Alejandro Cañamero, Salvador Lluch y Carles Vidal
Más competiciones, menos descanso y una presión constante definen el deporte contemporáneo. El aumento de las lesiones en la élite del deporte ya no es una anomalía, sino el reflejo de un modelo que ha llevado la exigencia física y mental hasta el límite, incluso en contextos donde la prevención y el control nunca habían sido tan avanzados.
Una tendencia al alza respaldada por datos
En la última década, y con especial intensidad tras la pandemia de COVID-19, el incremento de las lesiones deportivas se ha convertido en una preocupación recurrente en prácticamente todos los niveles del deporte. La percepción de que los deportistas se lesionan más hoy que antes no surge solo de sensaciones subjetivas, sino también de alertas constantes emitidas por cuerpos médicos, entrenadores y organismos deportivos. Este fenómeno plantea una pregunta de fondo que va más allá del rendimiento físico individual: ¿por qué se lesionan más los deportistas en la actualidad? ¿Es únicamente consecuencia de mayores exigencias físicas o responde también a transformaciones estructurales y sociales en la manera de practicar y organizar el deporte?
Los informes de federaciones deportivas nacionales e internacionales aportan un primer marco de análisis. En deportes como el fútbol, el baloncesto o el rugby, los departamentos médicos federativos han registrado en los últimos años un aumento de las lesiones musculares, especialmente aquellas asociadas a la fatiga y al sobreuso. No siempre se trata de un crecimiento lineal del número total de lesiones, sino de un incremento en su recurrencia y en la duración de las bajas médicas. Las federaciones han señalado de forma reiterada la congestión de calendarios, el escaso tiempo de recuperación entre competiciones y la acumulación de minutos de juego como factores determinantes, sobre todo en el deporte profesional, donde la presión competitiva y económica es constante.
En paralelo, numerosos estudios médicos y universitarios han analizado la evolución de las lesiones deportivas desde una perspectiva científica. Investigaciones realizadas por universidades y centros de medicina del deporte coinciden en que el parón forzado durante la pandemia provocó pérdidas significativas de condición física y alteraciones en los procesos de adaptación del organismo. Cuando la actividad se reanudó, muchos deportistas regresaron a niveles de exigencia elevados en plazos demasiado cortos, lo que aumentó el riesgo de lesiones, especialmente musculares y tendinosas. Estos estudios también subrayan que el problema no se limitó al corto plazo: en las temporadas posteriores se mantuvo una mayor incidencia de lesiones relacionadas con la sobrecarga, lo que apunta a un desequilibrio estructural en la planificación del entrenamiento y la competición.
La comparación entre el periodo previo a 2020 y los años posteriores refuerza esta idea. Antes de la pandemia ya se observaba una tendencia hacia un deporte cada vez más intenso, con mayor volumen de entrenamientos y competiciones. Tras 2020, esta tendencia se aceleró. Las federaciones, en su intento de recuperar competiciones y audiencias, comprimieron calendarios, mientras que los deportistas afrontaron cargas físicas elevadas con menos margen de adaptación. Los estudios universitarios destacan que este contexto ha incrementado el riesgo de lesiones no traumáticas, que suelen ser indicativas de una gestión deficiente de la carga de trabajo.
Las diferencias también son claras según el nivel de práctica. En el deporte profesional, los informes federativos muestran que el principal problema es la acumulación crónica de fatiga, derivada de temporadas largas y exigentes. En el ámbito amateur, los estudios médicos apuntan a un aumento de lesiones por falta de preparación, escaso seguimiento profesional y una reincorporación al deporte sin una progresión adecuada, especialmente tras periodos de inactividad.
La edad es otro factor relevante. Investigaciones universitarias han detectado un aumento de lesiones en jóvenes deportistas, vinculado a la especialización temprana y a la presión competitiva desde edades cada vez más bajas. En adultos y veteranos, los estudios reflejan que más personas practican deporte que hace una década, lo que es positivo desde el punto de vista de la salud, pero también implica un mayor número absoluto de lesiones, muchas de ellas relacionadas con el sobreuso y con una recuperación insuficiente.
