Cómo los medios de comunicación transformaron los grandes eventos deportivos en espectáculos globales
Los grandes eventos deportivos como la Copa Mundial de Fútbol, la Eurocopa y los Juegos Olímpicos se han convertido en mucho más que simples competencias atléticas. Son fenómenos mediáticos planetarios que capturan la atención de miles de millones de personas. Desde sus inicios, estos torneos han estado ligados al desarrollo del periodismo de masas y de las tecnologías de la comunicación. La cobertura periodística de estos eventos ha evolucionado de las crónicas en papel y las emisiones radiales hasta las transmisiones satelitales en directo y la interacción a través de redes sociales en tiempo real. En el proceso, el deporte-espectáculo y los medios han forjado una relación simbiótica, influyendo no solo en la forma en que experimentamos las victorias y derrotas, sino también en la cultura popular, la economía del deporte, incluso en debates sociales más amplios.
En este reportaje exploramos críticamente esta relación entre deporte y periodismo de masas, con un repaso histórico centrado en los tres eventos mencionados. Analizaremos cómo ha cambiado el papel de los medios en su cobertura, el impacto social y cultural del periodismo deportivo, la creciente comercialización del deporte a través de los medios, la representación de género en estas coberturas, y la influencia de la tecnología y las redes sociales. Para ello, recurriremos tanto a ejemplos históricos emblemáticos como a casos contemporáneos, apoyándonos en datos y hallazgos de fuentes confiables. El objetivo es ofrecer una visión exhaustiva, pero accesible para el público general, de cómo Eurocopas, Mundiales y Olimpiadas han sido narrados al mundo, y cómo esa narración nos afecta a todos.

Evolución histórica de la cobertura mediática deportiva
De la crónica escrita a la era de la radio (1896-1930)
La estrecha relación entre los grandes eventos deportivos y los medios de comunicación se remonta al nacimiento mismo de estas competiciones. En los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, Atenas 1896, la prensa internacional ya jugó un papel clave: periódicos de distintos países enviaron corresponsales que informaban sobre el desarrollo de las pruebas y resultados, ilustrando sus crónicas con grabados y, posteriormente, con fotografías. Aquella olimpiada inaugural tuvo lugar en un contexto en que empezaba a consolidarse un sistema moderno de comunicación de masas, y los organizadores vieron desde el principio el valor de difundir ampliamente las hazañas deportivas. Incluso se filmaron breves secuencias cinematográficas (noticiarios de la época) que se proyectaban en los cines, permitiendo al público ver a los atletas en acción pocos días después de las competencias.
En las décadas siguientes, la cobertura mediática de eventos deportivos crecería de la mano de los avances tecnológicos. Para Estocolmo 1912, por ejemplo, la difusión de noticias olímpicas ya se consideraba “excelente” para los estándares de la época, con filmes que acercaban los momentos cumbre al público pocos días después de ser realizados. Pero sería la radio la que marcaría un salto cualitativo. La primera transmisión radial de unos Juegos Olímpicos ocurrió en París 1924, aunque con cierto recelo inicial de los organizadores, temerosos de que la radio pudiese disuadir al público de comprar entradas, temor que resultó infundado. Pronto la radio se convirtió en un aliado fundamental: en 1936, los Juegos de Berlín se radiaron en 28 idiomas a través de 2.500 emisiones, llevando las voces de los comentaristas a audiencias de múltiples continentes. Igualmente, los primeros Mundiales de fútbol (Uruguay 1930 e Italia 1934) fueron seguidos principalmente vía periódicos y transmisiones radiofónicas. Los relatos radiofónicos en vivo de partidos decisivos, como la final de Uruguay 1930, mantenían en vilo a naciones enteras, cimentando la figura del relator deportivo como un nuevo cronista de la épica deportiva nacional.
El auge de la televisión y la globalización de las audiencias (1936-1980)
La irrupción de la televisión amplió exponencialmente el alcance de estos eventos y transformó la forma de narrarlos. En los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 se experimentó por primera vez con transmisiones televisivas de circuito cerrado (CCTV): se habilitaron salas especiales en Berlín donde más de 160.000 personas pudieron seguir las competencias en pantalla, pese a estar fuera del estadio. Aunque aquella señal no salió del territorio local, marcó un hito. Doce años después, en Londres 1948, la televisión hizo su debut abierto al gran público olímpico: por primera vez, unas 500.000 personas pudieron ver desde sus hogares, en un radio de hasta 200 km de la capital británica, las imágenes en vivo de las pruebas atléticas. El nuevo medio demostraba su poder para traer el evento al salón de casa, algo revolucionario para la época.
A partir de Roma 1960, la televisión se internacionaliza definitivamente en los Juegos: la olimpiada italiana fue la primera transmitida en vivo a audiencias de otros países mediante enlaces de microondas y, en años posteriores, satélites. Durante la década de 1960 llegaron también la televisión en color, estrenada masivamente en eventos deportivos a finales de esa década, y los primeros mundiales de fútbol televisados globalmente. Suiza 1954 había sido el primer Mundial con transmisiones televisivas en directo aunque de alcance limitado, y el de 1966 en Inglaterra marcó un antes y un después: por primera vez, los organizadores adaptaron la infraestructura de los estadios pensando en la audiencia televisiva, instalando plataformas especiales para cámaras, mejor iluminación y más espacio para comentaristas de radio y TV. El resultado fue una mejora notable en la calidad de las retransmisiones y una mayor espectacularidad visual, lo que a su vez impulsó las ventas de televisores en toda Europa Occidental. Desde entonces, cada Copa del Mundo y cada Olimpiada no solo han sido competiciones deportivas, sino auténticos shows televisivos globales.
