Con el revuelo social causado por la reciente publicación del caso de Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes en manos del pódcast sobre crímenes reales, Inferna, reconocido a nivel nacional, resulta necesario recordar cuáles fueron los errores judiciales que, tras más de dos décadas, continúan conmocionado a un país entero, ya que supusieron un antes y un después en la historia política, mediática y social de este.
El caso de Rocío Wanninkof
Mijas (Málaga)
9 octubre de 1999. Rocío Wanninkhof era una joven de 19 años que fue vista por última vez al salir de casa de su novio para ir a la suya a arreglarse para pasar la noche con sus amigas en las casetas de la feria de Fuengirola. A pesar de que eran las 21:00h y que la zona no era muy luminosa, la joven no estaba preocupada porque el camino entre ambas casas lo conocía bien y era de apenas 300 metros. Sin embargo, nunca llegó a la feria.
Al día siguiente, su madre estaba preocupada ya que no había regresado a casa. Con el propósito de despejar su mente salió junto a su pareja a dar un paseo en el que descubriría algo preocupante: un charco de sangre. Junto al mismo encontraría las zapatillas de Rocío, un pañuelo manchado de sangre y gotas que conducirán a una mancha más grande, incompatible con la vida. Al llegar, los cuerpos de seguridad encontraron una escena confusa de la que, además, identificaron unas huellas de unos neumáticos de un coche que más adelante se trataría de identificar y rescataron una colilla de la marca Royal Crown -extranjera-, cuyo ADN coincidía con el de un hombre según indicaron los primeros análisis.
El hallazgo del cuerpo
2 de noviembre. Veinticinco días después de la desaparición de Rocío, unos trabajadores del club de tenis Los Altos del Rodeo, se encuentran un cadáver en descomposición en un sendero entre Marbella y San Pedro de Alcántara, a unos 33km de la Cortijera , la urbanización donde residía la joven con su familia. El estado de descomposición del cuerpo estaba en un estado muy avanzado debido a condiciones climatológicas adversas, como altas temperaturas y la humedad. Junto a él, hallaron un par de bolsas negras de tamaño industrial dentro de las cuales estaba la ropa de Rocío, con marcas evidentes de puñaladas y llena de sangre. Al tratarse de un cuerpo en estado crítico, estas prendas fueron el factor que permitió la identificación del mismo. Francisco Álvarez, uno de los seis forenses de la investigación, fue quien posteriormente señaló la gravedad de la agresión: hallaron ocho puñaladas en su espalda. Probablemente la agresión fue rápida y dirigida. Rocío no habría tenido la oportunidad de defenderse.
La acusación equívoca: errores y prejuicios en la investigación del caso
Inicialmente, el rumbo de la investigación fue complejo. Al encontrarse el cuerpo en una postura muy forzada y con las piernas abiertas, muchos agentes descartaron la posibilidad de que se tratase de una agresión sexual. Fue así como los medios de comunicación comenzaron a hacerse eco del caso contribuían a la consolidación de la hipótesis de un posible “crimen pasional”. Las miradas apuntaron a María Dolores Vázquez, expareja de Alicia Hornos, la madre de Rocío. Su maternal relación con la víctima, sumada a prejuicios sociales acerca de su orientación sexual -poco normalizada para la época-, comenzó a alimentar la línea de investigación que ya se estaba convirtiendo en más mediática que forense.
2001. Tras más de un año durante el que los cuerpos de seguridad todavía no daban con un culpable, se celebró un juicio en el que un jurado popular declaró, casi por unanimidad, a Dolores Vázquez responsable del crimen, a pesar que en para su condena, no se aportó ninguna prueba concluyente. Además de tener una coartada sólida, pues el día de los hechos se encontraba cuidando de su madre y de la hija de su sobrina, no salió de casa más que para comprar tabaco sin utilizar su coche para ello. Tampoco coincidían los resultados de ADN de las colillas ni las huellas dactilares, así como tampoco las fibras textiles que buscaban relacionarla directamente con el crimen. Esta sentencia, de 15 años, generó pronto una fuerte polémica social que muchos señalaron de «linchamiento mediático».

El caso de Sonia Carabantes
Coín (Málaga)
14 de agosto de 2003. Sonia Carabantes era una joven de 17 años que, para el momento de los hechos, residía en Coín, Málaga. Ese día regresaba a casa tras haber pasado la tarde en las fiestas de la Virgen de Fuensanta con sus amigos, quienes la dejaron a unos 200 metros de su portal. Sucedió algo similar y, es que nunca llegó a entrar. A la mañana siguiente, su madre se sorprendió al no tener noticias de su hija, que no había dormido en casa, y por ello salió a buscarla. A pocos metros de la puerta, encontró una de las sandalias de Sonia. Más adelante, la otra sandalia junto con un mechón de pelo y un bolso. Lo único que no era propiedad de Carabantes era el trozo de plástico rojo, que parecía parte del faro de un coche.
Pocos días después, apareció su cuerpo en una zona pedregosa que ya rastreada anteriormente por los voluntarios. Al examinar el cadáver, encontraron debajo de sus uñas una gran cantidad de material genético que indicaba que había tratado de defenderse con gran afán. Esto fue clave. Sirvió como prueba irrefutable para el caso, ya que, tras los análisis pertinentes, el ADN coincidía con el de la colilla encontrada en la escena del caso Wanninkhof. La investigación, entonces, señaló a un nuevo sospechoso: Tony Alexander King, quien, tras su detención, fue sometido a pruebas genéticas que determinaron su autoría en ambos asesinatos.

