Foodie: La moda que conquista los paladares en las redes sociales

Última actualización: 8 de septiembre de 2025, 11:26 (Europe/Madrid)

VALENCIA. 19/05/2025. 14:14 horas (CET).

Cada vez son más los que no se conforman con llenar el estómago. En la actualidad, los consumidores buscan experiencias completas, sabores únicos, platos visualmente atractivos y, sobre todo, historias que contar a través de las redes sociales. Lo que antes era un concepto poco conocido, ahora se ha convertido en una moda imparable que redefine nuestra manera de comer, compartir y disfrutar la gastronomía en el entorno digital.

Ser foodie es mucho más que disfrutar de la comida. Es una verdadera pasión por descubrir, experimentar y conectar con la gastronomía en todos sus aspectos. Según el Oxford English Dictionary, un foodie es “una persona con un interés particular en la comida; un gourmet”, aunque a veces se diferencia de este último por tener un interés más amplio en todos los aspectos relacionados con la obtención, preparación y disfrute de los alimentos. El término fue acuñado en 1984 por Paul Levy, Ann Barr y Mat Sloan en The Official Foodie Handbook, donde definieron al foodie como un entusiasta de la gastronomía alejado del elitismo tradicional.

El surgimiento del término reflejaba la necesidad cultural de acercar la gastronomía al público general y democratizar el disfrute de la comida más allá de chefs y críticos. El foodie, a diferencia del gourmet tradicional, no necesita conocimientos técnicos ni una gran inversión económica para disfrutar y valorar la cocina. Basta con curiosidad, gusto y la voluntad de compartir la experiencia. Por ello, se podría decir que la figura del foodie encarna una nueva forma de democratización culinaria donde cualquiera puede convertirse en prescriptor de tendencias, sin importar su formación ni su estatus social.

En el ámbito hispanohablante, la Real Academia Española reconoce foodie como un extranjerismo que no tiene una alternativa en castellano. Sin embargo, la Fundéu (Fundación del Español Urgente) considera utilizar el término comidista, especialmente para referirse a los aficionados a la gastronomía, aunque no sean expertos. Esta palabra se popularizó en la última década gracias al blog El Comidista, creado por el periodista de El País Mikel Iturriaga.

Cuando comer también es compartir

Este fenómeno ha encontrado en las redes sociales el terreno perfecto para florecer. Plataformas como Instagram, TikTok o Youtube han convertido la comida en un espectáculo visual, donde la estética del plato tiene tanta importancia como su sabor. Fotografías cuidadosamente iluminadas, vídeos de recetas rápidas y reseñas de restaurantes moldean hoy los hábitos de consumo y las decisiones gastronómicas. Así, la gastronomía ha dejado de ser solo una experiencia personal para transformarse en un fenómeno colectivo que se comparte, se comenta y se consume online. 

El papel de la imagen se ha intensificado hasta el punto de que muchos restaurantes diseñan sus platos pensando en cómo se verán en una foto. Aparecen términos como “Instagrammable food”, que define platos que priorizan colores llamativos, formas sorprendentes o texturas apetecibles para captar la atención en el universo digital. En algunos casos, los chefs confiesan que se han modificado ingredientes o el emplatado de recetas tradicionales para adaptarlas mejor al lenguaje visual de las redes sociales, dando lugar a una cocina que, además de sabrosa, debe ser fotogénica.

La estética presente en la presentación de un plato de sushi. Imagen propia

El poder de las redes en la gastronomía es innegable. Según un informe de HubSpot, el 70% de los consumidores descubren nuevos negocios a través de redes sociales, lo que refleja la importancia creciente de estas plataformas para el comercio. En el caso de la hostelería, un estudio de Hootsuite (2024) revela que el 60% de los usuarios de redes sociales han encontrado restaurantes a través de estas plataformas. Esto tiene sentido porque el 70% de los usuarios de Instagram buscan inspiración gastronómica, según Meta (2023). Además, Tik Tok ha demostrado su poder con el hashtag “#FoodTok”, que acumula más de 25 mil millones de visitas y 4,4 millones de publicaciones, demostrando el impacto de los vídeos cortos como promoción gastronómica. 

