La pasión y vida fallera

Última actualización: 23 de abril de 2024, 13:59 (Europe/Madrid)

La noche del 19 de marzo siempre marca el principio y el final de las Fallas, la festividad valenciana donde la ciudad se llena de pólvora y música, de color y alegría, de falleras y monumentos. Las Fallas son emoción y dolor repartidos a lo largo de un año, pese a que sea en marzo cuando parece que todo sucede. Cientos de actos donde todos trabajan para las falleras mayores, las protagonistas de la fiesta. Una falla no se entiende sin su directiva, encabezada por su presidente y comandada por sus vicepresidentes y tesoreros. ¿Las Fallas comienzan con La Crida -pregón de la fiesta, convocada el último domingo de febrero- o el 20 de marzo? Es un debate latente entre los falleros debido a que la festividad reúne muchos actos a lo largo del año antes de entrar en marzo. 

Fue en 1538, 300 años después de la entrada de Jaume I en el reino, cuando se quemó la primera falla. Tradición que seguirá perdurando hasta hoy. Antaño, los carpinteros quemaban las maderas sobrantes que elevaban sus candiles, parots, porque ya no iban a ser necesarias tras la llegada de la primavera. Se hacía el día de San José, patrón de la ciudad y del gremio carpinteril. En la actualidad, hay 384 comisiones falleras en la ciudad de Valencia y pueblos adyacentes, según el censo de Junta Central Fallera. Las falleras mayores nunca van solas. Son doce las elegidas para acompañar durante todo el año fallero a la Fallera Mayor de Valencia, conocidas como la Corte de Honor. Una fiesta que no se entiende sin las masas. Una festividad del pueblo. 

Alejandro Sierra, fallero de toda la vida, de 20 años, de tradición familiar. “Las Fallas me vienen de familia: mi padre ha sido fallero desde pequeño y yo estaba apuntado también con mis tíos y abuela”, relata Alejandro. Las Fallas no son solo de los valencianos, sino que los falleros son aquellos que sienten la festividad. “No veo ningún problema a que los extranjeros sean falleros y a que pueda haber mascletàs en otros lados del país”, sigue.

El turismo y el sentimiento fallero no están reñidos, es decir, no hay problema, según Alejandro, a que pueda haber actos falleros en otras ciudades siempre y cuando no se pierdan los valencianos, donde son las Fallas verdaderas. En París, en 2024, se quemó por primera vez en la historia un monumento; además, también ha habido falleras mayores en la ciudad del glamour. Manuela y Mar han sido las representantes de la Casa Regional Valenciana en la capital francesa, fundada en 1947. 

“Un año fallero empieza el 20 de marzo”. Son 365 días repletos de actos. La Falla Túria-Plaça de la Ajuntament, falla de Alejandro, es una falla pequeña, de menos de 150 falleros. “Una falla pequeña tiene que ser llevada por un grupo”. El presidente es quien pone la cara y la directiva, su equipo, quien le respalda. Se necesita un gran equipo humano detrás, cuenta. Aunque se quiere que las Fallas adopten una dimensión más global, también puede conllevar problemas: “lo único que no me gusta de las Fallas es que haya gente extranjera que no se quiera adaptar a lo nuestro”.

Este año, en que las Fallas están muy cerca de la Semana Santa, se esperan 2 millones de visitantes en Valencia. La festividad fallera solo la pueden comprender los falleros. Ante multitud de críticas sobre el coste económico del ser fallero, Alejandro nos cuenta que “esto viene de tradición y de familia”, tanto que al protagonista le encantaría ser presidente de la falla con su hermana. 

Un día de la semana fallera en Valencia “es algo que todo el mundo tiene que vivir”. La ciudad se tiñe de color. A las 14:00 horas hay mascletà y por la noche, castillo. Aluvión de personas en los barrios valencianos visitando los monumentos falleros. Fiesta por la noche y despertà por la mañana. Buñuelos al despertar y churros a la sobremesa. Pólvora y pirotecnia. 

Sería absurdo hablar de las Fallas sin destacar a los pirotécnicos, aquellos valientes que se quedan en la Plaza del Ayuntamiento, solos, ante la mirada de miles de valencianos. Todos los días de marzo, desde el 1 al 19, hay un protagonista. Luis Brunchú es uno de ellos, pirotécnico de raza que aún hace perdurar su apellido. Ha quemado en medio mundo (Canadá, Estados Unidos o Brasil), desde los 12 años hasta los 50 que tiene hoy día, y no es optimista con su gremio. El pirotécnico de Zaragozana marca la pandemia del COVID como punto clave en que la profesión -una vez más- se volvió a debilitar. También, tal y como declara Brunchú para Valencia Plaza: “la pirotecnia valenciana está perdiendo su esencia”. Las Fallas serán lo que los valencianos quieran que sean. 

