que muchas tampoco estaban realmente enfermas.
A diario, Nelly denunciaba la pésima calidad de la comida, la escasa ropa de abrigo y los malos tratos por parte de las trabajadoras. Con el paso de los días, observa cómo muchas de sus compañeras ingresan cuerdas y van perdiendo su vitalidad y su brillo en la mirada. Ya sea por el frío extremo, por las palizas de las cuidadoras o por muchas otras humillaciones, su deterioro era evidente.
En su crónica, Nelly hace una reflexión sobre cómo se puede sembrar la locura en la mente de una mujer. Su rutina en el centro consistía en permanecer sentada en un banco durante más de doce horas. Solo veia la luz del sol una vez a la semana —y solo si las enfermeras podían organizarse— y soportar una alimentación miserable. Mientras las internas recibían un currusco de pan duro, un trozo de ternera en mal estado y una patata cruda. Veían pasar carros llenos de comida exquisita destinados únicamente a las trabajadoras.
“Me gustaría que los doctores expertos que me condenan por lo que hice, puesto que ha probado sus capacidades, cojan a una mujer perfectamente sana y cuerda, la encierren y le hagan sentarse desde las seis de la mañana hasta las ocho de la tarde en un banco recto, que no permitan que ande o se mueva durante esas horas, sin darle nada que leer, sin dejar que sepa nada de lo que pasa en el mundo exterior, suministrándole comida de mala calidad y un trato muy duro, y veamos cuánto tarda en volverse loca. En dos meses sería un despojo físico y mental.”
¿Sería posible infiltrarse en un manicomio como lo hizo Bly?
Reflexionando sobre el libro en el club de lectura de Vinos y letras, surgió esta pregunta interesante. Evidentemente, ya no se podría repetir una acción así porque los manicomios, tal y como existían en su época, han desaparecido. Aun así, a lo largo de la historia han existido otras infiltraciones que han servido para destapar injusticias y abusos ocultos.
Esto nos llevó a plantear una cuestión aún mayor: ¿dónde está el límite periodístico? Hablamos de los límites éticos y legales de usar datos personales, fotografías, mensajes o cualquier tipo de información obtenida de manera encubierta para elaborar una noticia.
En la charla se comparó este tipo de infiltración con el trabajo de un policía, pero, desde mi punto de vista, se trata de prácticas muy distintas, con objetivos y responsabilidades diferentes. Mientras que las fuerzas del orden trabajan con fines legales y de seguridad, la infiltración periodística busca exponer una realidad al público, y eso exige un equilibrio delicado entre el derecho a informar y el respeto a la intimidad.
Es un tema complejo, con una doble lectura, y en el que es fácil equivocarse al expresarlo porque se mueve constantemente entre lo ético y lo necesario, entre lo que se debe contar y lo que se debe proteger. Comentaron que Bly pudo equivocarse al decir los nombres verdaderos de todas las personas entrometidas en su libro, como sugerencia podría haber utilizado pseudónimos para las pacientes y los trabajadores, ya que se supone que no pidió permiso a ninguno para publicarlo en el artículo.
