Nellie Bly trabajaba en el periódico New York World , de Joseph Pulitzer, cuando recibió uno de los trabajos más destacados de toda su carrera. Bly se dedicaba al periodismo de investigación por lo que no le supuso ningún problema aceptar el encargo de infiltrarse en el asilo psiquiátrico para mujeres de Blackwell’s Island. Aún con dudas, Brown -este fue el apellido que adoptó durante su estancia- consiguió ser diagnosticada como demente y fue internada en el manicomio. Tras diez días de malos tratos y condiciones nefastas, la periodista logró salir y publicó sus vivencias en aquel lugar bajo el título Diez días en un manicomio.

La llegada
La ahora Roosevelt Island, antiguamente conocida como Blackwell’s Island, albergó durante el siglo XIX un manicomio y una cárcel. La isla se encontraba lo suficientemente cerca como para transportar a pacientes y presos pero lo suficientemente lejos como para que estos no pudiesen escapar. La entrada a la institución pasaba por un proceso de mimetización para ser catalogada como «enferma mental» y poder ser llevada allí. Bly escogió un hogar para mujeres como punto de partida dónde empezar a fingir su locura y que su condición de demente fuese juzgada. Esta casa está llena de mujeres -muchas de ellas con hijos- que trabajan y tienen sus aficiones pero carecen de un sitio para vivir. Aunque las condiciones en esa casa no eran espléndidas, eran mucho mejores comparadas con las que le esperaban a Nellie Bly.
La figura de Ruth Caine me parece una de las más destacadas en este proceso inicial. Mientras que el resto de ocupantes de la casa se alejan de Bly cuando empieza a mostrar los primeros signos de locura, la señora Caine se queda con ella y la cuida. Genuinamente muestra preocupación y empatía por la situación de su compañera. Basándome en que el libro transcurre durante los 1800’s, este tipo de comportamiento, considero, encajaría bastante más en la realidad, dónde hay mucha más visibilidad y la gente está más concienciada sobre la salud mental. También ocurre algo similar con el juez que forma parte del proceso de diagnóstico para la internación, quién la trata con bastante amabilidad -en parte porque le recuerda a su hija- comportamiento que no suele ser usual. Me sorprendió bastante gratamente encontrar estos dos caracteres en una situación tan delicada y en un tiempo pasado, es agradable encontrar bondad en la gente.
El ritmo de esta primera parte era dinámico, por lo que no hizo nada pesada la lectura de lo que a primera vista podría resultar un proceso bastante tedioso. Lo único que he echado en falta de la narración en este sector ha sido la descripción, me parece que sacrifica mucho las descripciones de los sitios probablemente para mejorar el ritmo, pero dificulta un poco la imaginación de los escenarios y las personas y no se llega a indagar tanto en la historia como se podría.

El manicomio
La parte en la que narra las vivencias dentro del manicomio me parece la más dura. Bly habla de comida en mal estado y con poco o mal sabor, duchas con agua extremadamente fría y sin ningún tipo de intimidad, revisiones nocturnas muy frecuentes que despertaban a las pacientes y no dejaban dormir en paz, las camas con una mala estructura y sin casi mantas que empeoraba el frio que ya había en la isla. La periodista narra en el libro muchas condiciones, como las que he nombrado, que le ponen a cualquier persona los pelos de punta. Para mi, lo más impactante fueron los malos tratos que recibían las pacientes por parte de las enfermeras: burlas, provocaciones e incluso violencia física. Creo profundamente que muchas de las mujeres que allí estaban no eran «locas», creo que era una sociedad que no concebía a las mujeres como seres humanos de valor y prefería catalogarlas como dementes y deshacerse de ellas. Por este mismo motivo resulta tan impactante el hecho de que Bly realmente no hizo nada descabellado para meterse allí dentro, ni tuvo que hacerlo para permanecer.
Me gustaría que los doctores expertos que me condenan por lo que hice, puesto que ha probado sus capacidades, cojan a una mujer cuerda perfectamente sana y cuerda, la encierren y la hagan sentarse desde las seis de la mañana hasta las ocho de la tarde en un banco recto, que no permitan que ande o se mueva durante esas horas, sin darle nada que leer, sin dejar que sepa nada del mundo exterior, suministrándole comida de mala calidad y un trato muy duro, y veamos cuanto tarde en volverse loca.
Nellie Bly
Esta segunda parte está escrita con mucha franqueza y bastante más detalle que en la primera, a veces demasiado. Relata fugazmente el paso de los días pero pone mucho hincapié en algunas escenas en concreto, por lo que hay otras que se quedan cortas. La parte en la que narra las historias de sus compañeras una vez ella ha logrado salir me parece un añadido muy interesante y a la vez una manera de homenajear a esas compañeras que no pudo sacar. La visita que hacen al final a la institución para juzgar si realmente su comportamiento no está siendo adecuado fue también bastante desconcertante. Que después de todo lo vivida existiese la posibilidad de no ser creída por el teatrillo que habían montado los trabajadores para pretender que ella mentía fue bastante indignante de leer, aunque, en mi opinión, falta cierto contexto tras su salida para ver como ha sido todo el proceso después de diez días internada y como decide afrontar la situación para que se haga justicia.
¿Lo recomendaría?
Diez días en un manicomio no es una lectura fácil. Tiene momentos muy escabrosos que no resultan agradables de leer si eres una persona aprensiva y falta bastante más descripción y contextualización para terminar de meterte de lleno en la historia. Aún así, teniendo en cuenta su propósito original como pieza periodística cuenta con un muy buen ritmo y la información justa para entender la realidad que allí se vive. En lo personal, no es un libro que yo volvería a leer, pero me parece una obra con un gran valor social y con la lucha feminista. Por eso mismo sí lo recomendaría porque es esencial leer este tipo de historias para concienciarnos, para entender el valor que merecen las mujeres y la empatía que merece la salud mental y luchar por lo que aún nos falta. Nellie Bly abrió un puerta para que recibamos un trato mejor y más justo, es importante cruzar a través de ella y seguir avanzando.