DANA en femenino

Última actualización: 13 de abril de 2025, 15:21 (Europe/Madrid)

Un mes después de la gota fría que asoló el sur de Valencia, todavía no podemos cifrarlas. Son las mujeres para las que la DANA del 29 de octubre supuso un nuevo azote a su dura realidad diaria. Víctimas de violencia de género, enfermas de cáncer de mama, madres con mayores y menores a su cargo y migrantes sin documentación se enfrentan a una doble adversidad, a la que se suma la desatención a pie de calle de las administraciones

Por Maria Iranzo-Cabrera

De repente se quedaron sin luz en las calles, sin posibilidad de comunicarse vía teléfono o Internet, y con un acceso fácil a sus viviendas desde patios abiertos de par en par o bajos asolados. Las primeras horas y jornadas tras la inundación fueron de angustia para muchas de las 502 víctimas de violencia de género que la asociación Alanna ha encontrado, escuchado y ayudado en los municipios afectados. “Se sintieron más vulnerables todavía”, explica Chelo Álvarez, su presidenta y psicoterapeuta de profesión. “Los primeros días fueron de mucho, mucho miedo. El silencio era absoluto, no había luz, es que estoy templando solo de recordarlo, que no hay policías, que nos hemos quedado sin cámaras,…”, recuerda una de las víctimas a RNE.

“A ello se une la preocupación de ser denunciadas por no llevar niños a puntos de encuentro familiar, que muchos están cerrados; o a la inversa, encontrarse con una excusa de sus maltratadores para no devolverles a sus pequeños. También hubo quien se encontró con ellos con el pretexto de ayudarles”, apunta una de las voluntarias de la asociación. A los dos días de la tragedia climática Mujeres Profesionales contra la Violencia Machista (Alanna) pusieron en marcha brigadas que han ido recorriendo las calles para localizar a las víctimas; con las que ya trabajaban y cualquier mujer que requiriese su ayuda. «Les cambia la cara al ver que te has desplazado caminando para ayudarlas. A la semana la Delegación de Gobierno nos facilitó la entrada a los pueblos con nuestros vehículos”, remarca Álvarez: “¿Qué necesitan? A algunas les hemos llevado móviles nuevos. Parece una idiotez, pero para una víctima es algo muy importante”.

Brigada de la asociación Alanna. Fuente: RNE

No es la primera vez que en España una desgracia climática evidencia la vulnerabilidad de las víctimas de violencia machista. “Ocurrió durante la Filomena, durante la erupción del volcán de La Palma, tendríamos que haber aprendido, siempre las mujeres y los niños y niñas a la cola de todo”, lamenta Chelo Álvarez. “Hace falta un protocolo para víctimas de violencia machista en emergencias”, exclama. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) ya urgió en 2018 a los países a adoptar medidas para reducir los riesgos de género que conllevan desastres climáticos y “a día de hoy no hay nada aprobado por el estilo en España que yo sepa”.

El pasado 25 de noviembre, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Delegación del Gobierno  informó que casi la mitad de las mujeres que cuentan con algún tipo de protección dentro del Sistema VioGén en la provincia de Valencia se encuentran en los municipios afectados por la DANA. Son 3.123 de 7.551 casos activos. Respecto a las medidas adoptadas, se ha reforzado el 016 con cuatro psicólogas especialistas, explicaba. “Los primeros días no tenían cobertura y luego llama tu al 016 a ver qué te dicen, es como si llamaras a Información y Turismo”, expresa su queja la presidenta de Alanna. “También dicen que se han reforzado los centros 24 horas. ¿Cómo van a perder la mañana entera para coger los autobuses lanzadera, especialmente las que trabajan o tienen niños a su cargo? Que se vayan a la calle, como nosotras, a buscar y atenderlas en la calle”.

Secuelas físicas y emocionales

Tres semanas después de la tragedia, las colas siguen formándose en los puntos de reparto de ayuda. Delante de las furgonetas de World Central Kitchen, paradójicamente en la calle de El Charco, espera su turno María Antonia Díaz, de 68 años. Su casa, está cerca. Un bajo anegado por el agua que abre de par en par por las mañanas para ir secando paredes. “Cuando ya veía la luz, después de cinco años tratando un cáncer de mamá, empecé el 2024 mal. Mi hija me dijo en enero que tenía un bulto. Era grande y tenía que reducírselo. El 20 de agosto la operaron sin poder acabar las sesiones de quimio porque su estómago no las resistía. Está débil, con las uñas negras, y nos llega esto”. No libra la batalla con una casa perdida, ante lo que se resigna, sino con la enfermedad que las azota. “Solo me preocupa que mi hija salga de esto”, cuenta mientras pone a secar fotos carnet de sus dos hijas.

Fotografias de Maria Antonia Diaz secándose tras el paso de la DANA

Fotografías de la familia de Maria Antonia Díaz. Fuente: Maria Iranzo-Cabrera

El pasado 19 de octubre, en la campaña del Día Mundial del Cáncer de Mama, el más frecuente en mujeres, la psicóloga Ana Monroy aseguraba que quien lo padece “transite por una serie de altibajos a nivel emocional”. Emociones como el miedo, la tristeza, el enfado o la angustia, se convierten con el tiempo en secuelas psíquicas, físicas, emocionales y sexuales de las supervivientes. Y a las residentes en los 75 municipios afectados, se une además el desasosiego provocado por el fango. “Al día siguiente de la riada la citaron para una sesión de quimio, pero ella les dijo que no podía salir del pueblo, ni tengo coche ni las vías están para salir”, les dijo. Enseguida encontró el apoyo de la Asociación Contra el Cáncer de Valencia,  quien de inmediato gestionó el traslado a hospitales para tratamiento a pacientes vulnerables que hayan perdido sus vehículos o no dispongan de medios de trasporte dadas las circunstancias.

