El fascismo de la era digital

Última actualización: 5 de noviembre de 2025, 13:43 (Europe/Madrid)

Las clases se vaciaron, y las personas se fueron dejando caer en los escalones de la entrada. Cuando ya no cabían, se esparcieron, como arena, por donde fuera que cupieran: a los lados, delante, detrás, encima de la barandilla, unos sobre otros y en la rampa. Muchos ni siquiera veían la calle, pero se unían a gritar. Los alumnos estuvieron una hora antes de que llegara Vito Quiles, preparados. Negándole la entrada a la Universitat de València.

Mientras un pseudoperiodista como él intentaba entrar a una universidad a dar una charla sobre “el verdadero periodismo”, en el salón de grados se llevaba a cabo un congreso de desinformación y bulos. En este caso, de parte de periodistas de verdad. Se habló sobre la Dana, sobre los políticos y sobre las víctimas. Y se desgranaron las mentiras, que mil veces repetidas se convirtieron en verdad para muchas personas: los cadáveres del parking del Bonaire, las cifras falsas de muertos, la negación de la existencia de las alarmas de la Aemet… y se hizo entre gritos cercanos que entraban por las ventanas. «No pasarás».

No todos los estudiantes se quedaron en la entrada. Algunos pocos, en comparación, cruzaron. En la otra acera, separada por un muro de camiones policiales, se encontraban alumnos vestidos con camisa, polo y banderas. Muchos dirían después que la carretera dividía las dos Españas. “Es que los medios no dicen la verdad, y la universidad no deja que haya libertad de expresión. Si no, le dejarían entrar”. Cabe destacar que no se reservó ninguna sala para hablar. La facultad miró por todas partes, por si se les había escapado. Pero nada. Y esa es justamente la estrategia de Vito, presentarse sin invitación -con opositores y alabadores- y hacer ruido. Mucho ruido. Luego cambia el discurso: “ganamos a la izquierda radical, les hicimos madrugar y asistir a clase un lunes”. Nada más lejos de la realidad, ya que muchos directamente se perdieron las clases.

Vito Quiles a hombros de uno de sus seguidores rodeado de personas, prensa y policias
Vito Quiles rodeado de seguidores y policias en la puerta de la universidad

Lo cierto es que Vito pretende defender a la sociedad de un gremio al que asegura liberar, pero que no conoce de primera mano. Nunca terminó la carrera. Pero se le da muy bien lo suyo: ser un agitador. Sabe perfectamente que si apela al patriotismo, al falso robo de libertades, a una supuesta opresión a una minoría en la que nunca han sido pocos, le escucharán. «Que nadie escuche a la prensa, que miente». «Es ese grupo concreto el que nos está atacando». A todo aquel que haya abierto un libro de historia le sonará este discurso. Uno muy parecido al que se usó en la Italia y la Alemania de los años 30. Uno calcado al que se ve ahora entre el autoproclamado rey de las Américas, su corte y sus súbditos. Ese discurso fascista que tanto goza de las redes sociales y de la abrumante cantidad de información sin filtro.

Esto va más allá de un agitador que crea caos de facultad en facultad. Esto va de democracia, de olvidarse de nuestro pasado. O de querer olvidarlo. De dar por hecho unos derechos que han costado muchas vidas antes. De perderse en la información, y no saber quién miente. Pero también va de una juventud, aunque sea solo la mitad, que no compra estos discursos. De una generación nativa de la era digital que reconoce patrones. De un alumnado que grita al unísono: «fuera fascistas de la universidad». Y entre las dos aceras, toca elegir entre la desesperación que supone la situación mundial actual, y la esperanza que nos queda. Yo, como periodista, me veo obligada a dar la mano por la segunda, aunque no todos los días lo tenga tan claro.

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