Esta era televisiva consolidó la naturaleza de los Mundiales y Juegos Olímpicos como mega-eventos planetarios. Millones de familias se reunían ante la pantalla para seguir, en simultáneo, las ceremonias de apertura, las finales o los goles decisivos, generando una audiencia colectiva sin precedentes. Según datos de la FIFA, alrededor de 3.000 millones de personas vieron al menos un minuto de la final de Brasil 2014 por televisión. Esto convierte a la final del Mundial en uno de los espectáculos mediáticos más vistos del planeta, comparable a la inauguración de unos Juegos Olímpicos. En la Eurocopa, un torneo continental de menor alcance global pero enorme seguimiento en Europa, la tendencia ha sido similar: la edición de 2016, ampliada a 24 selecciones, logró una audiencia acumulada esperada de más de 2.000 millones de telespectadores en el transcurso del campeonato, con cada partido promediando 130 millones de espectadores en vivo y una final vista por más de 300 millones. Cifras de tal magnitud muestran cómo la TV convirtió el fútbol y el olimpismo en rituales compartidos internacionalmente.
Era digital, redes sociales e inmediatez total (1980-presente)
El último tramo del siglo XX e inicios del XXI han traído nuevas transformaciones de la mano de la digitalización y de Internet. Para los años 1980, la televisión vía satélite ya permitía llevar los Juegos y Mundiales a prácticamente cualquier rincón, consolidando la noción de “aldea global” deportiva. Los Juegos de Los Ángeles 1984, por ejemplo, se transmitieron en directo a más de 150 países, y su amplia difusión contribuyó a que fueran los primeros en generar ganancias millonarias, gracias a la venta de derechos televisivos y patrocinio global. Con la llegada de Internet, la cobertura mediática sumó interactividad y multiplicidad de plataformas. Atenas 2004 fue la primera Olimpiada con transmisiones en vivo por internet, permitiendo seguir competencias vía streaming online. Desde entonces, cada edición olímpica y cada mundial de fútbol han ampliado su presencia digital: en Beijing 2008 se experimentó con video en alta definición (HD), Londres 2012 ofreció señal en 3D, y Tokio 2020 destacó por ser la primera Olimpiada producida íntegramente en Ultra Alta Definición (UHD) y alto rango dinámico, incluyendo tomas en 360 grados, repeticiones en cámaras súper lentas, transmisiones en streaming para móviles y hasta experiencias de Realidad Virtual en vivo.
Actualmente, los principales operadores (broadcasters) despliegan una cobertura multiplataforma holística: combinan la emisión tradicional por TV con aplicaciones en Smart TV, portales web, apps móviles y contenidos en redes sociales, para hacer llegar el evento a una audiencia potencial de miles de millones. Esto quedó patente en Tokio 2020, donde pese a la ausencia de público por la pandemia, se produjo una cantidad récord de contenido para abastecer a cadenas de todo el mundo (unos 9.500 horas en dos semanas, incluyendo cerca de 4.000 horas de deportes en vivo y ceremonias). Los grandes Centros Internacionales de Transmisión (IBC) y Centros de Prensa de cada evento se han vuelto verdaderos nodos neurálgicos globales: en Tokio se acreditaron cerca de 20.000 profesionales de los medios de comunicación (entre personal técnico de las televisoras con derechos, comentaristas y periodistas de prensa escrita y gráfica), representando a más de 1.200 organizaciones mediáticas de 127 países. Gracias a esta infraestructura, cada instante puede ser captado y distribuido en segundos a los cinco continentes.
La explosión de las redes sociales en la última década ha añadido un nuevo capítulo a esta evolución. Ahora, aficionados de todo el mundo no solo consumen contenidos, sino que los generan y los comentan en tiempo real, convirtiéndose en parte activa de la conversación global. Durante el Mundial de Brasil 2014, por ejemplo, se enviaron más de 672 millones de tuits relacionados al torneo, y solo la histórica semifinal entre Alemania y Brasil (7-1) generó 35,6 millones de tweets, récord absoluto entonces para un evento deportivo en Twitter. En la final de ese mismo Mundial se llegaron a registrar 618.000 tuits por minuto durante los momentos de más tensión. Este fenómeno ha llevado a llamar a citas como Londres 2012 “los primeros Juegos de las redes sociales”, pues plataformas como X (Twitter), Facebook o YouTube permitieron vivir y comentar la experiencia olímpica colectivamente de manera inédita. Los atletas hoy anuncian noticias directamente en sus cuentas de Instagram o X (Twitter), interactúan con fans y, a veces, sortean a la prensa tradicional para compartir sus mensajes. La inmediatez es total: un gol decisivo, una ceremonia o incluso una polémica pueden volverse virales al instante, ampliando aún más el alcance y el impacto mediático del evento.
