VALENCIA-10/12/2024, 17:12 (CET). Las vacunas contra las enfermedades siempre han desencadenado bulos y desinformaciones. Una de las mentiras que más se han repetido en los últimos años es que las vacunas causan autismo, algo completamente FALSO.

¿Qué es el autismo?
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una alteración del desarrollo neurológico y el funcionamiento cerebral. Produce dificultades principalmente en la interacción social, el lenguaje y en la flexibilidad del pensamiento y de la conducta, como explica el Ministerio de Sanidad.
Actualmente no se conoce la causa de este trastorno, pero los factores genéticos tienen un papel muy
importante. Los expertos aseguran que sumado a los factores genéticos, el TEA puede causarse en el desarrollo psicológico de las personas cuando son pequeñas; es decir, en base a sus relaciones familiares, y/o sociales.
¿Qué relación hay entre las vacunas y el TEA?
Tras varios estudios muy profundos, los expertos aseguran que no hay ningún tipo de relación entre las vacunas y el autismo. Por lo tanto las vacunas NO causan autismo.
Uno de los experimentos más importantes fue realizado por Hviid y colaboradores, publicado en 2019. Se analizó la relación entre la vacuna triple vírica y el desarrollo del TEA en más de 650.000 niños. Llegando a la conclusión de no guardar ningún tipo de relación entre la vacuna y la enfermedad. El seguimiento del experimento fue de 12 años, para comprobar también que no se producían alteraciones a largo plazo.
El origen del mito: el caso de Andrew Wakefield
En 1998, el médico Andrew Wakefield publicó un estudio en la revista The Lancet que sugería una posible relación entre la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo. Este estudio fue rápidamente desacreditado por la comunidad científica debido a serias irregularidades, manipulación de datos y conflictos de interés.
Como resultado, Wakefield perdió su licencia médica y el artículo fue retractado por la revista. Además, investigaciones posteriores demostraron que los datos habían sido manipulados y que los participantes del estudio fueron seleccionados intencionadamente de grupos antivacunas, financiados por intereses legales en contra de las farmacéuticas.

Impacto del mito en la salud pública
La idea equivocada de que las vacunas causan autismo ha tenido un efecto negativo considerable en la salud pública, ya que ha fomentado la desconfianza hacia los programas de vacunación y ha llevado a una disminución en las tasas de inmunización en diversas comunidades. Cuando menos personas se vacunan, se interrumpe la inmunidad colectiva, que es una barrera crucial que protege no solo a quienes están vacunados, sino también a aquellos que no pueden recibir vacunas por razones médicas, como trastornos inmunológicos o alergias severas a ciertos componentes de las vacunas.
La disminución en las tasas de vacunación ha provocado el resurgimiento de enfermedades que antes estaban controladas, como el sarampión, la tos ferina y la rubéola. Estas enfermedades, aunque se pueden prevenir, pueden ser mortales o causar complicaciones graves, especialmente en poblaciones vulnerables como los niños pequeños, los ancianos y las personas con sistemas inmunitarios comprometidos.
El papel de las redes sociales y la desinformación
Durante la reciente campaña de septiembre para la vacunación de la bronquiolitis volvió a circular por las plataformas más comunes (X, Whatsapp e Instagram) esta falsa creencia de nuevo, generando dudas y confusión entre padres y cuidadores. Este tipo de desinformación, que suele incluir mensajes alarmistas, sobre los efectos secundarios de las vacunas, representa un grave problema que es necesario erradicar.
Incluso el recién electo presidente de los EEUU, Donald Trump, ha anunciado que el nuevo secretario de Salud, Robert F. Kennedy, estudiará el vínculo que afirma que existe entre las vacunas y el autismo.
Cómo afecta este falso mito a las personas con autismo
Este tipo de mentiras consiguen alimentar la estigmatización que existe alrededor del autismo. Según los expertos, estos bulos hacen que la sociedad asocie el autismo a algo negativo, como una ‘causa’ que se puede evitar. Ofrecen una imagen errónea del trastorno del espectro autista en lugar de ofrecer comprensión y apoyo.
Además, la difusión de este tipo de desinformaciones es peligroso, pues son aprovechadas por personas que ofrecen supuestas soluciones milagrosas que carecen de respaldo científico. Estas prácticas no solo generan ‘falsas esperanzas’ sino que perpetúa mitos que dañan el bienestar de las personas autistas y los que les rodean. En la campaña Fake Autismo, iniciativa impulsada por el Centro Español, se puede consultar otras mentiras que rodean este trastorno.