La contaminación medioambiental en la ciudad de Valencia

Última actualización: 19 de enero de 2025, 16:48 (Europe/Madrid)

11–16 minutos

La capital del Turia es una ciudad mediterránea con una climatología benigna, con temperaturas suaves, pluviometría escasa e irregular y alta radiación solar. La orografía plana, los vientos a bajas velocidades y los más de 300 días de sol hacen de Valencia un sitio ideal para vivir. Sin embargo, la cuestión medioambiental juega un papel fundamental: ¿Es Valencia sostenible? La ciudad cuenta con un gran parque automovilístico que supone la principal fuente contaminante (en torno a un 90% de las emisiones). Asimismo, la cercanía con el puerto y polígonos industriales empeora la situación. Valencia fue nombrada Capital Verde Europea el pasado 2024 y tiene un sinfín de retos relacionados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030. A pesar de todo, el estado actual de la contaminación en la ciudad de Valencia sigue preocupando a la población.

La calidad del aire: el principal problema de salud medioambiental

La cuestionable calidad del aire en Valencia. Archivo.

Un estudio de la Universitat Politécnica de Valencia (UPV) sobre la calidad del aire en la ciudad, que recoge datos del periodo que comprende desde julio de 2021 hasta julio de 2023, destaca que el tráfico motorizado y la actividad del puerto son los principales contaminantes de la ciudad. Las zonas más contaminadas de Valencia -las entradas norte y oeste de la ciudad, así como las inmediaciones del puerto– son lugares donde se concentra una cantidad importante de población vulnerable: ancianos, niños, personas con enfermedades respiratorias e incluso deportistas al aire libre. Esto pone en evidencia el modelo urbanístico de la ciudad, pues una parte importante de los habitantes más vulnerables viven muy cerca de los puntos más conflictivos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2021 una serie de directrices mundiales sobre la calidad del aire, que también sirvieron como referencia para el estudio anteriormente citado. La OMS destaca que la mortalidad asociada a la contaminación atmosférica a nivel mundial es comparable a la mortalidad provocada por el tabaquismo o las dietas inadecuadas, y señala que dicha contaminación del aire supone el principal riesgo para la salud mundial en materia medioambiental. Entre las directrices de la OMS, la mayoría consisten en aportar niveles máximos de gases contaminantes, siendo uno de ellos el dióxido de nitrógeno, que no debería superar los 40 microgramos por metro cúbico anuales. Como señala el informe de la UPV, cerca del 40% de barrios de la ciudad de Valencia superan esa cifra, mientras que el resto se encuentran en niveles algo inferiores o no se pueden determinar con exactitud.

Un informe sobre la calidad del aire en el Estado español en el año 2023, publicado por Ecologistas en Acción, apunta en la misma dirección. Según el informe, un 47% de los valencianos respiraron aire contaminado según los límites establecidos por el Parlamento Europeo de cara al año 2030. La situación es aún más preocupante si se toman como referencia las directrices mundiales de la OMS de 2021. En ese caso, con los estándares de la OMS (que son mucho más exigentes que los de la Unión Europea), se puede concluir que la práctica totalidad de los valencianos respiró en 2023 aire con altas dosis de distintos gases contaminantes. Si bien es pronto para conocer los datos de 2024, el estudio de la UPV ya advertía que, aunque no sea un dato concluyente, los niveles de emisiones siguen aumentando en Valencia. Entre las zonas más contaminadas de la Comunitat Valenciana destacan las cercanías de la industria cerámica en Castellón, la costa alicantina y las áreas con mayor tráfico de las ciudades de Valencia y Elche.

Como señalan desde Ecologistas en Acción, la Agencia Europea del Medio Ambiente cifró en 21.000 los fallecidos en el Estado español por causas relacionadas con la mala calidad del aire, 3.000 de ellos solo en la Comunitat Valenciana, en el año 2023. A estas cifras se suma el hecho de que 12 Comunidades Autónomas no han cumplido su parte en la elaboración de Planes de Mejora de la Calidad del Aire, y ahora hace dos años que ha vencido el plazo para que los municipios que superen los 50.000 habitantes creen sus propias zonas de bajas emisiones.

Valencia: Capital Verde Europea 2024

Estación de tranvía «La carrasca», junto al Campus de Tarongers. Archivo.

Gran parte de las iniciativas para luchar contra el cambio climático en las últimas décadas han venido de la mano de la Unión Europea. Estas iniciativas cristalizaron en el denominado Pacto Verde Europeo, un ambicioso proyecto con un objetivo claro: convertir a la Unión Europea en la primera sociedad y economía “climáticamente neutras”, esto es, eliminar la producción de gases contaminantes en su totalidad para el año 2050, después de haberla reducido un 90% para el año 2040. Para ello, desde Bruselas se impulsarían toda una serie de ayudas económicas a los Estados miembros, entre ellas un tercio de los 1,8 billones de euros del los fondos NextGenerationEU y el equivalente a siete años de presupuesto de la Unión Europea.

En este contexto, resulta llamativo que Valencia fuera Capital Verde Europea el pasado 2024. Se trata de un galardón que otorga la Comisión Europea como reconocimiento a aquellas ciudades -de más de 100.000 habitantes- que destacan por su audacia en la lucha contra el cambio climático, integran a la ciudadanía en dichas acciones y proporcionan ejemplos de cómo combatir el cambio climático en el entorno urbano, sobre la base de que dos de cada tres europeos viven en ciudades. Si bien desde el Ayuntamiento de Valencia destacaban la abundancia de entornos verdes urbanos como el Jardín del Turia o el Parc Central, los estudios citados demuestran que a la capital del Turia le queda mucho camino por recorrer, y en absoluto se la puede considerar como un ejemplo a seguir en materia ecológica.

El Ayuntamiento de Valencia dedica un apartado web para tratar específicamente la cuestión medioambiental de contaminantes atmosféricos (calidad acústica y del aire). Aquí se detalla que el predominio del tráfico rodado provoca el aumento de gases como el óxido de azufre, carbono, hidrocarburos aromáticos, nitrógeno, ozono y partículas en suspensión, así como un aumento considerable del ruido. No obstante, esta página tiene información escasa (se limita a introducir y explicar los fenómenos) sobre los peligros que supone esta cuestión para la población. El visor atmósfera, herramienta facilitada por el propio ayuntamiento, resulta más efectiva e interesante. Este geoportal es el encargado de mostrar las mediciones en tiempo real del sonido y la calidad del aire en el casco urbano de la ciudad.

Sin embargo, las políticas actuales del consistorio sobre movilidad han revertido el modelo de descarbonización del antiguo equipo de gobierno. La transformación de calles que prioriza el transporte privado, elimina carriles bici y resta zonas peatonales ha generado bastante polémica. Además, la implantación de una Zona de Bajas Emisiones que se tenía que establecer por ley ha sido rescindida en varias ocasiones. Si bien los vehículos que no poseen etiqueta medioambiental no podrán entrar a partir de 2026, el episodio de la dana ha obligado a prorrogar el plazo hasta 2028 solamente para los vehículos de las poblaciones afectadas.

La inundación de la periferia de Valencia provocó también un empeoramiento del aire. Este fue provocado por la liberación de partículas de polvo en suspensión provenientes del barro de la riada, y las autoridades tuvieron que activar el protocolo anticontaminación para alertar a la población. Aunque fue un fenómeno extraordinario, lo que no es extraordinario es que el aumento del tráfico rodado es el principal causante del incremento de niveles de contaminación que parecen no dar tregua.

Valencia para las personas con problemas respiratorios

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Paseo junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Archivo

La vida diaria en la ciudad puede ser difícil para algunas personas, como las que sufren problemas derivados de alergias y enfermedades respiratorias. Eduardo Estruch, estudiante de Economía de la Universitat de Valencia, padece asma crónica. Esta enfermedad le ha llevado a tener que adaptarse en algunos aspectos para poder hacer vida entre semana en Valencia y prevenir ataques asmáticos. Si bien afirma que hasta hace unos años había sentido pocas limitaciones en cuanto al asma, asegura que desde que empezó los estudios universitarios tiene que tomar medidas por precaución.

Las personas con problemas respiratorios pueden tener varios inconvenientes en una ciudad como Valencia, entre ellos la realización del deporte al aire libre y la exposición a niveles altos de contaminación del aire. “No puedo salir a hacer deporte con tranquilidad sabiendo la pésima calidad de aire que tengo que respirar”, afirma Eduardo. Al joven, que le gusta practicar deporte con regularidad, siente impotencia siempre que sale a la calle, por tener miedo de sentir una sensación de ahogo constante. Por ello, acude a un gimnasio en el que supuestamente se purifica el aire y le permite quitarse de la cabeza el agobio del asma. Este último factor puede ayudar a personas como Eduardo, pero no siempre existe la posibilidad y las alternativas son escasas.

Sin embargo, no todo acaba ahí: el acudir a clase se convierte en un quebradero de cabeza para alumnos como él debido a la alta concentración de polución en hora punta. En el caso de Eduardo, él llega poco antes de las ocho de la mañana al Campus de Tarongers en metro, cuando el atasco del tráfico es inmenso. Eduardo asegura sentirse con “cierta limitación” hasta entrar a clase por culpa de la contaminación producida por los coches.  “La diferencia del pueblo a la ciudad es enorme. Durante el fin de semana puedo hacer vida normal con tranquilidad porque me quedo en el pueblo, pero el problema viene cuando llega el lunes y tengo que ir en hora punta a clase”, añade.

La Albufera: en el punto de mira

Parque Natural de la Albufera. Archivo.

