La falta de mano de obra en la Comunidad Valenciana golpea fuertemente un sector de la construcción cada vez más perjudicado por la escacez tecnológica y el desarraigo social joven por el trabajo de «obra»
Construcción activa en la plaza Mayor del municipio de Mislata de un bloque de viviendas plurifamiliar. Autor de la fotografía: Sergio De la Cruz Ermakof.
Un sector que crece mientras envejece
La palabra crisis se ha convertido en un tabú para la sociedad española, que casi dos décadas después no puede evitar echar la mirada hacia el año 2008, con el temor de que algo similar vuelva a repetirse. Sin embargo, la realidad actual de la construcción no se parece necesariamente a la del 2008. En 2026, la edificación no está marcada por la desaparición inmediata de la actividad, sino por una contradicción silenciosa: existe demanda, pero la capacidad para responder a ella es limitada.
La construcción española alcanzó en 2025 una media de 1.530.002 personas ocupadas, un 4,5% más que el año anterior. Fue uno de los sectores con mayor crecimiento de empleo. Sin embargo, en 2026 autonomías como la Comunidad Valenciana requiere al menos 60.000 puestos de trabajo nuevos para finalizar los proyectos en curso. Dentro de esta evolución aparece un problema estructural: la edad media de sus trabajadores se sitúa en 45,1 años.
El 22% de los profesionales tiene 55 años o más, mientras que los menores de 30 apenas representan únicamente el 10,8%. Los trabajadores próximos a la jubilación, por tanto, duplican sobre el papel a los jóvenes que se incorporan al sector. Según el Observatorio Industrial de la Construcción, una parte significativa de los profesionales actuales podría abandonar progresivamente la actividad por jubilación en la próxima década. La construcción genera empleo en España porque la demanda lo exige, pero no incorpora jóvenes al mismo ritmo con el que pierde a sus trabajadores más experimentados.
El problema no consiste únicamente en contar cuántas personas forman parte activamente del sector. No todos los perfiles son intercambiables ni tienen sustitución inmediata. Incorporar personal a la obra no significa que pueda asumir cualquier tarea desde el primer día. Muchos oficios requieren experiencia, formación en prevención de riesgos, conocimiento de materiales y capacidad para coordinarse con otros trabajadores. Una pared aparentemente sencilla a ojos de un ciudadano de a pie, contiene conductos de agua, electricidad, climatización y en algunos casos telecomunicaciones. Un error al ejecutar una partida puede obligar a desmontar el trabajo terminado y repetirlo . El conocimiento necesario para anticipar estos problemas se adquiere durante años. La crisis se concentra en un relevo generacional dudoso, ¿quién transmitirá esos conocimientos cuando se retiren aquellos que llevan décadas resolviendo problemas cotidianos de una obra?
Una plantilla sin relevo suficiente
Distribución de los trabajadores de la construcción en España por edad. Los trabajadores de 55 años o más duplican aproximádamente a los menores de 30.
Reformar lo que ya existe
Una parte importante del futuro del sector no se concentra únicamente en promociones de obra nueva, sino que se esconde detrás de las fachadas de los edificios y de las viviendas unifamiliares que ya están habitadas. En el centro de Valencia muchas intervenciones comienzan con una incertidumbre. Los planos originales pueden estar incompletos, los materiales se deterioran progresivamente y las instalaciones han sufrido modificaciones que no siempre quedaron documentadas. Los estudios de arquitectura especializados en reforma se encuentran ante dificultades micro del ámbito, macro que afectan de forma estructural a la sociedad en su conjunto, a la legislación , a la eficiencia energética y a la necesidad de adaptarse a distintos perfiles de clientes.
Para Carles Sendra, jefe de grupos en Epigram, reformar implicar trabajar sobre una realidad que no se conoce completamente hasta que se empieza la obra. La prioridad siempre resulta ser el cliente, y eso dificulta un proceso dónde el perfil del cliente exige características específicas que dependen de su contexto social, su posición económica y su intencionalidad final con la vivienda.
