Escribió Virginia Woolf en Una habitación propia que “Anónimo fue una mujer”. A lo largo de la historia, el mundo literario y editorial ha sido dominado por figuras masculinas. Las escritoras en la mayoría de casos han sido ignoradas sistemáticamente por los críticos, los académicos y el currículum escolar hasta la actualidad. Cabe preguntarse entonces cuál es el estado de las mujeres en la industria editorial en España. Un sector que rompió récords en 2024 tras vender 77 millones de ejemplares y facturando 1.200 millones de euros, según los datos revelados por el informe de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
Las mujeres en la literatura siempre han estado envueltas en una red de obstáculos sociales, culturales y, por supuesto, editoriales. Durante siglos, las escritoras han sido silenciadas, sus obras relegadas o publicadas bajo pseudónimos masculinos para garantizar su difusión, como es el caso de la andaluza Carmen de Burgos –también conocida como Colombine, que firmaba bajo el nombre de Gabriel Luna y Perico el de los Palotes– y la catalana Caterina Albert –más conocida por el pseudónimo Víctor Català–. Pero no fueron las únicas.
Han sido numerosos los casos de autoras que experimentaron los prejuicios de las editoriales por su género y mediante ensayos como Una habitación propia se alertaba sobre la falta de oportunidades para las mujeres escritoras. Por su parte, Mary Shelley, autora de Frankenstein, es hoy considerada una de las precursoras del género de la ciencia ficción y un ícono del movimiento romántico en la literatura. Sin embargo, en su momento no recibió el reconocimiento merecido, debido a que el libro publicado en 1818 no incluyó su firma y se creyó que había sido escrito por Percy, su marido.
Para conocer un poco más de la memoria histórica y las mujeres en la literatura, nos pusimos en contacto con Begonya Pozo. Es profesora de filología italiana e hispánica en la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación de la Universidad de Valencia, poeta y autora de varias obras. Ha publicado diversos artículos en revistas especializadas, así como ha realizado colaboraciones de investigación, y ha llevado a cabo estudios críticos sobre la obra de otros autores. Su larga trayectoria y su punto de vista crítico permiten analizar y comprender la evolución de las mujeres en el universo literario.
El siglo XX y el borrado de nombres
En las primeras etapas del siglo XX, se fueron abriendo caminos para las escritoras, aunque aún experimentaban graves desigualdades. Fue en la Puerta del Sol de Madrid a principios de los años 20 donde un grupo de intelectuales, entre los que figuraban Maruja Mallo (el seudónimo que adoptó Ana María Gómez González), Federico García Lorca, Salvador Dalí y Margarita Manso, decidieron quitarse el sombrero como símbolo de protesta y acto transgresor «para descongestionar las ideas», como contaría más tarde en una entrevista Maruja Mallo.
Las Sinsombrero fue el término acuñado en 2015 en el documental homónimo para denominar a las mujeres pertenecientes a la Generación del 27. En este grupo de artistas, filósofas y escritoras se desafiaron las tradiciones e hicieron su irrupción en el mundo intelectual de una manera nunca vista hasta entonces en España. Sus nombres son Ernestina de Champourcín, María Teresa León, Concha Méndez, María Zambrano, Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Margarita Gil Roësset, Margarita Manso y Maruja Mallo, pero a menudo no se incluyen en los libros de texto de historia y literatura de los colegios e institutos.
En su lugar, los nombres de Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Rafael Alberti o Miguel Hernández y Luis Buñuel o Salvador Dalí, son los nombres que a todos nos suenan. Los estudiamos en los centros educativos durante los años de formación obligatoria, hay libros, reportajes, películas y documentales que cuentan sus vidas y la importancia de sus obras… Aprendemos sus poemas, les honramos poniéndole sus nombres a calles, museos, bibliotecas y colegios. Ellos, los de la generación del 27, son de sobra conocidos por todos nosotros, pero sin ellas, la historia estaría incompleta. El ejercicio de memoria de estas grandes mujeres es la asignatura pendiente del sistema educativo.
Los números confirman las sospechas
Respecto al público lector en España, los datos que revelaron el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024 aclararon las sospechas de los últimos años: Las mujeres leen más, visitan las ferias, acuden a presentaciones y firmas, crean clubs de lectura y deciden los libros que entrarán en casa.
