Ya lo vaticinaba el propio Steve Wonder en su famoso sketch de 1985 cuando, pronunció aquello de “si bebes no conduzcas”. Desde entonces, ríos de tinta se han invertido para adoptar una normativa que garantice la seguridad vial o, al menos, que palíe las desgracias personales y familiares que la cultura del alcohol provoca en nuestro país.

La Asociación de Prevención y de Víctima de accidentes (AESLEMA) es rotunda ante el alcohol en la carretera, “ni una sola gota debía estar permitida”. El debate no debe centrarse en cuánto debe permitirse beber, sino en erradicar, desde un punto de vista incluso cultural, la costumbre de beber y después coger el coche. Dicha entidad no cesa en lucha contra esta lacra, y ha lanzado innumerables campañas y actos de promoción “si controlas, vuelves”, “agárrate a la vida” o “disfruta con cabeza”. Contundentes, huelga cualquier explicación.
Se están llevando a cabo numerosas medidas preventivas con el fin de rebajar las cifras de siniestralidad a causa del alcohol en España. El Ministerio de Sanidad recalca la importancia de no beber bajo ninguna circunstancia ya que es el motivo de riesgo principal en los accidentes viales. Asimismo, la Dirección General de Tráfico puso en marcha una campaña de Navidad especial de vigilancia para evitar este tipo de siniestros. Este organismo también ha llevado a cabo la realización de numerosos e impactantes anuncios emitidos en la televisión.
No obstante, dichos anuncios -con estrategias de lo más variadas-, aunque contribuyen a la concienciación del problema, tampoco han ofrecido los resultados esperados. De imágenes publicitarias espeluznantes, propias del cine gore o de terror, a secuencias más amables que persiguen centrarse en la responsabilidad propia del conductor. Ninguna exitosa. El número de accidentes no cesa, los muertos y heridos se mantienen y el peligro particular para motocicletas y bicis sigue latente. Según la DGT, las pasadas Navidades, 51 personas perdieron la vida. Un dato que produce escalofrío.
Juan R. relata su estremecedora historia, quién quedó en silla de ruedas tras sufrir un accidente de tráfico por un conductor que superaba mínimamente la tasa de alcoholemia. Además, insiste en la idea de cero alcohol. «No hace falta beberse 4 cubatas para no coger el coche, con dos cervezas ya debes evitar conducir». La historia de Juan es reveladora de su propia situación: el hombre que le atropelló solo consumió dos cervezas, era alto, fuerte y acostumbrado a beber.
Si se ha dejado de fumar en bares…¿por qué no dejar de beber al volante?
En la España de los 90 casi la mitad de la población fumaba. Sin embargo, mediante concienciación en la sociedad se ha conseguido disminuir brutalmente su consumo. El entrevistado recuerda sus salidas de aquella época, cuando la ropa se iba sola a la lavadora. “Resulta impensable que en este país se haya logrado frenar el tabaquismo. Ahora en los bares no se fuma. Si uno quiere fumar, se va a la calle. Está asumido por la población, no pasa nada, se respeta y se acepta». Es por ello que Juan -y muchísimas personas más-, se plantean cómo sí se ha dejado de fumar mayoritariamente y no de beber al conducir.