Las reformas presentan diferencias respecto a construcciones de obra nueva. Suelen ejecutarse en espacios pequeños, edificios ocupados o calles con accesos limitados. También deben adaptarse a estructuras, materiales e instalaciones colocadas décadas atrás. Antes de intervenir es necesario investigar que hay detrás de cada revestimiento. Una distribución aparantemente clara en el plano puede no coincidir con lo construido. Una viga que aparece en una posición diferente o una instalación que puede haber sido modificada durante una reforma anterior. Cada descubrimiento obliga a tomar decisiones y puede modificar el coste o la duracion del trabajo.
La tecnología ofrece herramientas para reducir parte de esa incertidumbre. Los escáneres tridimensionales, los levantamientos digitales y la metodología BIM permiten generar representaciones más precisas de los edificios existentes. Sin embargo, digitalizar una reforma no consiste únicamente en comprar un programa informático. Una investigación publicada en la revista académica Sustainability estudió las barreras que dificultan la implantación de herramientras digitales en la rehabilitación de edificios. El trabajo incluyó una encuesta internacional a 229 participantes de 24 países y un análisis específico del caso español mediante entrevistas y talleres.
Entre los participantes que declararon no utilizar BIM en rehabilitación, el 33 % señaló la falta del personal especializado y el 20 % indicó que no disponía del tiempo suficiente para formar a sus trabajadores. Estos porcentajes no son una representación estadísticas de las empresas españolas, ya que proceden de una muestra internacional y limitada. Igualmente, el estudio permite identificar un problema que también está presente en el panorama nacional: la tecnología puede estar disponible, pero hacen falta profesionales que sepan utilizarla.
Los estudios de arquitectura pueden avanzar hacia entornos digitales, mientras las pymes continúan trabajando con planos impresos, fotografías enviadas por mensajería rudimentaria (Whatsapp) y decisiones tomadas directamente sobre el terreno. La experiencia de un albañil puede detectar un problema que no aparece en el ordenador. Al mismo tiempo, un modelo digital puede anticipar una interferencia antes de que sea necesario demoler y repetir un trabajo. El reto actual de la construcción reside en encontrar la simbiosis perfecta entre el conocimiento técnico y las nuevas herramientas ofrecidas por la digitalización.
Construir dos veces: primero en pantalla
Puentes, estaciones ferroviarias y trazados de movilidad se modelan antes de que una máquina entre en el terreno. Cada elemento se representa digitalmente: su geometría, sus materiales, sus instalaciones sus fases de ejecución e incluso sus futuras necesidades de mantenimiento. Mariana Castañeda, ingeniera civil especializada en diseño tridimensional de infraestructuras de movilidad, trabaja en ese espacio previo a la construcción física. Mariana se licenció y ejerció durante años en su natal Colombia, para posteriormente trasladarse a España en busca de nuevas oportunidades y la realización de un máster complementario en sostenibilidad.
La representación 3D permite que los ingenieros, arquitectos, responsables de las instalaciones y las empresas constructoras trabajen en torno a una infromación común, a la par que compartida. Una modificación realizada en una parte del proyecto puede detectarse antes de que llegue a la obra. De este modo se reducen improvisaciones, se comparan alternativas y se planifican las fases de ejecución con una precisión mayor.
Una investigación de la Universidad de Alicante analizó la combinación de la metodoogía BIM con herramientas de planificación «LEAN» durante la ampliacion de un edificio público. Los autores concluyeron que, en ese caso concreto, el uso conjunto de ambas tecnologías facilitó la circulación de la información, la comunicación de los participantes y la toma de decisiones en el proceso. En cualquier caso, la digitalización no elimina la necesidad de profesionales. En cambio, transforma las capacidades que se requieren.
Un puente puede diseñarse con un modelo de gran precisión, pero continúa necesitando trabajadores capaces de ejecturar cimentaciones, montar estructuras, soldar, encofrar y comprobar el resultado final. El modelo exige un profesional que interprete la información y la asegure, del mismo modo que con los planos clásicos. Entre la mesa del estudio y el terreno aparece así un perfil cada vez más necesario, una persona que comprende el proyecto digital, y que también conoce las dificultades reales de la ejecución. La cuestión no es si la tecnología sustituirá completamente a los trabajadores, sino en si el sector será capaz de formar profesionales que se desenvuelvan en obras dónde las herraminetas digitales tienen cada vez más peso.
