En las pistas de la Universitat de València, en los jardines del Turia, en una clase de yoga al aire libre o en las gradas de un pabellón: Valencia respira deporte. La vida deportiva universitaria abarca un recorrido muy amplio y se ve conectada, asimismo, con el pulso de una ciudad que propone constantemente ideas e iniciativas para la movilidad de sus habitantes.
Valencia es plana, soleada y está llena de parques. No es casualidad que se haya convertido en un escenario natural para correr, pedalear o practicar yoga al aire libre. A cualquier hora del día, el antiguo cauce del río Turia se llena de runners, ciclistas y personas que entrenan en grupo o en solitario. A los pies del Palau de la Música, por ejemplo, se puede ver desde una clase de zumba hasta una persona meditando en su esterilla.






“La ciudad te facilita mucho el hecho de hacer deporte”, dice Marc, estudiante de ingeniería agrónoma y habitual del cauce. “Sales a correr y te cruzas con cientos de personas. La verdad es que te motiva”.
Es un lugar que invita a realizar estas actividades: con hasta 138 instalaciones deportivas municipales, reguladas por la Fundación Deportiva Municipal de Valencia. Cuenta con decenas de pistas al aire libre, gimnasios, centros deportivos y los más de 40 kilómetros de carriles bici que conectan el área metropolitana de Valencia.
En este contexto, las universidades valencianas no se quedan atrás. La Universitat de València (UV) y la Universitat Politècnica de València (UPV) ofrecen a su estudiantado un amplio abanico de opciones para practicar deporte: desde equipos federados hasta actividades dirigidas, salas de musculación o piscinas climatizadas.
Para muchas personas, las instalaciones deportivas del campus suponen mucho más que lugares para entrenar, significan espacios propicios para la socialización así como para el autocuidado de cada estudiante. Las universidades facilitan el acceso con precios reducidos, bonos y una mayoría de actividades gratuitas para quienes cursan algún grado.
Además, el deporte ayuda a crear comunidad, algo esencial para quienes vienen de fuera o se enfrentan por primera vez a la vida universitaria. “En los primeros meses de carrera, sobre todo, me vino muy bien para socializar y conectar con gente nueva”, confiesa Diego, estudiante de informática. Las posibilidades que ofrece la universidad, por otro lado, permiten al estudiantado conocer nuevas disciplinas: “Es un deporte que acabo de descubrir, totalmente nuevo, y lo estoy disfrutando mucho”, cuenta June, quien practica tiro con arco en la UV.
Muchos estudiantes combinan el deporte por su cuenta con clases dirigidas: yoga, pilates, zumba… Estas sesiones, muchas veces al aire libre, también forman parte de esta experiencia universitaria.
“Yo no hago deporte para competir con nadie, solo quiero moverme y tener mis momentos de desconexión”, explica Marta, de Educación social y habitual en las clases de pilates.
En el plano emocional, el ejercicio ayuda a reducir el estrés y la ansiedad. Un estudio que analiza datos de más de 1,2 millones de personas en EE. UU., publicado en The Lancet Psychiatry, revela que quienes hacen ejercicio con regularidad viven, de media, un 43% menos de días en los que experimentan problemas de salud mental al mes en comparación con quienes llevan una vida sedentaria.
Los datos de los campeonatos universitarios de los últimos años confirman esta tendencia al alza del deporte entre los estudiantes. Solo la UV y la UPV sumaron más de 77 medallas nacionales en los últimos dos años en campeonatos de España universitarios.
Las disciplinas más destacadas son atletismo, judo, lucha, karate o vela. Además, los equipos de fútbol sala, voleibol y baloncesto masculino y femenino han tenido una gran representación en torneos autonómicos y estatales. Por eso hemos seleccionado las competiciones de fútbol del Campeonato Esportiu Universitario (CEU), desde su primera edición en 2005 hasta la actualidad, para comprobar la competitividad en las distintas universidades.
La competitividad se ve reflejada en los cambios de posición continuamente, y la poca continuidad de ninguna universidad, lo que representa el nivel tan ajustado que hay en estas competiciones. Pero no todo el deporte juvenil se queda en el campus. Muchos estudiantes compaginan el uso de instalaciones universitarias con los espacios municipales o la propia calle.
En el barrio de Benimaclet, por ejemplo, el Pavelló Universitari convive con las canchas municipales y pistas de skate improvisadas. En la Malvarrosa, por otro lado, personas de todas las edades entrenan en gimnasios al aire libre con vistas al mar.