Fuente: GlobalTech (Vía: ‘YouTube’)
Eurocopa, Mundial y Juegos Olímpicos: casos emblemáticos de cobertura
La Copa Mundial de Fútbol: del telégrafo al streaming planetario
El Mundial de fútbol, celebrado por primera vez en 1930, nació ya con vocación internacional y con el periodismo como aliado fundamental. Aquella primera Copa del Mundo en Uruguay tuvo una cobertura limitada por las comunicaciones de la época: las noticias de los partidos tardaban días en llegar por barco a Europa, y los resultados se transmitían por telegramas escuetos. Aun así, la prensa escrita jugó un rol esencial para difundir el éxito del torneo pionero más allá de las fronteras sudamericanas.
En 1950, el llamado Maracanazo, la sorpresiva derrota de Brasil ante Uruguay en la final de Río de Janeiro, fue narrado en vivo por radio a millones de brasileños, generando un trauma deportivo nacional cuya dimensión conocemos en parte gracias al relato masivo que hicieron los medios. Y para 1954, con la Copa del Mundo en Suiza, llegó la televisión en directo: por primera vez, algunos partidos (incluyendo la recordada final en la que Alemania Federal venció a Hungría) se televisaron en varios países europeos. El impacto fue tal que incluso impulsó el desarrollo de la red Eurovisión, la alianza de televisiones públicas europeas, lanzada precisamente en junio de 1954 en coincidencia con el Mundial, para facilitar el intercambio de la señal entre distintos países.
Desde entonces, cada Mundial ha reflejado los avances mediáticos de su tiempo. México 1970 fue el primer campeonato emitido en color a todo el mundo, y también el primero con cobertura verdaderamente global vía satélite, conectando audiencias desde América hasta Asia. La organización del torneo empezó a adaptarse a las demandas televisivas: Inglaterra 1966 marcó el precedente al remodelar estadios pensando en las cámaras, y para Alemania 1974 o Argentina 1978 ya era estándar planificar horarios de partidos ajustados a las franjas televisivas europeas o implementar mejoras técnicas (cámaras lentas, repeticiones instantáneas) para enriquecer la retransmisión. El Mundial de 1982 en España, por ejemplo, inauguró la slow motion en las finales, permitiendo disfrutar a cámara lenta los goles emblemáticos. Y México 1986 popularizó la cámara aérea (SkyCam) sobre el estadio. Estos añadidos ampliaron el espectáculo televisivo y convirtieron cada edición en un producto mediático más sofisticado.
Hacia finales del siglo XX, la Copa del Mundo era ya el evento deportivo individual más visto del planeta. Francia 1998 rompió récords con más de 37.000 horas de cobertura televisiva global acumulada. Y en el siglo XXI, con la era digital, los Mundiales se volvieron omnipresentes. Corea-Japón 2002 fue el primero con partidos streaming en portales web. Alemania 2006 vio surgir las primeras redes sociales comentando los partidos (Facebook apenas despuntaba). Y Sudáfrica 2010 se vivió con aplicaciones móviles y hashtags.
En Brasil 2014, los árbitros contaron, por primera vez, con sistemas como GoalControl-4D, basados en 14 cámaras de alta velocidad que determinaban en décimas de segundo si el balón había traspasado la línea de gol. Y el Mundial de Rusia 2018 marcó el debut del VAR a gran escala, un sistema que corrige decisiones arbitrales mediante varias cámaras y revisión en monitores. Según la IFAB, su tasa de acierto fue del 98,9% sobre más de 800 partidos analizados.
Por otro lado, para Catar 2022, la integración mediática alcanzó otro nivel: hubo coberturas multi-ángulo en apps, realidad aumentada en transmisiones 4K, y una activa conversación social sobre temas extradeportivos (derechos humanos, causas sociales…) que los aficionados y periodistas mantuvieron en paralelo a los encuentros. Además, la FIFA desplegó una app que permitía a jugadores y cuerpo técnico acceder en directo a métricas (línea de presión, eventos de ruptura de líneas, zonas de recepción) gracias al rastreo GPS y sensores en el balón.

Fuente: blogspot.com
«La irrupción de Internet me hizo sentir en inferioridad» – Alfonso Gil
A lo largo de más de treinta años, el análisis de datos en el fútbol ha pasado de ser un ejercicio puramente manual en el que se utilizaban tablas rudimentarias anotadas a lápiz a convertirse en un flujo continuo de información en tiempo real, gracias a sistemas como la tecnología de línea de gol, el VAR o el seguimiento GPS de jugadores. Alfonso Gil, pionero en España del periodismo de datos dentro de la Agencia EFE, vivió en primera persona esa transición. Pasó de “apuntar a mano marcadores, tarjetas y sustituciones” a enfrentar el reto de interpretarlo periodísticamente frente al aluvión de estadísticas que hoy inundan Internet y la televisión.