Cuando el problema llega a la obra
Obra en activo en Sagunto dirigida por Itciar Pagán. Autoría: Sergio De la Cruz.
Todas las decisiones terminan desembocando en un mismo lugar: la obra. En la práctica, los modelos digitales, las mediciones y los plazos se efrentan a un abanico gigantesco de factores externos o internos que dificultan el proceso. La lluvia, los retrasos de materiales, los cambios en el proyecto y la escasa disponibilidad real de los trabajadores afectan al «ladrillo» progresivamente.
Itciar Pagán Valladares conoce esa diferencia entre lo planificado y lo que finalmente puede ejecutarse. Su trabajo en Torrescamára, constructora vigente desde 1986, consiste en coordinar la colaboración con empresas subcontratadas por la constructora, controlar costes, organizar los tajos (espacios de trabajo) y conseguir que los distintos oficios entren en el momento adecuado. Este papel se entremzcla con su acción en el terreno, ya que por falta de diversificación de cargos (fruto de la dificultad para encontrar personal) se ve obligada a combinar las funciones anteriores con la dirección en el minuto a minuto del trabajo de sus albañiles. Itciar se graduó en arquitectura técnica en la Universidad Politécnica de Valencia, con el primer «acéssit» al mejor TFG de su promoción. Hoy, inmersa en las dificultades de la vida laboral, lucha por sacar adelante proyectos de gran envergadura urbanística.
En una planificación, cada actividad tiene una duración. En la realidad, esa duración depende de que exista una cuadrilla disponible. Cuando una empresa no puede entrar en la fecha prevista, la jefa de obra debe reorganizar los trabajos, desplazar recursos y evitar que otros equipos queden detenidos. El retraso de un oficio puede transmitirse a los siguientes. Si no se terminan las instalaciones, no se pueden cerrar determinados revestimientos. Si no se ejecuta una solera, no se puede colocar el pavimento. Y si el material no llega, o no existe una cuadrilla para instalarlo, el espacio continúa ocupado y bloquea nuevas actividades.
En el cuarto trimestre de 2025, el 63 % de las empresas de construcción y promoción inmobiliaria consultadas por el Banco de España señaló que la falta de personal era un factor que limitaba su actividad. En 2020, esa proporción se encontraba alrededor del 20 %. La evolución refleja que la dificultad para contratar ha dejado de ser una puntualidad para convertirse en uno de los principales obstáculos de muchas empresas.
La falta de trabajadores puede aumentar los costes, pero también genera consecuencias menos visibles. Obliga a mantener espacios cerrados durante más tiempo, provoca interferencias entre equipos y puede generar presión para ejecutar algunas partidas con mayor rapidez. También se reduce la capacidad selectiva. Cuando existen pocas empresas disponibles, ya no se compara únicamente quien ofrece el mejor precio o la mayor especialización, sino que se prioriza a aquella compañía que garantice cumplir con el plazo establecido.
La presencia de mujeres sigue siendo reducida. En 2025 representaban aproximadamente el 9,9% del empleo de la construcción. Aunque su número ha aumentado, el sector continúa fuertemente masculinizado. La experiencia de una jefa de obra permite mostrar que el problema no se limita a atraer jóvenes. También implica facilitar la incorporación de más mujeres, mejorar la percepción social de los oficios y ofrecer trayectorias profesionales estables.
Durante años, la construcción se ha asociado a la temporalidad, al riesgo y a la dureza física. Parte de esta imagen responde a problemas reales, pero también oculta la evolución del sector: maquinaria que reduce esfuerzos (aunque esta carezca de una innovación a la altura de otros sectores), nuevas medidas de seguridad o profesiones técnicas vinculadas a la sonstenibilidad, la planificación y la digitalización. Atraer trabajadores exige mejorar las condiciones laborales, pero también explicar que construir no es una opción única y unilateral. Dentro de la obra conviven decenas de especialidades, desde aquellos que manejan maquinaria hasta las personas especializadas en el diseño digital.
