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¡El reportaje, también en audio!
PRISIÓN DE PICASSENT
«El sistema esta diseñado para custodiar, no para curar»
-Psicóloga del centro penitenciario
LA FALTA DE HERRAMIENTAS
«Nosotros somos la primera linea de fuego, pero nuestra única arma es la vigilancia; para la mente de un interno, no tenemos manual de instrucciones»
-Guardia Civil del centro penitenciario
SIN FILTROS
Mentes en el limbo: la salud mental de los presos en Picassent
Por Roberto Guzmán, Adrián García, Inés García y Mar Lladosa
13 DE MAYO DE 2026
A treinta kilómetros del centro de Valencia, el horizonte se quiebra con la silueta de dos grandes torres de vigilancia y muros de una altura imponente. No es simplemente la prisión de Picassent, es un refugio que alberga a 2127 presos, que en realidad esta diseñada para 1300 internos. Sin embargo, la verdadera condena es mental, donde los que cumplen sus errores acaban por martirizarse entre cuatro paredes. Tras estos muros, la locura no es una tendencia, es una realidad invisible que muchas personas ignoran.
En ese sentido, si Picassent fuera un iceberg, la torre de vigilancia apenas sería la punta que el visitante observa. Lo que la vista nos ofrece es observar la inmensa seguridad: cámaras, patrullas de la Guardia Civil y helicópteros que sobrevuelan la zona. No obstante, al bajar la mirada, la realidad es distinta, donde las estadísticas oficiales nos relatan una incidencia grave en esta prisión.

Justificación del Enfoque
La cárcel de Picassent es uno de los mayores depósitos de enfermedades mentales en la Comunidad Valenciana. Nuestro enfoque nace de de la necesidad ética del periodismo por contar relatos que normalmente se ignoran.
Buscamos evidenciar un fallo estructural donde falta personal médico (73% de las vacantes no están cubiertas).
«La calidad de una democracia se mide por el estado de sus prisiones, y la salud de sus presos es el espejo de su sanidad pública.»
— NELSON MANDELA

Módulo 20: Las Celdas albergan la Realidad
En los corredores de Picassent, el silencio no existe, se transforma: el ruido de las llaves, los golpes de desesperación y el cierre definitivo de las puertas. Aquí, la salud mental no se mide en terapias, se mide en metros: los que separan la celda de la enfermería.
Según el informe EPIVAL (Estudio sobre la prevalencia de trastornos mentales en prisión) y la OMS confirman que el 40% de los internos de las prisiones españolas poseen algún tipo de trastorno mental, siendo los más comunes la ansiedad, depresión y adicción.



El Programa de Atención Integral a Enfermos Mentales es el protocolo central en las prisiones españolas. Su relevancia reside en el enfoque multidisciplinar: coordina psiquiatras, pscicólogos y educadores para rehabilitar a los internos.
En el caso de Picassent, la labor del programa actúa como un filtro crítico para detectar patologías graves, cuyo objetivo final es evitar la deshumanización del interno. De esa manera, garantiza un soporte para impedir una ruptura irreversible de su estabilidad física, facilitando la reinserción social.

Los intentos de fuga en Picassent representan la manifestación física de una quiebra psicológica. En la prisión más sobrepoblada de España, responde ante un acto de desesperación del colapso mental. Cuando la presión del entorno supera la capacidad de resistencia, el intento de huida se convierte en un síntoma de una salud mental asfixiada.
El 21 de diciembre de 2025 y el 8 de febrero de 2026 se produjo este síntoma, y es que varios internos, cansados de mirar a cuatro paredes, se dieron a la fuga tras aprovechar distracciones del sistema de vigilancia.

Las sesiones de psicología representan el único espacio de libertad mental. En estas consultas, el tiempo se detiene para abordar traumas. Sin embargo, con la sobrepoblación de la cárcel, surge el siguiente dilema: ¿cómo ofrecer atención profunda cuando la demanda desborda los recursos?