Silvia: la vida en el margen de una mujer trans sin techo marcada por la violencia

Última actualización: 22 de diciembre de 2025, 20:12 (Europe/Madrid)

Testimonio de una vida que interpela a la sociedad: relato de una experiencia vital que expone fracturas sociales y desprotección

Una mujer sin hogar sentada en el quicio de una puerta.

Una mujer sin hogar sentada en el quicio de una puerta. Imagen cortesía de Arty Smokes http://www.flickr.com/photos/artysmokes/

En las calles de Valencia vive Silvia, una mujer trans sin techo marcada por la violencia cuya historia sintetiza múltiples vulnerabilidades: la pobreza extrema, la violencia machista, la falta de acceso a la salud y el estigma social. A pesar del peso acumulado de estas circunstancias, ella habla con una serenidad sorprendente, desde una voluntad clara de contribuir a que se comprenda la realidad de quienes atraviesan situaciones como la suya. A Silvia le gusta narrar su historia sin revelar su identidad, para protegerse y al mismo tiempo contribuir a que otras personas se sientan acompañadas.

Malos tratos y palizas

Antes de caer en la calle, Silvia ya había vivido el rechazo familiar. Su madre la expulsó del hogar cuando inició su transición, lo que la llevó al trabajo sexual desde los 16 años. Durante años ejerció en distintas ciudades hasta que, hace unos meses, decidió abandonarlo. Cuenta que en Barcelona llegó a pedir dinero frente a un hospital e insiste en que la supervivencia en la calle exige “resguardarse siempre donde casi nadie mire”.

Su vida dio otro giro radical hace cinco años en Granada. Allí convivía con su entonces pareja, un hombre al que conoció cuando buscaba una habitación. La convivencia derivó en malos tratos constantes que culminaron en una paliza brutal. Esa agresión le provocó una hipoacusia neurosensorial irreversible en el oído derecho, problemas vestibulares, vértigos cotidianos y secuelas psicológicas que aún intenta manejar. Aquel episodio la dejó también sin recursos: perdió dinero, vivienda, objetos personales y la posibilidad de continuar su formación. Con apenas una maleta y algunas prendas, cayó en una situación de sinhogarismo que arrastra hasta hoy. Durante mucho tiempo durmió en garajes, trasteros y calles poco transitadas para evitar agresiones. Esa estrategia, reconoce, la protegió parcialmente de ataques directos, aunque no evitó intentos de robo ni el miedo constante a la vulnerabilidad.

Problemas psicológicos derivados del sinhogarismo

El sinhogarismo prolongado ha tenido impacto emocional y psiquiátrico. Silvia describe cómo comenzó a experimentar alucinaciones auditivas en forma de susurros y sonidos que no existían. Los especialistas atribuyen estos episodios al estrés extremo y continuado. Está en proceso de evaluación para ajustar su medicación, tras recibir antipsicóticos para estabilizar los síntomas. El frío y la inseguridad son constantes. Admite, sin recato, haber sentido miedo real a permanecer en la calle. La imposibilidad de encontrar una habitación segura, unida a experiencias pasadas traumáticas en pisos compartidos, la mantiene en alojamientos precarios y temporales proporcionados de forma informal

Falta de sensibilidad de algunos profesionales de la salud

Silvia inició su transición hace nueve años. Desde entonces ha enfrentado múltiples trabas en el sistema sanitario, especialmente en lo referente al acceso al tratamiento hormonal. Denuncia que varios profesionales la sometieron a cuestionarios intrusivos y procesos dilatorios que llegaron a forzarla a la automedicación. Aunque actualmente está vinculada a un nuevo hospital, la desconfianza y el cansancio acumulado dificultan que pueda retomar la atención médica con normalidad. La falta de tratamiento hormonal estable constituye uno de los déficits asistenciales que más le afectan. Paradójicamente, su documentación legalmente actualizada –incluido su DNI– le ha evitado en parte las humillacioes o riesgos que otras mujeres trans sufren en controles policiales o en servicios de atención social, donde la identidad legal no siempre coincide con la realidad vivida.

Apoyo del CAST

Silvia reconoce que no ha salido aún de la situación que comenzó hace cinco años. Pero los apoyos recibidos en Valencia han supuesto un impulso real. El CAST, el Centro Mujer 24 Horas y el programa ALBA representan para Silvia puntos de inflexión: allí encontró acompañamiento psicológico, orientación social y un trato digno. Gracias a la coordinación entre estos servicios percibe ayudas como la renta valenciana, el ingreso mínimo vital y un subsidio por violencia de género que le permiten sostenerse. En cambio, lamenta haber sufrido desatención en otros espacios dedicados a la población LGTBI, como LAMBDA, donde asegura que el trato recibido fue poco profesional y carente de sensibilidad. 

Su prioridad ahora es estabilizar su salud, encontrar una vivienda y retomar sus estudios en la autoescuela, donde intenta recuperar el camino hacia un carné de conducir que tuvo que abandonar al quedarse sin recursos. Su gran sueño, sin embargo, es escribir una novela. Le gustaría que su historia ayude a otras personas, aunque sin revelar su nombre para evitar nuevas exposiciones dolorosas. Considera que los relatos de vida, cuando se abordan con dignidad, pueden contribuir a mejorar los protocolos profesionales y a visibilizar problemáticas que suelen quedar en la sombra.

En su reflexión final, Silvia subraya la necesidad de abordar el sinhogarismo, la violencia de género y la realidad trans desde una mirada integral y empática. Reclama servicios públicos sólidos, profesionales con formación y sensibilidad, y un reconocimiento social de que estas situaciones no son casos aislados, sino síntomas de un problema estructural. Su voz, quebrada por la dureza de lo vivido pero firme en la voluntad de ser escuchada, recuerda que detrás de cada persona sin techo hay historias complejas, heridas invisibles y proyectos que aún buscan un lugar donde crecer. Silvia aún anhela rehacer su vida, más allá de los proyectos materiales, en un espacio seguro y digno donde poder empezar de nuevo.

María Eva Beltrán Valls

Manuel Ignacio Hedilla de Rojas

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