Durante los Mundiales de los años 80 y 90, algunos reporteros empezaron a experimentar con estadísticas, aunque siempre de forma artesanal. “En los 80-90 empecé a trabajar los datos en el fútbol… Los apuntaba a mano: marcadores, tarjetas, sustituciones, etc. Se trataba de unas tablas rústicas”, recuerda Gil. Era un periodismo de datos todavía muy incipiente, con “errores” en las planillas: “Tenía una tabla de datos hecha por mí, que contenía errores”. En aquel entonces, el valor residía en trasladar a la crónica hechos objetivos (goles, faltas, tiempos de posesión) sin otra aspiración que respaldar con números la narración en sí.
Por otro lado, Gil sitúa los avances de los Mundiales de Brasil 2014, Rusia 2018 y Catar 2022 en un contexto editorial complejo: “El único valor que tiene el dato es el de poder interpretarlo periodísticamente”. El periodista subraya que, sin esa interpretación, “los datos tienen un problema con respecto al texto, son interesantes pero peligrosos”. Además, ha comentado que el auge de Internet le produjo una sensación de relegación en sus funciones como profesional, al ver cómo el volumen de estadísticas crecía sin filtro. “Con la irrupción de Internet empecé a sentirme en inferioridad”. Y critica la sobreexposición de cifras intrascendentes en retransmisiones que, a su juicio, se han convertido más en espectáculo que en periodismo: “Las transmisiones televisivas hacen entretenimiento, no periodismo. Ahora, se magnifican algunos datos que no tienen trascendencia. Existe una sobreexposición”.
En suma, el Mundial de fútbol ha pasado de ser narrado por un puñado de cronistas en los años 30, a congregar a ejércitos de periodistas y creadores de contenido en la actualidad, todos contando la gran historia global que representa cada Copa. Para Gil, el gran desafío actual es seleccionar qué métricas aportan realmente al relato de un Mundial, no solo en estadísticas de posesión o tiros a puerta, sino en variables que expliquen el devenir de un partido, y dotarlas de narrativa. Como demuestra el caso del sabermetrics en el béisbol o el uso de ProZone en la Premier League, el dato solo cobra sentido cuando se convierte en historia.
La Eurocopa: un torneo continental en expansión mediática
La Eurocopa (Campeonato Europeo de Naciones) nació en 1960 con un perfil modesto en comparación con el Mundial, pero su crecimiento ha ido de la mano de la ampliación de las comunicaciones en Europa. En su primera edición, en la que apenas cuatro selecciones disputaron la fase final en Francia, y algunas potencias como Inglaterra o Italia ni siquiera participaron, la cobertura mediática estuvo enfocada principalmente en la prensa escrita local y en transmisiones de radio dentro de los países involucrados.
Sin embargo, ya para la Euro de 1964, organizada y ganada por España, la televisión entró en escena: el dramático partido final en el Estadio Santiago Bernabéu, donde España venció a la URSS en plena dictadura franquista, fue televisado en directo en blanco y negro, y la imagen del gol de Marcelino Martínez de cabeza se volvió un icono deportivo nacional, aprovechado por el régimen para exaltar el orgullo patrio en los noticiarios. Ese ejemplo tempranero mostró cómo la Eurocopa podía servir también a narrativas políticas a través de los medios, presentando el triunfo deportivo como símbolo de unidad (Franco no dudó en aparecer celebrando la copa en el palco, imagen ampliamente difundida).
Con el tiempo, la Eurocopa se profesionalizó y amplió su alcance. La edición de 1980 en Italia fue la primera con fase de grupos y con sponsor oficial, acompañando una transmisión televisiva ya a color para toda Europa. Para 1988, el torneo, celebrado en Alemania Federal, brindó momentos que dieron la vuelta al mundo, como la famosa volea de Van Basten en la final, reproducida en telediarios y resúmenes deportivos de decenas de países. En 1996, aprovechando la infraestructura televisiva global posterior a Italia ’90 y USA ’94, la Eurocopa de Inglaterra contó con difusión en vivo incluso en mercados lejanos. Por ejemplo, cadenas de Asia y América Latina adquirieron derechos para satisfacer el interés por las estrellas europeas). El torneo se percibía ya como un mini-Mundial a nivel mediático.
El salto definitivo en audiencia llegó con la era digital. La Euro 2008 de Austria y Suiza ofreció streaming oficial de algunos partidos y cobertura en teléfonos móviles, innovaciones entonces incipientes. La Euro 2012 de Polonia y Ucrania generó más de 16 millones de publicaciones en redes sociales durante el mes de competición, reflejando a un continente, y buena parte del mundo, comentando en línea cada jugada. Y en la Euro 2016 de Francia, expandida a 24 equipos, la UEFA reportó una cifra acumulada de 2.000 millones de espectadores globales sintonizando el torneo, gracias a acuerdos con más de 130 cadenas. Cada partido atrajo en promedio 130 millones de televidentes en vivo, y la final entre Portugal y Francia fue seguida por cerca de 284 millones de personas minuto a minuto. Incluso fuera de Europa creció la atención: en países futboleros de Asia, los nuevos horarios fijados por UEFA permitieron emitir encuentros en prime time local, maximizando la audiencia potencial.
