Un análisis de datos muestra la disminución aparente del consumo, el auge del vapeo y el impacto de las campañas de prevención entre la población de 15 a 34 años
El consumo de tabaco en general, pero focalizado en jóvenes, ha sido, históricamente, y es, una de las preocupaciones de salud pública que residen en la sociedad. En los últimos años, no obstante, España registra mínimos históricos, según la encuesta ESTUDES 2025,en el consumo de tabaco y cannabis en estudiantes entre 14 y 18 años, así como un aumento de la percepción del riesgo. Un descenso que, en apariencia, confirma la efectividad de las campañas de prevención.
Sin embargo, esta evolución positiva convive con otros factores más complejos: mientras el tabaco convencional y los cigarrillos tradicionales pierden fuerza, otras formas de consumo de nicotina ganan presencia. Todavía son muchos los jóvenes que caen ante sustitutivos como los popularizados cigarrillos electrónicos o dispositivos de tabaco calentado como Iqos o vapers, que se han ido insertando progresivamente entre este colectivo modificando los hábitos de consumo de tabaco, lo que hace plantearse si ha habido un descenso real del consumo de tabaco, o si simplemente se ha sustituido por otra vía mediante la cual hay un auto convencimiento de que es “menos malo”. A pesar del gran descenso del consumo de tabaco, se debe tener en cuenta las diferencias por género, ya que generalmente son las mujeres las que tienden a consumir menos, así como las importantes campañas de prevención que tienen un gran peso en los resultados, aunque no un peso exclusivo ya que hasta ahora se han focalizado sobre todo en las formas de tabaco tradicionales.
Esta evolución, pues, en los patrones de consumo no tiene únicamente interrogantes desde el punto de vista sanitario, sinó también desde una perspectiva cultural, incluso sociológica y comunicativa. De la misma forma que el consumo de tabaco se ha transformado, las maneras en que los jóvenes reciben información sobre el riesgo y las consecuencias también han cambiado. Es en este contexto donde las políticas públicas y las estrategias de prevención necesitan responder a esta realidad cambiante en la que el avance es opacado o reemplazado por la normalización de otras vías de consumo de tabaco.
Contexto general del impacto del tabaco en los jóvenes
El consumo de tabaco, actualmente, ha adquirido considerablemente nuevas concepciones. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la nicotina contenida en el tabaco es sumamente adictiva y el consumo de tabaco es uno de los principales factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias”. Es importante subrayar la amplitud que abarca esta definición, ya que no reconocer los nuevos sistemas de consumo de tabaco alternativos como tabaquismo propiamente dicho e inofensivos conlleva consecuencias que afectan a investigaciones y mediciones de estadísticas. Siguiendo con la OMS: “Los sistemas electrónicos de administración de nicotina (SEAN) y los sistemas electrónicos sin nicotina (SESN), conocidos comúnmente como cigarrillos electrónicos, no contienen tabaco y pueden contener nicotina, o no, pero son nocivos para la salud y, sin duda alguna, inseguros.”
“El tabaco es la primera causa evitable de enfermedad, invalidez y muerte prematura en el mundo (…) Más de 8 millones de personas fallecen cada año a causa del tabaco. De estos fallecimientos, cerca de 1,3 millones son no fumadores que están expuestos al humo ambiental del tabaco”, de acuerdo con la OMS. Se estima que el tabaco causa alrededor de 50.000-60.000 muertes al año en España, lo que equivale a aproximadamente 140 muertes al día. No obstante, profundizando más en el tema, el consumo de tabaco en jóvenes tiene agravadas consecuencias, ya que la nicotina afecta de una manera más agresiva al desarrollo del cerebro, lo que supone una dificultad mayor de aprendizaje, aumentando la ansiedad e incluso facilitando la adicción.
Se deben considerar pues, los cambios culturales y sociales que ha habido alrededor de esta práctica sociológica como es fumar, que ya no abarca únicamente al puro, el cigarrillo industrial o el tabaco de liar. Estas diversas vertientes son uno de los principales retos que los planes de prevención ya contemplan. En cuanto al marco legal, entre los productos regulados bajo el RD 579/2017 constan el tabaco de combustión, los productos de tabaco novedosos o sin combustión (calentadores como el Iqos), dispositivos susceptibles de liberación de nicotina (cigarrillos electrónicos o vapeadores), productos a base de hierbas para fumar. En los últimos años se han desarrollado una serie de productos que oscilan para esquivar las restricciones y obligaciones de la regulación actual con el objetivo de impedir la clasificación correcta y control de producto en el mercado.
“Con eslóganes como ‘Menos dañinos y sin humo’ se saltan prohibiciones que existen y conquistan los espacios donde ya se había conseguido normalizar que nadie fumara como lo que ocurre con los interiores y los Iqos”, señala la técnica de la Unidad de Prevención Comunitaria en Conductas Adictivas (UPCCA), Andrea Escudero. “Además, se aumenta el riesgo de consumo en la población infantil y adolescentes por la baja percepción del riesgo y la venta libre”, como los vapers con varios depósitos de 10 ml o recargas de 10 ml que superan límites y dificultan considerablemente la interpretación del Real Decreto de Ley mencionado, entre otros. Para concluir, sigue la técnica, “los avances preventivos conseguidos con el tabaco, podría decirse que se mantienen, pero se ensombrecen por la alta incidencia del consumo de vapers entre población adolescente”.
Adicción legal, daño real
Según la Encuesta Europea de Salud 2020, la prevalencia del consumo de tabaco en España ha ido disminuyendo paulatinamente en las últimas décadas, con un descenso del 22,1%, hecho que coincide con la implantación de las normativas nacionales —Ley 28/2005 y Ley 42/2010— destinadas a la prevención, el aumento de la presión fiscal y las restricciones en publicidad. No obstante, el tabaco sigue resistiendo como un gigante en el mercado nacional. De acuerdo con los datos ofrecidos por el Ministerio de Hacienda, las ventas de tabaco en nuestro país han continuado creciendo en los últimos cuatro años, sumando entre 2020 y 2024 un aumento de unos 100 millones de euros. De esta manera, la capacidad de resiliencia del tabaco ante las restricciones legislativas revela cómo esta sustancia cancerígena continúa profundamente arraigada en la población, y de manera especial -y alarmante- entre los jóvenes.
ESTUDES, la encuesta nacional sobre el consumo de drogas y adicciones en el ámbito familiar y escolar promovida bienalmente por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (DGPNSD), tiene como objetivo principal recabar información para el diseño de políticas basadas en la prevención destinadas a uno de los grupos más vulnerables: los jóvenes. Según sus datos de 2025, tras 35.256 entrevistas a estudiantes de 14 y 18 años de Enseñanza Secundaria, se ha podido observar cómo, a pesar de que el consumo de tabaco ha registrado un mínimo histórico (un 27,3% lo ha probado alguna vez en la vida y solo un 4,3% fuma diariamente), esta sustancia continúa siendo un problema relevante de salud pública entre los adolescentes. Esto se debe, principalmente, a la disparidad en la percepción del riesgo en las nuevas formas de consumo: mientras que el 93.3% de los jóvenes consideran que el hábito de fumar implica un elevado riesgo para la salud, todavía el 57,3% (18,5 puntos más que en 2024) piensa que los cigarrillos electrónicos y los vapeadores conlleva un riesgo más moderado.
Ante esta nueva realidad, Rita, valenciana graduada en Medicina y especializada en Psiquiatría, denuncia que “el abuso del tabaco es un problema grave” en la “sala de hospitalización psiquiátrica” del Hospital Provincial de Castellón, donde “casi el 85% de los pacientes con trastornos mentales y alteraciones de conducta graves” fuma. Asimismo, el tabaco -calificado como “droga legal” por la médica- constituye la “base” del consumo de las personas ingresadas, quienes son en su mayoría “gente joven” que también ha consumido “sustancias ilegales”. Sin embargo, aunque estas están “prohibidas” en las instalaciones del hospital, a los pacientes de Rita con “adicción al tabaco” sí que se les permite fumar —en las inmediaciones del centro— cuando son “agudos”, debido a que negárselo podría “desregularlos” y “aumentar su ansiedad”. Esta situación cambia cuando se “estabilizan”, momento en el que las “repercusiones en la salud” del paciente son lo primordial.
En este sentido, Rita insta a centrar el combate contra el consumo de tabaco en la juventud, etapa vital a partir de la cual “es mucho más complicado acabar con la adicción”, debido a su arraigo en el “sistema de recompensa”. “El tabaco es el responsable del 30% de todos los cánceres de pulmón a nivel mundial, pero también de otros tipos —como el de páncreas, vejiga, riñón, laringe o faringe— y complicaciones vasculares, lo que puede incluso tener repercusiones neuronales”, afirma la médica. Esta última consecuencia puede que sea de las más “desconocidas”, pero en realidad la afectación de las arterias puede producir desde un “infarto” hasta una “degeneración neuronal”, generada por la “falta de riego sanguíneo” en alguna área del cerebro, efecto recogido bajo el concepto de “demencia”. “El riesgo de desarrollar una demencia vascular aumenta entre un 30% y un 80% en los pacientes fumadores. Entre sus consecuencias se incluyen el ictus isquémico o hemorrágico e, incluso, la demencia mixta, al coexistir con, por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer”, concluye Rita.