Veinte años construyendo lejos de casa
Buena parte de la actividad actual de la construcción en España depende de trabajadores extranjeros. En 2025, el 25,3 % de las personas ocupadas en el sector tenía nacionalidad extranjera, es decir, 1 de cada 4 personas. El porcentaje era superior al registrado en el conjunto de la economía española. La cifra mide a todas aquellas personas que mantienen una nacionalidad extranjera, mientras que las que tienen doble naicionalidad aparecen en una categoría diferenciada.
Zaza Svanadze, que se hace llamar Zaza para todos sus conocidos, llegó desde Georgia hace más de dos décadas. Durante este tiempo ha trabajado en todas las especialidades imaginables de la industria de la construcción, pasando por distintas empresas, siendo autónomo y aprendiendo con su propio sudor cómo funciona el sector en España. Ahora, después de años de esfuerzo y superación prepara un nuevo paso: crear su empresa.
Su trayectoria muestra dos procesos. El primero es la importancia de los trabajadores extranjeros para cubrir puestos que no encuentran suficiente relevo de nacionalidad española. El segundo es la transformación de algunos de estos trabajadres, que empiezan desde el sitio más bajo, en autónomos o empresarios. Pasar de ser empleado a generar puestos de trabajo conlleva una gran responsabilidad. La creación de una empresa supone asumir múltiples riesgos. No basta con conocer el oficio, es necesario preparar presupuestos, adquirir herramientas, contratar seguros, cumplir obligaciones administrativas, buscar clientes y responder por el trabajo de otras personas.
Su historia permite alejarse de una representación del trabajador extranjero estigmatizada, denostada y vista como figuras de simple sustitución temporal. Muchas de las personas que vienen a España en busca de oportunidades para cambiar su realidad, acumulan décadas de experiencia, forman nuevas cuadrillas y crean empresas pequeñas que terminan sosteniendo una parte fundamental de las reformas y la construcción residencial.
Esta dependencia también plantea preguntas. ¿Está preparado el sector para reconocer formalmente la experiencia adquirida?¿Existen suficientes mecanismos de formación lingüística e integración del trabajador extranjero?¿Pueden los empleados acceder con facilidad a certificados profesionales? ¿Qué apoyo recibe el empleado que quiere pasar a ser empresario?
La construcción vive de estos profesionales, lo que no debe permitir la aceptación de situaciones precarias. Incorporar mano de obra extranjera debería garantizar formación preventiva, derechos laborales y oportunidades reales de progreso en sus puestos de trabajo.
Más hogares que viviendas
El Banco de España estima que, entre 2021 y 2025, el diferencial acumulado entre la creación neta de hogares y las viviendas terminadas alcanzó aproximádamente 750.000 inmuebles. La institución identifica varias razones por las que la oferta residencial reacciona de manera limitada. Entre ellas se encuentran la disponibilidad del suelo, la duración de los procedimientos administrativos, la baja productividad, el reducido tamaño de muchas empresas y la dificultad para cubrir vacantes especializadas.
La falta de mano de obra, por lo tanto, se convierte en una de las problemáticas más relevantes pero no en la única. Construir más tampoco es la solución, se necesita rehabilitar viviendas vacías, adaptar edificios antiguos, mejorar la eficiencia energética y recuperar zonas urbanas en desuso o degradación. Aun así, todos las medidas vuelven a un mismo punto: hacen falta empresas y trabajadores capaces de hacerlas funcionar.
Las historias que se abordan en este reportaje conviven en un ecosistema marcado por muchas dudas. La construcción se encuentra en un limbo entre dos épocas: se conserva una base artesanal, en la que la experiencia sigue siendo imprescindible, mientras que al mismo tiempo se avanza hacia un modelo digitalizado e industrializado.
El futuro de este sector dependerá de su capacidad para unir los dos mundos: formar a jóvenes, incorporar más mujeres, reconocer la aportación extranjera y extender las herramientas digitales desde los estudios especializados como Epigram hasta las pequeñas empresas como el nuevo proyecto de Zaza.
Cada edificio comienza con un diseño, pero solo se convierte en realidad cuando muchas personas son capaces de trabajar en el orden adecuado. España necesita rehabilitar y construir. La pregunta reside en quién tendrá los conocimientos, las herramientas y las condiciones necesarias para reconducir la construcción tal y como la conocemos.





