Las lagunas de las infancias LGTBI

Última actualización: 20 de enero de 2025, 21:44 (Europe/Madrid)

“No recuerdo nada de mi infancia, sobre todo por la discriminación que sufrí». Así recuerda Enrique, un estudiante de Economía de 20 años, su paso por un instituto concertado como un homosexual visible. “No he dejado de ser quien soy nunca, creo que por eso he sufrido tanto acoso», relata el joven. A pesar de que su experiencia parece una coincidencia, la historia se repite si escarbamos en el pasado de muchas personas del colectivo. El miedo y el olvido son las razones que provocan las lagunas de las infancias LGTBI. Unas vidas truncadas.

El terror, es el más extendido. La nueva vía de la extrema derecha para difundir sus discursos de odio, las redes sociales, ha generado que el año 2022 fuera el más cruel para el colectivo de España, según la documentación de la ONG ILGA-Europe. Gracias al Informe sobre la evolución de los delitos de odio en España (2022) del Ministerio del Interior, se aprecia que la Comunidad Valenciana está en el ranking de la quinta comunidad autónoma con más violencia hacia este sector, con un total de 188 delitos de odio cometidos, de los cuales 71 tenían como víctima al colectivo LGTBI.

Por norma general, los colegios son el ambiente propicio para el desarrollo de estas discriminaciones. La falta de mecanismos para ayudar a las víctimas y el silencio ante la violencia convierten los centros educativos en fábricas de niños rotos. Diana, una joven de 21 años, explica que sus círculos cercanos se mostraban muy abiertos con el tema. Sin embargo, el problema llegó cuando recibió comentarios externos por parte de sus compañeros de clase sobre su expresión de género. «Yo sabía que era lesbiana, pero estas situaciones me llevaron a callármelo por mucho tiempo». La joven relata que el principal insulto que sufría era el de «marimacho«.

La concejala del Ayuntamiento de Valencia por Compromís, Lucía Beamud, pone el foco en la educación sexual. que la educación sexual es la punta de lanza de la solución. Hoy en día, los centros escogen voluntariamente los talleres de formación complementaria ofrecidos por las alcaldías. “Desde 2015 los hemos ampliado para que más colegios pudieran ejecutarlos. Con el tiempo, pasamos de un presupuesto de 15.000€ a uno de más de 1.000.000€”, explica Beamud. Asimismo, el éxito del proyecto es más que notable. “Nuestra experiencia dista mucho de aquello que puede ser noticia. No hemos tenido ninguna queja”, continúa la edila. Conforme más ofrecen, más se demanda.

No obstante, al seguir considerándose complementaria la educación afectivo-sexual, no todos los centros docentes la incluyen en sus planes. “Por desgracia, he ido a un colegio católico. Todo lo que sé es gracias a Internet”, se lamenta Enrique. Esto supone un problema grave para las infancias ya que, sin información, los estudiantes son abandonados ante las falacias estigmatizantes. Así, según afirma Beamud, las personas LGTB aprenden desde pequeñas a odiarse a sí mismas. “La información que había recibido era errónea y discriminatoria”, argumenta el estudiante. Escudándose en el cristianismo, a Enrique se le explicó en el colegio que masturbarse era insalubre y que la bisexualidad era un vicio.

Desde los 17 años, el objetivo de Beamud ha sido que los discursos de odio no tengan cabida en ningún ámbito social. “Siempre he intentado hacer de Valencia un lugar más fácil para todos”, explica la concejala. Por ello, es necesario cortarle las alas a la violencia desde su origen. “Se deben señalar los mensajes que abren las puertas a las acciones de odio. No todas las opiniones son igual de válidas. El racismo o la homofobia no pueden valer lo mismo que una persona demócrata”, señala Lucía. De ahí que, desde el Ayuntamiento de Valencia sea necesaria la creación de servicios municipales, como la Oficina de No Discriminación (ONDIS), o de leyes autonómicas, como la Ley de igualdad de las personas LGTBI (2018), que blinden los derechos de aquellos que son el blanco del odio.

“El PP nunca ha dudado en ir a los Tribunales siempre que ha habido avances en derechos. Este año la Ley trans estatal ha estado en el Constitucional por su culpa”, manifiesta Beamud. El colectivo LGTBIQA+, tal y como afirma la concejala, se encuentra en una situación muy delicada. Por ello, los espacios públicos trabajan diariamente para hacer frente a la discriminación. Este es el caso de la Universidad de Valencia, donde, a través del servicio diversitats de su Unidad de Igualdad, se pretende crear un campus más inclusivo. “Las minúsculas representan la ruptura con la norma y el plural la multidimensionalidad de la diferencia humana”, aclara Gonzalo Pellicer, quien es el técnico del organismo.

Una de las producciones más destacadas de la entidad fue el Diagnosi sobre diversitats LGTB i etnoculturals entre l’estudiantat de la Universitat de València (2021), a partir del cual se supo que las facultades son percibidas por los colectivos vulnerables como un espacio más seguro, en comparación con sus centros anteriores. “Cosa que no hace imposible que exista violencia”, aclara el especialista. La sensibilización, la formación del estudiantado y del personal empleado y la atención de las víctimas son algunas de las funciones de diversitats. Ninguna necesidad puede quedar desatendida cuando se habla de personas propensas a sufrir discriminaciones. Por ello, Gonzalo explica que el servicio impulsó la creación del Protocolo universitario de atención a la identidad y la expresión de género (2018).

Las personas transexuales son el grupo más estigmatizado del colectivo. Así lo revelan las desalentadoras cifras recogidas por la encuesta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Intersexuales y más, la ONG FELGTB. En 2019, el 58% de las personas transexuales de entre 16 y 24 años sufrieron acoso y transfobia en sus centros. Por ello, las universidades tratan de protegerlas a toda costa. Con la nueva normativa, independientemente del nombre especificado en el DNI del alumno, la facultad reconocerá su derecho a identificarse y ser tratado como realmente quiera. “Nos encargamos de que, a nivel de exposición pública, en el correo electrónico o las listas de clase, se modifiquen los datos para que se represente la identidad y los pronombres sentidos de la persona”, aclara el técnico del organismo.

Llevando el sufrimiento pasado por bandera, Toni y Enrique salen a las calles cada 28 de junio persiguiendo un cambio. Sus experiencias no son individuales, sino que son colectivas y sistémicas. Siempre comparten el mismo enemigo: la diferencia. O, mejor dicho, lo considerado diferente. Lo empujado al ostracismo. “Tranquilo, sé fuerte y vive de manera libre. Podrás encontrar el amor verdadero”. Estas son las palabras que le envía Enrique a su niño interior. No obstante, el terror sentido muchas veces es difícil de olvidar. Sobre todo, cuando se señala a alguien como a un monstruo sin serlo. Luego, aparece la culpa al ver cómo el transcurso del tiempo se ha llevado consigo los recuerdos de una etapa fundamental. Sin embargo, es normal. Es normal sentirse perdido ante el rechazo. Lo es también pedir ayuda cuando el cuerpo lo permita. Y, por supuesto, lo es cuidar del niño interno roto de cada uno. Todos ellos necesitan comprensión. Como la que muchos no tuvieron.

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