«Esto es la crónica de una muerte anunciada del fútbol sala.» Con esta frase, Javier Lozano —presidente de la LNFS y doble campeón del mundo como seleccionador nacional— describía el delicado momento que atraviesa este deporte en España. Durante el coloquio ‘La gran sentada del fútbol sala: Del cielo al infierno’ organizado por Onda Cero, Lozano lamentó cómo el fútbol sala ha ido perdiendo fuerza en los últimos cinco años, tras la ruptura del equilibrio que existía entre la LNFS y la RFEF. “Se ha perdido todo lo que era un deporte de moda. El problema es obsesionarse con el pasado, ya que no puedes poner energía en el presente y en el futuro”, advirtió, reclamando una visión global y a largo plazo para revertir esta situación.
El acto, moderado por el periodista Rafa Fernández, reunió a figuras como Carlos Ortiz, Javi Rodríguez, Andreu Linares, ‘Cancho’ o los periodistas Gustavo Muñana y Alberto Fernández. Además, otras instituciones, como el Consejo Superior de Deportes (CSD), se pronunciaron mediante un comunicado, mientras que la RFEF declinó la invitación de Onda Cero para participar.
Los invitados coincidieron en que sin cambios estructurales profundos, el fútbol sala está abocado al estancamiento. Lozano insistió en que la clave pasa por recuperar la estabilidad institucional y coordinar esfuerzos entre todos los actores: federaciones, jugadores, entrenadores y clubes. “Todo nace de la estabilidad institucional, y si no hay respeto institucional, todo dará igual”, sentenció. Además, subrayó la necesidad de mejorar la profesionalización, reforzar la formación en la base y crear un entorno competitivo que estimule el crecimiento real del fútbol sala español.
En España, el fútbol sala es mucho más que un deporte: es pasión, técnica y espectáculo en estado puro. Sin embargo, a pesar de su dinamismo y del arraigo que tiene en numerosos barrios y municipios, sigue siendo un gigante relegado a la sombra de la receta clásica del fútbol. La hegemonía del balompié tradicional ha limitado su visibilidad y su crecimiento, lo que ha impedido que muchas personas puedan descubrir y disfrutar de un deporte vibrante, con su propia identidad y un impacto social indiscutible.
Las audiencias no muestran que vaya a llegar pronto el reconocimiento mediático que se merece. El presidente del Comité Nacional de Fútbol Sala, José Miguel Monje, atendió a los medios debido al desplome de audiencias televisivas del fútbol sala español. En la campaña actual, según cifras oficiales, la audiencia media de espectadores ha bajado hasta los 41.000 espectadores. Esto supone un descenso alarmante respecto a los 170.000 espectadores totales registrados en la temporada anterior. «Yo no puedo ir a hacer publicidad a los clubes’’ respondió el directivo restando importancia a la situación.
Esta caída en la presente temporada viene ligada a un cambio de reglamentación impuesto por la RFEF sin consensuar de forma directa con los clubes. No es un clima agradable, ya que ‘’la RFEF invierte 18 millones de euros en el fútbol sala’’ y no está encontrando una respuesta positiva en cifras de audiencia. Hace no muchos años la atención prestada al deporte era muy distinta. En 2018, según datos de la RFEF, 968.000 espectadores observaron el partido de la Eurocopa que enfrentaba a Portugal y España. El partido se ofreció en DMAX, canal que se puede ver en abierto desde la TDT, y que alcanzó un 5.6% de share. Esta cifra choca directamente con las cifras de 0.5% y 0.1% que se han dado en algunos partidos de esta temporada de primera división.
Cabe preguntarse algo respecto a las diferencias de atención por parte de la población en favor del fútbol 11 y en detrimento del fútbol sala. ¿Realmente es tan grande la diferencia entre fútbol 11 y fútbol sala?
Fútbol y Futsal, primos lejanos
Desde siempre, ha existido un debate recurrente tanto en medios como entre aficionados: ¿en qué se parecen y en qué se diferencian el fútbol y el fútbol sala? ¿Cuál de los dos exige más técnica? ¿Cuál supone un mayor esfuerzo físico? Aunque comparten elementos comunes, cada uno tiene su propia identidad.
El fútbol sala se ha consolidado como uno de los deportes más practicados en el sur de Europa y América. De hecho, muchos de los grandes nombres del fútbol mundial comenzaron su formación en pistas de fútbol sala. Esto podría hacernos pensar que se trata de disciplinas muy similares, pero lo cierto es que, en más de una ocasión, futbolistas de alto nivel en sala no lograron adaptarse al fútbol 11, regresando después a su especialidad original.
