Para comprender el impacto de los pisos turísticos en Valencia es necesario ir más allá de las experiencias personales y analizar el fenómeno desde una perspectiva académica. Rubén Arnandis I Agrumunt, profesor del Departamento de Geografía de la Universitat de València, coordinador del Grado en Turismo y especialista en gestión pública del turismo, considera que el crecimiento de las viviendas turísticas no es una casualidad, sino el resultado de una serie de decisiones políticas y económicas tomadas durante la última década.

Foto de perfil de Rubén Arnandis I Agrumunt de la UV
Según explica el experto, uno de los momentos clave se produjo en 2013, cuando se modificó la Ley de Arrendamientos Urbanos. Este cambio normativo generó un vacío legal que permitió el desarrollo de las viviendas de uso turístico. En un primer momento, muchos propietarios particulares aprovecharon la oportunidad para obtener unos ingresos extra alquilando sus viviendas a visitantes. Sin embargo, con el paso del tiempo el fenómeno cambió de dimensión.
«Las grandes empresas inversoras empezaron a comprar vivienda libre y vacía para utilizarla como vivienda de uso turístico», afirma Hernández. El motivo, según explica, es evidente: la alta rentabilidad económica que ofrecen este tipo de alquileres frente al alquiler tradicional.
Para el profesor, la relación entre el aumento de los pisos turísticos y el encarecimiento de la vivienda está más que demostrada. De hecho, señala que ya existen estudios académicos e informes elaborados para la ciudad de Valencia que confirman esta conexión. «Evidentemente que existe, y además tiene mucha lógica», asegura. El experto pone un ejemplo muy gráfico: un propietario puede obtener más beneficios alquilando su vivienda a turistas durante los fines de semana que mediante un contrato de larga duración con una familia. Esta mayor rentabilidad ha provocado que muchos inmuebles abandonen el mercado residencial para convertirse en alojamientos turísticos.
No obstante, Hernández también advierte de que la crisis de la vivienda no puede explicarse únicamente por los pisos turísticos. La escasez de viviendas disponibles, el aumento de la demanda y la falta de nueva oferta residencial son otros factores que han contribuido al problema. Sin embargo, insiste en que las viviendas turísticas han agravado una situación que ya era complicada.
El experto también considera que algunos barrios de Valencia han cambiado profundamente debido al turismo. «Valencia ya es una ciudad para turistas», afirma, aunque matiza que este fenómeno se concentra en determinadas zonas, como Russafa, El Carmen, El Cabanyal o el entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Según explica, en estos lugares los comercios, los servicios e incluso la actividad económica se han adaptado cada vez más a las necesidades de los visitantes y menos a las de los residentes.
Como ejemplo, propone un ejercicio sencillo: «Date un paseo por el centro de Valencia e intenta comprar un pollo o un kilo de pescado. Todo eso ya no lo vas a encontrar». Para el profesor, la desaparición de determinados comercios tradicionales es una muestra de cómo algunos barrios han ido transformándose para responder principalmente a las demandas del turismo.
En cuanto a las posibles soluciones, Hernández defiende la creación de una normativa estatal unificada que regule el alojamiento turístico en toda España y evite los vacíos legales que han permitido el crecimiento descontrolado de este fenómeno. En su opinión, sólo mediante una regulación más homogénea será posible reducir los conflictos entre la actividad turística y el derecho de los ciudadanos a vivir en su propia ciudad.
Más allá de las cifras y del debate sobre el precio de la vivienda, el geógrafo y profesor especializado en turismo David De la Osada Sauri plantea una reflexión más profunda: ¿qué tipo de ciudad quiere ser Valencia en las próximas décadas?

Foto de perfil de David De la Osada Sauri en la UV
El investigador considera que el turismo es una actividad económica fundamental para la ciudad y recuerda que una parte importante de la riqueza y el empleo dependen de este sector. Sin embargo, advierte de que el crecimiento turístico no puede producirse de forma ilimitada ni a costa de la calidad de vida de los residentes.
«Hay que dejar un camino al turismo, pero como a la ciudad y a sus habitantes les interese», afirma. En su opinión, las administraciones deben decidir de manera consciente qué espacios pueden asumir una mayor presión turística y cuáles deben protegerse para garantizar su función residencial.
El experto reconoce que algunos barrios de Valencia, como Ciutat Vella o determinadas zonas del Cabanyal, han experimentado un proceso de turistificación tan intenso que resulta difícil revertirlo. «Quizás podemos dar por perdido el casco viejo o algunas zonas del Cabanyal», señala, aunque matiza que esta realidad no debe extenderse al resto de la ciudad.
Para explicar esta idea, David recurre al concepto de «parque temático urbano», utilizado por diversos investigadores para describir aquellos espacios que terminan adaptando gran parte de su actividad económica y social al turismo. La cuestión, según plantea, es si determinadas áreas de la ciudad pueden asumir esa función sin que el conjunto de Valencia pierda su carácter residencial y su identidad.
«No dejemos que proliferen ahí hoteles, dejemos algo de ciudad», defiende el investigador, quien apuesta por encontrar un equilibrio entre la actividad turística y las necesidades de quienes viven en la capital valenciana.
Sus palabras ponen de manifiesto que el debate sobre los pisos turísticos va más allá del mercado de la vivienda. La cuestión de fondo es también una reflexión sobre el modelo urbano y sobre el derecho de los ciudadanos a seguir habitando una ciudad cada vez más orientada al turismo. El reto, concluye, no es eliminar el turismo, sino decidir hasta dónde debe llegar y en qué condiciones puede convivir con la vida cotidiana de los barrios.