Hablan los expertos 1: Entrevista a Cristina Sánchez, Coordinadora de Trabajo Social de Casa Caridad

Última actualización: 20 de diciembre de 2025, 14:39 (Europe/Madrid)

Casa Caridad un refugio para personas sin hogar
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Cristina Sánchez, coordinadora de Casa Caridad, explica que en sus orígenes el centro funcionaba como un comedor social al que podían acudir las personas más desfavorecidas de la ciudad, y que además contaba con un albergue destinado a dar cobijo y refugio a quienes pernoctaban en la calle. Se trata de una entidad privada, financiada principalmente con ingresos privados y con aproximadamente un 30 % de fondos públicos. Es una institución laica, aconfesional y apolítica. Casa Caridad fue, además, uno de los primeros centros en admitir mujeres en la década de los noventa, aunque en aquel momento el perfil predominante de las personas que dormían en la calle era el de hombres de mediana edad con problemas de alcoholismo

Perfil de las personas usuarias

En la actualidad, el perfil de las personas usuarias del centro es muy diverso. Atienden tanto a personas jóvenes como mayores, mujeres españolas y migrantes, y personas con distintas problemáticas, como adicciones o enfermedades mentales. Sánchez señala que el número de mujeres que acceden al centro ha aumentado de forma significativa. Anteriormente, muchas mujeres permanecían en el ámbito doméstico, lo que daba lugar a situaciones de sinhogarismo encubierto, ya que convivían con su agresor. Para ellas, la vida en la calle resulta especialmente peligrosa, al estar más expuestas a agresiones.

Problemática de las mujeres en el centro

La mayoría de las mujeres que acuden a Casa Caridad provienen de situaciones de violencia intrafamiliar o de género. Muchas arrastran además la separación de sus hijos, que han sido dados en adopción, tutelados por la administración o acogidos por la familia extensa. Estas circunstancias generan en ellas un sentimiento de culpa más acusado que en los hombres ante situaciones similares. Suelen encontrarse solas, presentan una mayor dependencia emocional y, con frecuencia, establecen vínculos con hombres que las maltratan, lo que agrava su deterioro psicológico.

Entre las personas que viven en la calle son frecuentes los problemas de adicciones y de salud mental. Esta realidad la afrontan las profesionales que realizan intervenciones en calle, estableciendo contacto directo para generar vínculos de confianza, motivar y facilitar el acceso a los recursos disponibles. En muchos casos se encuentran con barreras idiomáticas, ya que una parte importante de esta población es extranjera, o con jóvenes extutelados procedentes de centros de menores, para cuya atención resulta imprescindible la intervención de mediadores culturales.

Permanencia en el centro

Actualmente, el número de comidas y cenas servidas asciende a unas 168.000 hasta el mes de Octubre, mientras que las pernoctas diarias en Casa Caridad se sitúan en torno a las 200. Uno de los principales problemas detectados es la falta de rotación de las personas usuarias, ya que no existe un límite máximo de estancia. Esto provoca que quienes tienen problemas de acceso a la vivienda prolonguen su permanencia durante largos periodos, dificultando la entrada de otras personas con necesidades similares. Es el caso, por ejemplo, de trabajadores que no pueden acceder a una vivienda, personas que perciben rentas básicas no embargables y, por tanto, poco atractivas para los propietarios, o personas mayores que no pueden acceder a residencias por encontrarse colapsadas.

Imagen proyectada por los medios de comunicación

La coordinadora subraya que los medios de comunicación no han contribuido a una comprensión adecuada del fenómeno del sinhogarismo, ya que a menudo proyectan una imagen estereotipada y peyorativa: la del hombre sin recursos viviendo en la calle. Sin embargo, los perfiles actuales son mucho más diversos, e incluyen, entre otros, a trabajadores pobres, hombres con limitaciones que han perdido su vivienda tras cuidar a sus padres, personas mayores solas que desarrollan demencias, personas migrantes sin hogar o personas con enfermedades mentales que han sido expulsadas de su entorno familiar o que lo han abandonado.

Sinhogarismo es una cuestión comunitaria

Sánchez insiste en que el problema del sinhogarismo es una cuestión comunitaria. Cuando las personas salen del centro e intentan iniciar una vida independiente, lo hacen a menudo sin una red familiar o social que las sostenga, lo que incrementa el riesgo de recaída. Más allá de las donaciones o del voluntariado, anima a la ciudadanía a implicarse en el cuidado de las personas del entorno más cercano, especialmente en los barrios. “La prevención es fundamental, porque cuando una persona cae en la calle, levantarse resulta extremadamente difícil. El deterioro físico y mental es muy profundo”, afirma. En este sentido, propone gestos concretos como estar atentos a las personas del entorno, facilitar el acceso a viviendas a precios más asequibles o generar oportunidades laborales para quienes se encuentran en procesos de inserción.

Finalmente, destaca la necesidad de que los medios de comunicación muestren también los aspectos positivos y no únicamente los más negativos de esta realidad, profundizando en la información y visibilizando la responsabilidad colectiva que tiene la sociedad en este problema.

María Eva Beltrán Valls

Manuel Ignacio Hedilla de Rojas

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