Vivir como un ser humano o una sombra

Última actualización: 13 de mayo de 2025, 15:15 (Europe/Madrid)

Mario González, Manuel Hedilla, Sergio Soriano y Álvaro Barquero

Todos los días, delante de la Iglesia del Colegio del Patriarca, a las ocho de la mañana, está Vicente pidiendo limosna. Un hombre de unos 45 años al que la suerte le volvió la espalda hace ya algún tiempo. Está solo, su familia le ignora. No podemos decir que sea una persona encantadora porque los veinte años que lleva en la calle han hecho mella en su personalidad. La calle es dura, sin embargo, conserva sus facultades en plena forma. Ni bebe ni fuma, pero tiene un defecto que le ha buscado la ruina: aficionado a las maquinitas tragaperras. Es ludópata.

Vicente no es el único que se encuentra aquí pidiendo ayuda, lo más seguro es que dando una vuelta por la zona cuentes a varios Vicentes. La ludopatía tampoco es la única patología mental que caracteriza a los sin hogar. De hecho, el caso raro es el de Vicente, que solo sufre una de ellas. El último dato oficial apunta que hay 837 personas sin hogar en Valencia. Esta cifra corresponde a finales del año 2023, cuando tuvo lugar el III Censo Nocturno en la ciudad. Entre este censo y el anterior, la cifra aumentó en más de 80 y es probable que siga al alza en el momento del siguiente recuento.

Una de las instituciones cuya labor es brindar ayuda a la gente sin techo es el CAST (Centro de Atención a Personas Sin Techo), que está a cargo del Ayuntamiento de Valencia. En una charla con Flor Giménez, su directora, trató los perfiles que se pueden encontrar en la calle y concluyó que los que se encuentran en esta situación son tan complejos como diversos. La gran cantidad de patologías mentales posibles, los problemas que han llevado a estas personas hasta esa situación y la infinita posibilidad de combinaciones entre ambas hacen que cada caso sea único. Aun así, Flor admitió que se podría definir un perfil más común categorizando muy superficialmente, siendo la mayoría de quienes se encuentran sin hogar hombres de mediana edad con patologías y adicciones al alcohol, a las drogas, ludopatía, o una mezcla de todas ellas. 

Clic aquí si quieres escuchar la entrevista con Flor Giménez al completo

Otro punto de referencia en este ámbito en Valencia es Casa Caridad, una asociación privada con varios centros. Tienen varias escuelas y viviendas sociales en Valencia capital, aunque también en ciudades cercanas como Torrente. La coordinadora de esta organización, Cristina Sánchez, coincide bastante con la amplitud de los perfiles que encuentran, aunque su función no sea la misma que el CAST y, por tanto, atiendan a otro tipo de gente. Cristina percibe que en los últimos años está creciendo el problema del sinhogarismo en gente mayor. Ella lo atribuye al desarrollo del papel de la mujer en la sociedad. Antiguamente no trabajaban y eran cuidadoras, por lo que “ahora hay más soledad no deseada”. 

Clic aquí si quieres escuchar la entrevista con Cristina Sánchez al completo

Aunque su labor principal no es tratar específicamente el sinhogarismo, Cáritas Diocesana de Valencia es otra de las organizaciones que se reconoce popularmente por brindar ayuda a necesitados. Está financiada en su mayoría por subvenciones públicas y donativos y está estrechamente relacionada con la Iglesia. Probablemente es la más conocida para el público porque su actividad no se restringe a la ciudad de Valencia como las demás comentadas. Al ser la más grande, es también la que más publicidad tiene y, para gente que ha necesitado de su ayuda, no son realmente lo que venden. Yangel, un chico dominicano que lleva varios años en España, afirma que en ocasiones esta organización en concreto trae a gente de fuera bajo promesas que terminan por no cumplirse y quedan en la calle, indocumentados y con algún problema más que antes de venir. Así nos lo ha contado tanto él como otras personas en su misma situación en el recorrido que hicimos por la ciudad de Valencia visitando las tres asociaciones que hemos comentado.

La reinserción normalmente ni siquiera es una opción

La Asociación Valenciana de Caridad se centra más en gente con intención de cambiar su situación que el CAST. De hecho, en este último, hay ocasiones en las que salen ellos en busca de gente en situación precaria que no busca o no llega a los recursos. Antonio Casanova, vicepresidente de Casa Caridad durante 14 años y presidente durante 16, hace referencia al tipo de personas que encuentran en la calle, asegurando que hay algunos que tienen detrás a organizaciones. Separando a este grupo, habla sobre las que realmente están en esta situación solas y afirma que esta gente “no quiere acudir a ninguna institución, no quieren comprometerse al orden que tienen que someterse. Quieren ser independientes. Normalmente tienen deterioros psicológicos y están acostumbrados a algo que es difícil cambiar. Atendemos a quien tiene voluntad de ordenar su vida”. Es por esto que Casa Caridad sí que tiene como objetivo la reinserción y conseguir que estas personas sean autónomas. 

Aunque la labor de todos los centros parece que debiera ser la misma, este escenario idílico ni siquiera se plantea. Para el CAST, según Flor, “el éxito no es que se reinserten y tengan un trabajo fijo. El éxito es que lleguen a los recursos y que reciban apoyo, porque eso ya es muchísimo”. Requieren de un acompañamiento constante porque su condición mental se cronifica, lo que hace que la mayoría pierda las habilidades necesarias para ser totalmente autónomos. Necesitan mejorar su calidad de vida en la medida de lo posible. No se trata simplemente de darles un techo y comida mientras arreglan su situación. «Lo más seguro es que su situación nunca se arregle», afirma Flor.

Aun así, a Vicente le habría venido bien ese techo temporal cuando dormía en un recoveco de una sucursal del BBVA. Allí no estaba solo, le acompañaba siempre el miedo. Nunca le había pasado nada, pero hablando con tocayos sí que alguno había tenido problemas con “chiflados que se entretienen agrediendo”. Además, se considera en “el último escalón de la sociedad”, lo que hace que no tenga esperanza de que la policía le atienda si le dan una paliza.

“Vivir en la calle acorta la vida”

A pesar de su situación, Vicente mantiene cierta dignidad en su porte. Camina con la cabeza en alto, con la seguridad de quien ha visto demasiado y ha aprendido a sobrevivir en las condiciones más severas. Sabe que en este mundo las apariencias lo son casi todo y, aunque no siempre puede cambiar la suya como le gustaría, intenta no parecer del todo desamparado, pero vivir en la calle desgasta mucho.

Estado de la gente y del barrio donde se encuentra el CAST

Tras atender a casi mil personas, realizar más de dos mil intervenciones y casi ocho mil seguimientos, la directora del CAST confirma con argumentos que “vivir en la calle acorta la vida”. Es algo que todos podríamos deducir, pero viendo tantos casos, la magnitud de la mella que causa este desamparo es peor de lo imaginable. Flor asegura que “alguien que está en la calle sufre el doble o el triple de situaciones estresoras”. Esta presión constante dejan en la gente deterioros en la salud que desembocan en situaciones en las que ni quiera hay recursos para ayudarles.

La mayoría no puede ni tramitar la ‘paguita’

Vicente recibió una buena noticia hace unos meses, le han concedido la ‘paguita’ que tantos quebraderos de cabeza supone para cierto sector de la población. Con la concesión de un Ingreso Mínimo Vital (IMV) de 495€, Vicente tiene algo con lo que pagar una habitación y dejar de dormir en la calle o, directamente, empezar a dormir. No está del todo tranquilo, sabe que este recurso igual que vino se va y, con él, su techo y cama.

Las organizaciones a cargo del ayuntamiento hacen varias tareas con las personas necesitadas de estos recursos. Atienden a gente que no hace falta que esté viviendo en la intemperie. Algunas de estas labores son acompañamientos y ayuda a la hora de realizar tramitaciones como la del Ingreso Mínimo Vital. Flor también se da cuenta de que el IMV da para lo que da: “A lo mejor solo les da para una habitación, pero eso ya es bastante, ayudarles sin que estén en la calle es más fácil”.