Ana María también espera en la fila para una caja de alimentos de WCK. Acompaña a su madre, que es diabética. “Me la trajeron y me ha costado bastante encontrar suministro para diabéticos, por ejemplo, galletas sin azúcar, zumo sin azúcar. Tenemos ratos buenos, ratos malos,… porque aparte yo estoy operada de cáncer de mama y se me ha juntado eso con lo otro”, se derrumba cuando trata de explicar cómo se encuentra. «No nos olvidemos que, al final, las mujeres somos las cuidadoras. Cuando somos las que sufrimos, el impacto que tiene un cáncer de mama es mayor”, apunta Isabel Orbe, directora de la Asociación Contra el Cáncer.

Neus, de 36 años, es madre soltera de Marc, de 2. Pasó la trágica noche con el pequeño y los vecinos en su terraza. «Mi madre fue la que me avisó y yo le decía que no fuera exagerada», rememora, mientras el pequeño repite que aquel día «la playa vino a casa y mamá subía la bicicleta al piso de arriba». Sara, de la misma edad, y con dos pequeños de 4 y 6 años, vive igualmente en un bajo, pero en Alaquàs. «Mi madre apareció de madrugada, con el agua por la cintura, para ayudarme». Las dos han podido contar con el respaldo de sus familias para atender a los pequeños y poder dedicarse a limpiar su casa: «No sabes por donde empezar, estás sola, en shock. Si no hubiera sido por las personas voluntarias…», agradecen. A María, de 96 años, quien le salvó fueron sus hijas cuando el agua ya llegaba al escalón de su casa baja.

Personas afectadas y voluntarias en la parroquia Maria Madre de la Iglesia de Catarroja. Fuente: Maria Iranzo-Cabrera

La red de cuidados puede verse hoy también en la parroquia Maria Madre de la Iglesia, de Catarroja, reconvertida en un almacén doméstico donde la logística funciona gracias a las voluntarias. Entre ellas está Rosalía Román, de 75 años, quien rellena con un embudo botellas de plástico de medio litro con jabón de lavar. Distribuyen también el cacao en polvo en bolsitas. Aunque redundante, ayudar le ayuda a no pensar. “Me quedé con lo que llevaba puesto y tuve que pedir hasta bragas”. Para quien perdió su vivienda, la ropa interior ha sido una de las mayores demandas. También para los más pequeños, ya que algunos han vuelto a hacerse pipí por las noches. Keyla, de 39 años, busca pañales compresa para su madre inmóvil. “Ella no usaba pero con esto de la DANA y los nervios…”, se justifica. Tiene a su cargo además dos hijos, uno de ellos con una ligera discapacidad. “No tengo con quien hablar, me desahogo yo sola, andando por las calles, desearía trabajar pero quién me va a cuidar a esos niños, quién va a atender a mi madre, quien me va a hacer las cosas en casa”.

Como Keyla, que llegó de Nicaragua hace 6 años después de que su madre le abriese camino, en la zona cero residen mujeres migrantes responsables de la economía familiar. Varias de las que vivían con sus empleadores se han quedado sin hogar ni ingresos​ “después de ayudarles a sobrevivir”. No solo eso, “sino que además muchas no tienen cuentas bancarias y guardaban sus ingresos en la casa. Lo han perdido todo”, subraya Silvana Cabrera, de la plataforma #RegularizaciónYa.

Un mes sin estado de bienestar para las más vulnerables. Fuente: Maria Iranzo-Cabrera

Al mazazo del sostén económico y la vivienda, se une la necesidad de documentación para subsistir. “Lo más importante de todo, para buscarse la vida, para trabajar, es contar con documentación”, insisten asimismo Aminata Souko (Red Aminata) y Mariam Narváez (Por Ti Mujer). Y todo comienza con el empadronamiento, “sin este papel, no pueden iniciar la solicitud de la tarjeta sanitaria o cualquier trámite para regularizar su situación. Hoy es un lujo. De hecho, dueños de pisos que subalquilan habitaciones cobran hasta 300 euros por mes de empadronamiento en sus viviendas”, insiste Silvana. Desde una perspectiva interseccional, esta barrera se alza especialmente ante las mujeres migrantes, quienes suelen enfrentarse a una mayor vulnerabilidad en el mercado de vivienda debido a «la combinación de discriminación por género, origen étnico y situación migratoria», apuntan desde Por Ti Mujer. Laura Mejía pone rostro a este maremagnum anónimo. Ha perdido su hogar y su trabajo, como cuidadora de un menor.

Laura Mejía. Fuente: Por Ti Mujer

Además, las oficinas para la tramitación de documentos que han llegado estas semanas a algunas de las localidades afectadas, denuncia Boutaina El Hadri, vicepresidenta del Consell Valencià de Migració, solo tramitan nuevos DNI, por lo que se excluye a todas las personas que no tienen la nacionalidad española.

A 29 de noviembre, justo un mes después de la DANA, las autoridades no cuentan con un registro fidedigno de migrantes en situación irregular, de mujeres en peligro por violencia machista que no han denunciado, de mujeres solas que llevan el peso familiar sin sostén económico. Les arropan las redes que tejen organizaciones sin ánimo de lucro; las que cosen familia y amistades, quien tiene. Es más que evidente que a la gestión de la catástrofe le ha faltado perspectiva de género.


Nuestras protagonistas tienen más cosas que contarte en el pódcast ‘DANA tiene nombre de mujer’, con la ambientación musical de las cantantes valencianas La Maria (‘Mon Vetlatori’) y June’s Kaleidoscope (versión de ‘Al otro lado del río’ de Jorge Drexler), y de la rapera mexicana Audry Funk (‘No me representas’).

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