
El mito de que “el agua gira en direcciones opuestas en los hemisferios norte y sur” es un bulo o no. Es una realidad muy exagerada y de hecho pequeñísima. El bulo encuentra su origen en el efecto Coriolis, que es real pero malinterpretado.
El efecto Coriolis es un fenómeno causado por la rotación de la Tierra, que influye en grandes sistemas como corrientes oceánicas y patrones de viento. Es decir que en el hemisferio norte, los vientos y ciclones tienden a girar en sentido antihorario, mientras que en el hemisferio sur giran en sentido horario. No obstante, es débil y con poca influencia, aunque puede afectar fenómenos naturales como huracanes, tornadas.
Ciertamente, habían experimentos que muestran agua girando en direcciones opuestas cerca del ecuador pero son el resultado de condiciones específicas y controladas para exagerar y estudiar el efecto Coriolis, lo que no refleja situaciones cotidianas. Por ejemplo, hay tres tipos de experimentos: uno que se realiza en grandes piscinas o en pequeños estanques, donde se crea un flujo de agua muy controlado para observar cómo se mueve en el recipiente. Cómo son espacios pequeños y manipulados, los investigadores pueden modificar la inclinación del agua, su velocidad inicial o el ángulo de entrada para resaltar el efecto de rotación. Otro que utiliza los «coriómetros», que son cubetas con agua en las que se observa el efecto Coriolis. Manipulan factores, en laboratorios, para hacer que el agua gire en una dirección debido a la rotación de la Tierra. Por fin, hay algunas demostraciones artificiales turísticas para sorprender. Por ejemplo, en Ecuador o países cercanos, se utiliza un recipiente o una pequeña cuenca para mostrar cómo el agua parece girar en diferentes direcciones al ser vertida. Sin embargo, dependen de la precisión en el control de la inclinación, el flujo de agua y otros factores.
Así el bulo tiene raíces culturales, mediáticas y científicas malinterpretadas. El efecto Coriolis fue malinterpretado y extrapolado a situaciones cotidianas como el giro del agua en lavabos e inodoros. La falta de precisión en cómo se comunica esta información ha perpetuado el mito. Además, un episodio de la serie estadounidense Los Simpson muestra a Lisa y Bart discutiendo sobre este tema, lo que generó curiosidad y contribuyó a la creencia generalizada. También, como documentales y vídeos en plataformas como YouTube y TikTok que presentan experimentos controlados cerca del ecuador, en atracciones turísticas, que parecen confirmar el mito, aunque suelen estar manipulados para mostrar resultados específicos y reforzar el mito. Por fin, muchas personas no distinguen entre fenómenos a gran escala (como ciclones) y fenómenos locales (como el agua en un lavabo). De hecho, la información errónea es aceptada sin cuestionamientos.
Así, es preferable de informarse más sobre los hechos científicos a través de sitios fiables como National Geographic, BBC Science, Khan Academy, Geoenciclopedia, Elrework.com o de manera sencilla y lúdica gracias a científicos populares en redes sociales, como los divulgadores: el físico Javi Santaolalla (@jasantaolalla), Destin Sandlin (de Smarter Every Day en YouTube), el periodista científico Carl Zimmer (@carlzimmer), el co-creador de Crash Course y SciShow Hank Green (@hankgreen), la bióloga mexicana Rosaura Pimentel (@rosaurapimentel) y el astrofísico Neil deGrasse Tyson (@neiltyson).