La Eurocopa 2020 (disputada en 2021 por la pandemia) supuso otro hito. Con sedes repartidas en 11 países y con cobertura adaptada a las restricciones de aforo, millones de hinchas vivieron los partidos desde casa, mientras las realizaciones televisivas añadían micrófonos de ambiente y planos cerrados para suplir la falta de público, logrando aún así una atmósfera emocionante para el espectador. Fue también la Euro más digital: con estadios a medio gas, los hinchas trasladaron su pasión a Twitter, Instagram y TikTok, convirtiendo celebraciones y reacciones en contenido viral.
Un ejemplo fue la final de la Eurocopa de 2024 entre España e Inglaterra, seguida en vivo por 13.587.000 millones de espectadores y que generó tendencias globales en redes en cuestión de segundos tras el decisivo gol de Mikel Oyarzabal. Así, la Eurocopa ha consolidado su propio espacio en el firmamento mediático. A día de hoy, es el evento deportivo más importante en años sin Mundial u Olimpiadas, y cada cuatro años confirma cómo un torneo continental puede resonar mundialmente gracias al altavoz de los medios modernos.
Los Juegos Olímpicos: la cita universal forjada por los medios
Si hay un evento deportivo que ejemplifica la evolución del periodismo de masas, ese es sin duda los Juegos Olímpicos. Desde su restauración en 1896, el olimpismo entendió la importancia de la difusión universal. Pierre de Coubertin, su impulsor, era consciente de que para que el mundo adoptara esta competición, debía saberse de ella. Por ello, invitó a periodistas internacionales a Atenas y promovió crónicas que despertaran la imaginación del público sobre los “nuevos” héroes olímpicos. Aquella estrategia funcionó. En palabras del Comité Olímpico Internacional, la Carta Olímpica recoge la misión de asegurar “la más amplia cobertura por los distintos medios y la mayor audiencia mundial posible para los Juegos Olímpicos”.
A lo largo del siglo XX, cada edición olímpica reflejó un salto mediático. En 1936, los Juegos de Berlín, instrumentalizados por el régimen nazi como vitrina propagandística, no solo contaron con las mencionadas transmisiones de TV en circuito cerrado, sino que dejaron quizás el primer documental deportivo de gran alcance: Olympia, de la cineasta Leni Riefenstahl. Esta fue una película innovadora en técnica que difundió globalmente (aunque al servicio de la propaganda) la estética del deporte. Aquel fue un temprano ejemplo del poder de las imágenes para construir narrativas en torno al deporte: la victoria de Jesse Owens desafiando la ideología nazi, capturada en celuloide, trascendió gracias al filme y a la prensa mundial, convirtiendo al atleta afroamericano en símbolo histórico.
Tras la Segunda Guerra Mundial, los Juegos entraron de lleno en la era de la televisión internacional. Tokio 1964 fue pionera en transmitir la inauguración y varias pruebas en vivo vía satélite a todo el planeta, presentando ante ojos asombrados imágenes de un Japón reconstruido y tecnológicamente avanzado. México 1968 añadió la novedad del color en las transmisiones y ofreció momentos de enorme carga simbólica que la prensa global amplificó: la imagen de los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos levantando el puño enguantado en negro contra el racismo, en pleno podio, dio la vuelta al mundo a través de periódicos y noticieros, generando un debate que trascendió lo deportivo.
De forma similar, los trágicos sucesos de Múnich 1972, cuando un grupo terrorista tomó rehenes del equipo israelí, se convirtieron en el primer acontecimiento noticioso de repercusión planetaria durante unos Juegos, con televisiones de numerosos países interrumpiendo su programación para cubrir en vivo el desenlace de la crisis. Aquello mostró que la audiencia global de los Juegos no solo compartía alegrías deportivas, sino también tragedias y asuntos políticos en tiempo real, consolidando la noción de los Olímpicos como un evento mediático total (con deporte, cultura, geopolítica y sociedad entremezclados).
El crecimiento de las retransmisiones tuvo también un efecto multiplicador: más cobertura significaba más visibilidad para los atletas y deportes antes desconocidos, lo que a su vez alimentaba el interés público. Durante los años 80 y 90, los Juegos Olímpicos se convirtieron en el producto estrella de las cadenas de televisión. Cada cuatro años (contando también los Juegos de Invierno, desde 1994 alternados cada dos años con los de Verano), las grandes cadenas preparaban despliegues sin precedentes.
La NBC estadounidense, por ejemplo, llegó a enviar equipos de miles de personas para cubrir todos los ángulos de unas Olimpiadas, mezclando deporte con perfiles humanos de los competidores en piezas grabadas que se emitían en sus prime time. Esta mezcla de competencia y storytelling resultó muy efectiva para enganchar audiencias masivas. Así, historias como la de Nadia Comăneci logrando el primer 10 perfecto en gimnasia en 1976, o la de Eric Moussambani nadando esforzadamente en Sídney 2000, fueron contadas y recontadas por todo tipo de medios, convirtiendo a los atletas en personajes familiares en todos los hogares.