En cuanto al género, los informes médicos y federativos muestran diferencias significativas en el tipo de lesiones. En el deporte femenino se registran mayores tasas de determinadas lesiones articulares, especialmente en la rodilla, algo que los estudios universitarios atribuyen a factores biomecánicos, hormonales y, también, a una menor inversión histórica en prevención y recursos específicos. A medida que el deporte femenino gana visibilidad y profesionalización, estas lesiones se documentan más y se analizan con mayor rigor.
Principales causas del aumento de lesiones
Este incremento de lesiones en el deporte de élite es provocado a numerosas causas:
- Sobrecarga física y calendarios exigentes
En los últimos años, la mayoría de deportes han visto cómo sus calendarios están cada vez más apretados, llegando al punto en que los entrenamientos se convierten en días de competición también, provocando de esta manera sobrecargas en los deportistas. A medida que pasa el tiempo, la gente ve en el deporte más negocio, y por tanto, más ingresos, eso ha provocado aumentar la cantidad de minutos de competición: en el caso del fútbol, se han aumentado los partidos en competiciones como la Champions League o en el Mundial de Naciones, en el caso del tenis, son cada vez más recurrentes las exhibiciones a cambio de recompensas económicas irrechazables como el Six King Slam de Arabia, o en el caso del mundo del motor, como la Fórmula 1 hace récord de carreras disputas año tras año o en MotoGP, incluyendo Sprint Races en cada Gran Premio para aumentar el espectáculo, y por ende, los beneficios lo que tiene como resultado el aumento de las lesiones en la élite del deporte
- Presión deportiva y psicológica
A día de hoy, dada a la tecnología que tenemos en nuestras manos, y más aún en el deporte de élite, está provocando en los deportistas que saquen a relucir su máximo rendimiento en cada momento de competición, aumentando de esta manera la presión. Jugadores que hayan caído en depresión ha ocurrido toda la vida, pero es ahora cuando se están batiendo todos los récords, y es que, hoy en día la exigencia es más alta que nunca. Esta presión que sienten los deportistas ha llegado al punto en que se ven prácticamente obligados a jugar lesionados o infiltrarse para no perderse ningún segundo de competición.
- Influencia de las redes sociales
Con la viralización de las redes sociales, muchos deportistas sienten más presión de los aficionados ya que es un canal de comunicación directa. Críticas, comparaciones, idealizaciones… En definitiva, más presión, es lo que puede llegar a provocar estas plataformas en los deportistas.
Voces expertas.
El aumento de las lesiones en la élite del deporte no es simplemente una impresión que comparten deportistas y aficionados; se trata también de una realidad verificada por los expertos en salud y rendimiento deportivo. Coinciden los médicos, los psicólogos deportivos, los fisioterapeutas y los preparadores físicos en afirmar que las demandas del deporte moderno están sobrepasando las limitaciones fisiológicas del cuerpo humano.
El doctor Ramon Cugat, un destacado traumatólogo en el campo del fútbol profesional, ha alertado repetidamente desde la medicina deportiva que numerosas lesiones actuales ocurren como resultado de la fatiga acumulada y la sobrecarga muscular, no por impactos accidentales.
Cugat sostiene que la dificultad no es solo la intensidad de los partidos, sino también la escasez de tiempo real para que el músculo se reponga entre esfuerzos, lo cual eleva el peligro de recaídas y rupturas.
Esta idea es respaldada por los fisioterapeutas deportivos. Carlos Lalín, un fisioterapeuta con experiencia en el trabajo con deportistas de alto nivel, ha dicho que una lesión mal tratada casi siempre lleva a otra. En un escenario en el que la competición se ve obligada a realizarse cada pocos días, muchas de las recuperaciones se acortan o aceleran, lo que ocasiona una mayor propensión a la ruptura del tejido muscular. Desde este punto de vista, la lesión deja de ser un evento aislado y se transforma en un proceso que se repite.