Una diferencia evidente entre ambas disciplinas es la repercusión mediática. En España, el palmarés de la selección de fútbol 11 ha sido ampliamente difundido y celebrado por la prensa y la sociedad. En cambio, el fútbol sala, pese a sus logros incuestionables —campeonatos del mundo, numerosas Eurocopas—, no ha contado con la misma atención por parte de los medios. El fútbol 11 genera mayor impacto comercial, es innegable. Ídolos como Andrés Iniesta o David Villa marcan la aspiración de miles de niños, mientras que nombres como Kike o Vicentín apenas suenan fuera del círculo especializado. Y eso que la selección española de fútbol sala ha logrado hitos históricos, como dos Mundiales y siete Europeos.
Una de las comparaciones más frecuentes es en el aspecto técnico. Si el talento se manifiesta principalmente en zonas cercanas al área, el fútbol sala, por sus dimensiones reducidas, se juega continuamente en espacios cortos, lo que obliga a una alta precisión. En el fútbol tradicional, los equipos con más calidad suelen dominar la posesión del balón para acercarse al área rival con control y generar oportunidades. Desde el punto de vista táctico, el fútbol sala destaca por su riqueza. Cada jugada implica una toma de decisiones rápida y coordinada, con rotaciones, bloqueos y movimientos diseñados con precisión. Esta complejidad táctica ha influido incluso en el desarrollo del conocido «tiki-taka» que llevó a la selección española de fútbol 11 a su época dorada.
En cuanto a la preparación física, las diferencias son notables. En el fútbol 11, un jugador puede recorrer entre 9 y 12 kilómetros durante un partido completo. Por el contrario, en el fútbol sala, los desplazamientos son más cortos y explosivos, con acciones de alta intensidad que suelen durar entre 6-7 segundos hasta el minuto en los esfuerzos más prolongadas. Además, el fútbol sala permite sustituciones ilimitadas, lo que modifica por completo la gestión del esfuerzo. Estudios comparativos han demostrado que, en términos de resistencia aeróbica, ambos deportes presentan niveles similares. No obstante, sí se han detectado diferencias en velocidad de sprint, fuerza y porcentaje de grasa corporal, siendo estos valores menos favorables en los jugadores de fútbol sala. Esta diferencia podría estar asociada a factores estructurales como menor profesionalización, menor inversión en nutrición deportiva, avances médicos o metodologías de entrenamiento.
Más allá de estas diferencias cuantificables, el tipo de superficie y el contexto del juego también influyen directamente en el perfil de lesiones más frecuentes en cada modalidad. Pablo Montoliu, fisioterapeuta de la FFCV y profesional en ambas disciplinas, lo tiene claro: “En fútbol 11 vemos muchas más lesiones de rodilla, ligamentos y roturas musculares, en gran parte por la inestabilidad que generan las botas con tacos sobre el césped. En cambio, en fútbol sala predominan las lesiones por impacto, como esguinces, contusiones o incluso fracturas en dedos, especialmente en los porteros, que ni siquiera utilizan guantes”.
La diferencia no solo radica en el tipo de lesión, sino también en la forma de afrontarla. Montoliu explica que en fútbol sala los jugadores cuentan con la ventaja de los cambios ilimitados, lo que les permite recuperarse durante el juego, mientras que en fútbol 11, “los jugadores acaban los partidos mucho más fatigados, con calambres frecuentes y un mayor desgaste muscular acumulado”.
En este sentido, la recuperación postpartido y la prevención adquieren una dimensión estratégica. El especialista insiste en que la mejor herramienta para evitar lesiones no es el reposo absoluto, sino mantenerse físicamente activo: “Lo que no puede hacer alguien es pasarse la semana inactivo y luego querer entrenar cuatro días seguidos y competir. La prevención empieza por una base sólida de condición física y hábitos saludables como una buena alimentación y un descanso adecuado”.
Los métodos de tratamiento también han evolucionado con el tiempo. Según Montoliu, se ha producido un cambio de paradigma: “Antes todo giraba en torno a técnicas pasivas como masajes o punción seca. Ahora el enfoque es más activo: el jugador debe saber qué tiene que hacer y participar en su recuperación con ejercicios terapéuticos”. En paralelo, se han incorporado tecnologías como la crioterapia o la radiofrecuencia (Indiba), que permiten acelerar los procesos de recuperación y optimizar la musculatura tras la competición.
En definitiva, aunque ambas disciplinas comparten una raíz común, el reconocimiento público y mediático del fútbol 11 ha eclipsado al fútbol sala. Paradójicamente, figuras como Messi, Neymar, Ronaldinho o Pelé dieron sus primeros pasos en una pista de fútbol sala, perfeccionando allí su técnica antes de brillar sobre el césped.