El Parque Natural de la Devesa-El Saler en la Albufera es un entorno protegido de enorme valor ecológico que ha estado amenazado históricamente debido a riesgos medioambientales. Uno de los fenómenos que más ha sufrido es el de las riadas provocadas por las inundaciones en los pueblos costeros, como la riada de 1982.

La catástrofe de la dana del pasado octubre ha dejado el Parque Natural en una situación crítica. La presencia de todo tipo de enseres junto con las aguas residuales y el fango arrastrados por la riada ha devastado por completo su ecosistema. Esto se debe a que el barranco del Poyo desemboca en la propia Albufera, lo que provocó el vertido de múltiples sustancias nocivas para la flora y la fauna. El cúmulo de todo tipo de escombros de los núcleos urbanos e industriales que la inundación se llevó han ido a parar a las zonas más profundas de la zona y del mar. Asimismo, el alcance del agua llegó hasta arrozales que delimitan la zona reservada de biodiversidad, lo que también supuso una amenaza para los alimentos allí cosechados.

Pero no todo queda en las catástrofes naturales: la huella humana sigue siendo el problema que más amenaza el entorno. La aparición de un curioso vertido en la costa valenciana el verano pasado fue uno de los aspectos relevantes en cuanto a la contaminación. Aunque algunos medios aseguran que se trataba de un compuesto de algas muertas, otros afirmaron que era un vertido tóxico de hidrocarburos. Esto hace cuestionarse el posible derrame de fuel que algunos cruceros o cargueros pueden tener cerca de la costa y en especial cerca de las playas que han estado afectadas, del puerto y del parque natural de la Albufera.

Sumado a esto, la insistencia de los partidos políticos mayoritarios en la ampliación del Puerto de Valencia es otro factor de riesgo. Esto permite cuestionar el impacto ambiental que podría tener no solo para la Albufera sino para el comercio local y el tráfico derivado. Por consiguiente, el problema directo radica en la calidad del aire. La ampliación del puerto responde sobre todo a los intereses privados de empresas que suelen adoptar estrategias de greenwashing y cuya actividad constituye un serio problema de salud para la población. La importancia que le dan algunos actores políticos y empresarios de conectar Madrid con el mundo a través de ese puerto supone una amenaza directa al entorno, delicado por la situación reciente de la dana, que dificultaría conservar la Albufera como espacio natural protegido y mantener los gases de efecto invernadero a raya como indica el Pacto Verde Europeo.

El Pacto Verde Europeo: papel mojado

Centro de Valencia. David Mestre.

Si algo evidencian ejemplos como que Valencia fuera Capital Verde Europea son las contradicciones de la lucha contra el cambio climático en el panorama actual, siendo la Unión Europea el máximo exponente. Desde la Unión Europea señalan que el Pacto Verde Europeotransformará la UE en una economía moderna, eficiente en el uso de los recursos y competitiva (…)”: ese es el fondo de la cuestión. El aspecto económico es clave en la lucha contra el cambio climático, pues la economía no es otra cosa que la forma en que una sociedad determinada accede a unos recursos finitos, añade trabajo a las materias primas para transformarlas en bienes de consumo y distribuye el resultado entre los miembros de la sociedad. El problema es que resulta una quimera enfrentar el cambio climático en el contexto de la sociedad capitalista, cuyo mero desarrollo implica dañar enormemente el planeta.

La esencia del modo de producción capitalista es una: la búsqueda del máximo beneficio posible en el menor tiempo posible, a toda costa. La lucha contra el cambio climático implica todo lo contrario: la planificación y el control de nuestras acciones en el presente para evitar desastres en el futuro, poniendo todos los medios posibles al servicio de ese fin. Los objetivos del Pacto Verde Europeo son una fantasía, basada en unos plazos imposibles que solo se podrían cumplir desmantelando la industria de los países miembros y volviendo a los niveles de desarrollo de la Edad Media, lo que es incompatible tanto con una economía “competitiva” como con la supervivencia de millones de europeos. Si bien es evidente que ninguno de los objetivos principales se va a cumplir, las falsas expectativas de Bruselas son una buena prueba de que muchos representantes políticos no comprenden el significado de la palabra “transición”, clave para entender la naturaleza de la lucha contra el cambio climático: sustituir unas fuentes de energía por otras, unos medios de transporte por otros, un modelo de producción alimentaria por otro, etc., no se puede hacer -ni se va a hacer- de la noche a la mañana.

Ciudades como Valencia son un ejemplo de cómo, en pocas décadas, las ciudades modernas -con sus miles de vehículos, fábricas, tráfico aéreo y marítimo…- se pueden convertir en espacios hostiles para la salud de sus ciudadanos. En la lucha contra el cambio climático cada minuto cuenta, pues la acumulación de determinadas circunstancias puede provocar saltos cuantitativos, esto es, nuevas tendencias que resulte imposible revertir. Aun así, nunca es tarde: Valencia está a tiempo de evitar caer en el abismo en el que han caído otras ciudades y ser un referente en la transición ecológica del mundo urbano.

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