El culpable: Tony Alexander King

En 1999, el nombre de Tony Alexander King no se oía en España a pesar de que posteriormente se supo que para entonces ya era un depredador sexual. Su verdadero nombre era Tony Bromwich, originario del Reino Unido. Durante su juventud era común encontrarlo en bares, fanfarroneando de mantener relaciones sexuales con menores. También estuvo obsesionado con el culturismo y la toma de esteroides, lo cual avivó en su ser una impotencia sexual y, con ella, las ganas de forzar a mujeres.
En las calles de Holloway y, con tan solo 21 años, estranguló a varias mujeres por la espalda y agredió sexualmente a otras cinco, lo cual le concedió el apodo de “el estrangulador de Holloway”. Por ello, fue condenado a diez años, pese a que finalmente cumplió tan solo cumplió cinco entre rejas antes de liberado -de manera condicional-.
Ya en España: el día de los hechos
Para 1996 obtuvo la libertad definitiva y cambió su identidad para comenzar una nueva vida y no arrastrar consigo los errores de su pasado. Dos años más tarde, una estudiante hungara lo denunció por violación y, tras esto, se mudó a España, concretamente a la Costa del Sol. Allí se casó con Cecilia Pantoja y tuvo una hija.
El día de los hechos su mujer fue testigo de algo inusual en su rutina, pero que inicialmente pasó desapercibido. Tony le dijo que esa noche iría a dar un paseo en coche. Sin embargo, cuando regresó ya era de madrugada y justificó, tanto la hora, como su estado físico, con haber sufrido un accidente de tráfico. Además, King, una persona naturalmente desordenada, al regresar a casa entró al baño y cuando salió lo había dejado impoluto.
Al existir tantas coincidencias entre ambos casos y, por una coincidencia en las pruebas de ADN, se celebró nuevamente un juicio por jurado popular y, los nuevo integrantes del mismo señalaron al británico como el autor de los crímenes. Fue así como el nombre de Tony King salió a la luz y su mujer, Cecilia Pantoja, testificó que los días de la desaparición de las jóvenes su exmarido llegó a casa con manchas de sangre y en un estado de excitación muy inusual.
9 octubre 1999
Desaparición de Rocío Wanninkhof tras salir de casa de su pareja para regresar a la suya.
10 octubre 1999
Alicia Hornos encuentra las primeras pruebas.
2 noviembre 1999
Hallazgo del cuerpo de Rocío entre Marbella y San Pedro de Alcántara.
1999-2000
Puesta en escena de la hipótesis de «crimen pasional«. Dolores Vázquez es la sospechosa principal.
2001
El jurado popular declara a Dolores Vázquez culpable.
14 agosto 2003
Desaparición de Sonia Carabantes en Coín.
17 agosto 2003
Hallazgo del cuerpo de Sonia y recuperación de las pruebas de ADN.
Finales 2003
Comparación de las muestras de ADN de ambos casos. Búsqueda de un nuevo sospechoso.
2003-2004
Identificación del autor de ambos crímenes: Tony Alexander King.
El segundo juicio previsto para Dolores Vázquez se suspende y el caso queda archivado. Tras 17 meses en prisión, finalmente obtiene la libertad.
2013
Tony Alexander King es condenado a 36 años de prisión por el caso de Sonia y a otros 19 por el de Rocío.
2025
Dolores reclama unas disculpas públicas y oficiales, además de una reparación justa.
Las consecuencias judiciales
Fruto de este giro en la investigación, el nuevo juicio previsto contra Dolores Vázquez fue suspendido. Tras 17 meses de prisión, inicialmente fue puesta en libertad condicional sin recibir ninguna indemnización económica, a pesar de tratarse de uno de los mayores errores judiciales de la historia de nuestro país. De la misma manera, nunca recibió una disculpa oficial y, durante este mismo año, emitió un comunicado exigiendo que el gobierno le “pida perdón”.
«Que no se olvide y que no vuela a pasar lo mismo»
Dolores Vázquez, a una entrevista para la Sexta
La lectura social
El caso Wanninkhof-Carabantes fue mucho más que un crimen. Se convirtió en un reflejo de los prejuicios sociales, la presión mediática y de un sistema judicial muy vulnerable a la histeria popular. Así, la condena de Dolores Vázquez evidenció cómo los estereotipos de género y orientación sexual pueden influir decisivamente en un proceso penal, especialmente cuando la prueba objetiva es débil o inexistente.
Actualmente esta historia sirve como ejemplo de una pésima gestión de los acontecimientos ante la urgencia y presión social.
Para obtener información más detallada sobre el caso, con imágenes exclusivas y contenido de alta calidad, podéis consultar el pódcast del que ha sido extraída gran parte de esta información.