Tampoco se entenderían las Fallas sin los artistas, aquellos que trabajan a lo largo del año para crear sus monumentos. Un oficio sacrificado en el que no se para ni en la semana fallera. José Beitia, artista de la Falla L’Antiga de Campanar, campeona en Sección Especial en 2024, declaró a Cadena SER que, cuando se enteraron de que habían hecho la mejor falla de Valencia, estaban trabajando en Alzira. Un trabajo donde no hay seguridad y reina la precariedad. Cientos de artistas tienen que buscarse la vida para cerrar contratos con diferentes fallas.

La mascletà momentos antes de las 14:00 – Fuente: ABC

En 2021 durante el COVID, las Fallas se celebraron en septiembre de 2021, lo que favoreció a los artistas ante las previsiones de no realizarse. Muchos de ellos pudieron sobrevivir económicamente gracias a que se quemaron las fallas. El año anterior el varapalo fue terrible. La pandemia del COVID obligó a que las Fallas se interrumpieran en 2020, 80 años después de la última vez que se suspendieron a causa de la Guerra Civil española. En el siglo XIX también llegaron a suspenderse dos años, pero entonces la festividad no tenía ni el impacto social ni económico que tiene en la actualidad.

Las Fallas son el centro de atención de las celebraciones, pero los artistas falleros desempeñan un papel fundamental en mantener viva esta tradición histórica. Su creatividad y dedicación contribuyen a la belleza y el significado cultural de las Fallas. Los monumentos falleros no solo son ninots perfectamente esculpidos, sino que cada detalle ayuda a mandar un mensaje que cale en la sociedad. Las Fallas buscan llegar a la sociedad. El gremio del artista fallero, al igual que el pirotécnico, está en horas bajas. 

Durante muchos años se ha hecho hincapié en que la fiesta fallera sobrevive por el espíritu fallero que rezuma Valencia, es decir, los valencianos hacen que la fiesta perdure. ¿Qué sería la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados sin los valencianos? ¿Y el 19 de marzo? Ahí reside el motor de la sociedad fallera. Para los falleros, la festividad significa mucho más que una fiesta. Ser partícipe de las Fallas implica un compromiso profundo con la preservación de la tradición y el orgullo valenciano. Los falleros se sienten parte de una gran familia que está conectada, unidos por su amor hacia esta festividad única. Y nunca hay que olvidar que las Fallas no se llevan a cabo de manera individual, sino que el sentimiento gregario es seña de identidad fallera.

La categoría reina de las Fallas

En la ciudad de Valencia debido al gran número de fallas se distinguen diferentes secciones. Cada falla compite contra las de su sección para consagrarse como la mejor. De las secciones existentes, la más relevante es la Sección Especial, que aglutina a las fallas más prestigiosas y más bonitas. Estas fallas son: Falla Convento Jerusalén – Matemático Marzal, Falla de El Pilar, Falla Cuba Literato Azorín, Falla Sueca Literato Azorín, Falla Reino de Valencia – Duque de Calabria, Falla Almirante Cadarso – Conde Altea, Falla Exposición-Micer Mascó, Falla L’ Antiga de Campanar y Falla Na Jordana.

La historia de la Sección Especial de las Fallas de Valencia se remonta al año 1942, un hito en estas festividades tan emblemáticas. En aquel año, se presenció el primer enfrentamiento en la máxima categoría, con la destacada victoria de la falla Barcas-P. Genís, dejando una huella imborrable en la memoria de los presentes en aquel evento histórico. Desde entonces, 81 fallas han alcanzado la gloria en esta sección tan prestigiosa. 

Entre las fallas que han dejado su marca en la Sección Especial, destaca Convento de Jerusalén, que lidera con un total de 17 primeros premios. Seguida de cerca por Falla Plaza del Pilar, que cuenta con 16 victorias en su haber. Na Jordana y el Mercat Central cierran el podio de la excelencia, con 12 victorias cada una. Un aspecto interesante es la evolución y los cambios que han experimentado algunas de estas comisiones a lo largo de los años. Por ejemplo, Na Jordana solía plantarse en una «plaza» histórica que ahora lleva el nombre de Pere Borrego Galindo, un detalle que refleja la transformación urbana y cultural de la ciudad a lo largo del tiempo. 

