La otra Europa: el hacinamiento y las desigualdades del sistema penitenciario

Última actualización: 30 de diciembre de 2024, 18:42 (Europe/Madrid)

La mayoría de los países europeos supera la media de ocupación de las prisiones hasta estar rozando el límite de capacidad

Cada día que pasa en prisión se parece al anterior: largos ratos en el patio, en la cola del economato, jugando al dominó… Algunos presos como L. C. E., ex presidiario al que hemos podido entrevistar, pero manteniendo su anonimato, buscan la distracción en el deporte o talleres, mientras otros ocupan su mente construyendo figuras con palos de café o vasos. Sin embargo, la monotonía les acompaña constantemente. “La rutina está marcada por las reglas internas y una realidad estructural débil”, explica el exconvicto: la falta de recursos, talleres de reinserción o la estancia en módulos conflictivos no permiten ni obtener un empleo dentro del centro para romper la monotonía.

Esta rutina, descrita por quienes la han vivido, no es solo un reflejo de un día en la prisión; es una de las consecuencias de un sistema carente de recursos en gran parte de Europa. Hay realidades que no se ven desde la superficie, que están ocultadas por muros y rejas, que están al límite y que reflejan las desigualdades que una sociedad como la europea intenta esconder. Mientras que los turistas pasean por las calles de las grandes ciudades de Europa como París, Roma o Bruselas llenas de vida, hay otra Europa saturada entre barrotes. Una donde las tasas de ocupación de los centros penitenciarios están disparadas hasta superar el 100% con el 119,18%, 109,19% y 115,28% respectivamente según datos del Eurostat, y con casi 1 millón de reclusos en cincuenta naciones, de acuerdo con el informe SPACE I del Consejo de Europa. 

Fuente: Eurostat · Descargar datos · Creado con Datawrapper

El sistema penitenciario europeo se enfrenta a un reto: el equilibrio entre la justicia y la capacidad del propio sistema para garantizar unas condiciones dignas y respetar los derechos humanos de las personas privadas de libertad, como se indica en las Reglas Penitenciarias Europeas del Consejo de Europa.

Desde hace más de una década, la media europea de ocupación es alarmante, puesto que supera la capacidad total del sistema, aunque durante los últimos 4 años la media ha estado alrededor del 95%. Muchos países europeos tienen cifras de hacinamiento altas, pero no todos están abarrotados. Algunos mantienen tasas de ocupación relativamente bajas. ¿Por qué esta disparidad?

En Europa Occidental, algunas cárceles no tienen espacio suficiente para albergar a quienes cumplen una condena. Por ejemplo, desde hace 15 años en Francia la tasa de ocupación de los centros penitenciarios no ha bajado del 100%, al igual que Bélgica, cuya tasa de ocupación es similar a la de su país vecino.

Sin embargo, los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) cuentan con un porcentaje muy por debajo de la media europea con un 67,61%, 66,96% y 69,07%, respectivamente, según los datos del Eurostat y el informe SPACE I. A estos se les suman los sistemas de los países del norte.

Tanto los países nórdicos como los bálticos tienen unos sistemas de prisiones menos punitivos que los que se encuentran en Occidente. Vicenta Cervelló, experta en derecho penal, explica que en estos sistemas penitenciarios se evita que la cárcel sea un castigo, ya que el momento previo, es decir, el juicio, ya cuenta como uno. 

Además, el modelo de infraestructura de las prisiones es diferente porque estas pueden ser abiertas o cerradas; sin rejas ni vigilantes armados como se clarifica en el informe realizado por la Universidad de Murcia. En contraposición a las prisiones de los países nórdicos destacan las de Francia, las cuales cuentan con edificios más antiguos y masificados, “algo que va en sentido opuesto a la reinserción”, comenta Cervelló.

Las infraestructuras de las prisiones son una clara evidencia de las diferencias entre los sistemas penitenciarios. Wikipedia y KRIMINALOMSORGWN

Pero las diferencias no solo se evidencian en las tasas de ocupación, sino que la duración de las penas y los delitos predominantes en los países impactan directamente en estas cifras de la ocupación carcelaria.

El homicidio, las agresiones con lesiones y las violaciones son los delitos más comunes. En el caso de Turquía, líder en las cifras penitenciarias, hay 51.208 reclusos condenados por agresión con lesiones; 37.837 por homicidio y 10.406 por violación, según el Informe SPACE I. De la misma manera, en los países occidentales como Francia y Reino Unido, el más común es la agresión con lesiones.

Fuente: SPACE I – 2023 · Descargar datos · Creado con Datawrapper

Cervelló incide en que los países del norte de Europa priorizan alternativas que reduzcan el encarcelamiento masivo, mientras que el resto de Europa, entre ellos España, tiene penas más restrictivas y prolongadas.

Fuente: SPACE I – 2023 · Descargar datos · Creado con Datawrapper

La duración de las penas es otro factor determinante, puesto que en Europa hay grandes diferencias entre los sistemas penitenciarios en las condenas según los delitos. Según el Consejo de Europa, las condenas de 5 a 10 años son las más comunes con 119.294 reclusos, seguidas de las de 10 a 20 años con 113.872. Otra vez, es Turquía quien tiene un mayor número de reclusos en penas de larga duración. Estas cifras contrastan con los países nórdicos, donde predominan penas más cortas y medidas alternativas.

España frente al colapso penitenciario

Fuente: Eurostat · Descargar datos · Creado con Datawrapper

Si se pone el foco en España, “la cifra de población penitenciaria ha bajado mucho en los últimos 10 años”, explica la experta en derecho penal. En España, por cada 100.000 habitantes, 117 personas estaban en prisión según los últimos datos de Eurostat.  Esto quiere decir que aproximadamente una de cada 850 personas en el país se encontraba privada de libertad. En cambio, en 2013, eran 143 presos por cada 100.000 habitantes. 

Este descenso se puede explicar a partir de las modificaciones del código penal, ya que, como afirma Cervelló, haber reducido al máximo las penas de delitos contra la salud pública y permitir que los menos graves, como los delitos contra la seguridad vial o agresiones leves, puedan ser castigados con una alternativa ha provocado que no haya tantos presos en España.

“Hay que tener en cuenta que en España la mayoría de delitos están castigados con pena privativa de libertad”, recalca la profesora de la Universitat de València y, por eso, que las últimas modificaciones están teniendo sus efectos, ya que si se comparan los 55.909 presos en 2023 del informe SPACE I con unas casi cien mil penas alternativas que afirma Cervelló, se ve la efectividad de los cambios.

Los sistemas penitenciarios son un reflejo de la sociedad. Guy Hurts (Banco de imágenes)

Además, estas modificaciones y cambios se pueden observar en el descenso de presos y, por tanto, en la tasa de ocupación penitenciaria que se sitúa en torno al 62%, por debajo de la media europea. A pesar de no tener centros penitenciarios al margen del colapso, sí se compara con otros sistemas penitenciarios como el de los países nórdicos que priorizan alternativas a la privativa de libertad, como ha recalcado Cervelló.

Ignacio Lorente, abogado penalista, resalta las implicaciones de estas condenas largas en las cifras de la población penitenciaria, señalando que el código penal es uno de los más restrictivos en comparación con el resto de la Unión Europea”.

Más allá de presentar altas tasas de ocupación, los sistemas penitenciarios europeos son un reflejo en diversas ocasiones de la sociedad actual, donde la desigualdad social está a la orden del día, como destaca Cervelló

Un espejo de las desigualdades migratorias

Liechtenstein tiene casi 60 presos. Sin embargo, el 91,38% de ellos son extranjeros. Junto a esta pequeña nación, Luxemburgo también presenta un 77,87% de extranjeros respecto a su población penitenciaria en 2022, según el Eurostat, una cifra significativa. Pero, ¿qué tienen en común estos dos países? 

A pesar de que el tema de los extranjeros en prisión se asocia con la narrativa de la criminalidad, los datos no lo corroboran. Por ejemplo, países como España (30,06%), Italia (31,57%) o Grecia (57,21%) cuentan con un porcentaje de migrantes en sus prisiones más alto que la media europea del 25,49%, pero los delitos por los que están encarcelados mayoritariamente son por cuestiones administrativas o delitos menores, como se explica en el informe La extranjería en prisión. Estudio jurídico desde la perspectiva resocializadora

Aunque sí que es cierto que, a mayor población migrante, existen más migrantes en prisión. Por ejemplo, Suiza tiende a tener un porcentaje alto de extranjeros en prisión (70,31%), pero cabe tener en cuenta que es un país con mucha población que trabaja y vive allí, pero de distinta nacionalidad, como argumenta la experta en derecho penal.

Tal vez, se podría estar hablando de un moral panic cada vez más extendido entre las sociedades occidentales debido a que está alimentado por la política constantemente. En un contexto en el que muchos de los países europeos han recibido importantes flujos de inmigrantes estos últimos años, se ha extendido el miedo a que este grupo poblacional supone un riesgo para la seguridad del país.

Aunque los datos no evidencian esta narrativa dominante, la población continúa vinculando la migración con la delincuencia y, por consiguiente, se relacionan las altas tasas de población extranjera en las prisiones. Por ejemplo, Portugal mantiene un porcentaje de migrantes constante alrededor del 15% desde 2017, mientras que el flujo migratorio ha ido aumentando hasta alcanzar 167.098 migrantes en 2022.

Fuente: Eurostat · Descargar datos · Creado con Datawrapper

Los datos cuentan otra historia: no son los actos violentos ni los peligros sociales lo que lleva a los migrantes a prisión, sino un sistema que penaliza su situación social y económica. Por eso, hablar de extranjeros en prisión también supone hablar de la integración, la desigualdad, sin olvidarnos de que estos datos son un espejo que refleja cómo Europa y la sociedad occidental afrontan el tema de las migraciones.

Más allá del tema judicial y legal, los migrantes cuentan con barreras que dificultan su vida en prisión a parte de las existentes para cualquier persona privada de libertad. Por ejemplo, el estudio Calidad de vida de migrantes presos: Diferencias en la percepción de calidad de vida penitenciaria entre migrantes y autóctonos en las prisiones españolas indican que el idioma, el apoyo familiar o del círculo más cercano repercute en su bienestar en el centro. 

Sin embargo, ambos expertos coinciden en que el arraigo es una de las cosas que más puede perjudicar a los extranjeros porque algunas de las medidas o instrumentos penitenciarios que se pueden conceder, como permisos de salida o régimen abierto, si no tiene la familia aquí ni tiene domicilio, pues lo va a tener mucho más complicado.

Aunque cabe añadir que el estudio afirma que esta situación depende de las actividades y las relaciones internas que tienen.

La desigualdad de género tras las rejas

Otra de las desigualdades que se puede encontrar tras observar los datos que ofrece el informe SPACE I 2023 es que existe un 94,8% de media de hombres en las prisiones europeas, y un 5% de media de mujeres respecto a los datos del último año, 2023. Esto indica que hay casi un 90% más de hombres que de mujeres en todas estas prisiones. Turquía, con un total de 348.265 presos, es el país de Europa con un mayor número de reclusos, tanto de hombres (333.948) como también de mujeres (14.317). Pero esta diferencia no solo se observa en este país, es un hecho destacable en todos los países de Europa.

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Estos datos claramente destacan un desbalance en cuanto al porcentaje de presos al fijarse en su sexo. Algunas de las razones que explican esta diferencia son el tipo de delito, ya que al analizar los datos proporcionados por el informe se ha comprobado que los hombres cometen delitos más graves que las mujeres, según informa Pilar Almenar, periodista y directora del proyecto Impresas. El Instituto Nacional de Estadística (INE) respalda con datos estas palabras, aunque los datos sean nacionales y no europeos; muestra cómo los hombres suelen cometer en mayor medida delitos como los homicidios, asesinatos, lesiones o violaciones. 

Por otra parte, según el estudio Condición femenina y delincuencia, publicado en Dialnet, a nivel europeo las mujeres cometen en mayor medida delitos económicos o relacionados con subsistencia, como el hurto, la estafa, contra el patrimonio, contra bienes materiales, entre otros. 

Todos ellos pueden venir influidos por factores sociales, económicos y familiares. Esta discrepancia se justifica, en cierta medida, por el papel que los hombres han jugado tradicionalmente en la sociedad. «Los hombres suelen adoptar conductas más riesgosas y competitivas, lo que incrementa la posibilidad de involucrarse en actividades delictivas», indica el informe Los datos importan de la UNODC.

Los tipos de delitos no son las únicas diferencias que existen entre hombres y mujeres dentro de las prisiones; también existen muchas otras, así como explica Almenar: “Existen procesos de reinserción distintos; existen discriminaciones distintas dentro del sistema; existen estados de salud diferentes. Es decir, que esas diferencias entre hombres y mujeres son muchas”.

Además, ¿sabías que históricamente las prisiones se han diseñado para hombres? Esto no solo justifica la reducida presencia de mujeres, sino también los retos a los que se enfrentan las mujeres en prisión, como la ausencia de acceso a servicios específicos para su género, como una asistencia sanitaria apropiada o programas para madres en prisión, según explica el Observatorio de Derechos Humanos, Salud Mental y Prisión en el informe de 2022.

En los centros penitenciarios, tanto a hombres como a mujeres se les proporciona un kit de higiene básico mensual, y en el de las mujeres, se pueden encontrar también compresas. “Estas compresas son muy gruesas, dos dedos de algodón, como la que te ponen cuando te operan”, puntualiza Almenar. Estas son incómodas para las mujeres, pero si quieren otro tipo de producto de higiene, deben comprarlo ellas mismas con su dinero. Y a la situación de la menstruación se añade el papel higiénico, el cual se distribuye a partes iguales entre hombres y mujeres, dos rollos para cada uno al mes. 

La distinta situación de una mujer a la de un hombre no termina aquí. Imagina ser mujer y entrar en prisión; a tu alrededor ves cómo otros presos, hombres, reciben el apoyo constante de sus madres o parejas, quienes los visitan incluso en las peores circunstancias. Para ti, ese respaldo no existe. Tu condena no solo es legal, también es social: se te juzga no solo por tus actos, sino por abandonar un rol de cuidado que se esperaba de ti como explica la directora del proyecto.

Debido al tradicional rol que se espera de una mujer, tu hogar se desmorona, tú ya no estás para asumir todas esas tareas. Tus hijos quedan sin la atención que les dabas, y los mayores de tu familia, sin cuidados. Nadie parece asumir esos roles en tu lugar, y esa carga se convierte en un estigma que llevas junto con la reclusión. El aislamiento en prisión no solo es físico, sino emocional, agravado por la falta de visitas y el desinterés de quienes antes estaban cerca. La condena de una mujer no termina en las celdas de la prisión; avanza hasta un juicio social que pocas veces enfrentan los hombres en las mismas circunstancias.

Un Reto Pendiente: La Reinserción Social

La reinserción social se presenta como uno de los mayores desafíos de los sistemas penitenciarios, pero frecuentemente es limitada por la realidad de los centros penitenciarios. Ignacio Lorente, abogado penalista, subraya que el acceso a programas educativos y formativos debe ser prioritario para lograr esta reinserción, ya que “es fundamental que los presos salgan con una profesión aprendida” porque si no “están condenados a la exclusión social y a ser ‘carne de cañón’ el día de mañana”.

Sin embargo, no siempre estas oportunidades están al alcance de todos. L. C. E., desde su experiencia, describe un panorama desolador: «Sí que hay cursos, pero no todos pueden acceder, solo los que están en módulos leves. Te puedes apuntar, pueden pasar años y no te llaman». Sus palabras reflejan una desconexión entre los objetivos planteados por las políticas públicas y la realidad cotidiana dentro de las prisiones..

La principal función de los sistemas penitenciarios es un reto que deben afrontar. Banco de imágenes

A pesar de las limitaciones, existen proyectos inspiradores como IMPRESAS, desarrollado en la prisión de Picassent, que demuestran cómo las iniciativas bien dirigidas pueden ayudar a la reinserción. Pilar Almenar, directora del proyecto, resalta que más allá de la creación de una revista, el verdadero objetivo es la transformación personal: «Es un proceso que fomenta la reflexión y el empoderamiento mientras reconstruyen su identidad». El proyecto valenciano es un ejemplo más que demuestra que la reinserción es posible si se ofrecen herramientas adecuadas y un entorno de apoyo.

En el ámbito europeo, programas como el británico Through the Gate, que acompaña a los exreclusos durante su transición a la libertad, muestran que la reinserción comunitaria también juega un papel crucial. Estos modelos incluyen apoyo para encontrar empleo, vivienda y la guía de mentores que ayuden a los exreclusos a no recaer en conductas delictivas.

No obstante, el panorama general sigue enfrentándose a importantes desafíos. Los programas de formación, salud mental y justicia restaurativa tienen un impacto positivo no en los individuos y la sociedad. Sin embargo, como señalan los dos expertos es necesario revisar las políticas actuales y mejorar la inversión destinada a este ámbito.

El éxito de cualquier programa de reinserción depende de que sea accesible y adecuado a las necesidades de las personas. Desde el tratamiento de adicciones hasta la atención de la  salud mental, la reinserción debe entenderse como un proceso integral. Como dice Pilar Almenar, se trata de «crear un puente hacia una nueva identidad y combatir el estigma que la sociedad impone».

En un sistema que muchas veces parece más centrado en la reclusión que en la transformación, la reinserción social continúa como una cuestión pendiente.

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