Además, el porcentaje de mujeres lectoras supera al de los hombres en todos los tramos de edad y la mayor distancia se aprecia en el tramo comprendido entre los 25 y 34 años, donde ellas alcanzan un porcentaje del 73,4 % y los varones del 55,9 %. Esta diferencia disminuye en el grupo de más de 65 años a un 5,9 % (mujeres 56,2 % y hombres 50,3 %). En total, el 71,7% de mujeres lee en su tiempo libre, frente al 59% de los hombres, según el informe de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) en colaboración con el Ministerio de Cultura.
En cuanto nos adentramos en la industria detrás de la lectura, la brecha se hace aún mayor. Pese a que publicar bajo un pseudónimo es una práctica cada vez menos frecuente, es todavía común que las editoriales recomienden a sus autoras firmar con sus iniciales, tal es el caso de J. K. Rowling (Joanne Rowling), como comentó ella misma en una entrevista para la CNN cuando se le preguntó el por qué de esta decisión: “Porque, básicamente, estaban tratando de disfrazar mi género. Y obviamente, eso duró unos tres segundos, porque, lo cuál es maravilloso. Ciertamente no me quejo, pero el libro ganó un premio y obtuve un gran avance de Estados Unidos y obtuve mucha publicidad. Así que me revelaron como mujer”.
No es de extrañar que las autoras se vean en cierta manera empujadas a esconder su género, porque es un hecho que se publican menos libros de mujeres que de hombres cada año. Según los datos que el Ministerio de Cultura publicó hace unos días, con las cifras correspondientes al 2024, las mujeres publicaron el 39,7 % de los títulos registrados con código ISBN; los hombres, el 60,1 %.
Ante el panorama actual, algunas editoriales independientes españolas han decidido centrar sus esfuerzos en publicar, descubrir y reivindicar a autoras para abrir el plano de las producciones culturales con libros que escapan a lógicas establecidas y expandir las lecturas en clave de género. Es el caso de Tránsito, Puntos suspensivos, Amor de Madre, Consonni, Rosa Iceberg, Continta Me Tienes, Madreselva Círculo de Tiza, De Conatus, La mariposa y la iguana, La Huerta Grande, Minúscula, Tres Hermanas o Vaso Roto. A continuación puedes conocer más sobre algunas de estas editoriales:
Las editoriales independientes
La editora de ediciones en el mar, Lara Losada, comparte su visión sobre cuáles son los principales obstáculos que siguen enfrentando hoy las autoras para publicar, especialmente en editoriales grandes:
Ediciones en el mar es una microeditorial independiente y feminista que publica novela, ensayo y poesía hispana desde 2019. Lara Losada nos cuenta qué papel juega el feminismo en su labor editorial diaria y cómo se traduce en las decisiones que se toman, desde la edición de los manuscritos hasta la difusión:
Pero no se trata sólo de una cuestión de visibilización de autoras y códigos éticos, las profesionales del sector editorial han denunciado desde hace años, con el manifiesto de Las mujeres del libro firmado por 2.000 trabajadoras, la brecha salarial, la dificultad de conciliar, la desigualdad en el acceso a los cargos de responsabilidad, el acoso laboral ejercido por sus compañeros y superiores, y la escasa participación de ellas en las plataformas de difusión y promoción de la literatura en una industria fuertemente feminizada.
Dicho movimiento fue impulsado por la editora Patricia Escalona que vio, una semana antes del 8 de marzo de 2018, cómo en las redes sociales ganaba relevancia otro manifiesto que acababan de publicar varias periodistas, y en el que se criticaba desde la brecha salarial al acoso y los problemas de conciliación en el sector de los medios de comunicación. Aquel texto alcanzó casi 8.000 firmas poco antes del 8M y provocó una corriente de adhesión por todo el país de cara a la huelga y la manifestación que estaba convocada para el Día de la Mujer, tal como informa el artículo de El País.
El documento de Las mujeres del libro destaca cinco aspectos fundamentales. Expresa la necesidad de cerrar la brecha salarial mediante la exigencia de transparencia en los sueldos y garantizar la igualdad en el acceso a puestos de liderazgo. A pesar de que algunas estadísticas internas de empresas muestran que hay hasta un 10% más de mujeres que de hombres, señala que el 80% de los cargos directivos están ocupados por hombres. También condena el acoso sexual y laboral. Por último, demanda una participación equitativa en los espacios de difusión y promoción literaria, dado que las mujeres sólo obtienen el 20% de los premios literarios, datos que tomaron ellas del Observatori Cultural de Gènere.
Por último, la editora reflexiona sobre qué medidas piensa que deberían impulsarse en el sector editorial para garantizar una representación equitativa y justa de las autoras:
A continuación, recogemos algunas recomendaciones de lecturas actuales:
¿Qué dicen las escritoras?
