Más que un granito de arena en el aula

Última actualización: 23 de diciembre de 2025, 14:24 (Europe/Madrid)

La política lingüística universitaria se diseña de forma institucional, pero se pone a prueba cada día en el aula. En este espacio, el bilingüismo deja de ser un planteamiento normativo. Se convierte en una práctica pedagógica que exige adaptación, flexibilidad y una atención constante a la diversidad lingüística del estudiantado.

Para el profesorado, la lengua no funciona solo como un medio de transmisión de contenidos. También actúa como una herramienta didáctica que influye en la comprensión, la participación y el rendimiento académico. La presencia de alumnado procedente de otras comunidades autónomas o de otros países introduce nuevas variables en el aula. Esto obliga al profesorado a equilibrar el uso del valenciano y a aplicar estrategias de accesibilidad, sin abandonar el modelo bilingüe institucional.

Desde esta perspectiva, el uso del valenciano en el aula no se concibe como una imposición inflexible. Se entiende como una realidad que se gestiona de manera progresiva. La repetición de conceptos clave, la alternancia puntual entre lenguas y la adaptación de materiales didácticos son prácticas habituales. Estas estrategias permiten sostener la docencia en valenciano sin excluir a quienes aún no dominan la lengua. En este contexto, el aula se configura como un espacio de aprendizaje compartido, donde la convivencia lingüística forma parte esencial del proceso educativo.

El valenciano: más que un gesto, una responsabilidad compartida

Lola Ballón Castellón, docente en la Universitat de València desde 2003 y periodista de formación, imparte asignaturas como Periodismo Televisivo y Locución en Valenciano. Desde su experiencia, considera que el conocimiento del valenciano debería fomentarse de manera más estructurada entre el estudiantado que llega de fuera. Señala que, al tratarse de una lengua románica, su aprendizaje resulta especialmente accesible para quienes provienen de lenguas como el castellano, el francés o el italiano. No obstante, subraya que esta tarea no puede recaer únicamente en la voluntad del profesorado, sino que requiere políticas de refuerzo institucionales, preferiblemente previas a la llegada del alumnado a la universidad.

Ballón destaca que la resistencia al valenciano no se limita al estudiantado internacional, sino que en algunos casos se observa también entre alumnado del propio territorio. Aunque su docencia se desarrolla en valenciano, reconoce que con frecuencia recurre a un uso combinado de ambas lenguas, e incluso a traducciones casi simultáneas, con el objetivo de asegurar la comprensión de los contenidos teóricos. Desde su perspectiva, el aprendizaje de una lengua constituye una riqueza cultural fundamental, especialmente en el caso de lenguas históricamente minorizadas, y supone además un enriquecimiento cognitivo y personal.

Lola Bañon – tomada de facebook

El valenciano toma su lugar en las aulas

Vanessa Roger – Tomada de la UV

Vanessa Ruge, docente desde hace tres años, periodista y comunicadora audiovisual, imparte la asignatura de Comunicación Publicitaria en valenciano. Ruge explica que, en determinadas ocasiones, se ve obligada a recurrir al castellano para abordar los contenidos más complejos, debido a las dificultades de comprensión que presentan algunos estudiantes procedentes de fuera. Como estrategia compensatoria, todos los materiales de la asignatura se encuentran disponibles en ambas lenguas, lo que permite al alumnado seguir la clase, comparar conceptos y reducir la sensación de rechazo hacia el valenciano.

Ruge observa que el valenciano puede ser percibido como un obstáculo por parte de ciertos estudiantes, aunque le resulta significativo que esta percepción se dé también entre alumnado autóctono. En este sentido, considera necesario incentivar el uso del valenciano mediante enfoques más académicos y funcionales, orientados al aprendizaje del vocabulario básico de la vida universitaria. Asimismo, señala que tras el periodo de matrícula es frecuente recibir solicitudes para impartir la asignatura en castellano, lo que, en algunos casos, deriva en la renuncia del estudiantado a cursar la materia. Frente a esta situación, defiende la importancia de animar al alumnado a enfrentarse al aprendizaje de la lengua como una oportunidad de enriquecimiento cultural y formativo.

La práctica del bilingüismo en la Universitat de València demuestra que la política lingüística no se limita a una normativa institucional. Se construye cada día en el aula, a través de la mediación del profesorado y la implicación del estudiantado.

Las experiencias docentes muestran que el uso del valenciano requiere flexibilidad, recursos y una anticipación informativa para el alumnado externo.

Lejos de ser un obstáculo, la lengua puede convertirse en una herramienta de integración y de enriquecimiento académico y cultural. Para ello, resulta clave un acompañamiento institucional que refuerce su aprendizaje y normalice su presencia en la vida universitaria.

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