Futsal Base, presente y futuro / La base impulsa el futuro del fútbol sala (valenciano)
Desde las pistas de los colegios hasta los pabellones de élite, el fútbol sala ha forjado generaciones de jugadores y aficionados que encuentran en su velocidad y estrategia una alternativa igual de emocionante y más intensa que el fútbol practicado sobre el césped. No obstante, su desarrollo ha estado marcado por la falta de recursos, menor cobertura mediática y un reconocimiento insuficiente, a pesar de los éxitos nacionales y regionales propios de la Comunidad Valenciana. ¿Ha llegado el momento de que el fútbol sala salga de la sombra y ocupe el lugar que merece en el panorama deportivo?
Según datos de la FFCV, el fútbol valenciano a nivel formativo ha vivido el mayor aumento de inscripciones en los últimos años. La temporada 2023/2024 cerró con un récord histórico de 129.171 licencias federadas, lo que supone un crecimiento del 13,86% respecto al año anterior. Pero si observamos detenidamente los datos podemos ver reflejada la desigualdad entre ambos deportes. En el pasado año 2024, el fútbol en toda la Comunidad Valenciana contó con 117.362 jugadores inscritos. Esta cantidad es un aumento respecto a los 102.669 registrados en el año 2023. Por su parte, el fútbol sala presenta en el 2024 una cifra de 11.761 jugadores inscritos, lo que supone un aumento respecto al 2023 de 10.712 fichas inscritas. Aunque ha aumentado la cifra de fichas en el fútbol sala todavía es incomparable la magnitud de personas que optan por el fútbol sala como opción. El total de inscritos en fútbol sala trata de alrededor de un 10% respecto al total de inscritos en fútbol 11.
Desde la formación de jugadores observamos un gran desnivel entre los jóvenes. La profesionalización de métodos de formación de jugadores en equipos de fútbol 11 choca con las instalaciones precarias o no profesionales con las que cuenta el fútbol sala. José Luis Mengual, entrenador de la selección valenciana sub-14 de futbol sala encuentra en este aspecto uno de los mayores obstáculos para los niños que quieren practicar este deporte. Muchísimo clubes, e incluso de los más potentes, son colegios o no disponen de instalaciones propias hecho que les lleva a tener que desarrollar su entrenamientos en pistas exteriores. «Lógicamente la calidad del entrenamiento no es la misma que si dispones de un pabellón y si encima tienes la mala suerte de que encadenas una, dos, tres semanas en las que no para de llover, pues esos niños están durante todo ese tiempo sin poder ni formarse ni entrenar ni prepararse bien para los partidos que tienen el fin de semana».
A pesar de los obstáculos, buena parte de este crecimiento se debe al trabajo constante de clubes y federación en la construcción de una base sólida que comienza en edades muy tempranas. Tal y como explica José Luis Mengual, “cada vez hay más clubes que apuestan fuerte por la cantera, con estructuras que parten desde prebenjamines hasta juveniles, y que además ofrecen continuidad con equipos sénior en Tercera División”. Esta base permite que los jugadores no solo progresen dentro del propio club, sino que puedan proyectarse hacia entidades de mayor nivel o divisiones superiores.
El valor del fútbol sala en la formación integral del deportista va mucho más allá de lo competitivo. A nivel físico, Mengual destaca que “mejora la coordinación, la agilidad y el desarrollo de las cualidades básicas”, mientras que en el plano cognitivo y social ayuda a “la toma de decisiones, la autosuperación y el respeto”. También subraya su carácter inclusivo y de igualdad: “Es un deporte que permite que todos los que quieran jugar, puedan hacerlo”.
Uno de los principales motores de esta expansión ha sido el programa Valenta, enfocado al desarrollo del fútbol y fútbol sala femenino. Las licencias femeninas han superado por primera vez las 11.500, triplicando las cifras de hace cinco años. En palabras de Mengual, “la Federación está haciendo un trabajo enorme en el área Valenta”, con la creación de nuevas competiciones por franjas de edad, la potenciación de las selecciones autonómicas y una mayor visibilidad del deporte femenino en los pabellones.
“Cada vez los niños se sienten más identificados con el fútbol sala”, comenta Mengual. “Antes venían al entrenamiento con camisetas de Messi o Cristiano; ahora llevan las de Sergio Lozano o Ricardinho”. En los últimos años, varios jugadores formados en las selecciones autonómicas han llegado a debutar en Segunda e incluso en Primera División. “Eso significa que vamos por buen camino”, añade. El seleccionador sub-14 concluye con un mensaje claro: “Si los jóvenes se comprometen y las familias los acompañan, este deporte tiene un futuro brillante. La clave está en trabajar bien desde la base y seguir creyendo en el potencial del fútbol sala valenciano”.
