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Última actualización: 9 de abril de 2025, 18:56 (Europe/Madrid)

Durante décadas, la medicina ha trabajado con el cuerpo de los varones como modelo de investigación. Con el cuerpo masculino de referencia, se han desarrollado tratamientos y se han conocido los síntomas de distintas enfermedades. A esto se le conoce como androcentrismo; es decir, otorgar al varón una posición central. Esta perspectiva de estudio ha provocado una brecha en el conocimiento de la salud femenina, debido a que las diferencias hormonales, conductuales y fisiológicas no se han tenido en cuenta (o no lo suficiente) en los estudios médicos.

“La perspectiva de género, creo que históricamente es algo que no teníamos en cuenta, pero lo que hemos visto en los últimos años es que la forma de responder a ciertas terapias, incluso la biología de un tumor es dependiente del sexo” afirma Noelia Tarazona, Oncóloga e investigadora en cáncer colorrectal.

Un claro ejemplo donde se puede observar esta discrepancia entre ambos sexos es en el caso de los medicamentos, debido a que las dosis suelen estar calculadas en base a datos obtenidos en personas del sexo masculino. Esto ha producido que mujeres hayan obtenido dosis inadecuadas y sus organismos no hayan podido metabolizar los fármacos de la misma manera que los hombres. En su lugar, los pueden haber eliminado más lentamente y, consecuentemente, puede haber aumentado el riesgo de padecer efectos secundarios o intoxicaciones. 

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