No hay barro que hunda al deporte

Última actualización: 21 de mayo de 2025, 16:26 (Europe/Madrid)

Una mirada cercana al proceso de reconstrucción de los clubes de fútbol y baloncesto formativo de la Comunidad Valenciana

Sábado, 8:00 de la mañana, sale el sol y, con él, empieza un nuevo fin de semana con el complemento perfecto para cualquier niño: el deporte. Un salto de la cama para ir corriendo a ponerte las botas mientras te espera un bocadillo envuelto en papel de aluminio que servirá para cargar las pilas antes del partido. La ilusión de un niño, semana tras semana, resumida en practicar su deporte favorito. Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, todo cambió. En solo cuestión de horas, las botas de fútbol cambiaron por las de agua para protegerse del barro y el parqué de las pistas de baloncesto fue sustituido por suciedad. Aquellos campos que tantas alegrías habían acumulado pasaron a ser escombros y se convirtieron en un reflejo de lo que había sucedido: una de las mayores tragedias de España. 

El pasado 29 de octubre, la DANA cambió la vida de todos los valencianos para siempre. Sin recibir ningún aviso previo, la terreta se vio sumida en hasta 700 litros de agua por metro cuadrado, lo que provocó el desborde de ríos y barrancos y, como consecuencia, las inundaciones de muchos pueblos de la provincia de Valencia. La desesperación se adueñó de las calles valencianas, con el agua como claro protagonista. Algunas de las imágenes terroríficas que se vivieron aquella noche fueron: gente subida encima de los coches, en las terrazas de sus edificios o teniendo que ser rescatadas de sus casas. Ante semejante catástrofe, el impacto material y, sobre todo, humano fue enorme

Es cierto que, en medio de tantas pérdidas y cuestiones que nublan nuestra cabeza en esos momentos, el deporte pasa por completo a un segundo plano. Sin embargo, y más aún si cabe en los momentos más difíciles, hay quien lo entiende como un estilo de vida, un nexo de unión de comunidades, como una herramienta de socialización, o incluso como práctica para despejar la mente. Además, el deporte no entiende de razas, edad, sexo o diferencias. Esa es su esencia: un espacio seguro para todo el que lo necesite. Tal y como fue el caso, con aquellos niños afectados por la DANA que, por unos minutos, pudieron desconectar durante un rato de la tragedia y ser felices viendo rodar el balón. Por un instante, el barro y los escombros (aunque aún presentes) no fueron condicionantes, sino acompañantes del partido más importante del año.

Ese espíritu de resiliencia y tenacidad demostrado por los más pequeños se proyectó en todos los miembros partícipes del deporte valenciano para poder recuperar la normalidad con el tiempo. No ha sido una tarea fácil ya que, entre otros muchos, fue uno de los ámbitos más afectados. Alrededor de 20 clubes de fútbol y más de 14 de baloncesto han visto sus establecimientos deportivos arrasados y se han visto obligados a trasladar sus equipos a otras ubicaciones. 

Según los datos de la Federación de Fútbol de la Comunidad Valenciana (FFCV), 37 instalaciones deportivas quedaron perjudicadas total o parcialmente, de las cuales 15 campos de fútbol quedaron completamente devastados. Además, la DANA afectó al 15% de las licencias futbolísticas que posee la Comunitat, ya que, de las 130.000 fichas, más de 20.000 se vieron afectadas.

Sin embargo, si algo ha caracterizado siempre a Valencia y a su gente es su capacidad para resurgir de las cenizas. Por esta razón, fue entonces cuando la FFCV presentó, el 13 de noviembre, un Plan de Recuperación para restablecer tanto el fútbol tradicional como el fútbol sala y devolver la pasión por este deporte a todas las poblaciones afectadas. Dicho plan detalló que la inversión estimada para la reconstrucción de las instalaciones anegadas se cifraba en 20 millones de euros. Con ese fin, se creó un portal web (ayudaparaelfutbolenvalencia.com) cuya recaudación se destinaría íntegramente a los clubes afectados, no solo para la recuperación de las infraestructuras dañadas, sino también para la compra de material deportivo y para cubrir el transporte a partidos o entrenamientos y los costes de arbitraje.