Asimismo, existen diferentes eventos para promover la actividad entre la ciudadanía, como es el maratón de València, el más popular de España según la Real Federación Española de Atletismo, o la infinidad de carreras populares que se celebran durante todo el año. También existen las peñas y los clubes ciclistas que realizan excursiones por distintas zonas cercanas a la ciudad.
Otra dimensión del deporte joven es la digital. Muchas personas siguen rutinas de entrenamiento con vídeos de TikTok o Instagram, o se motivan gracias a cuentas de influencers fitness.
“Cuando salgo a correr lo hago por zonas recomendadas por cuentas que sigo en Instagram”, cuenta Oriol, estudiante de Biología. “Si hago pesas, me gusta más entrenar solo, con música, y en ese sentido me vienen bien las rutinas que comparten en redes”.
Además, plataformas como Strava o Nike Training Club permiten registrar entrenamientos, compartir logros o competir virtualmente con amigos. El deporte ha pasado de un plano puramente físico a contar con un factor social y digital.
Aunque el acceso al deporte en Valencia es más fácil que en muchas ciudades europeas, todavía hay obstáculos. Uno de ellos es la participación desigual según género. En muchas disciplinas de equipo, las mujeres siguen siendo minoría. Por este motivo la UPV elaboró un informe llamado “Mujer y Deporte en la Comunidad Valenciana” en él se expone la necesidad de fomentar la inclusión de mujeres en el ámbito deportivo, porque a pesar de que con los años el porcentaje de mujeres que realizan deporte aumenta, sigue siendo muy desequilibrada en comparación a los hombres. Una de las causas que señala el informe, es que las mujeres empiezan a realizar deporte 4 años más tarde (15,87), que los hombres (11,44).
“En mi equipo de voley éramos cuatro chicas al principio. Costó mucho formar el grupo que somos ahora”, comenta Alba, estudiante de Historia.
Todas estas actividades deportivas tienen un efecto no solo físico, si no también mental. Ester Martínez, licenciada en Psicología, y especializada en adicciones nos explica: “Dentro de mi ámbito es muy común que personas con distintas adicciones usen como refugio el deporte, a nivel biológico les da la dopamina y las hormonas que necesitan cubrir al dejar su adicción.” Ester nos comenta que es una de las primeras recomendaciones que hace en sus consultas. “Ya fuera de mi especialidad, el mundo del deporte permite desarrollar habilidades muy importantes, de solidaridad, compañerismo, respeto y trabajo en equipo. Además, el sentimiento de pertenencia a un grupo es realmente muy importante, aunque sea un tópico dentro de la psicología.”
También hay desafíos en cuanto a diversidad corporal, funcional y económica. Si bien las universidades y el Ayuntamiento ofrecen opciones gratuitas o subvencionadas, algunos entrenamientos, materiales o desplazamientos siguen siendo inaccesibles para parte del estudiantado.
Y, por último, la poca visibilidad de la comunidad LGTBI+ en entornos deportivos sigue siendo un tema pendiente. Existen iniciativas como los grupos Dracs o Samarucs, que promueven la visibilidad del colectivo en el deporte y organizan diferentes actividades en este sentido, pero falta cierta continuidad.
La mayoría de la comunidad universitaria no busca ser atleta profesional. Lo que mueve a la gente es el bienestar y la desconexión. Y en este sentido el deporte puede juegar un papel esencial. Según un estudio liderado por la investigadora Amika Singh, los estudiantes físicamente activos tienden a concentrarse mejor y obtener mejores resultados académicos.
“Después de estudiar tantas horas seguidas, salir a correr por el río me libera”, dice Oriol, estudiante de Biología. “No soy runner, salgo de vez en cuando, pero me gusta sentirme activo”.
El deporte universitario y el deporte urbano van de la mano. Desde una clase de zumba en una plaza hasta los torneos federados, regionales y nacionales, el movimiento forma parte de la identidad joven valenciana.
La ciudad invita a moverse. Ya sea por la universidad, por salud o por desconectar del estrés diario, el deporte está muy presente en las calles. Con instalaciones de todo tipo y accesibles a todos los públicos, como el pabellón del campus o el carril bici que recorre la ciudad prácticamente en su totalidad, o propuestas como las clases gratuitas al aire libre, València lo pone fácil.
“No se trata de ser deportista profesional”, concluye Óscar, alumno de Biología. “Es cuestión de cuidarse a uno mismo y hacer algo por ti”.
El deporte en Valencia es algo asociado a la vida diaría, e indispensable para una gran parte de la ciudad. Es fundamental, que instituciones públicas elaboren campañas y proyectos que fomenten la actividad física. Porque como dice Óscar, es un hábito fundamental para la salud, aunque no tengas espectativas profesionales o amateurs.