En este sentido, los creadores de contenido, también conocidos como influencers, desempeñan un papel clave en la proliferación de esta tendencia. Mediante sus publicaciones, son capaces de generar expectación, atraer audiencia y convertir un plato en viral en cuestión de horas. Su importancia e influencia en los consumidores la ratifica un estudio de Burchill (2024), que indica que el 63% de los consumidores están cada vez más dispuestos a adquirir productos recomendados por influencers en quienes confían, lo que subraya el poder de la recomendación digital en las decisiones de compra.

Alberto de Luna, abogado de profesión y divulgador gastronómico en redes sociales, considera que la crítica gastronómica tradicional está “pasada de rosca”. “Aunque muchos no lo quieran aceptar, estamos en un momento en el que el usuario, al elegir un restaurante, se guía por los vídeos: si le parece visualmente atractivo, va. Hoy en día, el cliente se informa siguiendo a perfiles de redes sociales en los que confía y mira qué han dicho sobre ese restaurante”.

Para él, las redes sociales han transformado la relación entre usuario y restaurante, imponiendo una nueva lógica basada en lo visual y lo inmediato: “El foodie actual te acerca más al restaurante usando fotos y vídeos, no tanto texto”. “Creo que estamos en una sociedad en la que la gente no quiere leer, así que el contenido tiene que ser más directo”, afirma Alberto. 

La relación entre los influencers gastronómicos y las marcas también ha evolucionado. Ya no se trata solo de publicitar productos, sino de construir narrativas en torno a ellos. Las colaboraciones más efectivas son aquellas que logran integrar el producto dentro de una historia personal o una experiencia única. Por ejemplo, grabar la visita a un restaurante como una cita romántica, un reencuentro con familiares o un viaje gastronómico por una ciudad, convierte el contenido en algo más que una recomendación. Este enfoque narrativo permite a los creadores conectar emocionalmente con sus seguidores y aumentar la credibilidad de sus mensajes.

Los nuevos protagonistas gastronómicos

Estos se convierten en intermediarios entre los negocios y sus clientes gracias a su capacidad para conectar con audiencias amplias, ya que el contenido que generan para las grandes plataformas, funciona como una gran herramienta de visibilidad para bares, restaurantes y productos gastronómicos. 

Jose Mora, influencer valenciano que cuenta con más de 29.000 seguidores en Instagram, nos cuenta que, en sus inicios, publicaba en las historias las fotos que tomaba de los lugares que visitaba. Fueron sus amigos quienes le animaron a trabajar más ese contenido y a apostar por formatos como los reels o los vídeos de TikTok. 

A la hora de elegir restaurantes, Jose se fija en aspectos como la carta, la zona en la que esté, o si el sitio le llama o no la atención. Asegura que solo recomienda lugares que realmente le gustan: “Si no me gusta, no lo subo. Por eso soy tan estricto en las colaboraciones. Si acepto una colaboración o invitación, ya tengo la obligación de subirlo. Entonces, meto mucho filtro a la hora de elegir”. 

Sobre la idea de que muchos creadores de contenido priorizan la estética del plato por encima del sabor, Jose reconoce que en su contenido intenta ser lo más natural posible: “Yo voy con el móvil, simplemente. No llevo ni luces ni nada extra. Obviamente le doy importancia a que se vea bien, porque cuanto mejor se vea, mejor para el espectador. Pero me refiero a la calidad de vídeo, no a la comida. Le puedes meter toda la luz que quieras, pero el sabor no va a cambiar”.

Este tipo de autenticidad es uno de los elementos más valorados por las audiencias actuales. En un ecosistema saturado de publicidad encubierta y promociones pagadas, los usuarios tienden a confiar más en creadores que muestran una opinión honesta, aunque implique señalar aspectos negativos. Además, los algoritmos de plataformas como TikTok o Instagram premian el contenido que genera más interacción real, como comentarios, compartidos o guardados, lo que incentiva a los influencers a mantener una línea editorial sincera y cercana.

Impacto en la experiencia gastronómica y en los negocios

La experiencia gastronómica se ha transformado en algo mucho más complejo que alimentar el paladar. Para muchos consumidores, comer fuera se ha convertido en una combinación de ocio, estética y descubrimiento social. Malena Giménez, Marc Valero y Marina Sánchez ejemplifican perfiles distintos, pero unidos por un mismo fenómeno: el impacto de las redes sociales en la forma de elegir y vivir la comida.

