
Es el primer día de carrera, el aula está a reventar de estudiantes entusiasmados por recibir su primera lección. El profesor entra, explica el funcionamiento de la asignatura y aclara un punto que, para algunos es algo fulminante, las clases, los materiales y los exámenes se explicarán en valenciano. Y es común, el valenciano y el castellano han coexistido durante muchos años en la Comunitat Valenciana. No es sorpresa que en diferentes ámbitos se vea plasmado el bilingüismo que caracteriza a la región.
En la enseñanza el valenciano se ha visto implicado desde los niveles más bajos de la escolarización. De hecho, la más reciente consulta de la Consellería de Educación arrojó que en Valencia el 57.8% de los padres de los escolares prefieren que sus hijos estudien con el valenciano como lengua base.
En la educación superior universitaria se observa el mismo panorama. Al menos en las directrices que propone la Universitat de València. Sin embargo, la discordia del estudiantado y el profesorado se han hecho evidentes. Ya que el valenciano pasa de ser un concepto lingüístico extra a ser un condicionante en la trayectoria y desempeño académico de los estudiantes.
Una misma universidad, diferente realidad lingüística
La Universitat de València es una institución educativa de nivel superior que cuenta con un renombre nacional e internacional. El prestigio y calidad de sus proyectos educativos la han llevado a formar parte de la élite universitaria. Por ende, muchas personas optan por una plaza en algunas de las carreras que ofrece la universidad. En el curso 23/24 hubo 49.329 estudiantes matriculados para los títulos oficiales de grado, maestría, doctorado e incluso títulos propios de la institución. Además, la Universitat recibió a 2.694 estudiantes de intercambio, tanto del programa Erasmus como de otras partes del mundo.
La gran mayoría de estos estudiantes recibieron al menos una clase en valenciano. De acuerdo al estatuto aprobado en el año 2020, en el que la Universitat de València se comprometía a llegar a la impartición del 50% de las clases en valenciano.
A su vez, la Universitat en sus estatutos generales permite que los estudiantes escojan libremente los grupos y horarios adecuados a su nivel educativo y respetando su preferencia lingüística. Sin embargo, en la práctica esto no es así y expone una dicotomía entre la imposición del valenciano
En los planes docentes de las asignaturas se especifica la lengua de impartición. Esta información, en teoría, permite al alumnado elegir con antelación en qué idioma cursará cada materia. Pero esa elección no siempre es factible. En muchos grados, especialmente en asignaturas obligatorias, la oferta en castellano es limitada o inexistente.
Andressa, una estudiante brasileña de SICUE relata que tuvo que cambiar muchas de sus asignaturas obligatorias porque no entiende el valenciano. Sin embargo, algunos profesores le dieron alternativas como dar las clases en español o explicarle específicamente para que entienda las lecciones.
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Más allá de la docencia, el valenciano aparece como requisito en distintos momentos de la vida universitaria. Certificados de competencia lingüística, niveles exigidos para acceder a determinadas ayudas o méritos valorables en procesos académicos y administrativos forman parte del recorrido de muchos estudiantes.
Para algunos, estas exigencias son razonables en un territorio con lengua propia. Para otros, suponen una carga añadida que no siempre va acompañada de los recursos necesarios para afrontarla.
Sandra Martagón, estudiante de Magisterio de la Universitat de Valéncia expone el punto de vista de una valencianoparlante en la institución.
Es fundamental para el desarrollo para el desarrollo profesional y laboral de la carrera. Sandra Martagón
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El uso del valenciano no es homogéneo en toda la Universitat de València. Facultades como Filología, Magisterio o Ciencias Sociales suelen concentrar una mayor presencia de la lengua, mientras que en otras áreas, especialmente en ámbitos técnicos o científicos, su uso es mucho más limitado.
También influyen factores como el origen del alumnado, la edad o la trayectoria académica. Los estudiantes valencianohablantes tienden a ver la universidad como un espacio natural para usar su lengua, mientras que quienes llegan de fuera o no suelen usar el valenciano como lengua principal viven una exigencia mayor.
Estas diferencias generan tensiones internas y refuerzan la idea de que el valenciano ocupa una posición ambigua dentro del campus.
Decisiones lingüísticas sobre el valenciano
Desde sectores valencianohablantes, la lengua está históricamente minorizada y, sin políticas activas, corre el riesgo de quedar relegada a un uso simbólico. En este contexto, la universidad tiene la responsabilidad de liderar su normalización.
Esta visión entiende la exigencia lingüística no como imposición, sino como una herramienta necesaria para garantizar la supervivencia y el uso real del valenciano. Sin embargo, este discurso no siempre conecta con la experiencia del alumnado que se enfrenta por primera vez a una asignatura impartida en una lengua que no domina.
Para algunos estudiantes, la política lingüística universitaria genera rechazo precisamente porque se percibe como rígida. Esta percepción se agrava cuando el nivel exigido no se corresponde con la formación previa del estudiante.
Entre algunos sectores estudiantiles, como la Alianza Valenciana Estudiantil, AVE, se dimensiona el valenciano como un tema que genera conflicto. Sobre todo desde el tema administrativo por parte de la universidad y de las políticas que proponen.
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El resultado es una sensación de desigualdad que atraviesa el debate lingüístico. Mientras unos viven el valenciano como lengua propia y habitual, otros lo experimentan como una barrera que condiciona su rendimiento académico.
Oportunidades laborales
La Universitat de València también ha puesto en marcha distintos mecanismos para incentivar el aprendizaje del valenciano entre su comunidad universitaria. A través del Centre d’Idiomes y del Servei de Llengües, la institución ofrece cursos adaptados a diferentes niveles, pruebas de acreditación y recursos para facilitar el acceso a la lengua propia. Más allá del ámbito académico, el valenciano se presenta como una herramienta con valor profesional, su conocimiento es un requisito o un mérito destacado en oposiciones, en el sector público y en ámbitos como la educación, la administración o la comunicación.
Al mismo tiempo, el debate lingüístico no se plantea necesariamente como una confrontación entre valenciano y castellano. Ambos idiomas conviven de forma natural en la sociedad y también pueden hacerlo en la universidad. El reto está en diseñar un modelo que incentive el uso del valenciano sin reducir la capacidad de elección del alumnado.
Medidas como adaptar la oferta docente, ampliar las plazas para clases en castellano y valenciano, delimitar los usos del bilingüismo o garantizar alternativas reales para sumergir a estudiantes con nula o poca formación en valenciano para lograr normalizar la lengua sin presentarla como una imposición lingüística y, a su vez, reforzar la lengua como estandarte de la cultura valenciana y de la diversidad idiomática. En ese punto de vista, la cooficialidad dejaría de ser una fuente de tensión para convertirse en una oportunidad de convivencia lingüística.
