VALENCIA – 12/05/2025, 16:08 (CEST) Las redes sociales, lideradas por plataformas como TikTok, han trastocado los cimientos de la industria musical. En este nuevo escenario, las artistas femeninas emergentes se enfrentan a una doble exigencia: destacar en un mar de contenido y desafiar estructuras aún dominadas por los estereotipos.
Basta con deslizar el dedo unos segundos por la pantalla para entender que ahora la música ya no se escucha sino que también se ve, se baila, se comparte y se mide en likes. El universo digital ha alterado profundamente la forma en la que se crea y consume música. Pero esta revolución, que abre puertas inéditas, también impone exigencias sin precedentes. Las artistas femeninas emergentes deben hacer “buena” música y, además, también jugar −y muchas veces sobrevivir− en el complejo tablero de las redes sociales. ¿Qué implica hoy emerger como cantante en este mundo de viralización y algoritmos, donde la desconexión digital es una opción imposible e inviable?

El algoritmo manda, el talento resiste
Desde hace años, la industria musical está cambiando, pero la irrupción de TikTok ha acelerado a velocidad de vértigo esta transformación. Según el informe conjunto de TikTok y Luminate de 2023, el 62% de los usuarios de esta red social en los Estados Unidos pagaron por la música en el servicio de streaming. No solo eso: el 38% asistió a un evento de música en directo, el 45% compró productos de artistas en 2023 y el 46 % escuchó activamente música no anglosajona, lo que subraya el papel de la plataforma como embajadora internacional de la música. En este sentido, según el informe, los usuarios de Tik Tok del Reino Unido tuvieron un 77% más de probabilidades de encontrar acceso a artistas de todo el mundo.
Para los artistas emergentes, esto supone una oportunidad de oro sin precedentes. Por primera vez, no hace falta tener un contrato discográfico multimillonario ni sonar en las cadenas de radio principales para alcanzar un público masivo. Basta un buen vídeo, un sonido pegadizo y el favor del algoritmo. No obstante, este nuevo panorama también impone una nueva lógica: el contenido y su presentación vale tanto o más que la música.
Tal y como afirma el análisis de Alejandro Alonso del Impacto de las redes sociales en la promoción de artistas musicales urbanos (Universidad de Valladolid, curso 2023-2024), la “influencia” de los “medios de comunicación tradicionales” ha ido disminuyendo paulatinamente frente “al ascenso de las redes sociales como principal medio de difusión y promoción”. Además, incide en que actualmente “TikTok es una plataforma de utilidad para los músicos” en la que los artistas pueden “compartir sus propias canciones” en la red social y “la audiencia puede crear trends virales para dar a conocerlas”.
“Las redes sociales han supuesto un gran cambio para el marketing musical y la industria, provocando un proceso de democratización de esta, ya que han dado más poder a la audiencia”. Así explica Álvarez, en su Análisis de la influencia de TikTok en la promoción, distribución y consumo musical (2022), el giro que ha dado el panorama musical en la era digital. Hoy, los oyentes consumen, difunden, recomiendan y hasta dictan tendencias. La relación entre artistas y público se ha estrechado gracias a una interacción directa y constante, por lo que cada usuario puede viralizar canciones y convertirse, incluso, en un artista emergente.
Por eso, las nuevas generaciones de artistas, además de componer e interpretar, también deben crear mucha “viralizable”, imaginar retos en las redes sociales, interactuar con la audiencia y comprender el funcionamiento de su algoritmo. Así, este nuevo panorama también impone una presión que todos los artistas no pueden −y, a veces, ni quieren− asumir, lo que conlleva generalmente problemas de salud mental y sentimientos de improductividad cuando sus contenidos no alcanzan el impacto esperado.
¿Qué implican las redes sociales para ellas?
En esta nueva era musical, donde el “para ti” decide más que una sala de conciertos, muchas artistas se sienten atrapadas. Gynebra, cantante y compositora valenciana, expresa que la gestión de las redes sociales puede llegar a convertirse en una “montaña rusa” emocional. En su entrevista para Acontece, Gynebra habla sobre la frustración que siente a veces al ver que no llega a «conectar» con la gente a través de sus redes sociales.
Desde los 8 años está ligada al arte: lanzó en 2023 su primer álbum 8 PEKADOS, fue candidata a los Premios Goya por su canción Juntos en el documental Dolor impune, fundó la asociación KUKI para ayudar a niños enfermos o en riesgo de exclusión social y versionó en 2024, junto a más artistas valencianos y Cerveza Turia, la canción Lodo de Xoel López tras la DANA de Valencia. Pero ni siquiera esta amalgama de experiencias musicales hace que se libre de la presión que les ejerce el mundo digital a los artistas.
La experiencia de Gynebra no es única. Según la investigación de Ana Gómez de Castro, Panorama actual de la salud mental de las personas que trabajan en la industria de la música en directo (Universidad Rey Juan Carlos, Madrid, 2023), una de las razones de los problemas de salud mental en los actuales artistas es “la continua exposición en las redes sociales, donde solo se muestra la supuesta cara amable de cada uno de ellos y donde la “sexualización” y el peso de la imagen corporal es muy exigente”. Además, a todo esto, se suma el “elevado número de horas de trabajo”, los “numerosos viajes realizados” y la “alimentación escasa y no saludable en ocasiones”. Para comprender esta segunda cara de las redes sociales, la psicóloga Szerena Majoros explica que el uso de esta nueva herramienta debe basarse en el “autocuidado”.
De hecho, en este contexto, el fenómeno de la viralidad puede llegar a ser adictivo ya que cuando una canción triunfa entre el público la recompensa es inmediata. Según explica Alejandro Alonso, el mundo de las “redes sociales” facilita “la viralidad de contenidos”, un fenómeno que ha provocado “el éxito de artistas, como Iñigo Quintero o Lil Nas X”. De esta manera, Aisha Myranda, cantante, actriz de teatro musical, modelo y bailarina, ahonda en esa dinámica digital de publicar constantemente contenido para alcanzar lo viral.



Sin embargo, cuando una canción no triunfa como se esperaba, el castigo mental en el artista es demasiado cruel. Ante esta situación, los integrantes de la industria musical deben aprender a adaptarse, ya que estas dinámicas digitales han venido para quedarse. La misma Gynebra comenta en la entrevista como no hay ninguna respuesta correcta ni ningún libro o carrera que cuente el secreto para poder crecer o conseguir conectar con la gente, sino que trata más de ser una misma.
Ser mujer y artista: un doble desafío
Para las artistas emergentes la lucha no es solo contra los algoritmos. También lo es contra el machismo. Después de tantos años dedicándose a la música, Gynebra cuenta que el hecho de ser una mujer joven en este mundo musical y digital es “complicado” y resulta un “reto”, ya que es común escuchar más “peros”. No obstante, la cantante valenciana está orgullosa de estar rodeada de “mujeres fuertes” que “luchan en la industria” y observa en el presente “el inicio de un cambio”. “Para mí es súper bonito que entre nosotras nos apoyemos, es súper bonito ver que estamos asegurando pasos de mujeres que vienen detrás y que dudan”, argumenta Gynebra.
A pesar de que la cantante valenciana observe indicios de un cambio social en la industria de la música, la realidad es que a las mujeres todavía les queda un largo camino por recorrer. Según el estudio de USC Annenberg en colaboración con Spotify, Inclusion In The Recording Studio? Gender And Race/Ethnicity of Artists, Songwriters And Producers across 1.3000 Popular Songs (2025), las mujeres están logrando hacerse un hueco en la industria musical. Sin embargo, todavía tienen muchos espacios pendientes de conquistar. Tras examinar 1.300 canciones populares de 2012 a 2024, el número total de artistas identificados es de 2.429, de los que se ha extraído la diferencia de una mujer cada 3,2 hombres cantantes. Asimismo, de 1.000 canciones seleccionadas, la diferencia de productoras femeninas es de una cada 27,3 productores masculinos. Por no hablar de los tintes racistas de este machismo, ya que 21 de los 2.209 créditos de producción de estos años fueron para las mujeres racializadas.
Asimismo, tal y como afirma el estudio de USC Annenberg, menos de 1% de las 1.300 canciones populares analizadas han sido escritas únicamente por mujeres. Esta cifra refleja una desigualdad persistente que va más allá de la autoría musical. Mientras los artistas masculinos disfrutan de una mayor libertad estética y expresiva, a las mujeres se les exige sensualidad, estilo, perfección vocal y habilidades coreográficas. Actualmente la artista “perfecta” debe ser cantante, bailarina, modelo y estratega digital. Sin embargo, a pesar de que el polifacetismo y la competitividad están bastante arraigadas en la industria contemporánea, cantantes como Gynebra recuerdan la importancia de crear espacios propios y colaborar con otras mujeres para fomentar la sororidad.
¿Se puede ser fiel a una misma y triunfar?
Siguiendo la dinámica actual de la música dominada por las redes sociales, muchas artistas se ven empujadas a construir una imagen estratégica, ajustada a lo viralizable −a lo que vende−, en lugar de reflejar su verdadero yo. Ante este contexto, surge una pregunta inevitable: ¿una cantante puede ser fiel a sí misma sin sacrificar oportunidades laborales? La respuesta no es tan clara, ya que, generalmente, la presión por acumular fama y seguidores puede llevar a las artistas a la autocensura.
Para la actriz de teatro musical, creadora audiovisual y directora creativa para artistas, Inés Mena, el hecho de tener “redes sociales orientadas a lo artístico” obliga sobre todo a las mujeres a “maquillar” sus opiniones sobre algunos temas. La mayoría de las artistas emergentes temen expresarse con libertad por el riesgo que supondría perder seguidores o visibilidad en este mundo digital. Por ello, Inés cree que la figura de la artista no debe centrarse solo en hacer arte, debe ir más allá. Esta debe llevar implícita una faceta para “incentivar el cambio” a través de sus reivindicaciones sociales y políticas, ya que, según Mena, sino no puedes ser “artista”.





Del escenario al algoritmo
La revolución digital ha transformado la industria musical en un mundo dominado por la inmediatez, la globalización y la interacción. Nunca ha sido tan sencillo publicar una canción o conectar con la audiencia, pero tampoco nunca ha sido tan complicado mantenerse firme en unas redes sociales basadas en los algoritmos y las tendencias. La música ha dejado de ser solo arte para convertirse también en contenido, el escaparate que se muestra digitalmente junto a las canciones. Hoy, la música ya no solo se escucha, sino que también se comparte, se comenta y se hace viral. Este fenómeno lo podemos observar al hacer introspección en la evolución digital de la música y así ver como esto ha afectado a las artistas emergentes del mundo.
Para las artistas emergentes y personalidades de la música, como Gynebra, Inés y Aisha, este escenario supone tanto un desafío como una oportunidad. La era digital ha cambiado la industria musical y ha arraigado dinámicas discriminatorias con las mujeres que cabe cuestionar para conseguir la verdadera igualdad de oportunidades. En este nuevo contexto, está claro que aquellas que pretendan crear música deberán aprender a surfear la ola de las redes sociales sin perder su objetivo profesional y, sobre todo, sin perderse a sí mismas.
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