Malena confiesa que TikTok es su principal fuente de inspiración para descubrir nuevos restaurantes: “Prácticamente todos los planes que hago los encuentro en redes. Una buena presentación visual despierta mucho más interés”. Marc, sin embargo, prefiere Instagram y se guía por reseñas de usuarios anónimos más que por influencers: “No me dejo llevar por lo que paguen; confío más en la gente corriente”. Por su parte, Marina Sánchez aporta una visión más comedida. Reconoce que en ocasiones se ha dejado influir por lo que ve en redes, como cuando visitó un restaurante italiano tras verlo en TikTok, pero asegura que, en general, prefiere guiarse por recomendaciones de familiares o amigos: “No suelo ir a sitios solo porque los veo en redes, aunque alguna vez lo he hecho y no me he arrepentido”.

En cuanto a la frecuencia, Malena afirma que come fuera entre dos y tres veces por semana como parte de su rutina: “Es uno de mis planes favoritos”. Marc lo hace con menor frecuencia, dos o tres veces al mes, mientras que Marina lo convierte en un acto social: “Salgo a comer o cenar unas dos veces por semana, sobre todo para reunirme con alguien. Es una excusa para compartir tiempo más que por la comida en sí”.

A la hora de elegir restaurante, los tres coinciden en que el sabor sigue siendo fundamental, aunque cada uno lo combina con otros factores. Marc es tajante: “Si voy a un sitio, quiero que esté bueno”. Malena añade que la estética suma puntos, pero no sustituye el sabor. Marina, en cambio, admite que el ambiente y la decoración del local son claves para ella: “Me gusta sentirme cómoda. El trato, la luz, el espacio… todo influye. Y eso ha mejorado mucho con las redes sociales”.

La estética presente en otras culturas gastronómicas. Imagen propia

Este cambio en la forma de elegir restaurantes no es exclusivo de la generación más joven, aunque sí es más evidente entre los llamados millennials y la Generación Z. Ambos grupos han crecido en un entorno digital donde las decisiones de consumo están profundamente influenciadas por lo que ven en sus redes sociales. Esta tendencia ha dado lugar a nuevos modelos de negocio gastronómico, como los restaurantes “pop-up” o efímeros, que abren por tiempo limitado y se promocionan casi exclusivamente por Internet, apelando al deseo de exclusividad y novedad entre estos públicos.

En la era de las redes, el paladar ya no es el único juez en la mesa, todos coinciden, aunque con distintos matices. “Comemos mucho más por los ojos, y a veces se desperdicia comida por ello”, reflexiona Marc. Malena lo explica como parte de una tendencia: “Todo suma. Si hay sabor y estética, se multiplica la satisfacción y la fama del sitio”. Marina ofrece un ejemplo claro: “Voltereta es un lugar precioso, pero no se va solo por la comida. Se va por el ambiente, por la experiencia, por el postureo. Y eso dice mucho de cómo hemos cambiado como comensales”.

Este “postureo” no siempre tiene una connotación negativa. Para muchos comensales, el hecho de compartir la experiencia en redes forma parte del disfrute. Tomar fotos, grabar vídeos y subir stories es una manera de extender el momento, de revivirlo más tarde y de invitar a otros a formar parte de esa vivencia. La comida se convierte así en contenido cultural y social, en una forma de expresión personal que trasciende el mero acto de alimentarse.

Cocinar para el algoritmo

Pero no solo los consumidores están cambiando sus hábitos. También los hosteleros son cada vez más conscientes de cómo influyen las redes sociales en su negocio. Miguel Ángel Penalva, dueño del restaurante Marzal, un local familiar y acogedor de Valencia, reconoce que la imagen de los platos ha cobrado una gran relevancia. “Sin duda que sí. Tanto el diseño de cartas como la presentación de platos es muy importante en un restaurante. Se cuida mucho la presentación porque lo que entra por la vista es lo primero que nos llama la atención. Además, la gente hace fotos para luego subirlas a redes sociales”.

