Slasher: El género que redefinió el cine de terror

Valencia - Última actualización: 24 de diciembre de 2025, 12:04 (Europe/Madrid)

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¿QUÉ ES EL SLASHER?

Es un subgénero del cine de terror, donde un asesino psicópata es el protagonista. En general, las víctimas son adolescentes y están basadas en sitios alejados. Entre sí, se definen diferentes matices temáticos dentro del subgénero: el gore, psicopatía, represión sexual, jumpscares y en alguna película, el humor. El slasher es conocido por crear tensión, temor y repugnancia a través de un asesino que utiliza armas blancas. El actor y licenciado en cinematografía Manuel Moreno define los principales componentes que debe contener una película de estás características.

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EL ASESINO QUE DEFINIÓ EL GÉNERO

Corría el año 1906 en el estado de Wisconsin cuando nació el hombre que en el futuro inspiraría a grandes directores de cine. Su nombre era Edward Theodore Gein, o comúnmente conocido como “el carnicero de Plainfield” o “el necrófago de Plainfield”. Este fue el personaje que inspiró a Alfred Hitchcock para filmar Psicosis (1960). Ed Gein fue un asesino y profanador de tumbas, cuyos crímenes consistían en la conversión de restos humanos en trofeos, máscaras, muebles y trajes.

Pero hubo una cuestión que suscitó el interés de los grandes directores. No era el morbo, ni siquiera los crímenes cometidos, era que el terror venía de lo cotidiano. Un hombre de apariencia tranquila, tímida y alejada de la población era la clave del terror moderno; uno que atraía multitudes. Parecía que el terror había evolucionado a un género totalmente nuevo: el humano como centro de atención; ahora las historias no serán contadas acerca de un monstruo, serán reinventadas y conducidas a la monstruosidad del ser humano y su psicología.

Ed Gein / Anthony Perkins en Psicosis (1960)

ANTES DE LA MÁSCARA: LOS ANTECEDENTES DIRECTOS

Antes de la máscara, el asesino que definiría al cine slasher no es un monstruo sobrenatural, aunque a veces sí. Son individuos marcados por un trauma en específico. Por ejemplo: Freddy Krueger, Jason y Leatherface poseen una cosa en común, un trauma relacionado con su pasado. Algo fundamental en la película de psicosis (1960) es que el asesino, Norman Bates, nace en un entorno plagado de severos problemas familiares. A esto se le suman personajes con trastorno de identidad disociativo, abuso emocional y una relación maternal muy dañina. Psicosis es una causa primordial del género, sin la cual, posiblemente, el slasher no habría visto la luz.

A lo largo de la historia, los mitos y la realidad nos han traído asesinos mucho antes del nacimiento del slasher. Uno directo fue Jack el Destripador, cuyos asesinatos brutales, víctimas vulnerables (prostitutas en muchos casos), ambiente de misterio y  terror por lo cotidiano son algunas de las características trasladadas al cine. También podríamos integrar a Henry Lee Lucas, una personificación del mal que inspiró a asesinos slashers sin motivación alguna de venganza, sino de matar.

No nos podemos olvidar de cómo influyó el cine europeo en Hollywood. A finales de la década de 1950 e inicios de los ‘60’ aparecieron dos vertientes cinematográficas en Italia y Alemania conocidas como Giallo y Kirmi, respectivamente. Alemania dió el primer paso, con producciones llamativas de humor y criminales con vestimentas extravagantes. Por su parte, el hermano italiano gozaba de creaciones sádicas y eróticas, sin embargo, los protagonistas eran adultos. Muchas veces se obvia el cine europeo por no gozar de un star system de actores y actrices, producciones espectaculares y un marketing brillante, pero hay excepciones. Ambas corrientes representan los proto-slashers, tanto Darío Argento como Mario Bava son los directores referencia del slasher moderno.

