El falso espectáculo de drones en la Ciudad de las Artes permanece sin cierre judicial ni responsables identificados

Valencia

El primer movimiento lo ejecuta Mr. Dron. Su atuendo deslumbra — los anillos de oro de sus dedos reflejan la luz del foco rojo que cuelga sobre la mesa, unas gafas oscuras ocultan su rostro. La partida ni siquiera ha empezado y ya se ha encendido el primer puro. Es un jugador amateur — su entrada en la partida es sutil, casi tímida. Busca mantener un perfil bajo con el anonimato de su identidad. Juega discreto, va a lo seguro. Hace un montoncito equivalente a cientos de euros en fichas negras. Lo justo para sentarse en esta mesa, aunque sin fuerzas para mantenerse.

Su móvil vibra a intervalos cortos. Son SMS que confirman el ingreso de los fondos en su tarjeta bancaria. Todos bajo el mismo concepto: espectáculo de drones en la Ciudad de las Artes, en Valencia.

La promesa era tentadora: un gran evento el 17 de agosto con música en vivo y hasta cena incluida, la forma perfecta de pasar la tarde y llenar la fatiga estival. Una oferta irresistible por menos de 20 euros. Sin embargo, la sorpresa explotó en las 200 personas que acudieron esa tarde y comprendieron que el evento no era real.

En lugar del montaje esperado que prometía una tarde amena, se encontraron a la Policía, que ratificaba que no existía ningún show de drones programado para ese día. Instaban al cúmulo que se había aglutinado a retirarse mientras la sensación de haber sido convocados a una función fantasmal se asentaba entre los presentes. Unos intentaban contactar con la empresa patrocinadora, mientras otros revisaban el anuncio, en busca de un error o confusión. Poco a poco la realidad se fue abriendo paso, y el alboroto se convirtió en un silencio incómodo compartido por cientos de desconocidos que habían caído en la misma trampa.

Fotografía de la Ciutat de les Arts con el fondo rojo y muy iluminada, lugar en el que ocurrió la estafa de los drones.
Ciutat de les Arts i les Ciències | Pixabay

La mecánica del timo fue calculada, estratégica y sencilla. Contaba con una campaña segmentada distribuida por redes sociales, una página web falsa con el nombre de una empresa reconocida, múltiples reseñas y confirmaciones de pago automáticas respaldas por un SMS para dar esa sensación de legitimidad. La compra era sencilla y rápida. El cóctel perfecto para un fraude de bajo coste que reuniría más de 3.000 euros explotando la confianza de los usuarios. La estafa de drones se promocionaba las ciudades importantes del país, como Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao y, como no, Valencia.

Ciudad de las Artes y las Ciencias y Drone Show Festival —marca legítima que fue afectada por el timo— actuaron inmediatamente. Lanzaron comunicados y anuncios en las redes sociales para alertar al público y desvincularse de la estafa. No obstante, el daño ya estaba hecho. La Policía reunió múltiples denuncias de los afectados, pero muchos de ellos desistieron debido a la poca cantidad de dinero perdida. Tampoco facilitaba el hecho de que la página web ficticia continuó ofreciendo entradas para espectáculos en los días siguientes. Hasta que, un día, desapareció sin dejar rastro.

Tras haber recibido la última confirmación del ingreso, Mr. Dron se levanta de la mesa y va directo a la caja del casino. Su montón ha crecido: acumula poco más de 3.000 de euros en fichas. Empieza su jugada. No hay marcha atrás ni denuncias a la Audiencia Nacional que puedan detener su movimiento. Después de todo, ha construido el fraude de manera sofisticada para que nadie pueda atribuirle la estafa, y esa es su mayor fortaleza.

Mientras en el garito los billetes se convierten en fichas, en las la estafa de los drones se disuelve en trámites y silencios. La Unión de Consumidores de la Comunidad Valencianamáximo defensor de los derechos de los compradoresse enfrenta a su peor obstáculo nacido en la era digital: el anonimato.

Buscan al culpable con la familiaridad de haber visto incontables jugadas sucias y al empresario desaparecer antes de poder reconocerlo. «No podemos elaborar una demanda civil cuando el domicilio social de su empresa está en Dubai», aclaró Francisco Rodríguez, su portavoz. El domicilio fantasma es uno de sus mayores obstáculos cuando abren una investigación por estafa en línea. La organización está atada de manos para detener la partida si las víctimas no denuncian y se rehúsan a pasar por el proceso penal o civil, dependiendo del caso. Sin embargo, el secretario de la asociación reconoció que, en casos como este, en el momento en que, cuando hay devoluciones monetarias —a pesar de ser parciales o por presión bancaria—, la mayoría desiste y deja que el problema caiga en el olvido. Se empaña como una copa fría olvidada en la barra.

La asociación no es bienvenida en la partida, pero conoce bien los tipos de negocio de los que se benefician los jugadores. Tiene la información necesaria para echar abajo el juego y dejar a Mr.Dron sin recursos ni nuevos ingresos. Sabe que no es el único en la mesa y que cada jugador sigue su propia estrategia. Solo le hacen falta las herramientas para llegar hasta ellos.

Aun así, no se rinde. Divulga datos, patrones y alertas, haciendo lo que puede. Reparte consejos como quien deja marcas en las paredes. Hace públicas guías, emite comunicados, traslada sus pesquisas a los medios. En su última ronda de recomendaciones, Francisco Rodríguez hizo hincapié en lo esencial: verificar las empresas, avisos legales, condiciones generales, domicilio social. Si se localiza en un país exótico y lejano, las alertas más claras se activan. Aconsejó desconfiar de ofertas tentadoras —«suelen ser demasiado buenas para ser verdad»—, evitar pagos por Bizum o transferencia directa, y usar plataformas con protección al comprador. Reunir material, guardar capturas de pantalla, comprobantes, correos electrónicos. 

Coches verdes que destacan circulando por una calle, donde lo demás que aparece en la calle se ve de color rojo.
Circulación en calle | Freepik

Los demás jugadores manejan cantidades más grandes, por lo que la primera ronda finaliza para él mucho antes de lo que habría podido esperar.

Sin poder ver siquiera la primera carta sobre la mesa, 1.000 euros de sus fichas han desaparecido sólo por representar la entrada mínima al juego. Antes de comenzar la segunda ronda, una avalancha de SMS han hecho vibrar su teléfono. Igual que al principio, todos tienen el mismo mensaje: devolución de ingreso por espectáculo de drones en la Ciudad de las Artes, en Valencia. Su piel se tiñe de blanco en un instante. ‘-3.000€’, subraya en rojo su aplicación bancaria.

Al parecer, las entidades bancarias se han dado cuenta de su estafa y han actuado. En un movimiento que hace caer la silla de espaldas, se levanta de la mesa con las piernas temblando. Recoge su maletín y, automaticamente, se dirige a correprisas a cambiar las fichas que le quedan para saldar su deuda. Va directo a la salida, cabizbajo y sin miramientos mientras piensa cómo pagará los 1.000 euros restantes que ha perdido en la partida de póker.

Aun así, tiene clara una cosa: la partida para él ha terminado, pero en la mesa las cartas se siguen jugando.

Periodisme UV

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