En línea con lo que destacan tanto los consumidores entrevistados como el propio Penalva, el divulgador gastronómico Alberto de Luna subraya también la importancia de la estética: “La presentación del plato influye, sí. Los restaurantes lo saben y preparan platos llenos de salsas, quesos e incluso donuts para que sean visualmente atractivos. Incluso en restaurantes de mayor nivel pueden diseñarse presentaciones más ‘instagrameables’, aunque el cocinero no siempre lo admita”, apunta. 

La novedad también se ha convertido en un valor añadido. Según Penalva, “el probar platos nuevos atrae mucho al público porque les encanta mostrar la novedad y poder alardear en redes de que son los primeros en degustarlos”. Una dinámica que alimenta la viralidad y convierte a cada cliente en un posible prescriptor.

Esta viralidad también tiene un efecto directo en el flujo de clientes. Muchos restaurantes reportan picos de asistencia tras ser mencionados por influencers o tras viralizarse un vídeo en TikTok. Algunos negocios incluso han visto cómo un solo reel les garantiza reservas completas durante semanas. Esta inmediatez, sin embargo, también conlleva la presión de mantener una imagen constante, responder rápidamente a la demanda creciente o adaptarse a modas cambiantes. De ahí que cada vez más restaurantes contratan a expertos en marketing digital o community managers para gestionar su presencia online de forma profesional y estratégica.

Por este motivo, las redes sociales se han convertido en una herramienta fundamental para muchos negocios de restauración. “Ayudan a acercar el producto al cliente final”, explica el propietario. En su caso, Marzal trabaja a diario con Facebook, Instagram y WhatsApp, canales que permiten mantener el contacto con sus clientes, anunciar menús, promociones y compartir imágenes apetitosas de sus platos.

No obstante, Penalva subraya que la estética no lo es todo. “Sin duda que se presta mucho interés a la imagen, pero el sabor es lo principal. No nos olvidemos de que tiene que haber un equilibrio entre un plato atractivo a la vista y que tenga un sabor buenísimo”. Una visión que pone el foco en lo esencial, dado que por mucho que un plato conquiste en una foto, si no convence al paladar, difícilmente logrará fidelizar.

Este equilibrio entre estética y sabor no solo preocupa a los consumidores o a los hosteleros sino también a quienes conectan ambos mundos, los creadores de contenido gastronómico. Marta Boukie, influencer con más de 400.000 seguidores en Instagram y medio millón en TikTok, comenzó su carrera por una casualidad que ilustra muy bien el tipo de oportunidades que ofrecen hoy las redes sociales. “Me presenté a un puesto de catadora de Domino’s Pizza, me cogieron y a partir de ahí empecé a subir vídeos”, cuenta.

Desde entonces ha convertido su afición por la comida en una profesión, combinando el entretenimiento con la recomendación gastronómica. En su opinión, la estética sigue siendo fundamental. “Ambas cosas son importantes, primero tiene que entrar por los ojos y luego tiene que estar bueno”, comenta con naturalidad. Este enfoque visual se alinea con lo que apuntaban tanto los consumidores entrevistados como Miguel Ángel Penalva.

En cuanto a cómo selecciona los restaurantes que muestra, Marta distingue entre colaboraciones y visitas espontáneas. “En los que pone publi, me contactan ellos. En los que no, pues lo que surja cuando voy por la calle, tampoco lo pienso mucho, luego digo mi opinión”, explica. Esta naturalidad refuerza la percepción de autenticidad que muchos usuarios buscan en los perfiles gastronómicos y conecta también con la desconfianza que mostraban algunos consumidores como Marc Valero respecto a las recomendaciones pagadas.

El debate sobre si comemos más por lo visual que por lo sensorial también ha llegado al contenido que ella misma produce. “Comer por disfrute, siempre. Yo me he pasado toda la vida comiendo sin hacer fotos, ahora lo hago porque es mi trabajo”, reflexiona. Su comentario refleja una disputa presente en todo este fenómeno, la diferencia entre disfrutar plenamente una experiencia gastronómica y vivirla principalmente para compartirla.

Retos y riesgos de la moda foodie

Estudios recientes advierten sobre el impacto negativo que pueden tener las redes sociales en los hábitos alimentarios, especialmente entre jóvenes. Una revisión sistemática publicada en Atención Primaria en 2023 concluye que el uso frecuente de plataformas centradas en la imagen se asocia con insatisfacción corporal, baja autoestima y un aumento del impulso hacia la delgadez en adolescentes y adultos jóvenes en España. Además, un estudio en la Región de Murcia señala que el uso intensivo de Instagram incrementa en un 20 % la probabilidad de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes.