Con la llegada del siglo XXI, la tendencia se ha acentuado. Los Juegos generan ahora una cantidad colosal de contenido multimedia. En Tokio 2020, como mencionamos, se produjeron 9.500 horas de imágenes, cubriendo simultáneamente más de 30 deportes. Las audiencias ya no dependen de una sola señal, pueden escoger entre múltiples streams, seguir marcadores en aplicaciones oficiales, o ver resúmenes bajo demanda.
La experiencia mediática olímpica es personalizada y a la carta, sin perder por ello la sensación de evento colectivo global que define a las Olimpiadas. Un dato ilustrativo es que más de 25.000 periodistas se acreditan para unos Juegos, entre prensa escrita, gráfica, radios, televisoras y medios digitales. Son legiones de informadores y técnicos trabajando para que prácticamente cada imagen y cada historia encuentre su público en alguna parte del mundo.
“Los Juegos Olímpicos tienen un gran reto en sostenibilidad” – María Josep Picó
Por otro lado, en un contexto en el que la sostenibilidad se ha convertido en una prioridad global, los grandes eventos deportivos enfrentan una creciente presión para reducir su impacto ambiental. Los Juegos Olímpicos, por su escala y repercusión internacional, encarnan tanto un desafío como una oportunidad. Para profundizar en esta dualidad, hablamos con una integrante de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental, María Josep Picó, quien subraya cómo este acontecimiento mundial, pese a su complejidad logística y ambiental, puede y debe servir como “escaparate de buenas prácticas en sostenibilidad”.
“Los Juegos Olímpicos, por ser un gran acontecimiento mundial, tienen un gran reto en sostenibilidad y una gran dificultad para ser sostenibles, porque implican un movimiento de personas excepcional. Pero también representan un gran faro mundial para mostrar la importancia de la sostenibilidad”, explica. Por ello, desde Tokio 2020, ya se han dado pasos en esa dirección, con iniciativas centradas en la compensación de la huella de carbono y el uso racional de los recursos.
Además, no solo se trata de reducir el impacto, sino de visibilizar el compromiso medioambiental ante una audiencia global. “Es fundamental que la organización dé espacio preferente para mostrar las iniciativas ambientales. Y eso ya sucedió en Tokio, que de alguna manera se mostró como unos Juegos Olímpicos que querían dejar un legado en sostenibilidad”, añade. De esta manera, los Juegos pueden dejar una herencia más allá del deporte, mostrando que el futuro pasa también por la salud del planeta.
Asimismo, Picó destaca el papel de los periodistas especializados en medioambiente para trasladar estos mensajes desde una perspectiva constructiva: “Los Juegos también sirven para mostrar que la sostenibilidad está en un marco positivo, de beneficio, de desarrollo optimista”. Así, el evento se convierte en una herramienta de concienciación, con narrativas ilusionantes que invitan a la ciudadanía a implicarse en la defensa del entorno natural.
Extracto de la declaración de María Josep Picó:
«Poder acreditarse para los Juegos es un proceso muy costoso» – Raúl Cosín
La gestión de las acreditaciones y el acceso a las distintas competiciones es uno de los primeros retos con los que se enfrentan los medios. En cada gran evento se conceden plazas limitadas, por lo que los medios pequeños deben justificar su presencia ante las organizaciones. Para ello hemos podido hablar con Raúl Cosín, fundador y director de Visibilitas.com, que señala que, a menudo, estas acreditaciones dependen del impacto estimado de la cobertura: “Poder acreditarse para los Juegos es un proceso muy costoso, hay que demostrar muchos méritos. La acreditación te da acceso a todos los deportes, aunque dependiendo del nivel de demanda de cada acontecimiento te puedes quedar fuera”. Estas palabras reflejan la mentalidad de autosuficiencia que hay que adoptar desde el primer momento, incluso en la preparación para conseguir plaza en los grandes eventos.
Las grandes competiciones también sirven de amplificador. Cosín reconoce que coincidir con unos Juegos puede beneficiar a cualquier medio emergente: “En los Juegos se monetiza todo. El escenario puede venir muy bien para el impulso de nuestra idea, pero en todo caso para contar lo que las deportistas hagan, que es la clave del asunto”. Aunque también indica que, ante un megaevento como son los Juegos Olímpicos, la labor periodística implica una compleja logística diaria: horarios de competiciones, planes de viaje de equipos, conexiones al minuto, y coordinación con el medio para envío de texto, fotos o vídeo. Los periodistas deben manejar planes de trabajo cambiantes y a menudo trabajar en turnos que abarcan prácticamente las 24 horas. “Es fundamental tener una buena agenda de las federaciones y los deportistas. Tienes que organizarte cada día para elegir la cobertura del acontecimiento que más te interesa. Tenemos que estar donde estén pasando las cosas. Hay que empaparse de los Juegos”.
Por otro lado, uno de los grandes desafíos que Cosín ha llevado a su terreno es la escasa visibilidad de los deportes practicados por mujeres. Subraya que no se debe asumir por defecto que el público no demanda deporte femenino: “No creo que el deporte femenino no venda, como a veces se apunta desde el desconocimiento, sino que hay que ofrecerlo efectivamente para que el lector lo consuma. Mi objetivo fue ser el medio que diera más contenido de deporte femenino. Y lo conseguí, como demostró el reconocimiento del Comité Olímpico Español (COE)”. El planteamiento de Visibilitas era ofrecer entrevistas, historias y análisis de las atletas como protagonistas principales: “Desde mi punto de vista, ellas son las protagonistas. No el periodista o el medio, sino ellas. Qué hacen, cómo lo hacen, en qué condiciones, cómo progresan, sus logros, sus caídas… Los medios sencillamente tenemos que contarlo verazmente”, explica.
El periodista ha insistido en que el deporte femenino necesita una mayor presencia informativa tanto en eventos multitudinarios como en la rutina competitiva, y reclama un seguimiento constante: “Es justo, necesario y responsable no cubrir solo unos Juegos, un Mundial o un Europeo del deporte que sea. Todo es necesario. Hay que plantearse que los Juegos son todos los días del año. Como decía Usain Bolt, me preparo durante cuatro años para correr 10 segundos”. Asimismo, mientras muchos medios se centran solo en las fases finales de torneos, su proyecto Visibilitas, no solo cubre las citas olímpicas o mundiales, sino todas las fases de ligas, copas y torneos femeninos para crear ese “ventanal informativo continuo”.
Según su experiencia, cubrir también las rondas previas y los torneos nacionales permite afrontar mejor las competiciones globales y ofrecer un reportaje más completo. Esta cobertura continua facilita que, cuando llegan los grandes eventos, los periodistas lleguen con materiales previos y contextos claros, haciendo más eficiente la logística informativa diaria. Para Cosín, su labor permite que no solo se hable de medallas, sino de todo lo que las deportistas hacen día a día, tanto en entrenamientos como en competiciones menores: “Somos muy injustos con el que no gana medalla. También tiene un mérito enorme el hecho de llegar a la fase final de unos Juegos”, concluye.
Impacto social y cultural del periodismo deportivo en megaeventos
La cobertura mediática intensiva de Eurocopas, Mundiales y Juegos Olímpicos no solo ha narrado resultados deportivos, sino que ha moldeado imaginarios colectivos, discurso público e identidades culturales. A través de los medios, estos eventos han sido catalizadores de sentimientos comunitarios, como el orgullo nacional, la unidad regional o incluso la solidaridad global. También han servido, en ocasiones, como herramienta de distracción o propaganda, bajo la lógica romana del “pan y circo”, aprovechada por distintos actores políticos.
Por el lado positivo, el periodismo deportivo en estos megaeventos alimenta a menudo narrativas de unión y celebración. Cuando España ganó el Mundial de 2010, la prensa española lo presentó como un momento de euforia nacional sin precedentes, con titulares que hablaban de “España, campeona del mundo” en portada de diarios generalistas, y retransmisiones en vivo de millones de personas celebrando en las calles. Algo similar ocurrió en Argentina 2022, donde la conquista del Mundial fue cubierta casi como asunto de Estado, con una caravana multitudinaria televisada de principio a fin, mostrando a un país entero volcado en festejos. Estas coberturas construyen la memoria colectiva. Décadas después, muchos recuerdan dónde vieron por TV aquel gol histórico o cómo la radio narró cierto triunfo agónico de su selección. Los medios convierten esas hazañas en mitos compartidos a nivel nacional e internacional.
Asimismo, la visibilidad mediática de los Juegos Olímpicos ha permitido difundir valores de diversidad y tolerancia. Por ejemplo, la imagen del equipo conjunto de atletas de Corea del Norte y Sur desfilando bajo una misma bandera en la inauguración de Sídney 2000 fue ampliamente difundida y celebrada en la prensa mundial como símbolo de paz posible. En Río 2016 y Tokio 2020, la presencia del Equipo Olímpico de Refugiados, un grupo de atletas sin nación representando a los desplazados del mundo, tuvo una cobertura muy positiva, presentando historias personales de resiliencia que conmovieron a la audiencia global. Estos enfoques muestran cómo los medios pueden resaltar el lado humano y social del deporte, generando empatía más allá de banderas.
No obstante, también existe un lado crítico. Regímenes autoritarios han utilizado estos eventos y su difusión para lavar su imagen (sportswashing). Los medios oficiales de la dictadura argentina en 1978 mostraban un país festivo organizando el Mundial, ocultando al mismo tiempo las violaciones a los derechos humanos. Muchos periódicos extranjeros, en cambio, hicieron reportajes denunciando la desaparición de personas incluso durante el torneo, evidenciando un choque narrativo. Igualmente, en la antesala de Beijing 2008 o de Sochi 2014, se abrió un debate en medios occidentales sobre la situación de las libertades en China y Rusia respectivamente, a medida que esas naciones usaban la grandilocuencia mediática de Olimpiadas y Mundiales para proyectar poder blando. Estos casos subrayan que el periodismo en torno a los megaeventos puede adoptar un tono crítico y político, introduciendo agendas incómodas en medio de la cobertura deportiva.
