Salud mental en deportes y redes sociales, juicios en 280 caracteres

Última actualización: 22 de diciembre de 2025, 22:49 (Europe/Madrid)

Los medios de comunicación y las redes sociales son un arma de doble filo. Si bien pueden elevar a un deportista al olimpo de la fama, también se han convertido en una fuente inagotable de presión y toxicidad. Hoy, la grada ya no termina en el estadio; continúa en el bolsillo de cada aficionado, 24 horas al día, 7 días a la semana.

La dictadura del «Me Gusta»

La aparición de las redes sociales ha eliminado la barrera entre el público y el ídolo, permitiendo una interacción directa que a menudo se torna destructiva. Factores como la cultura de la inmediatez, donde los errores se magnifican al instante, y las expectativas irreales de rendimiento, han creado un entorno asfixiante.

Los psicólogos advierten sobre tres fenómenos clave:

    • Visibilidad constante: La sensación de invasión de la privacidad y vulnerabilidad emocional permanente.

    • Comentarios tóxicos: Los insultos y comparaciones que erosionan la autoestima, exacerbando la ansiedad y el miedo al fracaso.

    • Deshumanización: Se espera que rindan como robots, ignorando el agotamiento físico o los problemas personales.


Cuando las estrellas colapsan

La tenista Naomi Osaka celebrando durante un partido
La tenista Naomi Osaka celebrando durante un partido
La atleta Simone Billes tras proclamarse por octava vez campeona en USA
El futbolista Lionel Messi levantando la Copa del Mundo.
El futbolista Lionel Messi levantando la Copa del Mundo.

Naomi Osaka: «Está bien no estar bien»

La tenista japonesa, número uno del mundo en aquel momento, desató un terremoto mediático al negarse a asistir a las ruedas de prensa obligatorias en Roland Garros. Lo que la organización y gran parte de la prensa interpretaron inicialmente como una «falta de profesionalismo» o un capricho de diva, escondía una realidad mucho más dolorosa.

 

Osaka reveló que llevaba años luchando contra largos periodos de depresión desde el US Open de 2018 y que sufría una ansiedad social paralizante antes de hablar con los medios. Su decisión de priorizar su salud mental sobre las multas y las amenazas de expulsión del torneo expuso la insensibilidad del circuito profesional, convirtiéndola en un símbolo de resistencia pero también en el blanco de críticas feroces.

Simone Biles: El peso del mundo

Llegó a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 como la indiscutible estrella del evento, pero la presión de ser «la mejor de la historia» rompió algo en su interior. Biles se retiró de la final por equipos y del concurso individual general tras sufrir los temidos «twisties«, un bloqueo mental que provoca que la gimnasta pierda la orientación en el aire, poniendo en riesgo su vida en cada salto.

Su valiente decisión de decir «basta» para proteger su integridad física y mental polarizó al mundo. Mientras muchos aplaudieron su coraje por humanizar al atleta de élite, las redes sociales se llenaron de comentarios tóxicos acusándola de «débil», de «generación de cristal» y de haber traicionado a su país por no competir.

Lionel Messi: La sombra de Dios

Incluso el considerado mejor jugador de la historia no es inmune al escrutinio despiadado. Durante años, Messi vivió bajo la sombra de Diego Maradona y la exigencia asfixiante de un país que le pedía ganar a cualquier precio. Las redes sociales y la prensa argentina fueron implacables, cuestionando su liderazgo, su patriotismo e incluso comparando desfavorablemente su rendimiento con la selección frente al del FC Barcelona.

El punto de quiebre llegó en 2016, tras perder otra final de Copa América. Saturado por las críticas destructivas y el peso de la responsabilidad, un Messi abatido anunció su renuncia a la selección nacional, declarando que «ya está, se terminó para mí». 

 


Otros casos en la sombra

No son los únicos. El futbolista Paul Pogba ha tenido que limitar su exposición a redes tras sufrir constantes ataques racistas y personales que afectaron su estabilidad emocional. O el gesto de la lanzadora de peso Raven Saunders en el podio olímpico, cruzando los brazos en forma de ‘X’ para visibilizar a «todas las personas oprimidas» y la lucha por la salud mental.

La conclusión es clara: «Promover una cultura de respeto y comprensión en el deporte es crucial para garantizar el bienestar de quienes dedican su vida a esta profesión».

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