Este fenómeno se entrelaza con la creciente popularidad del movimiento foodie, donde la comida no solo se disfruta, sino que también se consume como contenido visual para compartir en redes sociales. Sin embargo, esta obsesión por lo estético puede desvirtuar la relación saludable con la alimentación.

Frente a esta realidad, Sandra Moñino, dietista, nutricionista integrativa y divulgadora con cerca de 900 mil seguidores en Instagram, alerta sobre los riesgos de una alimentación enfocada solo en la estética digital, que puede alejar a las personas de una nutrición más consciente y saludable.

“Creo que la moda foodie en redes sociales está alejando a las personas de una alimentación más consciente y conectada con sus necesidades reales, al buscar solo la estética”, comenta Sandra. Explica que, aunque hay cuentas que ofrecen ideas y recetas saludables, otras promueven dietas muy estrictas y un enfoque excesivo en el físico, lo que puede fomentar trastornos alimentarios y una mala relación con la comida. “Nos alimentamos para estar sanos y a partir de la salud viene esa recompensa también a nivel físico, pero lo primero es encontrarnos bien”, añade.

Respecto a cómo elegir qué seguir en redes para mejorar la alimentación, Sandra recomienda “seguir a nutricionistas que estén actualizados y tengan experiencia clínica. Hay personas que dicen tener títulos pero no están realmente cualificadas”. Por eso aconseja no fiarse solo de las redes sociales y recurrir al menos una vez en la vida a un profesional que personalice la alimentación según las necesidades de cada persona, “porque cada cuerpo es un mundo y lo que le viene bien a unos no siempre le viene bien a otros”.

Erika Vieira, especialista en nutrición que desempeña su profesión en la Clínica WinFit, también resalta la importancia de contrastar la procedencia de la información nutricional que consumimos: “En primer lugar, lo que yo recomiendo es verificar la formación de ese influencer que promueve hábitos de alimentación o habla de nutrición. Por otro lado, su práctica clínica. Es decir, que sean profesionales que se dediquen a la atención de pacientes. El tercer aspecto que recomiendo es cribar el tipo de información que publican dichos perfiles. Y por último, que sea un contenido que no genere agobio o una pelea interna con uno mismo a causa de la alimentación, ya sea por la forma de comunicarlo o por los ejemplos que utiliza”. 

“Sin duda hay una tendencia a romantizar ciertos alimentos. Un ejemplo claro es la idealización de las grasas saturadas, como los productos cárnicos, especialmente bacon, mantequilla, o las carnes muy grasas, que se han viralizado a raíz de que algunos influencers han promocionado la dieta cetogénica. Sin embargo, han pasado por alto la evidencia científica que avala que el exceso de estos productos en la dieta aumenta el riesgo cardiovascular”, explica Erika. 

Ahora bien, también reconoce que este fenómeno ha despertado cierto interés por la nutrición: “Como nutricionista, veo aspectos positivos del fenómeno foodie en redes sociales, ya que ha motivado a mucha gente a interesarse por la alimentación saludable y a cambiar sus hábitos. Pero aunque nazca de una ‘buena intención’, no está conduciendo a la población a hacer cambios realmente beneficiosos para la salud. En el fondo genera una preocupación por el físico y pone de moda corrientes que satanizan alimentos y dañan la relación con la comida”, relata desde su experiencia Vieira. 

Un fenómeno en constante evolución

La experiencia gastronómica ha dejado de ser un acto íntimo y se ha transformado en una vivencia social, visual y, sobre todo, viral. El fenómeno foodie sigue en plena evolución, impulsado por las tendencias del entorno digital y las nuevas formas de consumo. De cara al futuro, cabe preguntarse si esta corriente logrará consolidar un equilibrio entre placer y salud, entre autenticidad o espectáculo, o si continuará adaptándose a los cambios tecnológicos y sociales que están por venir. El apetito por la comida en redes sigue en aumento, y en un mundo cada vez más globalizado, la gastronomía aún tiene mucho camino por recorrer.

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