En 1887, Nellie Bly se infiltró en el manicomio exclusivamente femenino de Blackwell Island. Su irrupción tenía un objetivo claro: averiguar la realidad sobre el trato que ofrecía la institución pública. Ella era consciente de que la única manera de descubrir la verdad era viviéndola desde dentro. Y así lo hizo. Diez días en un manicomio es el resultado del nacimiento de un género — el periodismo de investigación. Aunque con la crudeza formal de un periodismo que todavía no sabía ser periodismo.
Denuncia por delante de profesionalización
De primeras, el libro transcurre con una narración lineal de su encierro. Se explica cómo logra entrar, los exámenes médicos —por así llamarlos—, la cordura de las internas, la violencia rutinaria de las enfermeras, etc. Bly se convierte en la transmisora de las vivencias de las pacientes a la vez que utiliza el libro como diario personal — al menos hasta que se queda sin pluma. La época imposibilita la delimitación entre la crónica, su experiencia y el relato sensacionalista propio del New York World.
Durante toda la historia, Bly pierde de vista la narración periodística. Su escritura es directa y sin tapujos, pero demasiado desordenada. Busca golpear a los lectores del momento con la crudeza vivida por las internas de la isla y de esta manera deja de lado la tarea periodística como función principal.

Hay varios capítulos que pierden la linealidad del texto. Por ejemplo, centrándose en declaraciones puras de las mujeres en busca de criticar una realidad inconcebible. Esa falta de distancia crítica —impensable en el periodismo actual— hace que la periodista se deshaga de su profesionalización para denunciar la rudeza de los actos que ha vivido en sus propias carnes. Esto parece hasta una recriminación por su falta de rigor periodístico, pero es todo lo contrario. Gracias a salirse de su rol y priorizar las descripciones descarnadas de los sucesos consiguió convencer a los jueces del Gran Jurado, quienes confiaron en su escrito por encima de lo visto por sus propios ojos en la visita al manicomio — no había nada de lo descrito en las columnas debido a un chivatazo a las enfermeras previo a la visita.
Este libro no brilla por su estilo literario o por su técnica narrativa, pero sí por lo que representa: un hito fundacional del periodismo de investigación y una muestra de la humanidad por encima de la profesionalización. Pienso que eso sigue siendo suficiente para justificar su lectura hoy en día.
1 comentario en «‘Diez días en un manicomio’: la crudeza de escribir sin técnica para decirlo todo»