Por otro lado, el Pilar hizo su debut en la categoría en 1959 y desde entonces ha mantenido una presencia destacada y constante en el escenario fallero. Mención aparte merece la comisión de la Falla Almirante Cadarso – Conde Altea, que ha batido récords con la cantidad de fallas plantadas por un solo artista para una misma comisión, un logro impresionante que destaca la colaboración en el mundo fallero. Finalmente. Es reseñable el retorno de Regne de València – Císcar a la Sección Especial en 2000, después de una breve aparición décadas antes, así como el merecido primer premio obtenido por Cuba Literato Azorín en 2016, después de décadas de esfuerzo y participación en las fiestas falleras. Estos ejemplos son testimonio del dinamismo, la pasión y la dedicación que caracterizan a las fallas de Valencia y a todas las personas que forman parte de esta tradición centenaria.

Las comisiones falleras deciden cuánto dinero invertir para los monumentos de sus Fallas. En cuanto a los presupuestos económicos de las Fallas celebradas en 2024, la Falla Convento de Jerusalén encabeza la lista con 245.000 €, seguida por la Exposición Micer Mascó, que el año pasado ganó el primer premio con un presupuesto de 182.000 €. Cerrando el podio, está la Falla Plaza del Pilar con un presupuesto de 175.000 €. Luego, hay un empate en el cuarto lugar, con un presupuesto de 170.000 €, entre l’Antiga de Campanar y Na Jordana. En sexto lugar, está Almirante Cadarso – Conde Altea, que invierte 160.000 € , seguida en séptimo lugar por Sueca-Literato Azorín con un presupuesto de 156.000 €. En octavo lugar, está Cuba – Literato Azorín, con un presupuesto de 150.000 €. La Falla Reino de Valencia – Duque de Calabria se sitúa en último lugar con un presupuesto de apenas 96.000 €.

Las 384 comisiones falleras que hay en la ciudad de Valencia y municipios adyacentes han invertido un total de 8,87 millones de euros en la elaboración de sus monumentos. De dicha cantidad, cerca de 2,4 millones se destinaron específicamente a la construcción de las fallas infantiles, mientras que algo más de 6,6 millones se asignaron a las fallas grandes. Es importante destacar que únicamente los ninots indultados por votación popular y aquellos que el Gremio de Artistas decida rescatar son eximidos del fuego. Son cifras superiores a los años anteriores, lo que se entiende como la recuperación que está habiendo desde 2020, cuando la pandemia del COVID azotó virulentamente al mundo fallero.

La visión del turista

El impacto en la ciudad de Valencia

El turismo propio de las Fallas además de ser masificado genera una gran cantidad de residuos en la ciudad. Por ello, el impacto económico generado por Las Fallas en Valencia es extraordinario, del mismo modo que la cantidad de basura que se recoge durante los 19 días de fiesta es inmensa. Así pues, el impacto de este turismo en la ciudad se puede diferenciar en los ingresos que genera y los costes de limpieza que supone.

En el 2024, más de un millón de personas estuvieron en las calles de la  ciudad de Valencia según un estudio impulsado por el Ayuntamiento de Valencia y la Universitat de Valencia. De todos ellos, un millón eran residentes de la propia ciudad o visitantes regionales, sumados a los 200 mil turistas nacionales y 150 mil internacionales que abarrotaron las calles de Valencia durante las Fallas. Entre todos ellos gastaron un total de 268,9 millones de euros.

Las Fallas de Valencia generan un impacto en la economía de 732 millones de euros, 180 millones en la renta y suponen 6.500 puestos de trabajo. Solo el impacto económico de las Fallas en la ciudad de Valencia supone el 0,29% del PIB de la provincia de Valencia y el 0,14% de la Comunitat Valenciana. Respecto al empleo, representa el 0,53% a nivel provincial y el 0,28% a nivel autonómico. Por cada millón de euros invertido por las administraciones públicas genera 430 empleos, 49 millones de euros en ventas y 12 millones de euros de PIB. 

El estudio ha analizado el gasto de falleros, comisiones, agrupaciones,  visitantes, residentes, empresas y administraciones públicas, alcanzando una cifra de gasto cercana a los 400 millones de euros. El 68% del gasto lo hacen los visitantes y residentes, mientras que el 18% corre a cargo de los falleros.  Por otro lado, la hostelería percibe el 56% del dinero gastado.