En esta misma línea, la Federación de Baloncesto de la Comunidad Valenciana (FBCV) también presentó la iniciativa “Pistas solidarias”, que pretendía reunir en un mismo lugar toda la oferta de pistas que se pusieran a disposición de los equipos afectados por la tragedia, con el objetivo de que dichos clubes pudiesen seguir entrenando y jugando. Para facilitar el proceso de organización, la FBCV facilitó un portal web (y el contacto a través del correo electrónico pistassolidarias@fbcv.es) para consultar o modificar las “Pistas Solidarias” publicadas. Esta red de solidaridad se estableció con la finalidad de garantizar la práctica deportiva y así el baloncesto continuase siendo un espacio de crecimiento y superación que devolviese la alegría a toda la población afectada.

Valencia Basket, CB L’Horta Godella, Burjassot CF, Atlético Nazaret y CD Rumbo, entre otros, son algunos de los equipos que han cedido sus campos y pabellones durante todo este tiempo para que todos los afectados pudiesen continuar con su actividad hasta poder recuperar la normalidad. Uno de los pueblos que pudo acoger a los clubes afectados fue Alacuás, cuyas instalaciones deportivas no llegaron a ser dañadas pese a su cercanía a Aldaia. Fran Evangelista, concejal de deportes de Alacuás y vicepresidente del consorcio Esports Horta, cuenta cómo está siendo la experiencia de ayudar a las entidades deportivas del pueblo vecino.

“Lo que hicimos fue facilitar y habilitar nuestras instalaciones a todos los deportes que pudiéramos acoger para que vinieran y siguieran los entrenamientos con el objetivo de que ningún niño o niña se quedara sin poder hacer deporte, en la medida de lo posible. Actualmente, seguimos dando servicio en nuestras instalaciones a la escuela de fútbol, tanto la masculina como la femenina, y a la de baloncesto”. Además, Fran explica que lo que se ha llevado a cabo desde la concejalía de deportes de Alacuás es: “acoger las necesidades del pueblo vecino y utilizar de manera conjunta las instalaciones”.

Por otro lado, Salvador Fabregat, presidente de la FBCV, nos explica que, como muestra de apoyo a las zonas afectadas, se creó la iniciativa “El bàsquet està açí”, que consiste en llevar todas las finales autonómicas de formación a pabellones damnificados por la tragedia.

Audio de la entrevista completa a Salvador Fabregat, presidente de la FBCV:

El balón dejó de rodar

En medio del caos que reinaba en las calles de los pueblos damnificados, algunas de las instalaciones deportivas de dichos municipios se convirtieron en cementerios de coches. En los campos de fútbol, donde habitualmente retumbaban los gritos de los jugadores y el sonido de los balones, existía un silencio muy extraño que no tenía precedentes. Los vestuarios destruidos, las gradas cubiertas de barro y el césped arrancado como si fuera papel, eran el fiel reflejo de una catástrofe que fue mucho más allá de lo material.

El antes y después de la DANA en algunos campos de fútbol valencianos. (Realizado por Anthony Patiño)

José Dalmau, dueño del bar del polideportivo de Catarroja, nos cuenta que recuerda aquellos días con una mezcla de incredulidad y orgullo. Tras el  trágico temporal, su local se convirtió en un «centro neurálgico improvisado«. Las autoridades que se desplazaron hasta allí con el objetivo de poder echar una mano a los afectados, encontraron un lugar de refugio en el que coordinar tareas de auxilio. 

En esos días, el deporte quedó en un segundo plano, pero al mismo tiempo demostró su lado más humano. Varios clubes cedieron sus materiales para facilitar el trabajo de los equipos de emergencia, y los vestuarios, ya inutilizables, se transformaron en almacenes de ropa y productos de primera necesidad. 

En medio de tanto desastre, la red de personas vinculadas al mundo del fútbol se movió con una rapidez y solidaridad que sorprendió incluso a quienes llevan muchos años en esto. Se suspendieron muchos partidos, pero en los campos no dejó de haber movimiento. El balón dejó paso a las botas de agua y a las palas. Y fue entonces cuando se demostró que, más allá de lo competitivo, el fútbol también tiene su lado más solidario.

Declaración completa de José Dalmau, dueño del bar del polideportivo de Catarroja:

Una de las localidades más afectadas fue la de Albal y aunque su campo de fútbol, el estadio Pepe Paredes, no se vio afectado tan gravemente como, por ejemplo, el del Paiporta CF o el del Discóbolo La Torre, también sufrió daños parciales. Para que nos ilustre acerca de cómo se vivió tanto desde dentro del club como desde su experiencia personal, hemos tenido la oportunidad de hablar con Iván Palomares, director deportivo del Albal CF.

Palomares relató que tuvieron que parar dos semanas hasta poder entrenar de nuevo y que el principal objetivo del club fue siempre ayudar dentro de su alcance a las familias más afectadas. Esta misión institucional va de la mano de su propia vivencia en la DANA: “Fui afectado parcialmente. Nos entró agua en el garaje de una finca nueva y una planta baja de mi padre se inundó. Solo tenemos que lamentar daños materiales”, declara.

Además, explicó cómo ha afectado al Albal CF en los diferentes ámbitos. Gracias a que su campo está situado a una altura superior, no fue devastado de manera directa y han podido ayudar a otros clubes ofreciéndoles plazas en sus equipos. “Como es normal, parar no sentó muy bien porque los niños siempre tienen ganas de entrenar y jugar. Afortunadamente, no hemos tenido que retirar a ningún equipo de la competición y ningún jugador se ha dado de baja. En ese sentido estamos contentos”, afirma.

La federación ni siquiera llamó para preguntar si habíamos sido afectados. A día de hoy seguimos esperando una llamada”, lamenta sobre la falta de ayudas recibidas por parte de las federaciones valenciana y española. Pese a ello, sí que se mostró agradecido con otros clubes de fútbol, los cuales les habían cedido sus instalaciones, y agradeció que se interesaran y preguntaran por la situación del club.

Una demostración de que, aún incluso sufriendo todos las consecuencias de la DANA, no se ha vivido de la misma forma en toda la comunidad deportiva. Por lo que, desde Més Esport hemos querido destacar este aspecto y visibilizar ambas caras de la moneda cinco meses después de la tragedia.

Las distintas realidades del fútbol valenciano tras la DANA, representado por el FBCD Catarroja y el Paiporta CF. (Producido por: Anthony Patiño)

«Todo el material que tenemos son donaciones»

Tras unos primeros días de dudas e incertidumbres después de lo sucedido, los clubes se pusieron manos a la obra para intentar que sus campos de fútbol volvieran a lucir como tal. El proceso no fue fácil, pero gracias a la ayuda de voluntarios y fundaciones se empezó a ver algo de luz al final del túnel.

Los primeros esfuerzos se centraron en evaluar los daños y en tareas de limpieza. Muchos campos estaban cubiertos de barro, ramas, escombros, y hasta vehículos arrastrados por la corriente. Se necesitó maquinaria pesada y brigadas municipales (junto a la ayuda de miles de voluntarios) para despejar los terrenos de juego. Algunos campos, como el de La Torre, no solo sufrieron daños en el césped, sino también en instalaciones eléctricas, vestuarios y gradas.

A día de hoy, la mayoría de esos espacios destruidos ya han sido reconstruidos o están en proceso de ello, y poco a poco la actividad futbolística ha ido retomando su normalidad. Aquellos días revelaron la cara más humana del deporte, y dejaron claro que, incluso en los momentos más difíciles, el fútbol, como también el baloncesto o cualquier otro tipo de disciplina, puede ser mucho más que un juego.