EL CONTEXTO HISTÓRICO NORTEAMERICANO

En las décadas de los 60 y 70 Estados Unidos experimentó un cambio social que erosionó directamente con la creación del cine slasher. Los jóvenes reflejaban conductas que rompían con el esquema moral del conservadurismo estadounidense. La sociedad conservadora estadounidense se basaba en la búsqueda del éxito del trabajo del hombre y constituido por una base religiosa, cuyo fin es mostrar progreso frente a otros países. En este contexto, los jóvenes a través del consumo de drogas y el sexo evidenciaban una vertiente contraria a lo que se creía, fue la revolución rebelde juvenil estadounidense la que materializó la esencia de este subgénero.

«En el documental pesadillas en blanco, rojo y azul muestra cómo el cine de terror norteamericano se ha ido adaptando a los cambios generacionales para mostrar los miedos y ansiedades de la sociedad americana»

El movimiento hippie y el feminismo marcaron un distanciamiento generacional entre los adultos y los jóvenes. La primera película que mostró estas realidades sociales fue The Texas Chain Saw Massacre dirigida por Tobe Hooper. En este largometraje, los adolescentes son una manifestación del movimiento hippie por las siguientes características: consumición de estupefacientes, sexo fuera del matrimonio y búsqueda de experiencias fuertes sin importar que trastoquen las costumbres de la sociedad. El feminismo actuó en Black Christmas, una cinta dirigida por Bob Clark, que muestra a adolescentes desencantados con la sociedad. Ese es el caso de Jessica Bradford, una universitaria que quiere abortar para sacar sus estudios adelante. En aquel entonces, el aborto era un tema tabú que trastocaba los valores en la sociedad norteamericana. En ambas películas, los asesinos actuaban como fuerza representativa del conservadurismo norteamericano. 

DEL ÉXITO AL DECLIVE EN APENAS UNA DÉCADA: LOS AÑOS 90

Todo parecía un camino de rosas allá por el 1980 cuando, dos años después del ‘boom’ de Halloween en cines, Viernes 13 estableció las pautas para las próximas películas: el castigo por la inmoralidad sexual, la utilización de la temática de los estupefacientes y la figura del asesino enmascarado en un lugar aislado.

Observando estos grandes éxitos, los directores encontraron una oportunidad de oro para hacer de sus célebres antagonistas unos mitos reconocibles alrededor de todo el mundo. Así, villanos como Michael Myers, Jason Voorhees o Freddy Krueger se convirtieron en estrellas universales que traspasan la brecha generacional.

Es verdad que, como comenta Moreno, la reiteración de la misma fórmula narrativa “forma parte del juego». A partir de ahí, «el espectador lo reconoce enseguida y eso ayuda a entender la historia”. No obstante, resultó en una fatiga en ojos de la audiencia.

Ante la caída en taquilla, surgen nuevas fórmulas de slasher, entre las cuales destaca Pesadilla en Elm Street como un referente de la innovación en el género. La novedad fantástica y carismática en su malévolo protagonista trajo consigo películas que buscaban imitar el éxito. Así nació  Silent Night, Deadly Night en 1984, un film que superó los límites del terror al presentar un Santa Claus que asesinaba a personas inocentes, llenando de sangre y violencia una época que suscita familiaridad y ternura.


¿Sabías qué?

A raíz de la publicación de Silent Night, Deadly Night, la Motion Picture Association of America (MPAA) restringió la emisión de contenido gore y violento en los cines, rebajando la película a la calificación ‘X’ (asociada a pornografía o violencia extrema inaceptable). El motivo, una oleada de indignación por parte de padres de familia y críticos de cine que obligó a la asociación estadounidense a adoptar medidas al respecto. Las consecuencias no las sufrió únicamente este filme, más bien afectó a toda la industria del slasher. El límite para la censura se había endurecido, por lo que muchas productoras optaron por el mercado de vídeo o VHS, que reducía su calidad pero permitía llevar a cabo un contenido más explícito por un coste de producción menor.