Sin embargo, el impacto de visitantes propios en la ciudad de Valencia no es solo económico, sino también de basura y suciedad. Durante las Fallas genera una gran cantidad de basura en las calles, en muchos casos molesta para vecinos y turistas. Para las Fallas del año 2024 se invirtieron 2.735.000 euros en el dispositivo de limpieza, incrementando el presupuesto inicial en 900 mil euros, según informó el concejal de Limpieza y Recogida de residuos, Carlos Mundina.

El refuerzo de este sector se vió reflejado con casi 1.800 personas prestando servicios de limpieza en las zonas de mayor afluencia entre los días 15 y 19 de marzo. También se instalaron 485 contenedores móviles y 600 parejas de papeleras más en los ejes de mayores afluencias, contando hasta con 1.200 parejas. 

Los baños públicos también vieron incrementados su número, pues se instalaron hasta 569. Sin embargo, estos baños no han evitado las imágenes de gente orinando en la calle, así como las críticas por dicho comportamiento. Ante esta situación también se prevé la mejora de cara a futuros años, así como una revisión del sistema para reforzarlo, según anunció Mundina.

Respecto a las cifras de basura recogida, los servicios municipales de limpieza recogieron un total de 8.000 toneladas en 2024, un incremento de casi 500 toneladas respecto al año anterior, donde se recogieron 7.537, pero inferior a las últimas fallas anteriores a la pandemia donde la cifra de basura alcanzó las 8.683 toneladas.

En cuanto a los diferentes tipos de basura, 5.537 toneladas fueron depositadas en el contenedor gris, por las 938 toneladas de basura orgánica, 514 de papel y cartón y 352 toneladas de vidrio, todas ellas superiores a las cifras del año anterior. Sin embargo la basura recogida no es solo la provocada por los ciudadanos, ya que también entran las cenizas y restos de los monumentos falleros que se recogen tras la Nit de la Cremà permitiendo a las calles de Valencia recuperar la normalidad a la mañana siguiente. Durante este dispositivo, fueron un total de 2.100 toneladas de ceniza las que se recogieron.

El sonido de Las Fallas

La música es un elemento muy importante ya que se encarga de acompañar todos los actos falleros. Pasacalles, cabalgatas, las sonoras despertàs, recogidas de premios, el camino hasta la ofrenda o las noches de fiesta en los casales. Las notas musicales se convierten en un medio cohesionador para conectar a toda la sociedad en un mismo ambiente y fomentar y revitalizar la cultura local.

Las charangas, grupos de música callejeros, son una parte importante de la escena musical de las fallas. Estos grupos compuestos normalmente por una decena de músicos aproximadamente se les puede ver recorriendo las calles junto a una falla por los pasacalles o en los casales o simplemente disfrutando y haciendo disfrutar a todos tocando por las zonas céntricas de Valencia. También están animando el ambiente abajo del Ayuntamiento en las previas del inicio de la mascletà.

Una de las canciones más típicas que suelen reproducir en estas fechas es «Paquito el Chocolatero», que tiene una melodía pegajosa y un ritmo festivo. El himno de la Comunitat Valenciana suele ser también muy recurrente y los valencianos aprovechan para cantarlo y demostrar el amor hacía su tierra. Las melodías típicas de charanga como La manta al coll y La Amapola entre otras canciones típicas valencianas para cantar, mientras que en los desfiles resuenan con fuerza Amparito Roca, Xàbia o El gato montés.

La música también se apodera de la noche y es protagonista en macro-discomóviles de entrada gratuita que aglutina a mucha gente como en Mercado Central o en Ruzafa. Los casales montan sus fiestas privadas o de pago para los no socios de la falla y montan discomóviles. Varían algunos días con reggaetón para gente más joven, con otros con música más clásica y tradicional para más gente mayor. Cada día hay conciertos en directo de orquestas contratadas por el Ayuntamiento o asociaciones falleras en diferentes barrios de la ciudad.

Durante las fallas, la música está en cada esquina de la ciudad. Desde primeras horas se escucha música en la Plaza del Ayuntamiento con el ambiente previo a la mascletà. Más tarde también con el sonido rítmico de los petardos que hacen disfrutar a los espectadores y vibrar el suelo. Las bandas de mañana y tarde se encargan de acompañar a la Corte de Honor y a todas las fallas en los distintos pasacalles. El espíritu festivo y la tradición de las fallas como una de las fiestas más vibrantes y emocionantes del mundo se transmite a través de la música.

Fotogalería

Authors

Deja un comentario

Descubre más desde Periodisme UV

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo