Salud mental en el sistema público: donde se medicaliza la precariedad

Última actualización: 24 de diciembre de 2025, 00:49 (Europe/Madrid)

Un viaje por el sistema de salud mental en España: de la protección de la terapia al salvavidas de la medicación y la carga transparente del género

La vida de María Pilar dio un giro radical tras el fallecimiento de su hermano. Las noches eran eternas y el silencio de su habitación se convertía en un ruido ensordecedor en el interior de su cabeza. Desde que su hermano se marchó, su rutina cambió por completo, nada era como antes. El vacío no solo se manifestaba como ausencia, sino que lo hacía como una presencia en sus momentos de descanso. Cada vez que cerraba los ojos y que pretendía tomarse un descanso, su mente se activaba con episodios crueles: recuerdos, frases que no terminaban y una voz perdida que no encontraba el lugar para poder seguir adelante.  Definitivamente, tenía problemas de salud mental.

Pasó semanas mirando la oscuridad de la habitación, soportando un cansancio que ya se había convertido en costumbre. El agotamiento era como una sombra que nublaba sus días y transformaba su cuerpo en un peso difícil de soportar. “Sentía que si seguía sin dormir noche tras noche, al final algo en mi interior se desvanecería para siempre”, recuerda María Pilar con un nudo en la garganta. 

La primera solución: benzodiazepinas

Tras noches innumerables de insomnio, decidió buscar una solución. El psiquiatra al que acudió le recetó benzodiazepinas (un tipo de fármaco psicotrópico con efectos sedantes y ansiolíticos). La primera noche observaba la caja sobre la mesilla de noche, la pastilla era un pequeño trozo blanco casi prohibido. Durante varios días la culpa vencía al sueño, María Pilar tenía miedo de convertirse dependiente y adicta a las pastillas, del estigma penetrante que vuela en los temas de conversaciones sobre la salud mental. “¿Tan vulnerable soy que no puedo coger el sueño por mi cuenta?”, se cuestionaba a sí misma.

Esa noche el ruido mental pudo más que el orgullo. El chasquido de aluminio al coger la pastilla sonó como un fuerte disparo en la habitación. María Pilar tragó el comprimido con agua, sintiendo como pasaba por su garganta. Al principio estaba nerviosa y el corazón le latía rápidamente. La habitación se convirtió en un oasis de paz, en cuatro paredes de oscuridad en la que no había nada: solo una mujer que había podido coger el sueño.

“La pastilla no me hacía feliz ni ahogaba mi pena, pero al menos por un instante me dejaba tranquila. Fue como si alguien apagara con una manguera de agua fría todo el fuego que incendiaba constantemente mi cabeza”

María Pilar

No fue una sensación de bienestar, fue una forma de rendirse a través de la química. Sus párpados se cerraron con delicadeza. Por primera vez en meses su hermano seguía con ella, pero no lo hacía siendo un fantasma que le imposibilitaba dormir, sino que era parte del sueño gracias al fármaco. 

Aquella noche, María Pilar no recuperó la paz, pero sí una tabla a la que agarrarse. Un suspiro artificial que le permitió volar y no caer al precipicio. Aunque en el fondo de su conciencia adormecida supiera que un aterrizaje en tierra firme requería mucho más que una caja de pastillas.

Una realidad global: el auge de los psicofármacos

El caso de María Pilar no es excepcional. Como ella, hay cada vez más personas en el mundo que hacen uso de psicofármacos para tratar problemas relacionados con la salud mental. Segúnel informe de la OCDE, el consumo de antidepresivos ha aumentado más de un 40% entre 2013 y 2023. Estas cifras nos muestran que se trata de un problema global, aunque afecta a algunos países más que a otros.

La realidad de la medicación en España y el mundo

En España no somos la excepción, de hecho somos uno de los países donde hay mayor consumo de este tipo de medicamentos. Según otro informe, somos el tercer país del mundo en consumo de hipnosedantes, y en torno al 16% de los españoles reconoce haber consumido algún psicofármaco en el último año.

Hay una tendencia a la alza en nuestro país y en Europa, donde el consumo de antidepresivos se ha más que duplicado en 20 años, en paralelo a la creciente preocupación por la crisis de salud mental en el continente. Esto se puede deber a un deterioro en los últimos años de la salud mental de la población, o a que ahora hay una mejor detección y un uso más prolongado de los tratamientos. Esta evolución también plantea una pregunta para los expertos: ¿Estamos más enfermos o es que la atención ha empeorado?

Salud mental

“No significa que la sociedad se esté volviendo ‘loca’, la realidad es que el uso de fármacos y la utilización de química en estos casos se ha normalizado mucho más. Antes este tipo de problemas se controlaban de una manera distinta: con apoyo social y tiempo”, Eva Fernández, experta en salud mental.

Según aporta la médica, Julia Lorena Salanova, actualmente hay una mayor y mejor forma a la hora de detectar diferentes trastornos. Sin embargo, los tratamientos requieren de un periodo de tiempo más prolongado ya que el sistema público no ofrece nuevas vías como terapias semanales que puedan asegurar el hecho de retirar la medicación.

El consumo de psicofármacos y los riesgos de la medicación

Pese a que en la actualidad la salud mental se tiene más en cuenta que nunca, la OMS insiste en que los sistemas sanitarios deben ser prudentes en la prescripción de psicofármacos y priorizar modelos comunitarios, intervenciones psicológicas y apoyo social. La medicación no puede ser la única respuesta.

Es por eso que, en muchos trastornos de ansiedad, se aconseja limitar el uso de benzodiacepinas a periodos cortos y apostar por la psicoterapia y estrategias de afrontamiento, precisamente por el riesgo de dependencia y otros efectos secundarios. María Pilar tomó este medicamento durante años y, las posteriores secuelas, en muchos casos, pueden ser notorias.

María Pilar asegura que, al principio, «la pastilla fue mi salvación, parecía que lo curaba todo y me dejaba calmada. Lo cierto es que más adelante se convirtió en un efecto contraproducente: me costaba concentrarme cuando trabajaba y, a veces tenía olvidos que antes no tenía”.

Además, lo que destaca es que lo peor ocurre en el intento de dejarla por cuenta propia. Esto sucede porque este tipo de fármaco tiene un efecto rebote con el que una persona se puede volver completamente dependiente y, la ansiedad se multiplica al no tomarla. 

Para no depender de los psicofármacos, es fundamental mejorar la atención primaria. Debe haber una mayor coordinación social para frenar la crisis de sobremedicación, que está especialmente vinculada a la precariedad y la soledad. Para ello, es fundamental acabar con los estigmas y tratar esta problemática desde la inclusión, con un fuerte énfasis en los derechos humanos.

Factores estructurales y sociales de la salud mental

Está demostrado que factores como la pobreza, el desempleo, la sobrecarga de cuidados o las condiciones laborales nos empujan a soluciones rápidas basadas en la receta. Por tanto, cuando hablamos de salud mental no podemos enfocarnos solo en la forma en la que la tratamos, sino en los factores estructurales que han generado esta situación.

“Si un paciente viene a mi consulta porque no puede dormir debido a un problema de trascendencia mayor como pudiera ser que le desahucien, una pastilla no soluciona nada”, añade Eva Fernández”. Por su parte, su reflexión incluye que si se produjese un cambio en factores generadores de estrés, como los que pueden conllevar una situación laboral, social o económica,  se percibirían consecuencias mucho más positivas y duraderas en comparación con la actuación de cualquier fármaco. “Estamos medicalizando la precariedad a la que estamos expuestos”, concluye. 

Por tanto, la responsabilidad sobre la salud mental no puede recaer exclusivamente en aquellos que padecen trastornos como ansiedad o depresión. Es un asunto que debemos tratar como sociedad, exigiendo una vida digna para aquellos que están en situación de vulnerabilidad y cuestionando cómo nos relacionamos. De esta forma podremos abordar los factores que llevan a personas a desarrollar enfermedades mentales o incluso las pueden empujar al suicidio.

El perfil de género: ¿Por qué la receta tiene nombre de mujer?

No es una casualidad que el perfil de María Pilar coincida con las estadísticas de consumo más elevadas. Según datos del Ministerio de Sanidad, las mujeres en España consumen el doble de psicofármacos que los hombres. Esta distinción no responde a una debilidad de carácter biológico, sino a un sesgo de género que viene de lejos. Frecuentemente, el malestar femenino tiene el sesgo de ser valorado como un problema emocional que debe seguir medicación, mientras que en los hombres se busca una causa sistemática y se infravalora el verdadero síntoma principal. 

En el caso de María Pilar, su rol como apoyo dentro de su familia le obligó a estar bien inmediatamente. No había tiempo para lamentarse más de la cuenta: su casa, su trabajo y su entorno demandan que siguiera en funcionamiento. Aunque la realidad es que esto fue gracias a las pastillas que le permitieron cumplir con esa expectativa de seguir presente.

Gráfico de elaboración propia basado en los datos de la Encuesta EDADES 2022 del Ministerio de Sanidad.

El refugio de la familia: más allá del fármaco

Si la medicación es la balsa, la familia es el puerto. El reportaje no estaría completo sin entender cómo el entorno de María Pilar vivió su proceso. El acompañamiento familiar es, en muchos casos, el factor que determina si un tratamiento funciona o si se convierte en una dependencia crónica. La familia de María Pilar pasó por varias etapas. Al principio, el alivio de verla dormir era compartido. Sin embargo, pronto apareció la preocupación por el «embotamiento» diario. «Mis hijos me decían que me veían como ida, que estaba pero no estaba», confiesa ella.

El apoyo familiar exitoso no consiste en vigilar que el paciente se tome la pastilla, sino en:

Validar el dolor: No pedir que «esté bien pronto», sino aceptar que el duelo tiene sus tiempos.

Acompañamiento activo: Fomentar rutinas fuera de la cama y del entorno de la medicación.

Información: Entender que los efectos secundarios de las benzodiazepinas (como la confusión o el sueño) no son falta de interés del paciente, sino efectos de la química.

A por una salud mental con derechos

Un tema tan relevante como la salud mental implica tener empatía para fijarse más allá del cerebro de una persona. Además de ser capaz de ver lo que conlleva todo su alrededor. El camino de María Pilar muestra cómo la medicación puede ser útil en un momento de gran debilidad, pero nunca debe ser la solución final.

La solución a esta crisis de salud mental en España implica adoptar una sanidad pública que pretenda cuidar a los pacientes con más calma y paciencia, ofreciendo una terapia psicológica real. Como sociedad el reto a seguir debe ser claro: no medicalizar la precariedad y prestar el cuidado que la salud mental tanto merece.

¿Qué podemos hacer por nuestra salud mental?

1. Atención profesional combinada

Buscar ayuda profesional es clave. La combinación de psicoterapia y medicación permite abordar tanto los síntomas como la causa subyacente del malestar. Es importante acudir a psiquiatras y psicólogos de forma coordinada, establecer un plan de tratamiento personalizado y no automedicarse. El seguimiento regular asegura que la medicación se ajuste a la evolución del paciente, evitando dependencia o efectos secundarios. La meta es que la medicación sea una herramienta temporal, mientras se desarrollan estrategias de afrontamiento duraderas.

2. Apoyo familiar y social

El entorno cercano puede marcar la diferencia. Validar emociones, escuchar sin juzgar y acompañar de forma activa fortalece la resiliencia de la persona. Actividades como compartir rutinas saludables, incentivar hobbies o simplemente estar presente ayudan a reducir la ansiedad y el aislamiento. La OMS enfatiza que los sistemas de apoyo comunitario y familiar son tan importantes como los tratamientos clínicos, ya que ofrecen un espacio seguro donde expresar emociones y sentir comprensión, algo que la medicación por sí sola no puede brindar.

3. Estrategias de afrontamiento

Existen técnicas que permiten manejar el estrés y la ansiedad sin recurrir únicamente a fármacos. Meditación, mindfulness, ejercicio regular, escritura emocional o planificación del sueño son herramientas prácticas que fortalecen la salud mental. Adoptar hábitos diarios que fomenten la calma y la autorregulación ayuda a que los episodios de insomnio o ansiedad sean menos intensos y frecuentes. Con práctica constante, estas estrategias generan un efecto duradero, complementando cualquier tratamiento médico y reduciendo la dependencia de la medicación.

4. Educación y prevención

Comprender los factores que afectan la salud mental es clave para prevenir crisis. Elementos como precariedad laboral, soledad, sobrecarga de cuidados o desigualdad de género pueden incrementar el riesgo de ansiedad y depresión. La educación sobre estas causas permite abordarlas antes de que deriven en problemas graves. Además, ayuda a reducir el estigma, fomentando que más personas reconozcan sus síntomas y busquen apoyo profesional de manera temprana, antes de que la medicación sea la única salida

5. Romper el estigma

Pedir ayuda no es signo de debilidad, sino de autoconciencia y autocuidado. La medicación puede ser útil en momentos de crisis, pero nunca debe sustituir el apoyo emocional, la terapia o los cambios estructurales necesarios en la vida de la persona. Reconocer y validar los problemas de salud mental, tanto propios como ajenos, fomenta una sociedad más comprensiva y reduce la sensación de aislamiento que muchas personas sufren. La prevención, el acompañamiento y la educación social son tan importantes como cualquier tratamiento clínico.

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