Otra influencia cultural de la cobertura es la construcción de héroes y villanos deportivos. Los medios deciden a quién elevar. Pelé, por ejemplo, se convirtió en “O Rei” en gran parte gracias a la televisión global del Mundial de 1970 y a los documentales y notas que ensalzaban su juego. De igual manera, figuras como Usain Bolt o Simone Biles trascendieron su disciplina porque las cámaras y periódicos las convirtieron en superestrellas reconocibles en cualquier rincón. En contraste, atletas que cometen errores garrafales o protagonizan polémicas a veces son etiquetados negativamente en los tabloides y noticiarios. Basta con pensar en cómo algunos medios europeos demonizan a jugadores que, por ejemplo, fallan penaltis decisivos, como el caso del inglés Gareth Southgate en 1996, provocando debates sobre racismo y fair play mediático. Este poder de la prensa para encumbrar o hundir reputaciones en cuestión de horas refleja su rol como juez social en el deporte mundial.
En definitiva, el periodismo de masas ha convertido estos eventos en reflejo y catalizador de la sociedad. Son espejos donde nos miramos porque vemos representada la identidad nacional en un equipo, discutimos cuestiones de género a partir de la cobertura de una atleta, o sacamos lecciones de esfuerzo y juego limpio de las historias que nos cuentan. Y a la vez, son catalizadores que pueden desatar emociones colectivas o debates cívicos porque un gol en una final puede generar una celebración unánime retratada hasta en la prensa más seria, un gesto de protesta de un deportista puede reactivar movimientos sociales si los medios lo amplifican, y un escándalo, como un caso de dopaje olímpico o de corrupción en FIFA, puede sacudir confianzas e impulsar reformas, en gran medida según cómo el periodismo exponga los hechos. Por todo ello, entender la relación entre eventos deportivos globales y periodismo es también entender una parte de cómo nos comunicamos y cohesionamos como sociedades modernas.
Referencias
1.- BBC News Mundo. (2014, 11 de junio). Brasil 1950: el «Maracanazo» que amargó a un país. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/06/140611_wc2014_brasil_1950_uruguay_obdulio_gl
2.- El Confidencial. (2016, 9 de junio). Cuando España ganó su primera Eurocopa en 1964. https://www.elconfidencial.com/deportes/futbol/eurocopa/2016-06-09/eurocopa-espana-1964-resumen-historia_1213059/
3.- El Periódico. (2020, 4 de julio). Así fue la celebración del Mundial de 2010 en las portadas de la prensa. https://www.elperiodico.com/es/futbol/20200704/portadas-triunfo-espana-mundial-2010-fotos-8026100
4.- FIFA. (s.f.). La RFA acaba con el sueño húngaro. https://www.fifa.com/es/tournaments/mens/worldcup/articles/republica-federal-alemania-hungria-1954-final
5.- FutbolRetro. (s.f.). El milagro de Berna. https://futbolretro.es/el-milagro-de-berna/#google_vignette
6.- RTVE. (2024, 4 de abril). La masacre de Múnich durante los Juegos Olímpicos de 1972. https://www.rtve.es/television/20240404/masacre-munich-durante-juegos-olimpicos-1972/16043356.shtml
7.- TNT Sports. (2024, 2 de abril). Nadia Comaneci y el 10 perfecto en Montreal 1976. https://tntsports.cl/polideportivo/Nadia-Comaneci-y-el-10-perfecto-en-Montreal-1976-20240402-0015.html
8.- AS. (2020, 27 de abril). Los deportistas que cambiaron la historia. https://as.com/masdeporte/2020/04/27/polideportivo/1587986470_958464.html
9.- Claro Sports. (2024, 13 de junio). El histórico desfile de las dos Coreas en la ceremonia de inauguración de Sídney 2000. https://www.clarosports.com/olimpicos/el-historico-desfile-de-las-dos-coreas-en-la-ceremonia-de-inauguracion-de-sydney-2000/
10.- Wikipedia. (s.f.). Equipo Olímpico de Atletas Refugiados. https://es.wikipedia.org/wiki/Equipo_Ol%C3%ADmpico_de_Atletas_Refugiados
11.- La Razón. (2024, 28 de julio). Dopaje olímpico: tan prohibido como dañino para la salud. https://www.larazon.es/salud/dopaje-olimpico-tan-prohibido-como-danino-salud_2024072866a59922c5d7cc00018f5311.html
12.- TUDN. (s.f.). Cronología del escándalo FIFA: meses de corrupción, sanciones e inhabilitaciones. https://www.tudn.com/futbol/fifa-mundial-de-clubes/cronologia-del-escandalo-fifa-meses-de-corrupcion-sanciones-e-inhabilitaciones
13.- Gibbs, S. (2014, 16 de junio). World Cup goalline technology: how does it work?. The Guardian. https://www.theguardian.com/technology/2014/jun/16/world-cup-goalline-technology-football-brazil-2014
14.- Gabilondo, A. (2018, 22 de enero). La IFAB avala el VAR en el Mundial: acierta en un 98,9%. AS USA. https://as.com/us/us/2018/01/22/futbol/1516647508_544466.html
15.- FIFA. (2022, 23 de septiembre). FIFA World Cup 2022™ players to access data insights through app. https://inside.fifa.com/innovation/media-releases/fifa-world-cup-2022-tm-players-to-access-data-insights-through-app
16.- DataJournalism.com. (2018, mayo). World Cup data journalism. https://datajournalism.com/read/newsletters/world-cup-data-journalism