WES CRAVEN, LA BOTELLA DE OXÍGENO PARA UN GÉNERO DESALENTADO

El guionista, novelista y director de cine norteamericano, Wes Craven, se mantuvo al frente del cine slasher cuando más lo necesitaba el género de terror. Pesadilla en Elm Street, La Nueva Pesadilla de Wes Craven y Scream no han pasado a la historia únicamente por su calidad técnica, narrativa y de producción, sino que surgieron en un momento clave para resistir y transformar la época negra del género de terror.

Primeramente, en 1984 apareció Pesadilla en Elm Street en un contexto de saturación por la fórmula tradicional, en la cual el asesino no deja de lado el ‘cuchillo’ rudimentario. Freddy Krueger brilló con luz propia al convertirse en el primer homicida que actuaba en la fantasía y ficción, a través de los sueños de sus víctimas. Craven le dotó de personalidad, a diferencia de figuras anteriores como Michael Myers, dando los primeros coletazos en una estructura narrativa más compleja y rebuscada.

Cuando se volvió a requerir de un referente en innovación, el director estadounidense regresó con La Nueva Pesadilla de Wes Craven (1994), una película alternativa con la que buscó dar un soplo de aire fresco al slasher. En ella fusiona la realidad con la ficción, haciendo que Freddy Krueger deje la fantasía a un lado para combinar el asesino tradicional y el moderno. Aunque no funcionó como se esperaba en las taquillas, transmitió algo de luz en una época de oscuridad y pesimismo.

Por último, el punto de inflexión definitivo surgió con la publicación de Scream (1996), a través de la cual se sientan las bases del slasher moderno. Surge la ironía como herramienta para reírse de la estructura narrativa tradicional y la inversión económica, tanto en la contratación de estrellas del cine del tamaño de Drew Barrymore o Jenna Ortega, como en el salto de calidad técnica.

EL SLASHER EN EL SIGLO XXI Y SU RENACER CONTEMPORÁNEO

Como ya se ha mencionado antes, el lanzamiento de Scream fue una revolución para el cine slasher, consiguiendo revitalizarlo alejándose de la visión pesimista sobre el futuro del género. Así pues, nacen obras como Detrás de la máscara: el encumbramiento de Leslie Vernon (2006) que reflexionan sobre esa problemática en formato de pseudo documental. Otro ejemplo significativo sería La cabaña en el bosque (2012), que critica las normas del slasher tradicional y desmonta al completo el cine de terror. Al principio, parece una simple historia más, pero revela que todo está organizado para cumplir con las expectativas culturales.

En la actualidad, una tendencia que está presente en el slasher es la de los remakes, es decir, el renacer de los originales. Se toman como punto de partida los clásicos de este género para establecer nuevas continuidades narrativas. Están logradas si consiguen fusionar la nostalgia con la renovación en el relato que se demanda hoy en día.

El ejemplo perfecto es el de la película dirigida por David Gordon Green, Halloween (2018). En la que se toma como referencia la historia y la trama original que se creó hace 40 años . Otro ejemplo correcto es el de Candyman (2021). Este tipo de películas logran mezclar la nostalgia con la renovación que se pide hoy en día el slasher.

 Además, el cine slasher también ha adaptado en sus películas enfoques modernos. Películas como X (2022) y Bodies Bodies Bodies (2022) nos muestran nuevos terrores sociales. En esta última mencionada, la tecnología y las costumbres digitales de las nuevas generaciones potencian el terror. Ya no se depende únicamente del asesino en su aspecto físico, sino que la interacción digital y las nuevas tecnologías, como los móviles, son elementos claves que juegan un papel muy importante en estas tramas.

 El género slasher fue, es y seguirá siendo amado por los fanáticos del terror. Su capacidad de adaptarse y la combinación entre violencia, suspense y personajes icónicos como es el del monstruo humano, nos da la certeza y completa seguridad de que a pesar de las modas que puedan venir, este género siempre conseguirá adaptarse y nunca caerá en el olvido.

Cuestionario Cine Slasher

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