A su vez, los preparadores físicos advierten sobre un desbalance entre la carga y la recuperación. Paco Seirul·lo, un preparador físico de larga trayectoria asociado al FC Barcelona, ha argumentado que no se puede evaluar el rendimiento únicamente por la intensidad o los minutos jugados, sino también por la habilidad del atleta para tolerar el esfuerzo. El peligro de sufrir una lesión se incrementa indudablemente cuando el entrenamiento y la competición no toman en cuenta los ritmos biológicos del cuerpo.
La dimensión psicológica también tiene un papel importante. Patricia Ramírez, conocida como Patri Psicóloga, y otros psicólogos deportivos han indicado que la presión continua por alcanzar resultados, combinada con el temor a ser desplazado o no ser convocado, conduce a numerosos deportistas a esconder sus molestias o competir aun estando lesionados. Esta tensión prolongada no solo tiene un impacto en la salud mental, sino que también aumenta el riesgo de lesiones físicas debido a la continua tensión del cuerpo.
Los especialistas coinciden en que este incremento de lesiones no es un fenómeno ineludible, aunque sí complicado de revertir sin modificaciones estructurales. Serían medidas esenciales: disminuir la saturación de los calendarios, optimizar la planificación de las cargas, invertir en prevención y establecer el descanso como algo normal. No obstante, mientras el deporte continúe poniendo por delante la ganancia económica y el espectáculo a la salud del deportista, el peligro de lesión permanecerá siendo un aspecto del sistema.
Testimonios de deportistas
Cuando se analizan las cifras y los estudios en función de los testimonios de los deportistas, muchos de ellos han expresado con franqueza cómo las lesiones han afectado su vida personal y su carrera.
Un ejemplo muy conocido en el campo laboral es el del futbolista Marco Reus, que ha padecido a través de su carrera un gran número de lesiones en las articulaciones y los músculos. El delantero alemán ha admitido públicamente que la presión de volver pronto a la competición y la acumulación de partidos tuvieron un impacto negativo en su recuperación, lo que provocó recaídas frecuentes que diezmaron su rendimiento y continuidad.
Un caso adicional es el de Rafael Nadal, quien ha declarado en múltiples entrevistas que vivir con dolor ha sido algo permanente durante su carrera. Nadal ha sostenido que, en ocasiones específicas, la única manera de permanecer al más alto nivel era competir con lesiones. Lo que dice muestra que, en el deporte de élite, el cuerpo se convierte en una herramienta laboral que experimenta un desgaste extremo y tiene efectos físicos a largo plazo, que sacrifican para poder competir en el presente.
En el deporte femenino, la futbolista Alexia Putellas contó que después de su grave lesión en la rodilla, el proceso de recuperación fue tanto físico como mental. Una ruptura del ligamento cruzado anterior le obligó a reconsiderar su relación con el deporte y a tratar con meses de dudas, demostrando el efecto significativo que una lesión puede tener más allá del campo de juego.
A pesar de que la presión mediática es inferior en el ámbito amateur y universitario, las repercusiones también son relevantes. Sobre todo después de la pandemia, numerosos deportistas jóvenes han compartido vivencias de lesiones causadas por un regreso apresurado tras períodos de inactividad. En estas situaciones, la ausencia de una planificación apropiada y el no contar con un seguimiento médico han provocado lesiones crónicas que restringen la práctica del deporte o incluso fuerzan a dejarlo antes de tiempo.
Los efectos físicos de estas lesiones son claros: frenada en seco del rendimiento, reducción de la masa muscular, dolor constante y, en ciertas situaciones, secuelas que permanecen indefinidamente.
El impacto social y económico
El aumento de las lesiones en la élite del deporte tiene una serie de consecuencias que van más allá de la competición y que afectan a la vida personal y social del deportista. Cada lesión supone un proceso de recuperación que afecta tanto en los sistemas sanitarios como en el entorno social del deportista, convirtiéndose de esta manera en un problema que traspasa lo puramente físico.
En el deporte profesional, las lesiones pueden incidir en la economía de los clubes y competiciones. Las bajas prolongadas obligan a invertir en tratamientos médicos, readaptación física y en una reestructuración de la plantilla, pero, la parte más sensible es que esto afecta al espectáculo y los resultados deportivos. Una mala gestión puede provocar en el deportista una carrera deportiva más corta, acarreando pérdidas económicas a largo plazo.
Traspasando lo económico, las lesiones tienen un gran impacto social y psicológico. La imposibilidad de entrenar o competir genera frustración, y por ende, pérdida de motivación. Este escenario pone de manifiesto la necesidad de replantear el modelo deportivo actual, cada vez más exigente, y de apostar por una mayor prevención para proteger la salud de los deportistas.
Exigir más de lo que el cuerpo puede dar
Durante años se ha repetido una idea que hoy ya nadie discute en los vestuarios, en las consultas médicas ni en los despachos federativos: el deporte actual lesiona más. No porque el cuerpo humano haya cambiado, sino porque el contexto en el que se le exige rendir lo ha hecho de forma radical. La última década, y de manera especialmente clara tras la pandemia, ha dejado un rastro de bajas, recaídas y carreras condicionadas por un desgaste que ya no se oculta ni se disimula.
Las respuestas oficiales han llegado en forma de programas de prevención cada vez más elaborados. Protocolos de fuerza, control de cargas, trabajo neuromuscular, seguimiento individualizado. Sobre el papel, el deporte nunca había estado tan protegido. En la realidad, estos programas conviven con temporadas interminables, viajes constantes y una exigencia de disponibilidad permanente. La prevención existe, pero rara vez marca el ritmo. Cuando entra en conflicto con el calendario o con la urgencia competitiva, suele perder.
Los entrenamientos también han cambiado. Hoy se entrena con más conocimiento y más datos que nunca. Se mide la fatiga, se planifica el descanso y se ajustan las cargas. Pero ese avance técnico no ha venido acompañado de una reducción de la exigencia, sino todo lo contrario. Se compite más, se juega más y se descansa menos. El resultado es una contradicción difícil de ignorar: se cuida mejor al deportista, pero se le exige hasta el límite de lo sostenible. La ciencia avanza, el sistema aprieta.

Los expertos llevan tiempo señalando el origen del problema. La educación deportiva sigue fallando desde la base. Cada vez se compite antes, se especializa antes y se presiona antes lo que produce el aumento de las lesiones en la élite del deporte. Niños y adolescentes entrenan como profesionales sin serlo, acumulando cargas que su cuerpo todavía no está preparado para asumir. Lo que aparece años después en forma de lesión crónica no es una sorpresa, sino una consecuencia lógica de un modelo mal planteado desde el inicio.
A esto se suma un calendario desbordado. Las advertencias de médicos y preparadores físicos son claras: el exceso de partidos es hoy uno de los principales factores de riesgo. Sin embargo, la regulación avanza con una lentitud reveladora. El espectáculo manda, los derechos televisivos pesan y el descanso sigue siendo la variable sacrificable. Se habla de salud, pero se legisla poco en su favor.
La desigualdad en el acceso a profesionales de la salud completa el cuadro. En la élite, el control médico es constante. Fuera de ella, en el deporte formativo y amateur, la prevención sigue siendo una excepción. Muchas lesiones podrían evitarse con supervisión básica, pero la inversión no llega y la responsabilidad recae en deportistas que, en muchos casos, no tienen la información ni los medios para protegerse.
Si se vuelve al punto de partida, el patrón es evidente. Deportistas que encadenan lesiones, regresos precipitados y carreras acortadas. No se trata de mala suerte ni de fragilidad individual. Es un sistema que normaliza el desgaste y asume la lesión como daño colateral. Cuando alguien cae, otro ocupa su lugar y el calendario sigue.
La pregunta final incomoda porque apunta al corazón del problema: ¿estamos priorizando el rendimiento por encima de la salud? Todo indica que sí. El deporte actual sabe cómo prevenir, pero no siempre quiere hacerlo cuando eso implica frenar. Mientras el éxito se mida solo en resultados inmediatos, las lesiones no serán una anomalía, sino el síntoma más visible de un modelo que exige más de lo que el cuerpo puede dar.