La profesionalización a nivel formativo debe ser un objetivo a seguir para tratar de llevar el deporte a la mayor cantidad de gente posible desde niveles base. El desnivel no debe ser tan grande entre ambos deportes y se debe tratar de proliferar la práctica del deporte desde edades tempranas para alcanzar un mayor nivel y éxito en categorías profesionales.
La élite del futbol sala valenciano: caminos opuestos
España ha sido históricamente una de las grandes potencias del fútbol sala mundial, con una selección que acumula títulos internacionales y una liga que, pese a sus vaivenes, sigue siendo una de las más competitivas del planeta. Sin embargo, el crecimiento del deporte a nivel global contrasta con los problemas estructurales y de visibilidad que atraviesa en casa. La falta de estabilidad institucional y la escasa cobertura mediática dificultan su proyección, pero la calidad de los clubes, el talento emergente y el arraigo en muchas comunidades mantienen viva su esencia.
El pasado martes 8 de abril, Pepe Danvila, consejero delegado del Levante UD, lanzó un mensaje que resume el incierto presente del fútbol sala profesional en la Comunitat Valenciana. “El fútbol sala es complicado que continúe estando como hasta ahora, tendrá que cambiar de manos”, afirmó en una entrevista en Onda Cero. Sus palabras confirmaban lo que desde hace tiempo se intuía: la sección de fútbol sala del Levante, antaño referente nacional, se encuentra al borde de la desaparición definitiva. Tras años de altibajos, descenso a Segunda División, recortes en estructura y visibilidad, y una notable pérdida de apoyo institucional, el club granota se aleja del panorama profesional.
Una situación especialmente dolorosa para quienes han vivido esa etapa desde dentro. Pablo Rochina, capitán del Levante FS, lo expresa así: “Cada vez que salto a pista y se escucha el himno del Levante, me veo con el brazalete saliendo por el túnel y veo a mi familia en la grada, es algo increíble. Para mí significa todo”. Rochina, que llegó al club hace cinco años tras enfrentarse al Levante como rival en Tercera División, ha vivido en primera persona el crecimiento y posterior declive de la sección. “Sí, tiene un impacto en la ciudad. Este club llegó a ser subcampeón de liga y a jugar la Champions League. Pero hemos perdido visibilidad por temas económicos y por el descenso de categoría”, reconoce con tristeza.
Por otro lado, en el norte de la Comunitat se respira otro aire. El Peñíscola FS vive uno de los mejores momentos de su historia reciente. Tras ascender a Primera División, el club castellonense no solo ha consolidado su proyecto en la élite, sino que se encuentra en disposición de lograr un histórico triplete: Copa de España, Supercopa Comunitat y, posiblemente, la liga. La estabilidad del proyecto, la confianza en su plantilla y una afición entregada han convertido al Peñíscola en un modelo de referencia. “Luciano Gauna, del Peñíscola, es uno de los jugadores en los que me fijo actualmente”, apunta Rochina.
Esa diferencia de trayectorias quedó reflejada también en la Supercopa Comunitat, una competición que enfrenta a los mejores equipos de la región y que este año celebró su segunda edición. El torneo culminó con una emocionante final disputada en el pabellón de Segorbe entre el Peñíscola y el Picassent, donde el equipo del Baix Maestrat se impuso con autoridad. Asistimos al encuentro y pudimos captar no solo el desarrollo del partido, sino también el ambiente en las gradas, las emociones en pista y la pasión de una afición que vive este deporte con intensidad.
En apenas tres temporadas, el Peñíscola ha pasado de luchar por el ascenso a acariciar la gloria, mientras que el Levante FS ha transitado el camino inverso, desde la Champions League al olvido. Dos realidades que reflejan la fragilidad —pero también el potencial— del fútbol sala profesional en la Comunitat Valenciana. “Tenemos un deporte de los más entretenidos del mundo, pero no se le da la visibilidad que merece”, lamenta Rochina. “Aun así, seguimos siendo un equipo grande y respetado dentro del fútbol sala”.
En definitiva, tomando las palabras de Javier Lozano, todo indica que el fútbol sala no está pasando por un gran momento, y, pese a no tener el reconocimiento que quizás merece y de estar a la sombra del fútbol tradicional, sigue siendo un gran reducto de pasión. Clubes como el Peñíscola, con una afición entregada a pesar de las limitaciones en recursos y la poca visibilidad mediática han llevado el fútbol sala de la Comunitat a otro nivel para que alguna vez deje de ser «el otro fútbol».






