Los hábitos de consumo de cine han cambiado: ¿quién gana o pierde?
Cada época ha tenido su forma de ver cine: la sala de barrio, las terrazas de verano o la televisión en familia en la que había poco que elegir. La llegada del vídeo VHS amplió la oferta y flexibilizó el consumo con el videoclub como brújula cultural; el DVD y el Blu-ray dieron un salto cualitativo a la experiencia. Ahora, las plataformas bajo demanda ofrecen aparentemente un catálogo infinito y una libertad de elección sin límites para el usuario. El testimonio de algunos negocios locales que aún resisten, junto al análisis de expertos y los datos, ayudan a entender el panorama y prever la tendencia para el futuro: ¿el cine tradicional en España está en peligro frente al dominio de las plataformas digitales?
“Estamos absolutamente vencidos por el mundo moderno”. Daniel Gascó abrió el videoclub Stromboli en 2004 junto a su hermana Almudena. Es el último videoclub de València, y probablemente de los pocos que quedan en España. Hace veinte años convirtió su pasión en su profesión. No critica los avances tecnológicos, le gusta cualquier vía “que haga que la gente vea buen cine”, pero sí cuestiona los cambios en el consumo en los que “ha desaparecido el factor humano”.
Sin salir del Eixample, a menos de un kilómetro, puede que alguien esté poniendo el móvil en silencio mientras se acomoda en la butaca para concentrar su atención durante dos horas en una película sin interrupciones. En Cinestudio d´Or (inaugurado en 1951) también hay alguien que dispone qué se ve y que se queda fuera, claro, pero su apuesta es cultural, por el cine de autor, del ámbito europeo y con una presencia notable del cine español.

Entre Stromboli y el d’Or hay una línea histórica que explica por qué se siguen viendo películas, pero en otros sitios, con otras reglas… además de nostalgia, suscita una pregunta: estos cambios en el consumo de cine ¿Cómo afectan a la audiencia, la cultura y la industria?
Una ciudad bajo los focos
València vio el cine muy pronto. En España la primera proyección tuvo lugar en mayo en Madrid y en septiembre de 1896 se anunciaba la primera exhibición cinematográfica en el valenciano Teatro Apolo, en el corazón de una ciudad que bullía y buscaba la modernidad. Aquello no era una “industria” como hoy la entendemos, pero alumbraba los inicios de un nuevo hábito social.
Con el tiempo, la sala se convirtió en punto de reunión. No eran solo las películas, era el encuentro, el paseo hasta el cine, cruzarse con conocidos y discutir sobre la película a la salida. A mediados del siglo XX, el mapa de salas en la ciudad constituía una intrincada red en la que había cines de estreno, de reestreno, de verano. Pantallas grandes que competían y buscaban un valor diferencial. En 1965, València capital llegó a contar con 61 salas, 11 cines de estreno y 50 de reestreno, según el recuento de Paco Moncho en Prospectos de Cine. Una estructura integrada en la cultura urbana de la época y muy ligada al cine de barrio que hoy ha desaparecido.
Del cine de barrio a las multisalas
En el imaginario de muchas generaciones perviven las salidas en familia, con amigos y vecinos, al cine de barrio. Era cultura al alcance de todos, era vida de barrio, accesible, cercano, un hábito semanal a precios populares en salas que solo quedan en la memoria: Imperial, Levante, Metropol, Capitol, Cines Martí, Cines Aragón…
Hoy en día existen pocas iniciativas que conserven los cines de barrio. Para el periodista Álvaro Devís, “no funcionan, porque a partir del 2009, con el cambio de lo analógico al digital, al cine se le pide una transformación tecnológica que implica una inversión económica muy fuerte. Además, estos proyectos no generan un espectador real, ya que el problema reside en que no hay iniciativas que promuevan un público constante. El cine senior, por ejemplo, funciona, pero lo hace en el sentido de reforzar a los asistentes que ya había en las salas”. Sin embargo, considera que València es una excepción, puesto que observa el caso de los cines Babel y “sobre todo los Lys, el cine independiente con más recaudación y audiencia de España, que no pertenece a ninguna cadena”.
La resistencia de los cines en València
En el corazón del Eixample se esconde Cines d´Or. Es una de las salas clásicas de València, de las más antiguas, explica Miguel Dolz. Se inauguró en 1951, pero desde los años 90 proyecta sobre todo reestrenos de películas de autor. Actualmente, realizan principalmente proyecciones de cine europeo con una notable presencia del cine español, que es el que más atención capta y con inclusión en el programa de Europa Cinemas.
Dolz lamenta el bajo número de espectadores, dice que “es muy inferior al deseable” y ha descendido significativamente desde la pandemia. La sala se sustenta casi exclusivamente con la recaudación de taquilla y el alquiler de la sala de forma ocasional. Tiene que reinventarse y buscar otras formas de atraer más espectadores, como programas de colaboración de descuentos con Universidades, Carnet Jove y proyecciones para colegios e institutos para fomentar la asistencia al cine de los más jóvenes.
Ha llovido mucho desde la forma de aproximarse al cine cercano y local de los años 60 y 70. Quienes llevan la sala ven con incertidumbre el futuro de los cines de barrio porque “han desaparecido casi todos y en Valencia tan solo quedamos 4 salas de cine en la ciudad” fuera de los centros comerciales.
El paciente respira, pero no está fuera de peligro
El análisis de Enrique Bordería, profesor de periodismo cinematográfico de la Universitat de València, no es muy optimista. Bordería explica que las cifras de espectadores se fueron recuperando de la crisis de 2008 hasta 2015, pero nunca se han vuelto a lograr esas cifras. “2020 llegó la pandemia que fue un golpe durísimo y provocó un hundimiento” que dejó muchas butacas vacías.
Aunque se ha experimentado una ligera recuperación, las cifras son “un poco más de la mitad de lo que se vio hace cinco años”. Bordería tiene la percepción de que las personas eligen las plataformas de vídeo bajo demanda por suscripción (SVOD) porque disponen de “una gran oferta” por lo que cuesta una entrada de cine. “Aunque no es la misma experiencia”. Pero, cree, que no es el motivo fundamental “La gente cada vez tiene menos concentración para ver un producto de una hora, dos horas. Es un desafío mantener la atención” en alusión clara a la atención fragmentada que conlleva la digitalización.
Cuando el cine entró en casa y cambió las reglas
Aunque suene extraño, la revolución no vino de la mano de Internet. La transformación llegó de la mano de la tecnología VHS en 1976. Con aquellas máquinas grandes y ruidosas se podía reproducir y grabar. El usuario decidía cuándo. Aquello se tradujo en un giro cultural, ya no era necesario salir al cine. El videoclub, como define el dueño de Stromboli como “espacio de encuentro físico” se convertía en mediador entre la producción y el consumidor final. “Si no te orientan no sabes que ver” afirma Gascó con rotundidad. La decisión tampoco era fruto de un impulso, formaba parte de todo un ritual que comenzaba antes de salir de casa y se apoyaba en la recomendación humana.
El catálogo era limitado, pero las salas de cine vieron el VHS como una amenaza. Ya entonces se decía que acabaría con ellas, aunque democratizó el acceso a la cultura. No hacía falta vivir cerca de un cine grande. No era necesario cuadrar horarios o pagar cuatro entradas para ver cine en familia. Este consumo se expandió.
Videoclub Stromboli, la aldea gala que resiste al imperio de las plataformas
Gascó explica que los servicios digitales presentan una oferta concreta, que es lo que ve todo el mundo, y esto, dice, conduce a la homogeneización cultural. “Cuando alguien me dice ‘todo está en plataformas’, le digo que no tiene ni idea”. En Stromboli “cultivan la diversidad” y recomiendan películas que no se encuentran en las SVOD. “Espero poder convivir un tiempo con todo eso”. Su supervivencia no pasa por vender palomitas ni entregar paquetes de Amazon. También organizan ciclos de cine en el Carmen que luego se suben a Filmin. “Nos retroalimentamos”.



Para el dueño de Stromboli, sacarle beneficio a su empresa es un aspecto relativo: “más que el dinero, lo que me mueve es el amor”. A la hora de reflexionar, se da cuenta de que lo que ha mantenido en pie su creación ha sido precisamente su “hippismo” o pensamiento antisistema: “Vivo en un mundo capitalista en el que, como ocurre en todos los negocios, me encanta que la gente traiga dinero, pero no es lo que me motiva, sino que es un efecto colateral. En realidad, se trata de preocuparse por un negocio que se da por muerto; vivo en esa locura”.
Cada día lo frecuentan conocidos del barrio, con los que establece una relación de confianza. Conoce a cada persona por su nombre, sus gustos y no duda en preguntar qué le pareció el visionado de la película que le recomendó en su última visita. A pesar de situarse lejos de la realidad de hoy en día, a menudo acude gente joven. “He tenido muchos clientes que han ido muriendo”, reconoce en sentido metafórico, pero, también observa que ha surgido una nueva generación de clientes potenciales que aprecian sus consejos como guía experto de cine.
“Son personas que salen a la caza de hallazgos singulares de películas que no encontrarían en ningún otro sitio”. Su templo cinematográfico muestra un tipo de cultura que está concentrada en ese lugar en concreto y que, por ello, le hace sentirse especial. Además, afirma que es una iniciativa muy atractiva para los jóvenes, ya que muchos buscan la manera de sentirse distintos y tener la oportunidad de regresar a aquella época pasada. A ese respecto explica que no es cuestión de edad ni género, sino de sensibilidad.
La entrada en escena del DVD a mediados de los 90 se integraba en el mercado del alquiler, pero también potenció la compra por su facilidad de almacenaje. Mejoró la calidad de imagen y sonido que ofrecía una experiencia de cine en casa suficiente en relación con una sala media. El DVD preparó el terreno para lo que vendría después, si la película podía viajar en un disco también podía viajar en datos. Y cuando esto se volvió realidad, el soporte físico se quedó corto.
El menú infinito del on demand
En España, 2024 cerró con 489 millones de euros de taquilla y 73 millones de espectadores, un descenso frente a 2023, según el balance sectorial recogido por prensa especializada a partir del informe de FECE (Federación de Cines de España). A la vez, se sigue normalizando el consumo de servicios bajo demanda: la CNMC observa que, a finales de 2024, una parte mayoritaria de hogares con internet declaraba usar plataformas online de pago.
Según señalaba Enrique Bordería, hace diez años que el modelo de consumo del cine ha cambiado por completo. Antes, las personas compraban el billete físico y acudían a las salas de cine para vivir una experiencia con una gran pantalla rodeado de gente. Ahora, muchos prefieren quedarse en casa porque aseguran les sale mucho más rentable pagar una suscripción mensual de 6 a 15 euros y disfrutar de todo el cine y series del catálogo que pagar la media de 6,69 euros que cuesta el cine, según el informe de 2024 de la Federación de Cines de España (FECE).
Pero según datos de la CNMC uno de cada cinco hogares usuarios de plataformas online de pago utilizó cuatro o más. La paradoja es que los servicios digitales de cine nacieron como promesa de comodidad y ahorro, pero la multiplicación de suscripciones incrementa el coste para las familias.
Pese a que lo habitual es contratar un solo servicio de streaming para el hogar, como resaltan las encuestas del Panel de Hogares (CNMC), un 20% de los hogares en 2025 pagó por suscripciones a 4 plataformas SOVD diferentes o más. Una decisión que en buena medida viene dada por la variedad de contenidos que ofrece cada servicio. Netflix, que ha sido la más elegida por los usuarios que contratan servicios de streaming, destaca por su infinito catálogo, con contenidos variados para públicos de todas las edades. Solo en España hay acceso a más de 3.500 títulos, en Estados Unidos y Canadá esta cifra se duplica.
El cine español en plataformas: ¿más visibilidad o se diluye?
La cuestión no es si el cine español está en los servicios digitales on demand, sino si el público lo ve. La bibliografía consultada lo plantea como un problema de disponibilidad y prominencia: una cosa es estar en el catálogo y otra aparecer en carruseles, portadas y recomendaciones. En un menú infinito, la visibilidad puede convertirse en dilución. Por eso, además del volumen de títulos, quedan abiertas dos preguntas clave: ¿cuánto cine español se produce ya directamente para streaming y qué parte de la audiencia lo elige frente al cine internacional?
En este sentido, Amazon Prime Video se encuentra a la cabeza como productor y distribuidor del audiovisual español hecho por y para la plataforma, seguido de Netflix, que rompió sus propios récords en 2024 con el estreno de 68 títulos españoles, de acuerdo con los datos de Teleformat.
Amazon Prime Video es incapaz de igualar esta producción en masa por el momento, pero sus títulos ‘marca España’ componen hasta el 15% del total de su catálogo, 751 piezas audiovisuales entre series y películas, como ha informado Business Insider.
El algoritmo
La novedad no se refiere solo al catálogo. Lo nuevo es el orden del catálogo y la forma en que se presenta. Netflix, por ejemplo, ha explicado en su blog tecnológico que su experiencia se apoya en varios algoritmos (ranking personalizado, generación de página, búsqueda, similitud, etc.).
Esto tiene una lectura amable: te ayuda a encontrar “lo tuyo” sin perderte. Y tiene una lectura periodística: en un menú infinito, la visibilidad se convierte en poder. Estar en catálogo no equivale a existir para la audiencia si no apareces en las filas, portadas y recomendaciones.
Antes la recomendación tenía nombre y conversación, como ha explicado Daniel Gascó de Stromboli. Ahora las sugerencias tienen forma de interfaz y su objetivo es la retención. No es que se trate de una conspiración, es estructura, pero una estructura que cambia el hábito.
El mapa de poder
¿Quién se beneficia? Se paga una entrada y además se gasta en varias suscripciones de servicios bajo demanda que después del recorrido van a parar al mismo bolsillo.
Hay un plano menos visible —y más determinante— que no depende tanto de la audiencia como del tablero empresarial: quién posee los catálogos, quién financia la producción y quién controla la distribución. La información apunta justo a esa tendencia: grandes estudios y cadenas cada vez más integrados, ya sea porque conviven bajo un mismo grupo o porque se compran entre sí. Para Devís, las plataformas “están controlando poco a poco la producción. Cada vez acortan más el tiempo entre ventanas de exhibición. Antes, una película se veía en cine y a lo mejor tardaba diez meses en poder alquilarse y un año o dos en verse en televisión; ahora se reduce a semanas. Las personas ya no tienen esa consciencia de estar perdiéndose algo cuando no están yendo al cine porque saben que la podrán ver cuando la pongan en la plataforma. Todo ello le resta potencia al estreno en salas”.
En términos sencillos, si antes el mercado separaba con más claridad quién producía, quién distribuía y quién exhibía, el bajo demanda facilita una integración vertical a escala global. La misma compañía puede acumular biblioteca histórica, franquicias, capacidad de producción y, sobre todo, la puerta de entrada al salón (la plataforma). El efecto cultural es directo: no solo cambia dónde se ve cine, también cambia qué llega, cuándo llega y en qué condiciones aparece en la pantalla.
Los líderes
The Walt Disney Company ha incorporado grandes marcas creativas que han ido alimentando su catálogo y su estrategia de distribución. Toy Story, Star Wars, Iron Man y Avatar acabaron siendo compañeros de piso. En marzo de 2022, Amazon cerró la adquisición de MGM por 8.540 millones de dólares. Recientemente, Netflix anunció la compra de Warner Bros por 82.700 millones de dólares, que incluye los estudios de TV y cine, así como la unidad de plataforma on demand de Warner Bros Discovery. Otro ejemplo claro es Peacock, el servicio de streaming de NBCUniversal, que a su vez es filial de Comcast, el grupo que encabeza el ranking de mayores compañías mediáticas. Estas transacciones no son solo cambios de propiedad, sino que cambian el equilibrio de poder en la industria.
Las consecuencias
Por eso, ver cine ya no es solo una cuestión individual. Está involucrada la industria y los negocios locales. Pero, también es un tema de economía política del audiovisual —quién controla catálogos, ventanas y distribución— y cómo afectan a la sociedad. No se trata solo de dónde se elige para ver cine, sino de reflexionar quién decide qué llega a las pantallas, a qué parte de la experiencia se renuncia y cuánta cultura se pierde por el camino. En otras palabras: no es solo lo que se elige. Es también lo que se puede elegir y cómo se jerarquiza en el catálogo.
¿Qué pasará en el futuro?
El auge de los servicios de cine online y la languidez de las salas tradicionales suscitan dudas respecto al futuro del cine. ¿Se quedarán solo las plataformas? ¿El cine tradicional desaparecerá? ¿Qué impacto tendrá todo esto en la cultura y la memoria audiovisual? En ese debate, Daniel Gascó introduce un ápice de optimismo, sostiene que, pese al auge del streaming, sigue habiendo margen de elección para el público. “Las plataformas no son la única forma de verlas; solo es una de tantas”, afirma. En su análisis, el mercado cinematográfico aún ofrece territorios poco explorados: pone como ejemplo India, un gigante de producción y audiencia que —según señala— muchas plataformas todavía no aprovechan a fondo. Gascó admite el peso creciente de estas compañías, pero relativiza su dominio porque “nada se queda para siempre”.
El futuro se percibe abierto y difícil de prever desde Cines d’Or en un mundo marcado por cambios acelerados en los hábitos de consumo. Enrique Bordería, sin embargo, introduce un matiz de continuidad: “Por más que exista una decadencia del fenómeno cinematográfico, el cine no desaparecerá de un día para otro”. Para Álvaro Devís, “la pandemia ha sido un antes y un después y, no se van a volver a recuperar los datos anteriores nunca. Tampoco progresará a nivel interno, pero eso no significa que se vayan a producir menos películas o que se destine menos dinero para el mundo audiovisual”.
Metodología
Para el reportaje se ha combinado el análisis de diferentes bases de datos, entrevistas y revisión de documentos, con el fin de analizar el impacto de las plataformas de streaming en el cine tradicional en España abordando diferentes perspectivas: cultural, económica y de consumo. El cruce entre los datos estadísticos y los testimonios permite identificar diferentes tendencias, como por ejemplo el descenso de espectadores en salas o el aumento de consumo doméstico de plataformas, y, al mismo tiempo, mostrar cómo estos procesos se viven en espacios concretos como los cines de barrio o los videoclubs.
El trabajo se basa en fuentes oficiales, institucionales y especializadas:
- Ministerio de Cultura y Deporte / ICAA
- CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia)
- Datos abiertos del gobierno
- Entrevista a Daniel Gascó, propietario del videoclub Stromboli.
- Entrevista a Enrique Bordería, profesor y experto en periodismo cinematográfico.
- Entrevista a Cines d’Or.
- Entrevista a Álvaro Devís, periodista de Culturplaza.
- ENLACES Y BASES DE DATOS
- 1. https://www.cultura.gob.es/dam/jcr:5a493f77-a073-43f9-a06f-6c33fa7385cd/acumulado-2024.pdf
- 2. https://www.icane.es/data/api/cinematografia-espectadores.csv
- 3. https://www.cultura.gob.es/cultura/areas/cine/mc/cdc/portada.html
- 4. https://www.cultura.gob.es/cultura/areas/cine/datos.html
- 5. https://e-archivo.uc3m.es/entities/publication/42352da6-db66-4a4b-84d0-dc550163f4b1?
- 6. https://diversidadaudiovisual.org/obra-espanola-en-servicios-de-video-bajo-demanda-por-suscripcion-2024/
- 7. https://about.netflix.com/en/news/what-we-watched-a-netflix-engagement-report?
- 8. https://e-archivo.uc3m.es/entities/publication/9369d253-39c9-4851-8ce3-f10eb5232ef4
- 9. https://www.cultura.gob.es/cultura/areas/cine/datos/taquilla-espectadores.html
- 10. https://www.ine.es/jaxiT3/Tabla.htm?t=24900
- 11. https://www.ine.es/jaxiT3/Tabla.htm?t=12736
- 12. https://docs.google.com/spreadsheets/d/1v-IZnCWKQ_mYcYXpkJeUT_TN82d77vOmNXSGBYTTkqg/edit?usp=sharing (Charo)
- 13. https://docs.google.com/spreadsheets/d/1YWv7xZi_KwkVSptifrwGRt1n1LjWFo0QQvXEaBygFOk/edit (Elena)
- Presentación de Genially
Tratamiento de datos y visualizaciones
Los datos se han descargado y analizado en formatos abiertos CSV y PDF. El trabajo de limpieza ha incluido la revisión de títulos y variables relevantes, se ha realizado la filtración de los rangos temporales necesarios y se han creado tablas para facilitar comparaciones, datos totales, porcentajes y evoluciones interanuales. Toda esta limpieza ha permitido obtener los números y datos más llamativos e importantes para el fin del reportaje.
Las visualizaciones interactivas se han elaborado con el objetivo de plasmar la evolución y comparación de tendencias. Para ello, se han utilizado herramientas como Flourish y Datawrapper, que han permitido crear gráficos interactivos a partir de las hojas de cálculo que se han analizado y limpiado previamente. Los gráficos muestran la evolución del número de espectadores en salas de cine, la popularidad de cada una de las plataformas de streaming, el número de suscripciones contratadas por cada hogar, etc. Por último, se ha realizado una infografía interactiva con Genially, diseñada para facilitar la comprensión y difusión de los datos más importantes del reportaje.