Nerea Sarrión, coordinadora del área femenina del E1 Paiporta, nos pudo contar todo lo que ha sufrido su club tanto a nivel económico como social: «A los jugadores se les hicieron descuentos en las cuotas porque había que entender su situación y no íbamos a cobrar por un servicio que no podíamos ofrecer. No ha quedado nada de material deportivo, ni siquiera los balones. Aquellos que conseguimos salvar los hemos acabado tirando porque eran impracticables. Ahora mismo, todo el material que tenemos son donaciones y con eso vamos tirando».

Extracto de la declaración de Nerea Sarrión, coordinadora del área femenina del E1 Paiporta

Aunque a nivel institucional el golpe fue enorme, los clubes se enfrentaron a un desafío aún más complejo. Acostumbrados a sobrevivir con lo justo, a exprimir cada recurso y a hacer malabares con presupuestos bajos, se vieron obligados a lidiar con una problemática sin precedentes. Tuvieron que sostener su economía a pulso y en medio de la incertidumbre, de los calendarios rotos y de los ingresos que no llegaban, se vieron obligados a resistir como pudieron. ¿Cómo lo vivieron quienes estuvieron en el centro de esa tempestad?

Óscar Banacloy Nadal, presidente del Fútbol Base Club Deportivo Catarroja, acudió a Més Esport y, en una entrevista, explicó cómo lo vivieron en el club, especialmente los más pequeños: «Los que han resistido son unos héroes del fútbol (…) era el año para colgar las botas«. En sus declaraciones, el directivo del club manifestó su orgullo por el espíritu de resiliencia de todos los miembros del equipo.

Fragmento de entrevista con Óscar Banacloy Nadal, presidente del FBCD Catarroja

Puedes encontrar la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.

Un duro golpe emocional

De la misma forma que con el fútbol, en muchas localidades, el baloncesto federado se detuvo de golpe. Pistas completamente anegadas y partidos y temporadas aplazadas sin una fecha clara de reanudación. Una gran cantidad de equipos tuvieron que reorganizarse sobre la marcha y buscar espacios alternativos para mantener la rutina deportiva en medio de la incertidumbre. Algunos de ellos siguen compartiendo pistas y pabellones con otros clubes, entrenando a horas poco habituales y con recursos limitados. 

A pesar de las dificultades, los cuerpos técnicos hicieron un esfuerzo por mantener el ánimo y la cohesión del grupo. Los jugadores, especialmente los más pequeños, han tenido que enfrentarse al impacto emocional de ver sus espacios de juego convertidos en zonas inservibles. Sin embargo, el baloncesto también sirvió como vía de escape, como una forma de reconectar y de devolver cierta normalidad al día a día. La vuelta progresiva a las pistas, aunque marcada por la improvisación y los turnos compartidos, fue una muestra de resiliencia colectiva.

En muchos casos, esa fortaleza se tradujo en pequeñas victorias cotidianas. Esos mínimos avances que generaban ilusión y esperanza por recuperar la normalidad cuanto antes. El deporte volvió a construirse desde lo esencial, con una fuerte implicación de las familias, que se volcaron para ayudar en todo lo posible.

La situación también obligó a los clubes a reforzar la comunicación y la colaboración entre ellos, generando sinergias o acciones colaborativas que antes apenas existían. Aquello que en otro contexto podría haberse vivido como una molestia, como compartir horarios o ceder instalaciones, se asumió con una naturalidad que evidenció el compromiso colectivo con el deporte. 

A nivel organizativo, muchas entidades se han visto forzadas a adaptarse a una situación muy cambiante, con calendarios flexibles y una planificación casi semanal, y siempre pendientes de la evolución de los daños y la disponibilidad de sus pistas.

A pesar del desgaste, tanto emocional como físico, lo vivido también ha fortalecido el sentimiento de pertenencia en torno a los clubes. Para muchos jugadores, volver a entrenar supuso una inyección de energía y un recordatorio de por qué el baloncesto ocupa un lugar tan importante en sus vidas. 

Actos de fe

Damián Grau, presidente del CB L’Horta Godella, explica que el hecho de ceder espacios fue un reto importante a nivel organizativo. «En ese momento ya teníamos una programación muy ajustada con todos nuestros equipos, tanto de base como senior, y tuvimos que reorganizar horarios y adaptar espacios para que el E1 Paiporta pudiera entrenar con cierta normalidad. La coordinación con entrenadores y familias fue clave para que todo saliera bien».

Damián también afirma que la decisión fue inmediata: «En situaciones como esta, el deporte tiene que ser un espacio de apoyo mutuo. Para nosotros, fue una lección de solidaridad y de cómo el deporte puede unir más allá de los colores de una camiseta. Somos parte de la misma comunidad, compartimos valores, y sabíamos que ceder nuestras pistas era una forma de demostrar que el baloncesto es más que competir: también es colaborar«.

En la misma línea, Luis Francisco Asensi Alonso, presidente del CB Benetússer, establece que el mayor reto al que se han enfrentado institucionalmente ha sido precisamente mantener la actividad sin tener una sede fija. «Reorganizar los horarios, asegurar el traslado del material y adaptarnos a espacios diferentes ha sido un reto logístico y humano enorme«.

Por ello, para él, el baloncesto es mucho más que un deporte: “La capacidad de adaptación de nuestros entrenadores, jugadores y familias nos ha recordado la fuerza del compromiso colectivo. Seguimos adelante gracias a ellos”.

A finales de año, la Fundación Trinidad Alfonso, impulsada por Juan Roig, puso en marcha el programa «Alcem-se Esport» con el objetivo de recuperar infraestructuras deportivas esenciales para las comunidades. Además, otras entidades como el Valencia CF y el Villarreal CF aportaron importantes donaciones económicas y la Generalitat Valenciana y Diputaciones Provinciales facilitaron permisos y llevaron a cabo la coordinación de esfuerzos técnicos y logísticos.

Así lo está haciendo el Villarreal CF, que ya ha destinado 2.000.000€ para la reconstrucción de varios campos de fútbol. De esta manera, la ayuda del club groguet se está dejando ver en cinco instalaciones distintas: La Torre (València), Encrucijadas (Aldaia), Beniparrell, Catarroja o Algemesí. Estas instalaciones no empezarían a reconstruirse tan pronto de no ser por la ayuda del Villarreal. Y parece ser que no serán las únicas. 

Además, como se precisó en aquella reunión, la Fundación Trinidad Alfonso se ha hecho cargo, hasta ahora, del transporte de los clubes y la FFCV de los arbitrajes hasta final de temporada. Lo que supone más de 400.000€ para FTA y más de 200.000€ para la FFCV en forma de inversión.

La pelota no se mancha

La catástrofe dejó huella, pero también evidenció la capacidad de adaptación de dos deportes que supieron reorganizarse sin perder su esencia. Aún sin focos, sin gradas llenas ni instalaciones en perfecto estado, se encontró la manera de seguir jugando. No fue solo un retorno al deporte, sino también a la rutina, al grupo y a una sensación de estabilidad que había desaparecido con el paso del agua.

Y es así como el deporte, una vez más, nos ha enseñado que las mayores tragedias son aquellas que sacan el lado más humano de la gente y las que más nos unen. Cuando alguien lo está pasando realmente mal y ha sufrido grandes pérdidas, ya no importa si juega en el equipo rival o si la semana anterior marcó el gol que te dejó hundido.

Si algo nos ha enseñado esta desgracia es que el deporte guarda una lección mucho más grande que la victoria o la derrota: que en las sombras de una tragedia es cuando florece el humano que llevamos dentro y que en el dolor compartido, las diferencias se desvanecen. Porque lo verdaderamente importante, más allá del escudo que defienda sobre el terreno de juego, es que también es uno de los nuestros. Y es ahí, en ese preciso instante, donde verdaderamente compartimos el mismo equipo.

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