Si bien el mundo editorial ha ido incorporando cada vez más voces femeninas en sus distintas áreas, el terreno de la escritura sigue arrastrando desequilibrios notables. Las escritoras, pese a su creciente presencia en las mesas de novedades y premios literarios, siguen enfrentando obstáculos específicos en cuanto al reconocimiento, la promoción y las condiciones laborales. Para ilustrar esta situación, dos testimonios permiten trazar una línea entre distintas generaciones y realidades: Rosa Montero y Júlia Peró.
Rosa Montero es una de las figuras más consolidadas del panorama literario español. Representa la experiencia de décadas dedicadas tanto al periodismo como a la literatura. Su carrera comenzó en las redacciones de El País en 1976, en un momento en que el periodismo era aún un espacio hostil para las mujeres. A continuación, reflexiona sobre los cambios en el acceso de las escritoras al paso de publicar y cómo el hecho de ser mujer ha afectado a la recepción de su obra por el público:
La crítica literaria, aunque ha avanzado, no siempre ha dejado atrás ciertos sesgos. La forma en que se valoran los libros escritos por mujeres —ya sea por el tono, el enfoque o los temas tratados— puede diferir notablemente respecto a los de sus colegas hombres, ya que uno de los conceptos más debatidos, y a menudo cuestionados por autoras de distintas generaciones, es el de literatura femenina. Una etiqueta que puede funcionar como un arma de doble filo. Rosa Montero nos cuenta su experiencia con la crítica y su opinión sobre la etiqueta literaria:
Hoy en día, escribir también implica navegar en un ecosistema editorial donde las modas, los algoritmos y las presiones comerciales condicionan el tipo de literatura que se visibiliza. Por eso nos interesaba saber si se ha visto obligada a adaptarse a las tendencias del mercado o ha podido escribir con total libertad:
A lo largo de los años, Rosa Montero ha ido explorando diversos géneros, desde la ficción hasta el ensayo. Aunque ella se reafirma en que hoy en día no cree en el género literario, le preguntamos qué retos le han supuesto moverse entre ellos y qué diferencias nota en cómo se han recibido sus libros dependiendo del género que trata:
En contraste, Júlia Peró simboliza una nueva generación de autoras que se abre paso con fuerza. Olor a hormiga sale como el debut novelístico en 2024 de la poeta catalana, una obra que explora los rincones oscuros y olvidados de la vejez. Su primera novela ha despertado elogios por su frescura y una escritura cargada de sensibilidad contemporánea. También ha participado en distintas antologías poéticas y es autora del poemario Anatomía de una bañera (publicada con la editorial Planeta en 2020) y el libro de conversaciones Este mensaje fue eliminado (también con Planeta en 2021), que adapta al formato físico su proyecto digital @este.mensaje.fue.eliminado.

Júlia representa el talento emergente que se enfrenta a un ecosistema editorial competitivo, precarizado y, muchas veces, marcado por dinámicas corporativas que invisibilizan ciertas voces. Su irrupción en el panorama literario sirve como termómetro de las nuevas condiciones que atraviesan las escritoras jóvenes hoy.
Toda escritura nace también de lecturas. Las influencias, conscientes o no, moldean el estilo y la sensibilidad de una autora, sobre todo al inicio de su carrera. Quisimos preguntarle a Júlia qué autoras/es marcaron su estilo:
Debutar en el sector editorial puede ser tan ilusionante como desconcertante. Entre expectativas y realidades, le preguntamos cómo fue su primer acercamiento al mundo editorial:
Publicar un primer libro es, sin duda, un antes y un después. Le pedimos que nos hablara de ese momento y de cómo fue recibida su obra:
Las escritoras en los primeros años no solo se enfrentan a desafíos editoriales, sino también a barreras culturales, económicas y de visibilidad. Por eso quisimos saber cuál considera que es el mayor reto que enfrentan las escritoras primerizas hoy en día:
Antes de despedirnos, quisimos pedirles ampliar el mapa de autoras contemporáneas que merecen ser leídas hoy. Sus recomendaciones son las siguientes:
Recomendaciones de Rosa Montero:
Recomendaciones de Júlia Peró:
Y como cierre, en un gesto que mezcla la generosidad y la experiencia, le planteamos a Rosa Montero una cuestión inevitable cuando se trata de tender puentes generacionales hacia mundos más justos. Si tuviera que darle un consejo a una joven escritora que quiere abrirse camino, ¿qué le diría?