Cada persona en situación precaria que llega al CAST, o a la que el CAST llega, tiene una trabajadora social de referencia. Esto funciona así para que valore su situación y su intención, que no siempre es reinsertarse. Una de las primeras cosas que hacen es ayudarles con la documentación, trámites, médicos, entre otros. Algunas de estas tareas como la de acudir a consultas médicas pueden generar una situación violenta para el vulnerable, por lo que también realizan esa labor de acompañamiento en el sentido literal, no solo de guiar en un camino imaginario hacia un bienestar hipotético.

Clic aquí si quieres ver la entrevista con Antonio Casanova al completo

El sinhogarismo desde la perspectiva de género

Estar en la calle deteriora significativamente a una persona, pero hay un perfil concreto que, cuando llega a esta situación, lo hace en peores condiciones: las mujeres. El sinhogarismo ha sido muy poco tratado desde la perspectiva de género, pero en 2019 varios doctores y docentes de la Universidad de Barcelona realizaron una investigación al respecto liderada por María Virginia Matulič-Domandzic. (Matulič-Domandzic et al., 2019)

En este trabajo, valoran que la labor de investigación del sinhogarismo ha tenido siempre como base dos aspectos: la predominancia del hombre en este ámbito y una concepción errónea del concepto de sinhogarismo. Este concepto no supone simplemente vivir a la intemperie, recoge otras situaciones en las que las mujeres se ven más representadas. Estas situaciones son la vivienda insegura, que supone situaciones de peligro de desahucio o de violencia; y la vivienda inadecuada, que hace referencia más a las condiciones físicas del hogar. 

El testimonio de Flor va de la mano con estas conclusiones. Ella habla más del momento en el que llegan a la calle. Una vez en la intemperie, la situación de las mujeres es mucho peor que la de los hombres porque “esperan demasiado por el hecho de no quedarse en la calle y aguantan situaciones más complejas que terminan siendo muy difíciles de intervenir”. Estas situaciones complejas son las que viven en los estados de vivienda insegura e inadecuada que acabamos de mencionar.

La sombra de la indiferencia

Vicente se sienta en las escalerillas de la Iglesia, frente a la histórica Universidad de Valencia, y con humildad extiende su mano a ver si le dan alguna moneda las personas que asisten a la primera misa del día. Saca a relucir toda su simpatía y consigue normalmente, con no poca habilidad, tocar el corazón de los algunos fieles católicos que entran y salen del templo.

Pese a todos los problemas que pueda tener que enfrentar a lo largo de su día, hay algo que le molesta en especial, la indiferencia. Que le ignoren, que pasen a su lado como si no existiera, que no le digan ni ‘buenos días’, ya no es que no le miren. Alguno incluso le han dado monedas mientras le evitaba la mirada, como si le diera vergüenza haber sido generoso. 

Vicente, a pesar de los pesares, sigue siendo un ser humano que merece dignidad, con pensamientos, emociones y recuerdos. Vicente no es solo un cuerpo sentado en la calle con la mano extendida. Vicente tiene historias que contar, sueños que aún no han desaparecido por completo. Sin embargo, la indiferencia del mundo pesa sobre él, lo aplasta con una fuerza silenciosa que a veces le hace dudar de su propia existencia. Su historia no es única, pero sí particular. En cada arruga de su rostro y en cada prenda remendada hay un relato.

Aunque el mundo lo vea como un simple vagabundo, o a veces ni siquiera le vea,  él sabe que es mucho más que eso, él es un ser humano que merece tanto como otro. Es la indiferencia, más que el hambre, la que poco a poco va matando a Vicente como persona. Esta es la diferencia entre vivir como un ser humano o una sombra.

Author

Deja un comentario

Descubre más desde Periodisme UV

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo