Una mirada local al valenciano desde la experiencia estudiantil

Última actualización: 23 de diciembre de 2025, 14:26 (Europe/Madrid)

Ángela es estudiante de la Universitat de València y, como muchos jóvenes de la ciudad, creció escuchando el valenciano en las calles, en las aulas y en las conversaciones cotidianas. Para ella, esta lengua no es solo una herramienta de comunicación, sino una parte esencial de su identidad y de su manera de entender el mundo.

El valenciano en la universidad desde la experiencia estudiantil no siempre aparece como una novedad. Para Ángela, el valenciano no fue nunca una sorpresa. Estaba ahí antes de llegar a la universidad, en las conversaciones con amigos, en las clases del colegio y del instituto, en la forma cotidiana de relacionarse. Aunque en casa el castellano ha sido siempre la lengua principal, el valenciano forma parte de su vida de una manera natural, casi invisible. Por eso dice que no concibe su día a día sin él.

Esa convivencia entre lenguas nunca le ha supuesto un conflicto. Cambiar de idioma le sale solo, sin pensarlo demasiado. En la universidad ocurre lo mismo. Cuando en clase hay estudiantes Erasmus, Ángela pasa al castellano —o a otro idioma— sin dificultad. No lo vive como una renuncia, sino como un gesto lógico. Para ella, lo importante es que quienes vienen de fuera se sientan cómodos y entiendan lo que pasa en el aula.

Aun así, hay momentos que se quedan grabados. Recuerda especialmente el caso de una estudiante italiana que no entendía ni castellano ni valenciano. Al principio, explica, lo pasó mal, sobre todo en los exámenes. La lengua se convirtió en un muro difícil de saltar. Pero también recuerda cómo, poco a poco, entre compañeros fueron ayudándola y cómo la situación fue mejorando con el paso del cuatrimestre.

Desde su punto de vista, no todos los estudiantes Erasmus viven el valenciano de la misma manera. Algunos muestran interés y curiosidad. Otros, en cambio, lo sienten como un obstáculo más en una experiencia que ya es breve y exigente. Ángela lo entiende. Al final, no es su idioma y están aquí solo de paso. Aun así, cree que muchos acaban llevándose algo: una palabra aprendida, una idea distinta, una mirada nueva sobre el lugar que los ha acogido.

Para ella,el valenciano va mucho más allá de las clases. Es cultura, son las Fallas, es una manera de vivir y de relacionarse con los demás. Representa una comunidad que se reconoce en la alegría y el sentimiento de pertenencia. Por eso defiende que la universidad lo fomente y lo mantenga vivo, pero siempre desde el respeto.

Ángela lo resume sin grandes discursos: cuidar la lengua es importante, pero también lo es saber cuándo cambiar, escuchar y adaptarse. Al final, dice, la universidad es un espacio compartido, donde conviven muchas lenguas, muchas historias y muchas formas de estar

» NUESTRA LENGUA ES MÁS QUE UNA LENGUA, REPRESENTA CULTURA, FESTIVIDAD……..»

NO PODEMOS PERDER NUESTRAS RAICES…..PERO TAMPOCO TENEMOS QUE OBLIGAR A NADIE

Desde la mirada de Ángela, el paso de quienes vienen de fuera por la Universitat de València es breve, pero significativo. La lengua puede ser, al principio, una dificultad o una incomodidad, pero también una puerta a entender mejor el lugar que los acoge. Para ella, la convivencia lingüística no consiste en obligar ni en renunciar, sino en saber adaptarse, compartir y acompañar. En ese equilibrio —entre quien llega y quien siempre ha estado— el valenciano deja de ser un límite y se convierte en parte del aprendizaje que va más allá de las aulas.

Ángela – Estudiante de la Universitat de València

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