¿Quiénes son los que más fuman?
En España, los hábitos de consumo de tabaco presentan diferencias entre hombres y mujeres y entre diferentes intervalos de edad. A partir de los datos de la Encuesta Europea de Salud de 2020 y la Encuesta de Salud de España de 2023, recogidas por el INE, los hombres tienen un mayor consumo diario de tabaco que las mujeres. En 2023, el 20,2 % de los hombres fuman a diario, frente al 13,3 % de las mujeres. Con respecto al 2020, se evidencia una diferencia de género, con un 23,3 % de fumadores diarios en hombres y un 16,4 % de mujeres. Aunque la brecha persiste a pesar del paso del tiempo, en los datos se observa una caída evidente en el consumo que corresponde a 3,1 puntos porcentuales entre 2020 y 2023 en ambos sexos.
Fumar es un hábito que, a pesar de estar disminuyendo, es desigual, no solo entre hombres y mujeres, sino también entre generaciones. La edad marca diferencia en el consumo: los jóvenes varones de entre 25 y 34 años son los que más fuman con un 26,7%, y en las mujeres alcanza el 16,8 %, en segundo lugar tras el intervalo de 45 a 54 años. El momento de entrada a la adultez se ve marcado por un aumento del consumo que, no obstante, ha descendido con respecto a 2020, cuando los varones alcanzaban el 30,9% y las mujeres el 21,6%. Una persistencia que sitúa a los adultos jóvenes como el principal foco del tabaquismo diario en España.
Enfrentando a estas cifras, los jóvenes ya no tienen tan presente el fumar. La franja de edad entre los 15 y los 24 años en 2023 presenta a solo el 13 % de los hombres como fumadores diarios y al 8,4 % de las mujeres. Una bajada destacada con respecto a 2020 que se entrelaza con el consumo ocasional de tabaco, que adquiere porcentajes de relevancia: el 3,4 % de los hombres y el 2,8 % de las mujeres de entre 15 y 24 años se declaran fumadores ocasionales en 2023. El consumo es visto de manera más esporádica y es un descenso que puede vincularse, en parte, a las campañas de prevención y concienciación desarrolladas en las últimas décadas.
Las dos generaciones de jóvenes y adultos jóvenes muestran una diferencia al observar a quienes nunca han fumado. En 2023, el 79,3 % de los hombres y el 85,2 % de las mujeres de 15 a 24 años afirma no haber fumado nunca, mientras que estas proporciones disminuyen en la franja de 25 a 34 años. Unos datos que muestran el cambio que sufren los jóvenes al entrar en la edad adulta. Según el Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo (PIT) 2024-2027, algunos factores que influencian el consumo de tabaco son el estrés, la situación laboral, nivel de renta o estudios, por lo que el paso a la adultez puede considerarse un momento de cambio que induce al consumo. Los datos, no obstante, evidencian que a medida que la edad en ambos sexos avanza, fumar es un hábito que se va reduciendo. Al mismo tiempo, se observa que aumenta el porcentaje de ex-fumadores, especialmente entre los hombres.
El auge de los cigarrillos electrónicos
En la actualidad, es imposible hablar del consumo de tabaco sin mencionar la nueva amenaza que acecha a la población: los cigarrillos electrónicos. Estos dispositivos, que invaden de humo espacios abiertos y cerrados, se han convertido en una tendencia que amenaza con asentarse en los pulmones de un número cada vez mayor de jóvenes.
De acuerdo con la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), estos sistemas electrónicos de administración de nicotina son dispositivos que vaporizan una solución líquida y en su lugar se crea un aerosol muy parecido al humo de los cigarrillos tradicionales, simulando el acto de fumar. De este modo, la acción se facilita y se simplifica gracias a elementos como el sabor, los colores o la duración, convirtiéndose en una forma más cómoda de consumir este tipo de sustancias. Precisamente estas características han contribuido a que su promoción resulte especialmente atractiva.
Así pues, la publicidad de los cigarrillos electrónicos se apoya en dos grandes argumentos. Fabricantes y vendedores han basado su estrategia comercial, en primer lugar, en la idea de que estos dispositivos son útiles para dejar de fumar tabaco, ya que pueden ayudar a reducir su consumo. Por otra parte, se ha difundido el mensaje de que los cigarrillos electrónicos no tienen efectos nocivos para la salud, reformulando así una nueva forma de seguir fumando.
Desde luego, ambas estrategias son deshonestas, ya que diversas investigaciones han puesto de manifiesto que estas empresas están utilizando las mismas tácticas de venta que empleó la industria tabaquera en sus inicios de expansión. Además, todavía es difícil predecir los efectos negativos sobre la salud que estos dispositivos pueden provocar, debido a la falta de evidencia científica concluyente.
Un estudio realizado entre 2017 y 2018 en 12 países de la Unión Europea indicaba que apenas el 0,6 % de los españoles eran usuarios de cigarrillos electrónicos. Sin embargo, los datos recogidos por la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) en 2024, muestran un aumento notable: el 19 % de la población de entre 15 y 64 años había probado cigarrillos electrónicos, ya fuera con nicotina o sin ella, al menos una vez en su vida.
El uso de cigarrillos electrónicos en España presenta un claro patrón generacional y de género, según los datos del INE recogidos en 2023. La encuesta estima que 665.500 personas utilizan estos dispositivos y, aunque su peso sobre el total de la población sigue siendo limitado, las diferencias entre grupos de edad y entre hombres y mujeres son evidentes.
En el primer caso, los datos muestran que el consumo se concentra de forma muy clara entre los más jóvenes. Las franjas comprendidas entre los 15 y 24 años y entre los 25 y 34 años son las que registran las cifras más elevadas, con 182.100 y 188.900 personas, respectivamente. Sin embargo, a partir de los 35 años las cifras comienzan a descender de manera progresiva, con una caída especialmente pronunciada desde los 55 años en adelante. En los grupos de 75 años y más, el uso de cigarrillos electrónicos es prácticamente inexistente, lo cual confirma que se trata de un fenómeno ligado a las nuevas generaciones.
Los datos por sexo muestran diferencias claras. En casi todos los grupos de edad, son los hombres los que más usan cigarrillos electrónicos. En total, hay muchos más hombres que mujeres que declaran consumir estos dispositivos, y la brecha es especialmente evidente entre los jóvenes. Por ejemplo, entre los 15 y 24 años, 106.000 hombres los utilizan, frente a 76.100 mujeres. Más adelante, entre los 25 y 34 años, la diferencia se reduce, quedando apenas 3.300 mujeres menos que hombres.
Más allá de los números, este patrón de consumo plantea preocupaciones. La falsa percepción de que estos dispositivos no son tan dañinos para la salud lleva a que personas que no fumaban anteriormente comiencen a usarlos bajo esta premisa equivocada. Expertos señalan que el uso de cigarrillos electrónicos podría actuar como una puerta de entrada a la adicción a la nicotina, haciendo que algunos usuarios terminen convirtiéndose en fumadores regulares, un fenómeno conocido como la “hipótesis de la puerta de entrada”.
Además, al igual que ocurrió con el tabaco, todavía no se ha determinado con exactitud la relación de los cigarrillos electrónicos con el cáncer. Sin embargo, según Rita: “Sí que se ha visto la relación que tiene con otras enfermedades, como es el EVALI, una enfermedad pulmonar que está claramente asociada al vapeo. También se ha visto que empeoran otras enfermedades que ya pueden existir, como el asma, el EPOC, bronquitis crónica; después, en cuanto al sistema cardiovascular, al igual que pasa con el tabaco normal, también está relacionado con el infarto de miocardio, los ictus, y con el hecho de hacer más rígidas las paredes de las arterias (lo que se relaciona con la hipertensión arterial)”.
Es por ello que los cigarrillos electrónicos se consolidan como otro problema de salud pública para toda clase de fumadores. Sus consecuencias completas aún no se conocen, pero lo que sí parece claro es que no están exentos de riesgos y que, mucho menos, se trata de algo tan inofensivo como se pensaba.
Un poco de luz entre tanto humo
Siguiendo la estela de lo que se ha comentado anteriormente y los datos de 2023 del Instituto Nacional de Estadística (INE), es evidente que el tabaco está caracterizado por las brechas de edad y de género en su consumo. Entre los jóvenes de 15 a 24 años, tanto los hombres (58,16%) como las mujeres (66,15%) alcanzan sus respectivos picos, en los que consumen de 1 a 9 cigarrillos al día. Este dato es tranquilizador frente a la posibilidad de fumar 20 o más cigarrillos diarios, hecho realizado únicamente por el 12,75% de los hombres y el 8,22% de las mujeres.
Por otro lado, en la franja de edad de los adultos jóvenes de 25 a 34 años se incrementa el número de cigarrillos diarios consumidos. Tanto hombres como mujeres aumentan su consumo diario hasta fumar entre 10 y 19 cigarrillos al día, aunque el 26,04% de los hombres llega a fumar más de veinte. Sin embargo, de acuerdo con la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), esta brecha de género también existente en 2025 se invierte tras la juventud, ya que, a pesar de que generalmente “los hombres sigan superando a las mujeres en consumo”, el “patrón femenino de consumo más tardío” produce un aumento en la “carga de mortalidad atribuida al tabaco”.
Ante esta situación, la SEE explica que es necesario abordar con una “perspectiva de género y de edad” las estrategias de prevención y control del tabaco para proteger a los jóvenes. Por ello, con el objetivo de combatir la diversificación de la oferta de la industria tabacalera —como los cigarrillos electrónicos o vapeadores— y las nuevas amenazas surgidas del ámbito de las redes sociales —como la publicidad indirecta realizada por los influencers—, las instituciones y organizaciones nacionales han lanzado diversas campañas o proyectos de prevención para ganarle terreno al tabaco.
Entre los más destacados del ámbito institucional se encuentra el Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo (PIT) 2024-2027, lanzado en 2024 por el Ministerio de Sanidad, una estrategia basada en la reducción del consumo de tabaco y sus productos relacionados mediante la expansión de los espacios sin humo, la equiparación en términos de regulación del tabaco tradicional y sus productos relacionados y el impulso de la investigación de sus efectos negativos en la salud.
A esta estrategia se suman también han surgido programas educativos y formativos como Proyecto Zero, que tiene el objetivo de conseguir la “primera generación de jóvenes libre de tabaco para 2030”, y Clases sin Humo (basado en el proyecto europeo Smoke-free class), un concurso escolar activo en CC. AA. como Cataluña, Galicia y Aragón dirigido al alumnado de 1º y 2º de la ESO. Unas iniciativas que, como sentencia Rita, ponen el foco en la manera más eficiente para abordar la amenaza social del tabaco: “A la sociedad le compensa más invertir en mecanismos de prevención para los jóvenes para evitar que esto constituya un problema de salud pública más que tratar en sí una demencia o un ictus producida por el tabaco, lo que termina generando más gasto público”.
Metodología
El reportaje presentado se fundamenta en el análisis de diversas fuentes estadísticas oficiales que provienen del Instituto Nacional de Estadística (INE). Asimismo, otros datos han sido extraídos de encuestas públicas centradas en el ámbito de la salud y las adicciones en España. En concreto, se han utilizado cuatro bases de datos en formato Excel extraídas tanto del Ministerio de Hacienda –Ventas de Tabaco en España del 2020 al 2024– como de los portales oficiales del INE –Diferencia en sexo y edad en la Encuesta Europea de Salud de 2020 y 2023, Uso de cigarrillos electrónicos en España y Número de cigarrillos consumidos al día en España-. Por otro lado, también se han empleado datos de la encuesta nacional ESTUDES -promovida por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (DGPNSD)-, utilizada como fuente documental para extraer estadísticas que fundamenten nuestro análisis.
En este sentido, las bases de datos que han sido empleadas -correspondientes a 2020 y 2024- recogen información sobre el consumo de tabaco y cigarrillos electrónicos en función de la edad y el sexo de los entrevistados. Debido a que se trata de datos aptos para la incorporación directa en nuestro análisis, no se han modificado o limpiado adicionalmente estas bases de datos. A partir de la base de datos Diferencia en sexo y edad en la Encuesta Europea de Salud de 2020 y 2023 se han realizado las dos visualizaciones -en Datawrapper y Flourish- presentes en el reportaje, con el objetivo de facilitar la comprensión de las informaciones ofrecidas. Además, junto a todo lo mencionado anteriormente, se ha combinado con la presencia de fuentes documentales y expertas -como Rita, médica, y psiquiatra, y Andrea Escudero, técnica de la UPCCA-, lo que ha permitido profundizar y ofrecer una mejor interpretación de la realidad del tabaco entre los jóvenes del país.