Cuando la cara visible del ‘Método Cossio’ se encontró fugazmente con el que sería el crupier en el Red Strings esa noche, su misión era ambiciosa. El Colombiano deslizó el as de tréboles sobre la mesa cubriéndolo con la mano mientras miraba de reojo hacia los lados. La carta tenía una muesca mínima en la esquina superior — era apenas perceptible, lo suficiente para reconocerla al tacto.
— ¿Qué pasa si la carta marcada sale en las primeras manos?
— Barajo yo, paisa, como siempre. No la pongo en juego hasta la tercera ronda. Para entonces, la mayoría estará metida hasta el cuello, apostando fuerte.
— ¿Y qué pides a cambio, Laureano?
— Tu mitad si ganas.
La promesa del ‘Método Cossio’ — la carta marcada de las estafas digitales
Ajeno a la realidad que se vivía en el garito clandestino, Nicolás Arrieta sabía que El Colombiano era un estafador. Empezó a hablar públicamente de cómo funcionaban sus campañas, los embudos, las falsas promesas verbalizadas como motivación. Y como buen hombre de negocios, El Colombiano lo dejó pasar hasta que le molestó lo suficiente. Sus abogados se movieron rápido y se encargaron de poner distancia — también protegieron judicialmente a su hermana, otro miembro principal del Grupo Cossio S.A.S.. Formaban parte del mismo ecosistema de ilusionismo, vendían su imagen en redes y ejercían como figuras públicas de gran influencia.
Todo iba a pedir de boca. Su fuente de ingresos más reciente, la promesa del ‘Método Cossio’, se vendía como una ilusión de control sobre el azar: libertad financiera en cinco meses con trabajo solo desde casa, sin jefes ni horarios. Aseguraba coches caros y la monetización de marca personal. Bastaba con pagar la cuota mínima de 46’5 euros. Todo dependía de la ambición del cliente — y de la presión que ejercía la rebaja sobre los 459 euros iniciales. La campaña se viralizó rápido entre jóvenes colombianos. Más de 23.000 personas invirtieron creyendo que jugaban con ventaja sobre el algoritmo, sin saber que había una carta marcada ya en juego.
En el Red Strings, empieza la tercera ronda de esa noche. Laureano reparte las cartas como de costumbre y, como prometido, El Colombiano recibe su carta marcada. El movimiento parece haber pasado desapercibido entre los estafadores. Las fichas que arroja sobre el centro de la mesa aumentan con cada turno, pero todos ven las subidas del paisa. A El Colombiano le extraña, todos parecen reírse de algo de lo que él todavía no es consciente.
Ver una subida
Call a raise
En el póker, un jugador puede enfrentarse a la apuesta de un contrincante con una subida — ‘subir‘ significa apostar por encima de la cantidad arriesgada por el rival. Cuando un jugador ‘ve una subida‘, está igualando la réplica — se juega exactamente la cantidad de la apuesta enfrentada.
El negocio de la ostentación en línea
El Colombiano había nacido en Medellín, municipio del noroeste de Colombia. Su fama trascendía las fronteras físicas de su tierra — era una figura pública internacional gracias al catálogo interminable de provocaciones digitales que le precedían. Su oficio eran los negocios en la sombra y la visibilidad como príncipe de la ostentación. Nadie sabía muy bien cómo había llegado a ser tan rico, pero en Internet no faltaban fotos de aquello en lo que invertía su dinero. Tatuajes, casas, coches de alta gama, viajes cada semana, animales exóticos y campañas de marketing disfrazadas de caridad.
Cada tres meses dejaba sus negocios como estuvieran para ocupar uno de los asientos de la mesa de póker del Red Strings. Su perfil no era el más radiante entre los estafadores que se reunían en el garito clandestino para mover dinero fácil y lavarse las manos. Aún así, su prepotencia lo hacía imposible de ignorar. Los encuentros eran una oportunidad perfecta para dejar caer algún billete de más si había cuartos que lavar, o plantarse con un juego competitivo si se andaba en situación difícil.
No era la primera vez que Nicolás Arrieta se entrometía en sus asuntos — sus actividades representaban un conflicto de intereses.
Los negocios de El Colombiano dependían de su imagen en línea. Se dedicaba a la gestión de esquemas de inversión y monetización digital, y los presentaba como ofertas imposibles de rechazar. Traficaba con la ilusión de que cualquiera podía ser como él, vendía un holograma de su imperio para replicar. Su método estaba diseñado fría y calculadamente para quienes buscaban un atajo fácil. La promesa del ‘Método Cossio’ era un engranaje más de ese mercado en el que el deseo de éxito digital se comercializa como un atajo duplicable. Se lucraba de una ventaja que no existía, de la exclusividad de haber adquirido un secreto que no era más que un espejismo. Dominaba la lógica de un sistema arraigado en la desesperación de quienes buscaban un lugar en la mesa sin cartas que jugar.

La investigación de la SIC
Las autoridades le seguían el rastro de cerca. En toda partida hay reglas — a un jugador que intente sortearlas siempre puede salirle el tiro por la culata. En este caso, el Estatuto del Consumidor en Colombia asentaba unas reglas que exigían claridad, veracidad, suficiencia y respaldo suficientes. Exigía transparencia y prohibía la publicidad engañosa.
Para el Departamento Administrativo de la Función Pública, la publicidad engañosa se define como aquella que, por incluir información falsa o inducir a error, pueda afectar la decisión del consumidor sobre un producto o servicio.
Artículo 29
❝Fuerza vinculante. Las condiciones objetivas y específicas anunciadas en la publicidad obligan al anunciante, en los términos de dicha publicidad»❞
Artículo 30
❝Prohibiciones y responsabilidad. Está prohibida la publicidad engañosa. El anunciante será responsable de los perjuicios que cause la publicidad engañosa. El medio de comunicación será responsable solidariamente solo si se comprueba dolo o culpa grave. En los casos en que el anunciante no cumpla con las condiciones objetivas anunciadas en la publicidad, sin perjuicio de las sanciones administrativas a que haya lugar, deberá responder frente al consumidor por los daños y perjuicios causados.❞
Por su parte, la Superintendencia de Industria y Comercio —SIC— era la entidad nacional que se encargaba de defender la competencia y los datos personales de los usuarios, así como de regular la metodología legal y proteger los derechos de los consumidores. Se constituía como órgano transversal en los ámbitos administrativo y judicial sobre el territorio colombiano. Su cuerpo técnico se había encargado de monitorizar de cerca los movimientos de El Colombiano — las quejas de usuarios aislados habían escalado a ser un flujo constante de presión social en línea. Los rumores se difundían en hilos de X y TikTok, y su viralización encendía cientos de puntos en el mapa de víctimas de la estafa digital a una velocidad vertiginosa.
La investigación abierta se había detenido a analizar la campaña de marketing, el contenido del curso y los términos y condiciones del ‘Método Cossio’. Respondía a los testimonios que declaraban como «básicos» sus contenidos, enfatizaban la ausencia de soporte técnico y expresaban la decepción ante las expectativas generadas con una campaña de marketing que había hecho promesas vacías. Otros creadores de contenido estaban en el punto de mira de la organización: Miriam Obregón, Luisa Castro y Yina Calderón también estaban siendo investigadas.

Demasiado bueno para ser cierto
Una de las consecuencias de vender humo a plazos es que la fecha de caducidad llega de manera inevitable. Por mucho que el negocio fuera viento en popa, El Colombiano había estado tan ocupado gestionando el papeleo que suponían las acusaciones de Nicolás Arrieta, que no había sido consciente de que el lanzamiento del ‘Método Cossio’ cumplía cinco meses. Su mente la había estado ocupando la partida de póker de aquella noche en el Red Strings. Y, por supuesto, cómo iba a doblar su apuesta inicial.
Durante los últimos días, los mensajes directos a su perfil se habían convertido en comentarios en redes. Los usuarios reclamaban no haber recibido lo prometido. Los rumores de que el curso era básico y no tenía soporte habían empezado a traducirse en denuncias formales a la SIC. Había pruebas de todo tipo — capturas de pantalla, correos sin respuesta, reclamaciones de devolución sin reembolso.
Mientras El Colombiano deslizaba el as de tréboles sobre el que sería después el escenario de la partida de póker, el Grupo Cossio S.A.S era señalado legalmente como responsable de publicidad engañosa, vulneración de derechos, falta de transparencia y aprovechamiento de la confianza digital. La sanción únicamente impuesta a El Colombiano por valor de 209.220 euros supondría un punto de inflexión en el marco legal de la regulación en su país. Aunque su hermana también formara parte del negocio de las estafas digitales —como miembro clave de la Sociedad por Acciones Simplificada—, El Colombiano era responsabilizado como figura promotora principal. Se trataría de la primera multa de tal cantidad impuesta a un creador de contenido — era la primera vez que una institución oficial exigía justicia directa a una figura de influencia digital en Colombia. Los ‘vendedores de humo’ no eran intocables.
━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
RESOLUCIÓN DEL CASO
Fin del juego
Habiendo amasado 1.103.160 euros durante los últimos cinco meses solo a partir del ‘Método Cossio’, no le duele seguir soltando fichas sobre la mesa. La apuesta continúa subiendo y El Colombiano tiene trío de ases. Sabe que el bote es suyo. El crupier desvela la última carta de la ronda: un as de corazones. Con dos ases en sus manos y los otros dos sobre la mesa, no duda en ir con todo.
— All in — canta El Colombiano con una sonrisa burlona en la cara.
All-in
All in
All-in es la acción de apostar todas las fichas disponibles en la mesa durante una mano. Empujar las fichas al centro no admite vuelta atrás ni permite subidas adicionales — no hay más rondas para maniobrar, pones a tu oponente en una situación de todo o nada.
Como quien hace volcar una fila de fichas de dominó, los tres participantes restantes responden: «lo veo». El Colombiano tira las cartas sobre la mesa — asume que ha ganado mientras recoge las fichas.
— Todo para papi — dice El Colombiano con una sonrisa que no le cabe en la cara.
— Un momento paisa — le dice Laureano—. ¿Crees que no nos hemos dado cuenta?
— Esta carta está marcada — señala otro de los jugadores.
El Colombiano estudia la carta anonadado. Está doblada de manera exagerada por uno de los bordes, lejos de la discreción del naipe que había entregado a Laureano.
— Maldito perro. ¡Fue él! — exclama El Colombiano, alzando la voz por los nervios.
— Nos da igual quien haya sido, tú has salido favorecido. Ya conoces la norma, entre estafadores no hay estafas, colombiano — dice en tono más serio el otro jugador.
— Retírate lo antes posible por favor, no me hagas llamar a seguridad — dice Laureano.
— Me tendiste una trampa y te crees que me voy a ir como si nada. ¡Vení aquí malparido! — dice El Colombiano mientras se levanta y va directo a por Laureano.
El personal de seguridad, que estaba atento a la escena, lo intercepta y lo mandan directamente fuera del Red Strings.
— Se acabó tu partida — se burla uno de los seguratas.
CRONOLOGÍA DEL FRAUDE | ⫘

El ‘vendedor de humo’
El Colombiano había vuelto a su casa debiendo el equivalente a sus ganancias en la partida de póker a cada estafador como penalización.
Cuando supo que la SIC lo había sancionado, no tardó en defender públicamente su inocencia. El contenido de sus redes sociales se había llenado de insistencia sobre la validez de su curso «para hacerse rico». Además, acusaba a la SIC de persecución personal en un enfrentamiento digital que se alimentaba también de su enemistad con Nicolás Arrieta.
A estafadores como El Colombiano se les conoce como ‘vendedores de humo’. Al igual que el ‘Método Cossio’, prometen fórmulas fáciles y accesibles para hacerse rico, pero su objetivo es engañar a los usuarios con la falsa promesa de cambiarles la vida. Cada vez son más numerosos en redes — aprovechan la falta de regulación en las plataformas sobre estas técnicas inmorales de manipulación y el alcance masivo que pueden conseguir en el ecosistema digital.
Emplean diferentes estrategias para afiliar a más usuarios: testimonios exagerados, ostentosos estilos de vida como gancho persuasivo y lenguaje motivacional y basado en la promesa de resultados inmediatos. Pretenden impactar en una audiencia mayoritariamente joven a la que procuran proporcionar la solución inmediata a sus problemas: el dinero. La información de sus cursos es bastante limitada y básica — nada no disponible en un tutorial de YouTube. A partir de esta falsa premisa, los usuarios caen en la tentación e invierten en mentorías con la esperanza de una vida mejor.
2 comentarios en «‘Método Cossio’: la estafa que promete dinero fácil»